Aquí les dejo un nuevo capítulo.

En Hogwarts es complicado guardar secretos, sobre todo con una pequeña víbora al acecho.

20. Luna Lovegood .

Durante las últimas noches no había abandonado la habitación que compartía con la castaña. Temía más que nunca volver a encontrarse con él, y mucho más desde aquella larga conversación de mujeres. Seguía acosada por esas pesadillas, en las que sus recuerdos volvían una y otra vez, pero esta vez había algo más.

Unas veces sus recuerdos la volvían a atormentar, de nuevo sobre aquella playa, una y otra vez, el haber estado de nuevo en ese tiempo pasado, el haber visto de nuevo ese oscuro mar, los había avivado más aun. Pero ahora lo que sentía era muy distinto, no solo era terror e impotencia ante la bestia. Había un dolor más profundo, y una nostalgia que o podía comprender. Estaba en su cuerpo, volvía a ser un unicornio, pero eso la hacía sentir aun más angustiada que el toro al que se enfrentaba.

Otras veces el sueño era completamente distinto, ella en la torre de astronomía, con su forma humana, de pie al borde del vació, se asomaba mirando la oscuridad de la caída, y de nuevo unos fuertes brazos rodeaban su talle desde atrás apretándola contra su pecho, ella se sentía embargada por la sensación de su tacto y por ese aroma a hierbas y pergamino nuevo. Sentía como rozaba su nariz con su cuello y su mejilla en una lenta caricia, mientras esas manos finas y blancas se deslizaban desde su cintura recorriendo su cuerpo, sintió su aliento en su cuello, la suave caricia de sus labios sobre su piel, tan cálido, tan real. Se despertaba empapada en sudor, con un estremecimiento recorriendo todo su cuerpo.

Hacia algo más de una semana desde su regreso, desde ese cambio tan drástico en su cuerpo, y desde la primera conversación de mujeres con las chicas, y parecía que a su cuerpo le estaba afectando de una manera más intensa.

Por el día, lo mismo. Permanecía todo el tiempo posible en compañía de la señora Pomfrey, evitando cruzarse con él en los pasillos. Pero en el comedor era inevitable, ella sentada junto a sus nuevos amigos, en la gran mesa alargada, él en la mesa de profesores, con su eterno aspecto sombrío, las ojeras más marcadas, sumido en sus pensamientos. Pero era inevitable, a veces sin darse cuenta como se encontraba mirándole, y siempre sus ojos negros terminaban encontrándose con los suyos, como si por algún motivo él supiera cuando lo miraba. Sentía esa mirada clavarse en su alma, el pulso se le aceleraba, y apartaba los ojos temerosa de que él pudiera ser capaz de leer en sus pensamientos.

Por lo que los chicos habían comentado entre ellos, su humor no era mucho mejor que su aspecto. Ellos se quejaban de su comportamiento en clase, su siempre sarcástico e insultivo profesor, llegaba al aula de pociones, se limitaba a escribir la receta en la pizarra, se sentaba en su escritorio a corregir y apenas sacaba la nariz de los pergaminos. Más que para quitar más puntos que nunca a sus casas. Ya ni se molestaba en hacer alguna frase metiéndose con la torpeza de Neville, o con Hermione por su costumbre de intentar ser la primera en todo.

-Y en clase de DCAO, no es mucho mejor. – Comentó Harry que tenía su asignatura en los EXTASIS para ser auror. – Está apático y se le notaba de veras que es una clase que le gusta de verdad. Nunca pensé que diría esto, pero echo de menos que se meta conmigo.

-Tal vez es que al murciélago le va el sado-maso y echa de menos al tío Voldi. – Soltó con desgana el pelirrojo.

La castaña lo miró indignada. – Ron, no seas animal. Tal vez esté enfermo, piensa que puede que el veneno de Nagini pudo haberle dejado secuelas.

Lavender hizo una mueca. – Si te refieres a las mentales, no creo que el señor de las mazmorras pueda estar peor de lo que estaba.

-Cierto, y yo no me preocuparía, lo suyo es de nacimiento. – Puntualizó Ginny.

-No, yo creo que anda preocupado con ese bicho. – Murmuró Harry. – Y lo comprendo, es inquietante saber que algo tan poderoso anda por ahí al acecho.

-¿Qué bicho? – Preguntó tímidamente Luna, ese día se había sentado a charlar con sus amigas en la mesa de Gryffindor.

Harry se tapó la boca, acababa de meter la pata bien metida.

-Es el bicho raro que apareció en el bosque hace unos dias. – Intentó arreglarlo la castaña. –Todos hemos oído ese rumor.

La chica miró a Selena, detenidamente. – Tú no eres de Finlandia, ¿verdad?- La unicornio se limitó a apartar la mirada.

El bocado que mascaba Ron se le cayó al plato.

Los gryffindor se miraron unos a otros con gesto preocupado. – Me resulta sospechoso que ese monstruo apareciera casi a la vez que ella. – La rubia platino miró a Hermione esperando una respuesta.

-Bueno…esto. – Musitó Ginny intentando sacarse una escusa de la manga.

Selena miró a la chica con sus ojos azules, podía ver que era una persona de corazón limpio y buenos sentimientos. Fue como si se estableciera algún tipo de conexión entre ellas. – Ni siquiera eres humana ¿No es así?

-Bueno, pero es un secreto, nadie más puede saberlo. – Comenzó Potter.

-Sip, o Snape nos castigará por el fin de los tiempos.- Agregó el pelirrojo.

El grupo de amigos juntaron sus cabezas, y le contaron a la Ravenclaw a grandes rasgos la historia de Selena.

Mientras en la mesa de Slytherin una morena jugaba con su cuchara en la sopa. Ya habían pasado tres días, tres días desde que se comprometió con el maldito viejo muggle a dar con ese bicho. Y no había podido cumplir su encargo. Todavía. Rodó los ojos hacia Draco que estaba sentado en frente de ella, cuatro sitios más a la derecha, junto a su pelota particular Goyle. Los dos chicos miraban insistentemente a la mesa de los Gryffindor, donde el "grupito de superhéroes" cuchicheaban con sus cabezas juntas. La boca de Draco se curvaba en una seductora sonrisa, y sus ojos devoraban a la joven de cabellos blancos y ojos azules que se sentaba junto a los leones.

La joven serpiente miró con detenimiento a la chica, y su rostro se crispo. No tenía suficiente con el resto de compañeras del colegio y particularmente de su casa que rondaban al rubio de sus sueños, sino que ahora el muy imbécil había puesto sus ojos en aquella extraña chica nueva, una estudiante de medimagia extrajera, había oído decir. Sin querer dio un respingo, y para colmo era una vieja. La chica debía de tener por lo menos 25 años. Pero aun así debía de reconocer que tenía una belleza etérea, fuera de lo común, de seguro por tener sangre veela.

Volvió a mirar a Malfoy con el ceño fruncido, Su gorila se fijó en ella. - ¿Qué andas mirando, enana? – Gruñó el corpulento muchacho.

-¿A quién llamas enana? Gordo atontado. – Contestó la otra con una sonrisa sarcástica. El muchacho hizo ademan de ir a levantarse para darle su merecido, pero la mano de Malfoy aferró con fuerza su brazo.

-Déjala, no querrás que digan que vas pegando a las niñas pequeñas.

La chica estrechó sus ojos castaños en una mueca de rabia. Ella ya no era una niña pequeña, era una mujer, a punto de cumplir los 16. ¿Qué se creía ese estúpido engreído?

-Aun así deberías mostrar más respeto a los mayores. – Dijo sarcásticamente el rubio.

Ella volvió a hacer una mueca. – No será mayores, mentalmente. Conozco niños de 5 años con más cerebro que tu gorila.

El rubio silbó y su matón emitió un gruñido gutural. – Vaya, Grey. Últimamente tienes los humos muy subiditos. – La miró con sorna. – Para ser solo una huérfana muerta de hambre.

-Ten cuidado, Malfoy. – Musitó la chica con cierta suficiencia. – A veces las cosas cambian. La vida da muchas vueltas, y a veces quien está en lo alto termina en lo más bajo. – Sonrió maliciosamente. – Si no, que le pregunten a tu papaíto, ¿No?

El chico tragó salva y frunció el ceño. Tras la última guerra, la posición de su padre se había visto muy perjudicada, y mucha de su influencia se había perdido, seguían siendo los Malfoy, pero la situación ya no era la misma para ellos. – Una niñita como tú no debería ir amenazando a los mayores.

Los ojos de la morena destellaron peligrosamente. – Yo ya no soy una niñita, soy una mujer.

Los dos Slytherin soltaron una carcajada, Draco se levantó y apoyando las manos en la mesa acercó su cara a la de ella. –Mira. – Señaló a la chica nueva de la mesa Gryffindor. – Aquello es una mujer. – Sonrió con suficiencia. – Tú eres solo una cría.

La chica dio un bufido y se levantó de golpe dejando a Malfoy riendo ante su reacción. – Maldito imbécil. Eres un 80% imbécil y el otro 20 gilipollas. – Masculló mientras se disponía a salir de la Gran sala.

Mientras pasaba junto a la mesa de los leones oyó algo que la hizo quedarse petrificada.

-¿Y dices que está escondida en casa de Hagrid? – Preguntaba con rostro perplejo Luna Lovegood.

Potter asintió con la cabeza. – La directora McGonagall también pensó que sería una imprudencia dejarla vagar a sus anchas por Hogwarts.

-Si, y además Black la está vigilando. – Comentó con entusiasmo el chico Weasley.

-¡Black esta aquí! – Saltó entusiasmada Lavender, los colores se le habían subido, y es que para la mayoría de las chicas el padrino de Potter era irresistiblemente atractivo.

No pudo evitar girarse a mirar al grupo, y entonces se topo con los ojos castaños de Granger que la miraban inquisitivos. El resto de los gryffindor se dieron cuenta y se la quedaron mirando con cara de: "Tu que miras". Ella trago saliva, alzó la cabeza y salió del comedor a grandes zancadas, su cabeza trabajaba a toda velocidad.

Entonces había algo o alguien fuera de lo común con el zumbado de Hagrid. Y el maldito San Potter y sus amigos estaban en el ajo, para variar. Hizo una mueca de asco, esos malditos leones que se creían el centro del universo. Si ella hubiera tenido la suficiente edad para unirse a los mortifagos, se hubieran enterado esos idiotas. Se paró en seco y miró por la ventana. – "Una estupenda tarde de abril. Tal vez sería interesante dar un paseíto y dejarse caer como quien no quiere la cosa por casa de ese mugroso." – Pensó para sí con una maliciosa sonrisa.

A Hermione no le había gustado nada como les había mirado esa chica Slytherin, su sexto sentido le decía que había algo que no era de fiar en ella. Se quedó mirando fijamente como se largaba del comedor con esos aires de pura sangre prepotente, de seguro que era de los idiotas que aun lloraban la caída definitiva de Voldemort.

-Es un sueño. – Susurró Luna, que sujetaba con fuerza la mano de Selena, sus ojos fijos en la unicornio brillaban al borde de las lágrimas.

-No seas exagerada, Luna. – Rumió el pelirrojo. – Además hay que tener un poquito de discreción.

La chica se frotó los ojos. – Es que no sabes…los años que llevo queriendo ver un unicornio…- La chica volvió a mirar sonriente a Selena. - …Y ahora…- Casi sin pensarlo se arrojó sobre ella abrazándola, con fuerza. La unicornio se quedó petrificada un instante, luego ella también la abrazó. - …tenía tantas ganas de verte…sabía que no habíais muerto todos.

-Pues ahora estoy aquí. – Susurró Selena, acariciando sus cabellos.

-Paraaaa, que se va a notar muchooo. – Masculló entre dientes la pelirroja tratando de apartarla.

Luna se enderezó de golpe y les dedicó una radiante sonrisa. – No sabéis lo feliz que me habéis hecho. – Todos la miraban pasmados. – Juro solemnemente que el secreto estará a salvo conmigo. Os ayudare en todo lo que esté en mi mano.

-Pues de momento me conformo con que el murciélago no sepa que lo sabes. – Murmuró Ron mirando de reojo a la mesa de profesores.

Snape los miraba fijamente, con su taza de café en la mano y el ceño fruncido, había una clara advertencia en sus ojos negros.

Harry resopló. –Creo que a ti y a mí nos espera sermón privado en DCAO. – Miró a Ron que tragó saliva.

-Y unos cuantos puntos menos. – Se lamentó el pelirrojo.

-¿QUE HA HECHO QUE? – Bramó el animago a su anfitrión que cortaba leña tranquilamente en la parte trasera de su casa. Sirius estaba tan rojo que parecía que fuera a tirar humo por las orejas de un m omento a otro.

-Tampoco creo que sea algo tan malo, no vas a estar vigilándola a todas horas. – Le contestó el otro sin apenas mirarle mientras le descargaba el hacha sobre otro tronco.

Black se pasó la mano por los cabellos en un gesto de exasperación. – Vamos a ver. Pero aun no te has dado cuenta de que esa tía esta como una cabra. – Hagrid amagó una carcajada.

-Pues a mí me parece una señorita muy simpática y agradable.

El otro gruño. – Un troll puede ser simpático y agradable. Pero esa pirada es una plaga.

Hagrid se irguió en su estatura y lo miró condescendiente. – Vamos viejo amigo, tienes demasiados prejuicios hacia ella. – Una gran sonrisa se dibujó en su rostro. – ¿No será que la chica te gusta?

Sirius se puso rígido. – Esa salvaje…no…

-¡Vamos muchacho! – Le dio una fuerte palmada en el hombro que casi lo hace caer de bruces. – Es una joven muy atractiva, no lo niegues.

La cara del animago se crispó. – NO ME CAMBIES DE TEMAAAA. – Le gritó histérico.

La sonrisa se borró de golpe de la cara del semigigante.

-No debías haber dejado que se adentrase sola en el bosque. – Continuó, con nerviosismo. – Esta demasiado mal de la cabeza, es capaz de cualquier burrada, y Minerva me hará a mi responsable.

Hagrid agarró otro tronco para partirlo. – Siempre puedes ir a buscarla. – Comentó con desgana.

Black apretó la mandíbula. – Si, eso mismo voy a hacer. Y cuando la encuentre me va a oír. – Rumió mientras comenzaba a encaminarse al bosque. – Ya estoy cansado de esa niñata.

Hagrid, río y miró a su enorme perro que estaba tumbado con la cabeza alzada y lo miraba con cierto desconcierto. – El amor, pequeño…tan complicado a veces.

El animal solo se relamió con desgana y volvió a agachar la cabeza para seguir dormitando.

Mientras Black, con el rostro crispado, los puños apretados y soltando maldiciones ya se adentraba en el bosque. ¿Cómo iba a encontrar a la maldita zumbada? Lo mínimo que se podía esperar de ella era que destruyera medio bosque o se metiera en alguna pelea con los centauros. -Maldita engreída, si se ha creido que va a hacer lo que le de la gana está muy equivocada, - Bufó, varios animales pequeños salieron corriendo para huir de su paso.

Inconscientemente palpó su bolsillo, soltó una maldición entre dientes, para colmo se había dejado la varita encima de la mesa. Desde luego estaba perdiendo facultades.

Avanzó unos pasos más entre los retorcidos troncos y su figura se desvaneció para ser remplazada por la de un enorme perro negro, que comenzó a husmear el aire en busca del olor de cierta castaña.

En el aula de Defensa contra artes oscuras, se podía cortar la tensión con un cuchillo. Harry le sostenía la mirada a su profesor, mientras Weasley tragaba saliva.

-Creo que les dejé las cosas muy claras, Potter. – Remarcó el mago oscuro con su helada voz.

-No es tan fácil poder ocultar algo así. – Saltó Harry que no se dejaba intimidar por la amenazadora mirada del profesor. – La gente no para de hacer preguntas.

-Creo que ya les quedó claro como contestar a esas preguntas. – Siseó el Slytherin.

-¡Y es lo que hacemos! – Interrumpió el pelirrojo, tratando de salvar la situación, recibiendo una fría mirada de Snape que lo hizo retroceder y pasó tras su amigo.

La cara del profesor se crispó más si era posible. – No es eso lo que vi en el salón. – Escupió secamente. – A su amiga de Ravenclaw solo le faltaba sacar una pancarta y agitar los pompones.

Harry se rascó la barbilla. – Bueno señor yo no me preocuparía tanto. – Musitó en tono despreocupado. – Todo el colegio sabe que Luna es un poco…

-Especial. – Interrumpió de nuevo Ron con una sonrisa tonta.

-Poco me importa que su amiga sea una lunática. – Espetó de nuevo casi gritando. – Nadie, me oyen, nadie. Debía saber lo que ella era mientras esté aquí.

-Y no lo sabe nadie. – Protestó Potter.

Snape se irguió mirándolo fijamente con sus ojos negros. – ¿La señorita Lovegood y la señorita Brown no son nadie? Todo el comedor estaba pendiente de las reacciones de su amiga.

-Bueno pero eso es cosa de las chicas, ellas se lo contaron. – Saltó aceleradamente Weasley. – Se pasan el día juntas, charlando en la habitación de Hermione hasta las tantas. Según ellas le enseñan cosas de mujeres.

Severus soltó el aire de golpe. - ¿Cosas…de…mujeres?- Refunfuñó perplejo.

-Si, eso dijo Ginny. – Añadió Potter.

El Slytherin torció el gesto. – Prefiero no pensar, lo que su novia y el resto de atolondradas le estarán enseñando a esa joven.

(¬¬) - Pues si, por lo que he oído es mejor que no lo sepa. - Susurró con disimulo el pelirrojo en el oído de su amigo. Potter no pudo evitar ahogar una carcajada, para aumento del mosqueo de su profesor.

Los ojos de Snape se convirtieron en dos rendijas oscuras.- No creo que en su estupidez crónica sean ustedes conscientes de lo serio de este asunto. - Arrastró las palabras amenazadoramente. - No creo que el enemigo este esperando con los brazos cruzados, podría intentar infiltrar a alguien en el colegio para buscarla.

-Pero Hogwarts es más seguro que nunca, nadie se atrevería…

Severus calló al niño que vivió con un gesto de la mano. - Creo que olvida que no tratamos con un mago normal. Este es alguien que conoce secretos de magia arcana que están más allá de nuestros conocimientos. No les quepa duda que debe ser alguien con recursos.

Potter frunció el ceño. – Si, ya lo sabemos.

-Entonces dejen de crear problemas. – Gruño el mago oscuro. – Y controlen un poco a sus amigas, antes de que tenga que hablar con la directora para que tome cartas en el asunto.

Harry y Ron se miraron con guasa. – Eso último es lo más difícil. – Rumió Ron.

Snape arrugó la nariz y les dirigió una nueva mirada furiosa. - Esta conversación ya ha durado suficiente. - Escupió. - Recuerden los dos pergaminos que quiero en mi mesa mañana sobre el uso de hechizos desmemorizantes y sus posibles efectos secundarios. - Los dos chicos se pusieron rígidos. - ¿Qué esperan? ¡Largo!

Cuando salían por la puerta del aula de DCAO un carraspeó les hizo detenerse. - Y 30 puntos de Gryffindor por su falta de discreción.

Ron abrió la boca para protestar pero un tirón de manga por parte de su amigo le hizo cerrarla de golpe. Ya tenían bastantes problemas con el murciélago para encima buscarse más por replicar. Cerraron la puerta tras de sí, y se marchaban por el pasillo cuando una seca carcajada sarcástica resonó dentro del aula. - ¡JA! - Los dos amigos se miraron sorprendidos. - ¡Cosas de mujeres!, ¡Cosas de mujeres! - Exclamaba el profesor para sí mismo.

Espero que les haya gustado. Y no olviden dejar un review

Saludos a todos.