22. Otra Noche Movida.

La joven Slytherin se había deslizado hacia su sala común, con sumo cuidado de no ser vista. Observó varias veces a su alrededor antes de acercarse a la chimenea.

Se asomó con una maliciosa mueca en su rostro. Sacó su varita y susurró un hechizo de comunicación con su tío. En apenas unos instantes la silueta de un rostro familiar comenzó a dibujarse en las ascuas ardientes. La muchacha sonrió ampliamente.

-Hola nenita. – Susurró la voz desde las llamas. - ¿Cómo esta mi sobrina favorita?

La bruja alzó una ceja y se cruzo de brazos. – Tirando, teniendo en cuenta que no tienes otra sobrina, tío Marcus.

Su tío rió levemente. – Aunque tuviera otra, dudo que pudiera superar a mi pequeña y astuta serpiente.- Ella se rió también, su tío, era un condenado pelota cuando quería algo. – Pero cuéntame. El viejo estaba empezando a impacientarse.

La chica dio un respingo. – Pues dale algo para los nervios, esto no es fácil.

La imagen de las brasas sonrió. – Ya lo sé pequeña. Pero…cuéntame.

La joven vaciló un instante e inspecciono nuevamente la sala. Se inclinó más hacia el fuego. – La cabaña del tarado de Hagrid. – Susurró, su tío parpadeó varias veces. – Escuche una conversación durante el desayuno, entre el "trió de oro" y sus amigos. – La chica volvió a mirar a la sala. – Hablaban de alguien escondido en esa cabaña, y de…Sirius Black.

El ceño del mago se arrugó. Sirius Black, el autentico traidor a la sangre, y padrino del condenado Potter. Había deshonrado a su familia atreviéndose a enfrentar al Señor Tenebroso, le resultaba casi más indeseable que Snape, quien, según salió a la luz más tarde era también un sucio mestizo. Pero Black…la lastima fue que tras la caída de su señor el Avada Kedavra de Bella perdiera su efecto, y el bastardo estuviera de nuevo en circulación. - ¿Que pasa con esa sabandija?

-Esta aquí, en la cabaña. – Saltó la joven llena de excitación. - …Lo he visto, esta tarde, y esta custodiando a alguien.

La sonrisa del mago se hizo más amplia. – Y claro, es posible que lo que guarda sea el unicornio.

La chica cabeceó varias veces afirmativamente.

-Ummm. – Rumió su tío con una mirada maligna. Si el bichito atacaba, seguramente Black intervendría, y sería un muy lamentable accidente que el Toro lo arrollase, muy, muy lamentable. – Prepárate pequeña, esta noche habrá unos fuegos artificiales memorables.

La chica se irguió y sonrió satisfecha. – Siempre me han gustado.

-¡Joder, Ron!, ¡que no!- Bramó la castaña, dándole un manotazo a su novio, tratando de quitárselo de encima. La chica repasaba unos apuntes de la última clase de pociones en el sofá de la sala común. Su novio a su lado, aburrido de los estudios había comenzado por pasarle un brazo por los hombros, que le arrancó un gruñido de advertencia a la chica. Pero el pelirrojo sin darse por aludido comenzó a darle suaves mordisquitos en el cuello, lo que ya termino por cabrear a la chica.

-De eso se trata Herms. – Gimió el pelirrojo mirándolo con cara de perrito desvalido. – Hace más de un mes que no vamos a la torre…- La chica lo miró enfurecida. - …solos tu y yo.

Harry y Ginny estaban sentados en el otro sofá, la pelirroja dormitaba con la cabeza apoyada en el hombro de su novio, abrió los ojos con expresión divertida y miró a su hermano. – Ron, creo que tienes que mentalizarte que no vas a poder rivalizar con los estudios.

-Cielito…- Susurró de nuevo el pelirrojo mordisqueando la oreja de la chica.

-¡Basta!, eres un pesado. – Bramó la chica saltando del sofá, Ron cayó de lado en el hueco donde ella ocupaba, miró a Potter y a su hermana fingiendo un puchero. Estos estallaron en carcajadas. Mientras la castaña se sentaba en el suelo, junto a Selena, que llevaba un buen rato frente a la chimenea leyendo un libro de medí magia.

-Eso te pasa por ser un pulpo. – Le recriminó el moreno. Mientras la pelirroja lo besaba en el cuello.

Ron bufó y se abrazó en un cojín. – Espero no pensar que mi hermana pequeña tiene más vida sexual que yo.

-Eso, hermanito, es algo con lo que siempre andarás con la duda. – Rió su hermana, mientras una sonrisa sarcástica aparecía en la cara de su amigo.

-¡MUJERES! – Bufó de nuevo y se tapo la cabeza con el cojín.

La castaña seguía gruñendo en el suelo, Selena alzó la vista del libro y la miró interrogante.

-Ves eso es lo que te decíamos de los hombres y el sexo, solo tienen eso en la cabeza. – Protestó. – ¡Ten cuidado con ellos!

La unicornio giró su cabeza, hacia Ron que hacia una mueca de burla hacia su novia. Y luego a la pareja, que se habían unido en un beso, primero más lento, luego más apasionado, ella sintió una leve comezón al verlos, y apartó de nuevo la vista incomoda. Hermione la miraba risueña. – Eso es un beso. Y suele ser algo muy placentero. – Frunció el ceño. - ¡Menos cuando hay exámenes que estudiar y tu novio se pone pulpooo! – Rugió alzando la voz.

-Vale me doy por aludido. – Gruñó el pelirrojo, este se volvió a su hermana y a su amigo que continuaban intercambiando saliva. – ¡Un poquito de por favor! – Protestó airadamente sentándose de golpe. - ¿Qué ejemplo es ese que le dan a la pobre chica?

Harry y su novia se separaron con una risilla. – Si, Ron, ya estas otra vez en tu papel de hermano celoso. – Susurró con sorna la chica. El pelirrojo frunció el ceño, su boca se apretó en una fina línea.

-¿Eso forma parte del…sexo? – Preguntó la joven tímidamente.

Potter casi cae del sofá al oírlo. – ¿Eso, es lo que le están enseñando?- Bramó el moreno recuperando la compostura y mirando a su novia que se limitó a sonreír y encogerse de hombros.

-Bueno, forma parte del ritual. – Comentó sin darle mucha importancia la castaña. – Se puede besar a alguien que te gusta, sin llegar a tener sexo con él, es un paso previo.

-¿Sexo? ¿Le están hablando de sexo? – Los ojos verdes del niño que vivió se abrieron desmesuradamente, las gafas le resbalaban por la nariz.

-Ella es una mujer, hay cosas que debe saber. No seas tan mojigato Harry. – Le reprocho su novia reacomodándose en el sofá. Su hermano se limitaba a mirarlos a unos y a otros asombrado.

Selena se quedó pensativa. – Entonces, ¿fue lo que hacíais en el sofá aquella tarde? – Preguntó a la pareja, refiriéndose a la escena que había interrumpido su primera tarde en el castillo.

Harry y Ginny se miraron sonrojados. – Bueno, eso…

-¿Harry, no sería la tarde que no acudiste a entrenar? – Bramó indignado su cuñado.

-¿En el sofá? – Espetó la castaña, frunciendo el ceño y mirándolos con expresión de repelús.

-Bueno, no llegamos a…- Musitó el chico.

-Es igual, faltaste a un entrenamiento por meterle mano a mi hermana. – Los colores le habían subido a la cara. - ¡El quidditch es sagrado!

La unicornio bajó la cara preocupada. – Los siento, si dije algo incorrecto.

-No, tu no. – Saltó el moreno. – Pero ellas no debían hablarte de esos temas.

-¡Harry, eres peor que mi padre! – Le reprocho de nuevo la pelirroja.

-No me extraña que Snape se pusiera así, cuando supo que le daban charlas de mujeres. – Suspiró el Niño que vivió y venció.

La unicornio se tensó al oír la referencia al profesor.

Hermione miró a su novio interrogante. – Esta tarde después de DCAO, nos dio un sermón que no veas. – Explicó el moreno. – Nos vio en el comedor con Luna, y cree que estáis hablando de ella a todo el colegio. – La cara de Potter cambio a una mueca de sarcasmo. – Y en medio de la bronca, no se le ocurre otra cosa, a este tonto del culo…- Señalando con la cabeza a Ron, que lo miró indignado. - …Que decirle a Snape que os pasáis el día con ella hablando de cosas de mujeres.

La castaña se giró y miró a su novio con un gesto que daba miedo, el pelirrojo se limitó a tragar saliva. – No cambiaras, no. ¡Tú y tu bocaza!

-Bueno, tampoco fue tan grave, él ya estaba enfadado por lo de Luna. – Trató de excusarse Ron. – Y además, que sabe el murciélago grasiento, lo que son cosas de mujeres.

Potter hizo una mueca. – Por la cara que puso, piensa lo peor. Créeme.

La pelirroja bufó con desgana. – No creo que piense que la estamos pervirtiendo. Además, que más le dará. – Harry empezó a replicarle y comenzó una discusión entre los dos, por lo que él consideraba, falta de cabeza por parte de las chicas.

Mientras Selena apretaba el libro en su regazo, incomoda y avergonzada, y Hermione con un respingo se enfrascaba de nuevo en sus estudios.

Hagrid canturreaba en la chimenea, mientras asaba unas jugosas salchichas. Sirius apenas había podido anular el encantamiento que le impedía usar su magia, y al pobre semigigante le costó horrores convencerle para no lanzarle una imperdonable a la condenada harpía.

El animago dio un gruñido mientras miraba fijamente el fuego. Aun no había llegado de su excursión al bosque, pero si por él fuera que se quedara allí. Había sido la peor humillación de su vida, y por un instante sintió una punzada de culpa al recordar las faenas que le hacían él y James a Snape en sus tiempos de colegio.

Sus ojos grises brillaron con la frialdad del hielo, su rostro se tensó, Si, había sido humillante, pero tal vez ella no tenía que sentirse tan victoriosa. Le dio otro trago a su whisky de fuego, no se equivocaba, había reconocido cierto temblor en su voz, y ese cambio en el brillo de sus ojos cuando consiguió su objetivo, la forma en que ella lo había mirado en esos pocos segundos, antes de rehacerse. Rió entre dientes, tal vez su humillación podía convertirse en victoria. Miró el líquido ambarino y se recreó por un instante en su figura, en su piel dorada transparentándose tras la fina tela húmeda, una verdadera diosa guerrera.

-No crees que tarda mucho en llegar, es noche cerrada, en el castillo ya deben de estar acostados. - La voz del semigigante le sacó de sus pensamientos. Alzó la vista y miró al desaliñado Hagrid que lo observaba agachado junto a la chimenea.

Sirius hizo una mueca. - Yo no me preocuparía, tal vez le impresiono tanto lo que vio que ha huido despavorida.

El semigigante soltó una carcajada. - No parece la clase de mujer que se asuste de algo.

Los dos magos se giraron al oír como la puerta se abría de golpe. La chica apareció en el umbral, los ojos verdes se posaron en Black con desdén, un cruce de miradas asesinas. Y luego avanzó hacia la chimenea. No llevaba la cota de malla, vestía la casaca de cuero marrón, que le llegaba por medio muslo ajustada por dos cinturones, uno a su fina cintura y otro más ancho a la cadera del que pendía aquella enorme espada, unos calzones gris oscuro ajustados a sus piernas, y botas de cuero rojizo casi hasta la rodilla, su alborotado pelo castaño, recogido por varias trenzas en su nuca. Bajo su brazo llevaba un bártulo de ropa, sin duda su trofeo de guerra. -Precisamente hablábamos de ti. - Sonrió el guardabosque.

-Nada bueno supongo. -Espetó ella, parándose junto a la chimenea, miró con sorna a Black, mientras extendía el brazo con la ropa sobre el fuego. El mago la miró fijamente, ella solo sonrío con malicia, abrió la mano y dejó caer los pantalones y el short a las llamas. Hagrid tenía que hacer serios esfuerzos para no partirse de risa al ver las caras de los dos.

-Confío en que hayas tenido un "agradable paseo", chucho. -Siseó la joven.

El se limitó a torcer la boca en una mueca. - Si, pero la vista ha sido mejorable.

Los ojos de la chica se estrecharon en dos amenazantes rendijas esmeraldas. –Yo puedo decir lo mismo.

-Yo sé, cuál es tu problema. – Susurró Black acercándose a ella con un extraño brillo en los ojos.

Ella se irguió y lo miró desafiante. – Tú eres mi problema.

El animago chasqueó la lengua, mientras se preparaba un perrito caliente con bastante kétchup. – Tu problema es que le temes a los hombres. – La volvió a mirar de forma divertida mientras le hincaba el diente al bocadillo. Ella abrió los ojos con sorpresa.

-Yo no temo a nada chucho.- Bufó. Hagrid, junto al fuego continuaba asando salchichas y silbando despreocupadamente intentando pasar desapercibido.

Black se acercó a la chica hasta quedar encarándola, sus narices estaban a centímetros. – No, tienes miedo. Por eso te ocultas tras esa armadura, y esa espada. Temes a los hombres. En el fondo me temes.

Ella tragó saliva, no podía evitar que sus ojos vagaran de aquella boca sensual que se curvaba en una mueca de burla, a sus picaros ojos gris azulado. Casi inconscientemente mordisqueaba el labio inferior. Sirius sonreía con suficiencia al percibir su nerviosismo, ella estaba justo donde quería.

-Si, no me equivoco, me temes. -Susurró acercándose a su oído en su tono más seductor, su aliento causo un escalofrió en la joven.

Ella giró su rostro hacia él, sus ojos verdes entrecerrados, el ceño fruncido, se miraron un instante en silencio, son solo el sonido de las llamas de fondo, hasta Hagrid contenía la respiración, mientras los miraba con la boca abierta, y las salchichas socarrándose por su falta de atención.

-En todo caso. – Comenzó ella fríamente. – No creo que tengas lo suficiente para llamarte hombre.

Él aspiró satisfecho, sin dejar de mirarla, su boca se curvó en una gran sonrisa torcida. – No me dijeron eso tus ojos.

-¡Bastardo!- Silbó.

Hagrid carraspeó sonoramente, rompiendo el momento, los dos se volvieron a él enfurecidos. Los miraba sosteniendo el pincho con una salchicha pasada hacia ellos. - ¿Una salchicha? – Preguntó risueño, recibiendo un gruñido por parte de los dos.

Pero algo alertó los sentidos de la chica, Fang también lo notó se alzó de su lugar junto a Hagrid y comenzó a gruñir hacia una ventana que daba al bosque, enseñaba los dientes más agresivo que nunca.

-¿Qué ocurre chico? – Hagrid se acercó a él y comenzó a acariciarlo para tratar de calmarlo.

Ella cerró los ojos y parecía husmear el aire con la concentración en su rostro.

-¿Que pasa? – Preguntó Black, mirando a uno y a otro.

La chica abrió los ojos y lo miró con frialdad y calma. – Magia antigua, muy antigua. – Susurró en un tono amenazador. – Algo terrible viene hacia aquí.

-Ese monstruo de nuevo. – Se lamentó el semigigante.

Black tragó saliva, había visto de lo que ese demonio era capaz, cuando junto a Snape habían llegado a los restos de aquella plataforma petrolífera, vio los rastros de la devastación a su paso en el bosque, y había oído su descripción de boca de Snape y de su ahijado. Pero ahora lo vería frente a frente.

Melisande aferró con fuerza el pomo de su espada y lo miró con decisión, toda su burla y sarcasmo habían desaparecido para dar paso a la guerrera, la cazadora de dragones. – Es el momento, mago. Veremos quién teme ahora.

Él solo endureció su rostro. Y se giró a Hagrid que se aferraba con fuerza a su perro. –Vete de aquí. – Le ordeno nervioso, empuñando su varita. – Protege a Fang, nosotros nos ocuparemos, hoy acabaremos con el monstruo.

La lanza se materializó en las manos de la joven que se dirigió sin más a la puerta seguida de los dos hombres y el animal, mientras la casa comenzaba a sacudirse violentamente, como si fuera un violento terremoto.

Una vez fuera todos contuvieron la respiración. En medio del camino que llevaba a Hogwarts comenzaba a materializarse una enorme bola de fuego, las llamaradas se elevaban al cielo en violentos estallidos, mientras fuertes rugidos rasgaban el aire de la noche. Sirius y la chica se miraron. Él había palidecido, los relatos se habían quedado cortos, ella solo aferraba su lanza nerviosa, por primera vez en su vida habia subestimado la fuerza de un rival.

-¡Ha cortado la retirada!, quiere obligarnos a entrar en el bosque. –Gritó el animago, tratando de hacerse oír por encima del rugido de las llamas y los bramidos del animal.

- Pues démosle lo que quiere. – Gritó ella saliendo del shock inicial. – Intentemos llevarlo hasta aquella zona del lago con salientes de roca. – Ella extendió su brazo en la dirección que decía. Black conocía el lugar, alejándose de los muros del castillo, el bosque llegaba hasta la misma orilla del lago, y justo en este, rocas graníticas, se alzaban como agujas de la tierra, un buen lugar para esconderse.

-¿Cómo lo haremos?- Preguntó el con la cara ya bañada de sudor. Apenas reacciono para atrapar al vuelo la lanza que ella le lanzó para que la sujetase, decidida y sin quitar los ojos del monstruo que se acababa de materializar ante ella. Desenvainó su enorme espada.

-Haciéndole cosquillas. – Rió con sarcasmo, alzando la espada recta sobre su cabeza con ambas manos, sus ojos fijos en los vacíos del Toro, comenzó a recitar una letanía en la antigua lengua celta. Hagrid corrió a refugiarse con Fang tras su casa, y Black miro como el cielo comenzaba a abrirse en amenazadores nubarrones negros sobre sus cabezas, las descargas eléctricas iluminaron la noche.

El animago apenas pudo dar un salto hacia atrás cuando un poderoso rayo se descargo de lo alto e impacto contra la joven en un fogonazo blanco y un potente trueno, que lo cegó unos segundos.

Hacia poco que se habían acostado, ella seguía con los ojos fijos en el techo, mientras sentía la respiración profunda de su compañera de habitación.

Era algo extraño eso que los humanos llamaban amor, o relación de pareja como le había indicado Ginny. Lo había visto con sus nuevos amigos, podía comprender la intensidad de ese sentimiento, pese a que las más de las veces se dedicaban a discutir y enfadarse. No cabía duda de lo mucho que deseaban estar con su respectiva pareja, tocarla, cuidarla, sentirla, los besos…eso era algo que la turbaba profundamente, el ver como unían sus labios, la sensación que provocaba en ella. Pero sobre todo pensar en él, en el joven del bosque, el joven con el que se había sentido tan unida en ese mismo dolor, a quien había entregado su esencia, su magia, su don. Y que ahora era un hombre adulto, misterioso, oscuro, que le hacía sentir cosas tan impensables para una de su raza. Se acarició la palma de la mano, donde había aplicado aquella poción, evocando la calidez de su tacto sobre la de ella, lo que sentía cada vez que la abrazaba contra su fuerte cuerpo intentando protegerla hasta de sí misma. Sus dedos rozaron sus labios, ¿cómo sería sentir esos finos labios sobre los suyos?, tan solo pensarlo ya hacía que un extraño calor brotase en sus entrañas.

Cerró los ojos en vano, tratando de alejar esas ideas absurdas, algo la hizo incorporarse de golpe, con el corazón martilleando con fuerza en su pecho, simplemente lo sintió. Había vuelto.

Silenciosamente se deslizó de la cama, se cubrió con la capa negra sobre el pijama azul celeste y descalza se escabulló del dormitorio.

-¿Otra vez va a merodear por los pasillos? – La voz chillona de la señora gorda la recriminó al salir de la sala gryffindor.

Ella la miró muy grave. – Hay algo que debo comprobar. –La dama del retrató la miró preocupada.

-Tenga cuidado con Flinch, hoy anda enojado por culpa de Peeves. – La oyó decir a su espalda mientras ella ya de encaminaba a la torre de Astronomía.

Apenas avanzó un par de escaleras cuando sintió la punzada y la fuerte descarga que sacudió su cuerpo haciéndola tambalear y tener que aferrarse a los pasamanos.

Black, volvió a abrir los ojos y la vio ante él, continuaba erguida con la espada vertical sobre su cabeza, esta resplandecía de una luz azulada, chispazos eléctricos siurgian de la hoja, la fiera y ella se miraban intensamente.

Sus ojos se giraron a él. – Corre ahora. – Bramó entre dientes, en el momento en que bajó la hoja de golpe contra el Toro. Toda la potencia del rayo surgió de la misma impactando de pleno contra su adversario que profirió un poderoso bramido.

La muchacha arrancó a correr tras el animago, mientras la corriente eléctrica recorría al monstruo haciéndolo retorcerse, de dolor y furia.

-¡Le has dado de pleno! – Chillo Black.

-Corre, y no mires atrás, eso no es nada para él. – Jadeó alcanzándolo y arrebatándole la lanza de las manos. – Y estará cabreado de veras.

Doy las gracias de nuevo a McGo por sus reviews. Y a Lylbet que recientemente ha descubierto esta historia. Gracias a las dos.

Saludos a todos y gracias por leer