26. Hablando de mujeres…lo que hace el alcohol.
– Si vamos a hablar de mujeres, creo que yo también necesito de un trago. – Le tendió de nuevo la petaca a un perplejo Sirius Black. Se limpió la boca con el dorso de la mano. - ¿Qué es esa porquería que bebes?
Sirius, pegó otro trago. – Whisky muggle, pica más. – Sonrió vagamente. – Ha sido buena idea ponerle un hechizo de auto renovación a esta petaca, no esperaba compañía.
Snape lo miró. – Si que son complicadas. – Espetó sin más. Black asintió. – Y créeme que hace muchos años que desistí de intentar comprenderlas.
-Bueno, tú lo tienes más fácil. – Suspiró el otro. – Ella no es propiamente una mujer. -El profesor lo observó con gesto sorprendido y ofendido. – Diablos, si lo es, pero es menos complicada. – Bufó de nuevo.
-¿Menos…complicada? – Escupió el ex mortifago, torciendo el gesto y enarcando una ceja. - ¿Tú has oído lo que has dicho? ¡Por las barbas de Merlín, Canuto! Es un unicornio, ni siquiera es humana. – Bufó con desespero. – Eso ES complicarse la vida.
Él animago lo miró de soslayo. – ¡Va! ¡Va! Sigues siendo el mismo quejicoso de siempre. - Bufó haciendo que Snape emitiera un gruñido. - Eso es una tontería. Ella es toda una mujer, no hay más que mirarla. - Sirius sonrió picadamente, haciendo que Severus bufara de nuevo. - Es preciosa, encantadora, dulce, amable, y por lo que se ve muy inteligente.
-Demasiado perfecta. - Suspiró echando la cabeza hacia atrás. - No quiero repetir lo que pase…
-Ella no es Lily. - Severus le dirigió una mirada asesina. - Vamos, crees que no se que en todos estos años no la has olvidado.
-Te recuerdo quien tuvo la culpa de lo que paso. - Bramó el ex mortifago, frunciendo el ceño.
-¡Joder, Snape, han pasado 22 años! - Escupió el otro. - Éramos unos críos. James era mi amigo y…
Snape bufó frustrado. - Dilo Canuto. No te cortes. - Lo miró con gesto triste.- Ella nunca me quiso como yo esperaba. Por mucho que me doliera, yo solo era su amigo, y James…era James. - Sin mediar palabra le arrebató de nuevo la petaca, y dio un largo trago, devolviéndosela bruscamente.
Black lo miró con el ceño fruncido. - Eres idiota. - Snape giró la cabeza y lo miró con una ceja alzada. – Ella hubiera querido que siguieras adelante, seguro que ahora te estaría empujando a que te lanzaras. ¡Vive, joder! ¿O es que acaso aun crees que le ando detrás?
Severus frunció más el ceño. – Se de sobra como era Lily, la conocía mejor que tu. Y me importa una mierda lo que tú hagas.
El animago rió entre dientes. - Serás todo lo buen espía que quieras, el profesor más odiado y temido, el tío más frío, cerrado y repelente. - Comenzó burlonamente. - Pero con las mujeres eres un crio inseguro. ¿Es que aun no te das cuenta que solo lo hice por diversión?
Alzó una ceja. - ¿Diversión?
-Si, idiota. - Escupió. - Me di cuenta de cómo la mirabas nada más entrar en el despacho de Albus. No podía desperdiciar la oportunidad de fastidiarte. Es superior a mí.
Snape bufó, su boca se curvó en una mueca amenazante. - ¿Fastidiarme? ¡Ya!, ¡Tú y tus malditas rosas!
Sirius chasqueó la lengua. - Y no veas lo mucho que lo disfrute. Era un juego divertido. Hasta que me di cuenta que mis cartas no eran ganadoras…y luego apareció esa tarada.
El profesor rió secamente. -¿Es esa fiera, no?
-Sí. – Contestó secamente, los ojos acerados brillaban de furia. – Ella me vuelve loco, saca lo peor de mí.
-Eso no es muy difícil. – Interrumpió Severus, quitándole de nuevo la petaca y dando otro trago.
-¿No decías que era una porquería? – Espetó con gesto divertido, viéndolo tragar.
Lo miró amenazante. - Tú a callar. - Casi le estampó la petaca contra el pecho.
El animago hizo una mueca burlona. - Pues si que estas mal. - Se encogió de hombros. - Si que estamos bien jodidos.
-Y si te atrae, ¿por qué no se lo dices? - Preguntó secamente el otro. - ¿Acaso no dices, que ninguna mujer se te resiste?
-Ella es diferente. - Murmuró el animago, bebiendo otro trago e hipando. - Tan altiva, orgullosa, inaccesible…salvaje.
Severus cabeceó. - Es atractiva, lo reconozco.
-Es increíble…ese cuerpo…- Sirius tragó saliva. - Nunca una mujer me ha hecho arder la sangre como ella, y me encanta verla enfurecida, eso aun me calienta más.
-Eres un jodido masoquista. - Rió el otro. - Yo digo que lo soy, pero es que a ti te va el cuero de veras.
-No es eso tampoco. - Protestó el animago. - Tampoco es que me gusten las mujeres agresivas. ¡Qué diablos! Es un marimacho. ¿Puedes decirme que le he visto? ¿Es que me ha hecho un Confundus?
¬¬ - Pues si no lo sabes tú…
-Y lo peor fue ayer. - Snape lo miró con interés. Mientras el animago apuraba la petaca, se notaba que el alcohol le estaba empezando a pasar factura. - Me humilló, sabes…ella me humillo. Como nunca antes me habían humillado.
-Teniendo en cuenta tu concepto de humillar…
-Ni te imaginas, me dejo en pelotas.- Los ojos de Snape se abrieron como platos. - Me hizo volver del bosque a casa de Hagrid con el culo al aire.
Las carcajadas de Snape resonaron por todo el lago, contenerlas era en vano, se sujetaba el estomago con las manos, y casi se atraganta. Solo pensar en la cara del pobre semigigante al verlo asomar por la puerta, era algo que no tenía precio. - Prefiero no pensar lo que andabas haciendo para acabar así. - Pudo articular a duras penas.
-No quieras saberlo. - Rumió ceñudo ante las carcajadas del otro, debía dejar el alcohol, le hacía hablar de más. – El caso es que estaba furioso con ella, como nunca lo he estado con nadie. Y aun así cuando la vi en peligro no me importó arriesgarme por ella.
Severus sonrió socarronamente. –Pues si que te ha dado fuerte.
El animago se llevo las manos a la cabeza, la sacudió con frustración. – ¿Y qué obtengo de ella?
-Sorpréndeme.
-¡Nada! – Bramó, pegando otro largo trago a la petaca. – Mas insultos, mas desprecios, mas miradas de superioridad.
Snape se encogió de hombros. – Bueno, tampoco esperaras que te suplique por llevarla a la cama, Canuto. Alguna vez tu sex-appeal tenía que fallar.
Sirius frunció el ceño y bufó. – No es eso… ¡Es que tanto le cuesta ser amable! Solo una sonrisa, un gracias. No sé, algo… ¿Y sabes lo peor?
Snape se limitó a mirarlo igual que a un alumno al que hace una de sus mordaces preguntas por sorpresa.
-Cuando os dejamos en la enfermería, volvimos a pelear. – Severus alzó una ceja e hizo una mueca de "¿Y eso qué?". – Me puso furioso, muy, muy furioso, no sabes hasta que punto. – El animago ponía cara de frustración. – Acabo atacándome con una daga. ¿Tú lo entiendes? ¡Quería matarme!
-Eso puede resultar comprensible. – Comentó el otro sin demasiado entusiasmo.
Black rodó los ojos con fastidio. – ¡Vete a la mierda! – Severus hizo una mueca de burla. – Esa loca casi me cortó de veras, me las vi mal para reducirla, sus gritos debieron de oírse por todo el castillo. ¡Imagina que aparece Filch!- Snape se encogió de hombros. – Menuda cara se le hubiera quedado, si me llega a ver encima de ella.
-Te recuerdo que eso no te importo mucho cuando la conocimos.
El animago chasqueó la lengua con expresión de fastidio. – Si pero ahí no quedo la cosa. Ella seguía insultándome, gritando, provocándome…
-Y le diste los azotes…
-Peor… – Snape lo miró con interés. –…La bese. – O_O Severus abrió los ojos desorbitadamente. – Si, si. No sé qué rayos paso por mi cabeza. Solo quería hacerla callar.
Severus hizo una mueca, le quitó de nuevo la petaca y dio un largo trago. – Pues menudas maneras te buscas.
El otro la recuperó, pegó otro trago aun más largo y tomó aire profundamente. – Por un momento perdí del todo los papeles. Nunca me había pasado eso con una mujer…cuando volví en mi me sentí como un troglodita.
-Y ella te pateó el culo, por supuesto. – Comentó el mago oscuro con voz aburrida.
El otro se quedó un momento en silencio. – Me dio un rodillazo en…ya sabes, pero eso no fue nada comparado con la forma en que me miró. Había tantas cosas en sus ojos, miedo, ira, dolor, rabia, confusión. – Suspiró. – No pude decirle nada, me sentí como un mierda. Quería disculparme de veras. Pero ella salió corriendo, y aun no sé dónde anda metida. Y eso que por un instante creí que a ella también le gusto. Pero creo que la he cagado, y bien.
-Eres un completo capullo, Canuto. – Gruño el profesor.
Suspiró y miró a su antiguo enemigo. – Y tú eres un carbón con suerte.
Severus alzó una ceja, y una sonrisa cínica se dibujó en su rostro. - ¿Desde cuándo envidias al murciélago grasiento? ¿Tu? ¿Don "soy popular y guay"?
Black hizo una mueca. – Desde que anoche vi como ella sufría por ti, desde que vi como se desesperaba cuando te apareciste en ese estado, como se arrodillaba a tu lado y te tomaba de la mano. – Snape lo miraba con gesto grave, confundido. – Tal vez no sea humana, pero lo que siente por ti ciertamente lo es, y es muy profundo, puedo verlo por la forma en que te mira. – Chasqueó la lengua, y los dos se quedaron en silencio un momento. – Sabes, siempre he tenido éxito con las mujeres, he sido un seductor, y me he divertido…y ellas con migo. ¡Diablos! Pero siempre ha sido eso, diversión, nada de compromisos. ¿Por qué con ella no puede ser así de fácil? – Gimió con frustración.
-Es la vida que siempre has querido.- Le reprochó el otro.
Sirius cabeceó. – Si, pero sabes. A veces, y más cuando has probado la muerte, te das cuenta de que hay otras cosas. Por ejemplo, Lupin y Tonks, tienen sus broncas, ¡Y qué broncas! – El ex mortifago rió por lo bajo, recordando una fuerte discusión en la mansión Black, donde él mismo había tenido que salir gateando de la cocina para no recibir alguna pieza de la vajilla, que Nynphadora le arrojaba al pobre licántropo. - Pero se tienen el uno al otro, y al pequeño Teddy.
-¿Y añoras una familia? Preguntó el otro con gesto alicaído.
-¿Acaso tu no? – Snape bajó la vista. – Tú y yo no somos tan diferentes, los dos hemos ido viendo como los demás hacían su vida, mientras nos encerrábamos en nosotros mismos. – Black sonrió pícaramente. – Aunque cada uno a su manera. Y de pronto un día te encuentras casi con 40 años, y con…
-…Que te has quedado solo. – Interrumpió Snape cansadamente. El otro solo asintió y dio otro trago.
-A veces me despierto pensando, como sería hacerlo con el cuerpo cálido de una mujer a mi lado. – Miró a Snape con picardía. – La misma mujer, ya sabes…no aventuras de una noche. – El otro solo aspiró, en su vida había habido muchas mujeres. No era ningún secreto que los mortifagos tenían un sentido de la moralidad bastante disipado. A menudo el propio Señor Tenebroso organizaba orgias entre sus acólitos, como una forma más de mantenerlos leales. El sexo era una forma más de manipulación, y Snape era un maestro de la manipulación. Muchas mujeres de mortifagos habían caído rendidas ante sus capacidades para saciar su lujuria, revelándole en esos momentos de intimidad, secretos que él había puesto al servicio de la orden. Pero siempre había sido fríos encuentros salvajes, en los que él había saciado sus necesidades y sus más bajos instintos, y una vez saciados cada uno había seguido su camino, nunca había habido amor, eso era algo que había guardado bajo llave, solo para Lily, el recuerdo de algo que él sabía, no había sido real. Durante todos esos años, nunca había compartido una noche entera, él siempre se marchaba, y ellas nunca se quedaban, era su norma no escrita. En sus sueños solo una mujer lo había hecho, Lily. Y durante esas últimas semanas, su imagen se había convertido en la de una hermosa criatura de ojos azules, cabellos del color de la luz de la luna, piel blanca y sedosa. - …Y…- La vacilante voz del animago le devolvió a la realidad. -…no es que eso sea malo…- Puso una risa tonta. - …Recuerdo una vez dos gemelas metamorfagas, que…
-Hazme un favor, ahórrame los detalles de tu vida sexual. – Le cortó en seco. – No soy tu puto psicólogo muggle. – Y le quitó de nuevo la petaca.
Sirius rió con sarcasmo. – Ni ganas tampoco. Pero creo…que tú…sabes a lo que me refiero.
Severus suspiró cansadamente y echo la cabeza hacia atrás. – Tu, y tu estúpida manía Gryffindor de querer arreglarle la vida a la gente, arregla la tuya que ya tienes suficiente faena.
-Sabes que tengo razón. – Gruñó quitándole esta vez su petaca y dando otro trago. – Aunque te fastidie admitirlo también te sientes solo.
-Si, pero yo no intento cambiar lo que no tiene remedio. Además ya me he acostumbrado a la soledad, no sé si sabría vivir de otra manera.
-Derrotista. – Gruñó el animago.
-Ella se irá canuto, eso no es ser derrotista, es ser REALISTA. – Replicó enfadado.
-Eso depende de ti. – Espetó recuperando algo de lucidez. Snape lo miró interrogante. – De que le des buenos motivos para quedarse.
-Eso es una estupidez, ella es lo que es.
-Ella es lo que es, AHORA. – Bufo de nuevo. – No has pensado en lo triste de su existencia, ¡joder! Vivir eternamente, sola. Sin saber lo que es reír, soñar, ilusionarse, enfadarse…amar. Harry me ha contado que Ginny cree que no quiere volver a ser un unicornio.
-Se han hecho muy amigas las tres. – Rezongó con desgana.
-Si, pero lo importante es que ella es, siente, y desea vivir como humana. – El gesto de Snape se tornó hermético de nuevo.
Snape suspiró frustrado. – Pero sigue sin ser humana, no sabe nada de la vida, es como una niña.
Sirius silbó. – Tal vez lo fuera el primer día. – Snape lo miró con el ceño fruncido. –Por lo que me ha contado Harrry su mente madura a una velocidad asombrosa, es como una esponja que absorbe todo el conocimiento que le echan. Y créeme…tiene MUYY buenas maestras.
-Ya estoy enterado de sus "charlas de mujeres" – Murmuró con desgana.
-Pero seguro no de todos, los "Detalles" – Canturreó cruzando despreocupadamente las manos tras la nuca y echando la cabeza hacia atrás.
-¿Detalles? – Espetó el profesor de pociones, alzando las cejas y dejando caer la mandíbula de golpe, no quería imaginarse a qué clase de detalles se refería, tratándose de una pandilla de adolescentes hiperhormonadas.
Sirius silbó, tratando de poner nervioso a su antiguo enemigo. – Ya sabes, Ginny le cuenta todo a Harry, y él se lo cuenta todo a su querido padrino. – Black rió entre dientes, Severus tragó saliva. – Y créeme, tiene muuuchaaaa curiosidad por las cosas de la vida.
Snape solo alzó las cejas en una mueca de interés. – Creo que ya has bebido, suficiente Black.
-Y yo creo que tú necesitas un buen polvo. – La mandíbula de Snape se tensó, mientras el otro solo ponía una sonrisa tonta y jugueteaba con la petaca. – Los dos necesitáis un buen polvo. Créeme, tus alumnos lo agradecerán.
-Canuto, estas muy borracho. – Bufó el profesor de pociones, tratando de mantener la calma.
-No que va, si solo he empezado. – Hipo el otro.
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