Hola a todos/as.

Primero que todo desearos una Muy Feliz Navidad.

Después avisaros, el siguiente cap. es Lemon, y los q seguís Perdidos, ya sabéis como las gasto.

En fin otro pequeño regalo de Navidad para todos.

Un besoooo

31. Ser Tuya.

Se separó un momento y sacudió la cabeza un instante tratando de recuperar algo de lucidez. Por Merlín, estaban en la torre de astronomía, como un par de estudiantes furtivos. No lo haría allí contra un muro, no, debía ser algo lento y que pudieran saborear en toda su intensidad, le daría algo con que soñar, con que ahogar sus pesadillas.

Besó su frente de nuevo. - Aquí no, alguien podría venir. - Susurró. - Mi despacho. - Ella pareció comprender y asintió con una sonrisa. Se cubrieron con sus capas y acercándola a su cuerpo bajaron hasta las mazmorras, regalándose besos furtivos en cada vuelta de los pasillos, ante la mirada sorprendida y curiosa de más de un retrato, que no atinaban a reconocer a quienes se ocultaban bajo las capuchas.

Llegaron a las mazmorras y la puerta de la pared se abrió ante ellos, lentamente entraron en su despacho, él detrás a su espalda le retiró la túnica negra que portaba sobre el pijama azul. Se quitó la suya y las dejó despreocupadamente sobre la silla de su escritorio. La miró con detenimiento de pie ante él, con esa larguísima melena del color de la nieve desparramándose sobre sus hombros, el rubor de las mejillas que aun acrecentaba más su belleza, sus firmes pechos que se adivinaban bajo la fina tela de la blusa. - Eres tan hermosa. - Susurró acercándose a ella y tomándola del mentón. Ella buscó sus labios y se fusionaron en un nuevo beso, la enlazó por la cintura y la pegó completamente a él, ella dio un gemido de sorpresa al notar la erección presionar contra su vientre, se apartó de ella como un resorte. - ¿Tienes miedo?

Ella negó con la cabeza. - Solo curiosidad. Las chicas me hablaron del sexo. - Snape arqueó una ceja inquisitivo. - Pero no me dijeron como era en el hombre. -Concluyó con timidez. Omitió su exploración en la enfermería, pero sus mejillas se tiñeron más al recordarlo.

-Veo que las Gryffindor la han instruido en multitud de materias. - Dijo mirándola con una sonrisa.

-Pese a lo que me dijeron no pensé que fuera así. - Susurró ruborizándose más aun. -Pero usted es el profesor…

El tomó su mano y beso su palma profundamente, haciéndola estremecerse levemente, lo sentía todo tan intensamente. - No, no le han enseñado todo. - Susurró mirándola con sus ojos negros brillando de deseo. - No voy a tener sexo contigo. Voy a hacerte el amor. - Su voz sonaba suave y sedosa como las caricias de sus labios. - Voy a hacerte el amor hasta desfallecer, voy a averiguar lo que te gusta, todo lo que te pueda hacer gritar de placer, hasta que te derritas en mis brazos, hasta que no puedas pensar en nada más.

Ella tragó saliva y retrocedió un paso ante lo que parecía una amenaza velada, pero estaba hipnotizada por sus ojos negros, lo deseaba tanto. Volvió a besarla al tiempo que sus manos se deslizaban por sus brazos, y llegaban al borde de la blusa, con delicadeza se deslizaron bajo esta y comenzó a acariciar su espalda con devoción, sintiendo como ella temblaba. Lentamente la fue empujando hasta la puerta del fondo del despacho. Rompió el beso y sin dejar de mirarla abrió la puerta que daba a una habitación amplia, con chimenea, dos mesitas flanqueando una gran cama de madera tallada, junto a una pared otro pequeño escritorio con una silla, un enorme armario de seis puertas, el suelo estaba cubierto de alfombras oscuras, y la colcha era verde oscuro.

Ella tomó aire y entró en la estancia observando todo con curiosidad, el cerró tras ella y con un pase de varita en la chimenea apareció un cálido fuego. Ella se volvió y lo miró con timidez. - ¿Estás segura de esto? - Ella asintió lentamente sus ojos se estrecharon brillantes y siguió retrocediendo hacia la cama. El avanzó de golpe hacia ella y la atrajo hacia sí, sus cuerpos chocaron, se quedaron parados mirándose, deleitándose el uno en el otro. Comenzó a acariciarle el rostro con el dorso de la mano lentamente, bajando por el cuello, deleitándose en cada leve reacción de ella.

El beso fue profundo y lento, ahora fue ella la que entró en la boca de él explorando, saboreando. Las manos de él volvieron a buscar su espalda, suave y tersa, la rozaba con las yemas de los dedos, con movimientos delicados, bajó lentamente hasta encontrase con el elástico del pantalón y presionado apenas, las deslizó dentro de este, acariciando sus firmes nalgas y apretando su pelvis contra la de él donde la erección pulsaba contra su pantalón dolorosamente. Ella estaba completamente embriagada por las sensaciones de su cuerpo, las reacciones ante su tacto, sus besos, que quemaban su piel y provocaban que el calor creciera más y más dentro de ella. El cosquilleó en su vientre, notaba como la humedad crecía entre sus piernas. Y como la ropa empezaba a molestar, sus dedos ansiaban volver a recorrer su piel desnuda, como ya había hecho en la enfermería.

Severus pareció sentir lo mismo y haciendo esfuerzos para no romper el beso comenzó a pelear con los botones de su levita, ella notó sus intenciones y le ayudó a despojarse de ella, dejándola caer por sus brazos hasta quedar tirada en el piso. Entonces fue el turno de ella, lentamente fue desabotonado su blusa de pijama de arriba bajo al tiempo que comenzaba a besar la piel que iba quedando descubierta, ella suspiró al sentir como su boca la recorría lentamente empezando por el cuello, la clavícula, la zona entre los pechos, el estomago el vientre, Su respiración se aceleró más aun. La blusa fue al suelo, y el comprobó satisfecho sus sospechas, no llevaba sujetador, sus blancos senos se mostraban a sus ojos deleitándolo con su visión, eran de un tamaño medio pero firmes y redondeados, coronados por sus pezones rosados erectos por la excitación del momento. Sus manos los abarcaron, masajeándolos con deleite, mientras besaba su cuello, ella respiró más profundamente y echo la cabeza hacia atrás jadeando.

Siguió empujándola hacia la cama, al tiempo que su boca volvía a bajar por su cuello, por su pecho, y sustituyendo con ella a una de sus manos. Atrapó el pezón con los labios, lamiéndolo mordisqueándolo, succionándolo con avidez. Ella gimió su nombre y sus dedos se enroscaron en sus negros cabellos. La mano libre de él se deslizó de nuevo por su espalda, para encontrarse con el elástico del pantalón, lentamente comenzó a jalar de él hacía bajo, deslizándolo por sus caderas, arrastrando con ellos la ropa interior, su otra mano soltó el pecho y se deslizó a sus caderas para facilitar la labor de desnudarla.

Terminó de arrinconarla contra la cama, mientras deslizaba el resto de sus prendas por sus muslos, la recostó sobre el lecho, sofocada de excitación, él se arrodillo a sus pies y acariciando sus muslos termino de quitarle las molestas prendas y las lanzó al otro lado de la habitación. Tomo aire y se puso de pie ante ella para admirarla, era una aparición, una hermosa ninfa de los bosques, su cuerpo perfecto de piel blanca nacarada, sus firmes pechos, su cintura fina, sus caderas redondeadas, las piernas largas y torneadas, los suaves rizos blancos que coronaban su pubis. - …Tan hermosa. - Susurró Severus con la voz ronca de deseo. Ella desvió la vista sonrojada y se incorporó apoyándose sobre sus codos, lo miraba disimuladamente mientras él se despojaba de la camisa blanca, y descubría su pecho cruzado de cicatrices. Ella gimió al verlo de nuevo, no podía evitarlo, le dolía tanto pensar en lo que debía haber sufrido. Él la miró con gesto preocupado. - No resulta agradable, lo sé.

Ella le tendió la mano para que se acercase. -No, no es desagradable. - Susurró. - Has tenido que sufrir mucho, tanto dolor. Si yo pudiera… - El se situó de pie entre sus piernas, ella se abrazó a su cintura, él acarició sus sedosos cabellos y su espalda con aire pensativo, se estremeció al sentir los labios de ella contra su vientre dibujando con ellos las líneas de sus finos y definidos músculos, los dedos de ella rozaban suavemente la línea de fino vello oscuro que bajaba por su vientre y se perdía en su pantalón, un gemido se escapo de sus labios.

Se deslizó lentamente hasta el suelo arrodillándose ante ella, tomando su rostro entre sus manos, la miró intensamente. -Ya lo has hecho, ya me has salvado. - Ella se inclinó hacia delante buscando sus labios, el respondió a su invitación con avidez, mordisqueando sus labios, mientras sus manos acariciaban sus hombros, sus brazos y se deslizaban hasta sus costados, hasta sus suaves pechos, sus pulgares trazaban círculos sobre sus pezones ya erectos, haciéndola suspirar, miraba complacido como ella cerraba los ojos y ladeaba la cabeza dejándose arrastrar por las sensaciones.

Lentamente, la fue recostando de nuevo sobre el lecho para quedar cubriéndola parcialmente con su cuerpo, siguió besando su cuello y bajando de nuevo hasta sus pechos, ella ladeaba la cabeza suspirando por las sensaciones que le producía, sus dedos se enroscaron en sus negros cabellos, mientras los blancos de ella se desparramaban sobre la colcha verde, sintió un estremecimiento al sentir los dedos de su mano deslizarse hacia bajo, rozando su estomago, deteniéndose en su ombligo y siguiendo hasta acariciar los suaves rizos arrancándole un profundo suspiro y haciéndola arquearse levemente para buscar más su contacto. El suspiro se convirtió en un gemido ardiente cuando los dedos se deslizaron por sus húmedos pliegues rozando el punto sensible con expertos toques mientras comenzaba a devorar su otro pecho atrapando el pezón con los labios y tirando suavemente de él, y en un grito sofocado cuando un dedo se deslizo dentro de ella haciendo que se arquease y echara la cabeza hacia atrás.

Alzó la cabeza de su pecho para mirarla a los ojos, ella jadeaba sus labios entreabiertos ligeramente enrojecidos por sus besos, sus ojos azules ardían de deseo. - Se…ve…rus. – Gimoteó, él la miraba con una sonrisa de triunfo. - Esto es…- Gimió y echo la cabeza hacia atrás arqueándose más ante lo que su hábil dedo hacia en su interior.

Se acercó a su oído y lo lamió. –Esto, es solo el principio. - Siseo con su sedosa voz ronca de excitación, hacia enormes esfuerzos por mantener el control y no tomarla de una vez. Sacó los dedos de ella y lentamente volvió a bajar recorriendo su cuerpo con su boca, hasta quedar de rodillas entre sus piernas. Mientras la contemplaba desde esa posición comenzó a soltar el cinturón y el pantalón, se puso de pie torpemente y se los quitó junto con los bóxer, y los zapatos lanzándolos lejos de una patada y a punto estuvo de caer. Ella amago una risilla que se paró en seco, tragó saliva y abrió mucho los ojos al ver el considerable tamaño de la erección que se alzaba ante ella. Él le dirigió una mirada seductora. - Aun no, amor. -Lentamente volvió a arrodillarse entre sus piernas, acarició los finos rizos con parsimonia y arrancándole un grito de sorpresa enterró su cara en ellos.

Ella se estremeció con una sacudida al sentir su lengua abriéndose paso en su intimidad, como propinaba precisos toques a su clítoris ya hinchado, se sacudía y aferraba la colcha con los puños, y cada vez gemía más fuerte. Gritó su nombre cuando su dedo volvió a introducirse dentro de ella, y luego un segundo, rozando sus húmedas paredes, mientras continuaba lamiendo y mordisqueando su centro. Se retorció con fuerza cuando fuertes espasmos comenzaron a formarse en sus paredes, aumentando más la intensidad de las sensaciones, inconscientemente alzó las caderas para facilitarle el acceso y sus muslos se tensaron, sintió como los dedos de él eran sustituidos por su lengua que se hundió en ella, provocándole ese último estallido que la hizo gritar su nombre y sollozar de placer.

Severus se sintió en la cima cuando ella se vino ruidosamente para él, saboreó sus jugos como si fueran el autentico elixir de la eternidad. Apartó su rostro y la miró detenidamente, su cuerpo aun temblaba por el potente orgasmo y respiraba aceleradamente, se tumbo de lado juntó a ella, y comenzó a acariciarla lentamente, para que se recuperase. Ella se incorporó hacia él y lo besó ardientemente en los labios, sintiendo su propio sabor en su boca, siguió bajando hacia su cuello se detuvo lamiendo con dedicación la cicatriz de Nagini, arrancándole un gemido, bajando luego a su pecho, recorriendo con sus labios cada cicatriz, notaba el calor de su magia fluir a través de su piel, aumentando brutalmente su deseo por ella, ya no podía demorarlo más.

En un movimiento se posiciono sobre ella, la miraba intensamente con sus ojos azabache, mientras presionaba con sus piernas para separar sus muslos que cedieron con facilidad. Ella tembló levemente al notar el roce de su miembro en su entrada. La miró a los ojos con ardor. - ¿Sigues queriendo esto?- Murmuró sofocado.

Ella beso su cuello. - Mas que nada.- Se aferró más a él y alzó uno de sus muslos para asirse más a él, le sentía pulsando contra ella.

La mano de él aferró su muslo para alzarlo más. -Puede doler, soy más grande que la mayoría de los hombres. - Ella tragó saliva. - Muerde mi cuello. - Ella obedeció y su boca se cerró sobre su cuello. Contuvo la respiración al ir presionado dentro de ella muy lento hasta topar con la fina barrera, soltó el aire en un jadeo cuando los dientes y uñas de la chica se clavaron en su carne con un gemido entrecortado cuando la superó enterrándose hasta el fondo y quedándose quieto para que ella se acostumbrase a su tamaño. Ella gimió, lo sentía dentro de ella, cada pulgada, palpitante, llenándola por completo, una sensación como nunca hubiera imaginado en sus milenios de existencia, primero incomoda, pero el sentirse tan unida a él, la arrastraba, quería más, trató de elevar más sus caderas para invitarle a seguir, cedió gustoso empezando a entrar y salir con movimientos lentos, sentía como las paredes de ella lo absorbían en su amplitud y se acomodaban a él deliciosamente. -Tan estrecha. - Gimió en su oído casi al borde del delirio, disfrutada de sus gemidos entrecortados tanto como de su propia estrechez y la forma en que lo envolvía.

Las sensaciones en ella aumentaban por segundos, el dolor inicial había dado paso paulatinamente, al placer más abrasador, se quemaba, toda ella ardía. Pidiéndole más, más de él, entre sollozos entre cortados. Alzó su otra pierna aferrándose a sus caderas para que profundizara aun más en ella, tratando de acompañar sus movimientos, sus dedos se clavaron en sus brazos, arqueo mas su cuerpo gimiendo sin control. –Se…ver...rus. – Gimió de nuevo, haciéndole sentir más poderoso.

Los movimientos de él se iban haciendo más rápidos, más profundos, las paredes de ella ya palpitaban con los inicios de un nuevo orgasmo absorbiéndolo con ella, su mente te nublo por el placer embistiéndola sin control, ella se retorció bajo su cuerpo cuando los espasmos aumentaron en intensidad, y ambos estallaron gritando sus nombres.

Se desplomó sobre ella con la respiración agitada, hundiendo su rostro sudoroso en sus sedosos cabellos. Ella aun jadeaba intentando recuperar la respiración, no sentía que su peso la aplastase, al contrario, se sentía completamente plena, feliz, dichosa, como nunca en su existencia se había sentido. Él alzó la cabeza pesadamente y la miró con gesto sofocado y sonriente, ella le devolvió la mirada, sonriente, radiante. –Te aplasto. – Murmuró él acariciando su oído con su nariz. Ella rió feliz, era una risa cálida, alegre, luminosa.

El rodó de costado para salir de ella, pero sus piernas le abrazaron y rodó con él quedando encima. Se incorporó a horcajadas sobre sus caderas, apoyándose con sus manos sobre sus hombros, mientras él la tomaba por la cintura, sus largos cabellos blancos se desparramaban a ambos lados de su cabeza cubriéndolos como un delicado velo. Él aspiró complacido. – Merlín, como adoro tu pelo.

Ella rió. – ¿Solo mi pelo Profesor? – La miró intensamente, no, toda ella, sus ojos su boca, su piel sedosa, esos pechos increíbles que podría estar devorando hasta morir. No podía negarlo, era un lo que se dice un hombre de mama, y esos senos le volvían loco. La chica hecho la cabeza hacia atrás y comenzó a balancearse sensualmente sobre sus caderas y su miembro semi erecto. El gimió alzando sus manos para abarcar sus pechos.

-¿Eso …también te lo explicaron …las Gryffindor?- Jadeó Snape notando como su miembro reaccionaba ante ella nuevamente.

Ella se inclinó hacia delante y lo besó con urgencia, deslizándose lentamente de su boca a su oreja, y deteniéndose en su lóbulo. – Creía que eras tú el profesor. – En un impulso la alzó de nuevo por las caderas, y la dejó caer sobre su miembro erecto de nuevo, llenándola otra vez, ella dio un respingo y se desmoronó hacia adelante, momento que él aprovecho para atrapar un pezón con sus labios arrancándole un gritito.

- Ummm…y como alumna…tu nota seria… un supera las expectativas. - Jadeó él, mientras la tomaba por las caderas.

La chica comenzó sus movimientos adelante atrás, sus ojos cerrados, los labios entreabiertos dejaban escapar jadeos entrecortados. Comenzaba lentamente, para acelerar el balanceo llevándolo al límite, y volver a frenar su ritmo, arrancándole al profesor un gemido de frustración. Los dedos de él se marcaban con fuerza sobre sus caderas y se mordía el labio inferior, mientras ella volvía a acelerar su avance, y a frenar de nuevo. - Dios…Se…lena…ya…- Suplicó él entre jadeos, su rostro se crispó y la agarró con más fuerza aun, alzándola con sus manos para marcar el ritmo.

Ella se arqueó hacia atrás clavando las uñas en su pecho, jadeando sin control mientras él la hacía rebotar más y más rápido, más y más duro. Se alzó para volver a mordisquear esos pechos que le tenían loco. Las olas volvieron a inundar sus ya sensibles paredes haciéndola derrumbarse hacia delante gritando su nombre y enterrando la cabeza en su hombro, mientras él se venía nuevamente dentro de ella con un rugido.

Se quedaron un momento quietos recuperando la respiración, aun dentro de ella. El dio un gruñido satisfecho, se arqueó ligeramente y sus labios comenzaron a depositar suaves besos alternativamente en sus pechos, su voz sonó ronca y sofocada bajo ella. - Si puedo elegir una forma de morir…- Ella abrió los ojos con cierta curiosidad. - …quiero que sea…ahogado entre tus pechos.

Ella rió de nuevo y se dejó caer a su lado, el la envolvió con sus brazos arropándola con su cuerpo. -Y yo elegiría morir así, entre tus brazos. - Susurró ella retirando de su cara unos mechones húmedos de su negro pelo.

Se acurrucó contra su pecho suspirando, la cabeza sobre su bíceps, mientras él continuaba acariciando su largo pelo. Los dedos de ella volvieron a pasearse por su pecho, dibujando cada cicatriz. Él la miró, había una sombra de tristeza en su rostro.

-Empezaron muy pronto. – Murmuró con tristeza, mientras la apretaba más contra él. –Mi padre era un maldito bastardo, le gustaba usar el cinturón, con migo, y con mi madre. – No había odio en su voz, pero si tristeza y resignación. – Aunque siempre terminaba siendo yo el que más recibía, no podía dejar que la pegase.

Ella lo miró con dulzura. – Nunca he entendido al ser humano, en ese afán de dañar a su propia especie. ¿Ser capaz de hacérselo también a los de su propia sangre?

Snape suspiró, le acarició el rostro. – Merlín, eres tan inocente todavía. Pero hay muchas cosas del ser humano que hasta a uno de nosotros nos cuesta comprender. – Suspiró cansadamente. -Luego vino el Señor Tenebroso. Y su gusto por la tortura.

-Él mató a mis hermanos. – Murmuró, mientras sus dedos seguían acariciando su pecho. – Me habría matado a mí también.

-Cada marca es un recordatorio de mis errores, un pequeño precio comparado con lo que otros pagaron. Forman parte de mí. – La besó cariñosamente en la frente, mientras sus dedos comenzaban a vagar por la suave piel de la chica. –Eres tan hermosa, esto debe de ser un sueño. – Suspiró.

Ella sonrió, se sentía tan feliz en sus brazos, tan segura, tan plena. Sus almas habían estado unidas desde aquella noche, casi veinte años atrás, y ahora con la unión de sus cuerpos, eran uno enteramente. Sentía como las caricias de él volvían a encenderla, ella continuaba recorriendo su pecho, en toques cada vez más audaces, más intensos, había un destello de picardía y curiosidad en sus ojos azules. El soltó el aire de golpe al notar como ella rozaba el vello de su vientre y continuaba descendiendo para juguetear con los rizos de sus partes. Alzó la cabeza y la miró arqueando una ceja, con curiosidad.

Ella solo sonrió. – Yo…solo, me preguntaba cuanto tiempo necesita… para estar dispuesto otra vez.

El suspiró echando la cabeza hacia atrás, extendiendo los brazos y mirando al techo. – Dioses, ¿Qué he creado? – Cerró los ojos y se mordió el labio, los dedos de ella continuaban explorando, estimulando. - ¿Por qué lo preguntas?- Jadeó.

Ella emitió una leve risilla. – Solo curiosidad.

Snape se incorporó de nuevo sobre ella, apoyando su peso sobre un codo. – Ya no soy un jovencito. Y por mucho que sea un mago, necesita un tiempo para recuperarse. – Ella se mordía el labio inferior de una forma tremendamente sensual. Los oscuros ojos del mago destellaron de deseo, sus finos labios se curvaron ligeramente y sus cejas se arquearon en una maliciosa sonrisa. – Pero puedo asegurarte, que ni mucho menos he terminado contigo esta noche. – Su voz sonó profunda, y sedosa, arrancándola un estremecimiento. Y un jadeo cuando la boca de él volvió a apoderarse de sus pechos ansiosamente.