que te he encontrado.
Estaba francamente preocupada, nerviosa. Quería haber ido a Hogsmeade a gastarse algo del dinero que su tío le había proporcionado, tal vez unos vestidos bonitos, alguna otra fruslería, solo para demostrar que no era una muerta de hambre, como pregonaban.
Pero después del fracaso no se atrevía a salir, los gritos de su tío aun resonaban en su cabeza. El viejo estaba muy decepcionado. Pero por lo menos ahora sabía lo que tenía que hacer.
La chica rara. ¿Cómo no se había dado cuenta? - ¡Ja! ¡Finlandesa! – Espetó para sí haciendo una mueca. Tan bonita, tan extraña, tan irreal…debía haber supuesto que no era humana. Comenzó a reírse, preguntándose lo que pensaría el creído de Malfoy si supiera que esa "mujer atractiva" era en verdad un estúpido animal de cuatro patas. ¡Puto zoofilico!
Se recargó contra la barandilla, y miró a la pandilla de borregos que se dirigían alegremente a la aldea. A lo lejos, el anormal de Weasley y San Potter caminaban con sus estúpidos aires de grandeza, seguidos de sus novias y el resto de la cohorte de escoria Gryffindor. No pudo evitar una patente mueca de asco.
-¿No vas a Hogsmeade, Grey? – Una voz ronca la hizo saltar, se giró bruscamente para encontrarse de frente la cara de gorila de Goyle.
-¡A ti que te importa!– Espetó secamente, mientras pasaba por su lado ignorándole.
El chico se encogió de hombros. – Solo preguntaba.
Jane se cruzó de brazos. - ¿Y tu "amo", te ha dejado suelto por hoy? – Espetó con tono de burla.
Goyle pereció meditar la respuesta. – Draco salió con Greengrass. Yo sobraba. -La chica frunció el ceño. – Huuuu, parece que a la niñita le molesta.
-Metete en tus asuntos, imbécil.- Espetó con enojo. – Tengo cosas que hacer, así que déjame en paz. - Se volteó de nuevo para irse, tenía que averiguar más cosas de esa tal Selena Einhorn, tratar incluso de aproximarse a ella, si se ganaba su confianza, tal vez pudiera sacarla del castillo.
- Yo, que iba a invitarte a un helado. – Gruñó el chico a sus espaldas.
Ella se paró en seco y lo miró de reojo.
-Además, quiero que sepas…- El chico tragó saliva. - …Que yo sí que creo…que eres una mujer.
Jane parpadeó. ¿Estaba el gorila de Malfoy tirándole los tejos? Tal vez la situación le podía ser útil, se volvió y se colocó un mechón de pelo tras la oreja coquetamente, le dedicó una picara sonrisa. – Gregoryyy. – El muchacho la miraba con la boca abierta, embobado. - ¿Verdad que podrías hacerme un favorcito?
Dejó a un lado la bandeja del desayuno, y se estiró de nuevo en aquella cama, se quedaría allí para siempre, envuelta en aquellas sabanas de raso verde que guardaban su masculino aroma. Sonrió al verle aparecer por la puerta del dormitorio, aun con su negro cabello húmedo, solo vestido con unos finos pantalones de pijama negros, portaba un par de diarios en las manos. La miró con una mueca maliciosa, pero en sus ojos seguía teniendo esa nota de preocupación. – Puede haber una forma mejor de pasar tu día libre, que así. – Comentó sentándose en la cama y apoyando la espalda en el cabecero.
Ella observó los diarios en su regazo y luego a él. - ¿Cómo? ¿Leyendo? – Preguntó tímidamente.
Él estalló en una sonora carcajada, mientras Selena lo miraba confusa, sujetando la sabana sobre su pecho. Paro de reírse y acercó su rostro al de ella mirándola detenidamente. – Claro que no, tontita. – Susurró en su oído. – Con una hermosa mujer, desnuda en mi cama. – La besó suavemente, ella suspiró.
Se separaron, y abrió el primer diario para ojearlo, las arrugas de preocupación volvieron a dibujarse en su frente. La chica se incorporó, y apoyó su cara en su hombro observaba alternativamente al diario y a él. - ¿Qué te preocupa?
Snape suspiró y la miró de nuevo. – Es por lo que ocurrió con el Toro. – Sintió el estremecimiento en ella solo con nombrar a la bestia. – Cuando penetré su mente…dentro de esa maraña de imágenes, y emociones…pude ver algo.
Ella se acurrucó más contra él. – Son demasiadas vivencias, demasiada información para una mente mortal. Vosotros no tenéis la misma capacidad para asimilar las cosas y menos tan de golpe.
-¿Esa es la razón por la que aprendes tan rápido? ¿Tu mente sigue siendo la de un unicornio? – Ella asintió levemente, Severus suspiró. – Eso me iría bien ahora, una memoria ilimitada.
-¿Por qué? ¿Qué buscas exactamente?
Él frunció el ceño y pasó otra hoja. – Esa cara…- Murmuró para sí. – Al entrar en la mente del Toro vi una cara, un viejo, arrugado, sus ojos brillaban llenos de maldad. – La miró de nuevo, ella tenía los ojos fijos en él, su rostro mostraba concentración como si buscase algo en su pasado. – Yo sé que he visto antes esa cara. Pero no consigo localizar donde.
-El debe ser su señor. - Murmuró. - Lo mismo pasó entonces, puedo recordar a aquel viejo horrible, riendo como un loco en lo alto de la torre, mientras el mar nos engullía. - Severus notó su escalofrío, se inclinó y la beso en la frente.
-Aquello paso. - Susurró acariciando su cuello con delicadeza, ella lo miró con una suave sonrisa. - Las pesadillas han terminado.
Selena se acurrucó más contra él. - No pueden terminar, el sigue buscándome.
-Por eso quiero encontrar a ese viejo. No podemos atacar al Toro de frente, pero si destruimos a quien lo controla, podremos confinarlo, y serás libre.
-No deseo más muertes, desde hace siglos la muerte me persigue. - Lo miró con angustia. - Temo por ti, no quiero que mueras.
Snape negó con la cabeza, y enarcó una ceja. - Te tengo a ti. Además conmigo se cumple lo de, mala hierba nunca muere. - Ella río suavemente. - Y yo tampoco deseo matar a nadie, pero si no hay otra forma de protegerte…
-Si me quedase aquí escondida, sin salir de tu despacho, él no podría encontrarme. - Le dirigió una picara mirada, mientras él apartaba el diario y tomaba otro.
-Mmmmmm. - Meditó alzando las cejas. - Nada me gustaría más. Pero Minerva y Poppy me mataran cuando se enteren de esto. – Se quedó serio de nuevo. - Y no es tan fácil, todo el mundo mágico está en peligro, no solo tú. Sentí las ansias de matar en la bestia, ya ha probado el sabor de la muerte y le ha gustado.
-¿Aquellos muggles? – Preguntó ella.
Él asintió. – Pude percibir su miedo cuando la fiera surgió de las aguas, su pánico, afortunadamente para ellos la muerte fue rápida, casi inmediata. Esos sentimientos lo alimentan, el miedo, la ira, el odio, incrementan su poder y el de su amo. Pudimos escapar por poco. Pero tal vez otros no lo consigan. Aunque no consiguiera hacerse contigo, matara y destruirá con el fin de alimentar ese poder, y no creo que tenga limite.
Ella se quedó pensativa. - No sería más fácil…- Murmuró, Snape la miró de reojo. - …Utilizarme de señuelo, dejar que me lleve con él, y luego…
-¡ESO NI LO DIGAS! - Bramó el mago, asustándola con su reacción, sus ojos negros brillaban con furia.
Selena tragó saliva y se separó de él para levantarse, su mano la aferró del brazo, la giró y sostuvo su rostro cerca del suyo. - No digas eso, por favor. - Murmuró. - Ahora que te he encontrado. Si algo te pasara, me volvería loco.
Ella trató de decir algo, pero la calló con un apasionado beso, su lengua invadió su boca con ansiedad, ella respondió con avidez, la sabana resbaló de su cuerpo desvelando su suave piel, la abrazó y la sostuvo contra su pecho. Los dos se separaron sin aliento, la joven estaba sonrojada, sus ojos negros la miraban con intensidad.
Las manos de Selena acariciaron su rostro. - Yo tampoco dejare que me separen de ti. Eres el camino que he elegido. - Besó el puente de su nariz, y se separó de nuevo con una sonrisa. Salió de la cama, desnuda y comenzó a buscar sus prendas desperdigadas por el dormitorio.
Él la miró de reojo. - ¿Tanta prisa? - Preguntó con un tono seductor.
Ella le sacó la lengua con una mueca al tiempo que se abotonaba la blusa de pijama. - Es tarde. Los chicos se estarán preguntando dónde estoy.
-¡Gryffindors! - Rezongo. - Estarán en Hogsmeade, con sus estupideces de siempre. - Torció la cabeza haciendo una mueca divertida, mientras observaba como la chica se subía los pantalones a saltitos.
-La señora Poppy también me habrá estado buscando. - Se termino de colocar la capa negra sobre los hombros. - Además, antes tendré que ir a cambiarme.
Snape se levantó de la cama y se envolvió en su bata verde oscuro. – Si, la pobre Poppy es una histérica, podrá el castillo boca abajo si no te encuentra. – La muchacha solo sonrió mientras los dos salían hacia su despacho.
Ella solo sonrió. – Bueno, creo que es hora de irme. – Pasó hacia la puerta, y se detuvo frente a Snape. - ¿Te veré…?
-Esta noche. – Concluyó él dándole un casto beso en los labios. –Te preparare una cena…y después…- Ella sonrió, con el rubor tiñendo sus pálidas mejillas, y salió corriendo por la puerta de la mazmorra.
Él cerró tras ella, y se quedo apoyado en la puerta, suspiró satisfecho. Era mejor que no saliera de su laboratorio en todo el día, de seguro la estupida sonrisa no se le borraría de la cara, y si alguien le veía así su reputación de Murciélago Bastardo se iría por los suelos. Aunque con ella a su lado, su reputación se podía ir a hacer puñetas.
Silbando se dirigió a su mesa de escritorio, una cafetera con café arábiga bien fuerte y aun caliente le esperaba. Plácidamente se sirvió una taza, y aspiró el aroma. No pudo evitar una mueca divertida al ver sus propias ropas esparcidas por el suelo de la habitación. Tomó su varita y en penas unos pases todo estuvo ordenado y él enteramente vestido con sus eternas túnicas negras. Una sonrisa lasciva se dibujó en su rostro al apreciar la pequeña pieza de encaje blanco que aun estaba tirada en el piso.
Se acercó con una mueca de suficiencia, se agachó y tomo las braguitas, las observó divertido. De seguro aun seria descuidada con la ropa, tendría que enseñarle tantas cosas. "De hecho ya ha aprendido unas cuantas." – Pensó riendo, mientras se las guardaba en el bolsillo de la túnica, serian su mejor trofeo.
Aun no se le había borrado la sonrisa de la cara, cuando algo le hizo recuperar la seriedad. Alguien aporreaba la puerta de su despacho. Llegó a la puerta y la entreabrió de malos modos.
La cara de un ojeroso Sirius Black apareció en el marco. – Quejicus, necesito…
Dio un bufido acompañado de un "Vete a la mierda" y cerró la puerta con malos modos. Pero el pie del animago se coló por la rendija en el último instante, evitando que se cerrase.
-Tío, no seas así. Necesito hablar contigo. – Suplicaba Black, pugnado por abrir, mientras Severus empujaba la puerta rumiando maldiciones.
-¿Tío? – Bufó. – Es que ahora hablas como el retardado de tu ahijado y sus amigotes. Anda vete a darles la paliza a ellos.
-Abre, joder. – Volvió a suplicar.
-Te lo he dicho Canuto, búscate a un maldito psicólogo, lo tuyo lo tiene que ver un profesional.
-Han pasado cosas, necesito un amigo. Abre, joder. – Severus abrió los ojos desorbitadamente, desde cuando este tonto del culo le llamaba amigo. ¿Es que acaso había terminado la noche fumando "cosas" con Trelawey?
-Espero que sea algo importante, Canuto. Sino desearas volver a jugar al póquer con tus amiguitos los dementores. – Gruñó abriendo lentamente la puerta, un Black muy tieso, ojeroso y con la ropa arrugada entro solemnemente, saludó con un gesto prácticamente militar. Snape bufó asqueado. – Y-No-Me-Llames-Amigo. No lo soy, ni ganas tampoco.
La puerta se cerró, los dos siguieron en silencio unos interminables segundos. Snape con gesto enfurecido, Black con ojos de cordero degollado lo miraba con una flamante cara de idiota.
-¿Y esa cara de idiota? – Rezongó el profesor, cruzándose de brazos sobre el pecho, aunque para él Black siempre tenía cara de idiota. – O bien aun andas bebido…- Su ceja se disparó. - …o te ha pasado algo con la psicópata.
El animago solo suspiró. – Quejicus…tengo un problema muy gordo.
– Menuda novedad…
Le importaba un comino que la vieran, esa sala la ahogaba, esa época le repugnaba, y el maldito chucho le quebraba los nervios, necesitaba salir de allí. Caminaba apresuradamente por los pasillos, el metal de su espada y su daga tintineaban en su cintura, sus botas sonaban en el frío suelo con su caminar enérgico, la capa roja deslizándose tras ella, la mano derecha dejada caer en el pomo. Se había cruzado con algunos estudiantes, jóvenes que la observaban sorprendidos, aunque en aquel lugar había pocas cosas que le sorprendieran a alguien.
Giró por otro corredor y se dio de bruces con un hombre viejo, la miró por un momento mostrando cierta sorpresa en su arrugada y fea cara, esbozó una malévola sonrisa, enseñando su fea y descuidada dentadura. Pufff, había visto trolls más agraciados. Sin duda ese era el famoso Filch, el tipejo que había atemorizado a los chicos en su infancia.
El hombre frunció el ceño. – Usted no es una alumna. No la conozco. – Escupió acercándose más a ella, y observándola fríamente.
Ella se irguió y aferró con más fuerza el pomo de su espada. Si pretendía intimidarla andaba listo. –Por eso mismo no es de vuestra incumbencia, Mi lord. – Rezongo la muchacha, con un brillo peligroso en los ojos.
El celador arqueó una ceja. Por Merlin que últimamente aparecía gente cada vez más rara en el colegio.
-Cualquier cosa en estos pasillos es de mi incumbencia …señorita… ¿Y puede decirme quién diablos es? ¿Qué busca?
La guerrera vaciló un instante, que le decía a este tipejo. La solución vino por si sola.
-AAAHHHH. Melisande, te buscaba. – Ambos se giraron, Potter venia al trote por el pasillo.
El hombre gruñó. – Potter. Tal vez tú puedas explicarme.
El chico llegó jadeante. – Señor Filch. No recordaba que no conocía a Melisande. – Comentó alegremente el chico. – Ella es sobrina de la directora, ha venido de visita. – Desde luego el chico era único buscándose excusas.
El celador alzo una ceja y sonrió mostrando su raída dentadura. – Sobrina…¡YA! – Masculló.
Harry agarró a la chica por el brazo. – Si no me cree podemos ir a preguntarle. La señorita es auror. – El la observo de arriba abajo, con ese atuendo bien podía serlo, había mucho tarado entre ellos. –Viene a darme algo de instrucción para las pruebas de selección de este verano.
La boca de Filch se torció en una mueca de odio, mientras la chica sonreía con suficiencia. – No crea que no consultare a la directora.
El chico se encogió de hombros. –Hágalo. – Y tirando de la chica se encaminaron a la torre Gryffindor.
-¿Estas loca a o qué? – Ladró, mientras subían por una escalera que cambiaba de lugar. – Fuimos a buscarte a la Sala y te habías largado. ¿Tienes idea del lío en el que podías haberte metido?
La chica chasqueó la lengua. – Vamos no seas tan dramático. La situación estaba controlada, ese viejo zoquete no es nada, mi espada…
-AAAAAhhh. Gritó de frustración el chico. –A ver, esto no es tu época, no puedes ir por ahí pasando a cuchillo a quien te plazca, las cosas no se arreglan así.
-Es una pena. –Murmuró pensando en cierto chucho.
-¿Y se puede saber por qué leches te has marchado de donde te dejamos?
-Quería hablar con vosotros, ya no aguanto estar encerrada, no soporto tener que esconderme.
-Bueno…- Rumio el chico. – Yo tengo una idea de lo que sientes, de hecho he pasado largas temporadas recluido entre estos muros…tal vez podamos hacer algo. – La miró sonriente. - ¿Alguien te ha hablado del Quidditch?
Ella lo miró con sus ojos verdes abiertos como platos. - ¿El qué?
Selena miraba encantada la ropa que le habían traído de Hogsmeade. Tomo un suave jersey de color verde esmeralda de sobre la cama de Hermione, y lo acercó a su mejilla, tenía un tacto increíble. –Yo… no sé qué decir…todo es precioso…Gracias.
La castaña se cruzó de brazos y sonrió. –No es nada mujer, Esta ropa va más con tu aspecto. – Le tendió unos vaqueros oscuros. – Pruébate antes los pantalones, creo que Ginny dio con tu talla.
La pelirroja sonrió. – Si mujer, no hay que dar las gracias…- Bajó el tono de voz. - …pero sí que tal vez contar alguna cosita. – Guiño un ojo alegremente.
La unicornio la miró con un leve rubor en las mejillas. – Yo…esto…
Granger bufó. – Bueno, ya sabemos que pasaste la noche fuera. Y creo que sabemos con quien…-Las dos gryffindor se miraron. – Pero si no quieres contar…
-Si tan malo fue…- Interrumpió la pelirroja con picardía.
-No. – Saltó la chica, sentándose en la cama, con una sonrisa boba, y los ojos brillantes. – Fue maravilloso, yo nunca creí que pudiera sentirse algo así. – Las dos chicas se sentaron una a cada lado, la miraban sonrientes. – Fue tan delicado, tan dulce,…tan…mágico.
Weasley no pudo evitar una risilla. – Wooop, quien lo diría del murciélago. Ese hombre es una caja de sorpresas.
-¿Entonces…- La castaña la miraba alzando una ceja. - ¿…Hubo…ya sabes…sexo?
Ella bajó la vista, el rojo seguía subiendo a su cara. – Bueno…él…me…- Tomo aire. - …me hizo el amor…varias veces.
-Waaaaaaaa. – Gritaron las dos a coro. – Detalles. – Demandaron al tiempo.
La chica apenas había abierto la boca cuando llamaron a la puerta.
-Abrid, somos nosotros y traemos compañía. – La voz de Ron, resonaba tras la madera. Su hermana suspiró, el muy idiota tenía el don de la oportunidad, justo cuando la cosa se ponía interesante.
La castaña, miraba a la unicornio sorprendida. - ¿Varias veces…? – Preguntó en un susurró.- Define varias.
La chica asintió, y le enseñó los cinco dedos de la mano.
Ginny dejó salir el aire en un silbido. – ¡Merlín! Tengo que averiguar que come ese hombre…- A su compañera se le escapó una risa tonta.
Las tres se callaron en seco cuando sus respectivos novios entraron en la habitación acompañados por Melisande, la chica llevaba una cara que era un poema, pálida y con unas marcadas ojeras.
-¿Creo que has tenido una mala noche? - Musitó la pelirroja.
La guerrera se limito a encogerse de hombros.
-Uyyyy que tardecita nos espera. - Susurro Hermione en el oído de su "cuñada".
