-II-
Cabalgaba lentamente hacia su destino, no sentía prisa por llegar y si estuviera en otras condiciones se habría negado rotundamente a la petición de su padre. Pero no tenía ganas de discutir, quería que le dejaran tranquilo y aceptó para no tener que darle largas al asunto. Tal vez Remus podría tener razón, salir de Gryffindor le ayudaría un poco, se estaba asfixiando, el castillo estaba lleno de los recuerdos de Sirius. Se imaginó todas las burlas que tendría que haber aguantado si el compromiso se hubiera pactado antes, pero gracias a Riddle, eso nunca pasaría…
Flash Back
-hijo, necesito que hablemos- Harry se encontraba sentado en el alféizar de la ventana de la biblioteca con un libro en su mano que no leía, su mirada se había perdido entre las estrellas que esa noche alumbraban el cielo. Al escuchar la voz de su padre bajó de la ventana y se ubicó en una de las mesas de la biblioteca. El rey se sentó frente a él. –El rey de Hogwarts nos visitó hoy.
-le vi llegar, lamento no haber estado pero…- su padre le hizo señas con su mano para que se callara.
-no he venido a reclamarte, tranquilo- dijo comprensivo y le dedicó una sonrisa.
Le preocupaba ver el rostro de su hijo, antes tan alegre y ahora con la sombra de la tristeza en ellos. Sus ojos verdes, antes tan brillantes, se habían opacado.
–Hemos hablado de muchas cosas sobre el futuro de nuestros reinos para protegernos ante la amenaza de Riddle- al escuchar ese nombre los ojos de Harry cambiaron, se llenaron de furia y la expresión de su rostro marcó el resentimiento y odio ante su enemigo.
-¿y? ¿Le atacaremos? ¿Cuándo partimos?- Se puso de pie emocionado por la idea de cobrar venganza pronto. Tomó el libro que aún mantenía en sus manos y lo ubicó nuevamente en la librera, con pasos apresurados se dirigió hacia la puerta hasta que su padre salió a su encuentro.
-no Harry, el rey Arthur nos ha pedido entrar a la Alianza del Fénix-
-Es bastante razonable estando nuestras tierras tan cercas a las suyas – Harry regresó a la mesa lentamente guiado por su padre -¿y aceptaste?-
-Con una condición-
-¿y esa es?-
-que te comprometas en matrimonio con la princesa Ginevra- Harry escudriñó seriamente los ojos de su padre, tenía que estar bromeando. ¿Matrimonio? ¡Él no estaba para esas cosas!
- Estás bromeando ¿verdad?- dijo Harry a su padre.
-no- el rostro del rey se mostró igual que el de su hijo –quisiera que entendieras que este arreglo es muy importante para los dos reinos.
¿Qué entendiera? Si lo único que su cabeza le pedía hacer era enojarse, explotar, tirar todo lo que tenía alrededor. Pero su padre estaba más que decidido.
-¿Cuándo quieres que se celebre la boda?- dijo aburrido el joven.
El rey no se esperaba esa reacción, pensó que le gritaría como antes, que defendería su independencia como Sirius le había enseñado. Pero no lo hizo. Su hijo había cambiado mucho.
-eso dependerá de la princesa- Harry elevó una ceja para indicarle que se explicara mejor – Ella debe aceptarte primero como esposo- los ojos de Harry se abrieron como platos.
-¿Cómo?
-en Hogwarts, las mujeres tienen límite de edad para casarse, pero depende de ellas a quien eligen- Harry elevó nuevamente su ceja derecha desafiando a su padre con la mirada –sales en dos días hacia Hogwarts- el joven se puso de pie lentamente fulminando a su padre con la vista.
-¿algo más?-
-¿no tienes nada que decir?- el rey cruzó los brazos, recostó su espalda en el respaldo de la silla y le sostuvo la mirada.
-¿para qué? Ya está decidido- y salió de la biblioteca.
Fin Flash Back
Ahora viajaba en compañía de Remus y sus cuatro mejores hombres de armas. El rey quería asegurarse que llegara bien a Hogwarts. Enviaba a su consejero para que le representara ante el rey y la princesa, luego le dejaría en el castillo con dos hombres y él regresaría con los otros dos a Gryffindor.
-¿se encuentra bien príncipe Harry?- Remus le observaba, estaba un poco pálido y unas oscuras ojeras enmarcaban sus ojos.
-Sí Remus, y por favor, frente a los hombres de confianza ya te he pedido muchas veces que me digas Harry- miró al consejero de su padre con ojos inexpresivos –solo es…- volvió su vista al camino justo a tiempo, ya que una flecha cruzó frente su rostro, clavándose en un árbol.
-¿estás bien?- Remus se acercó rápidamente a él para ver si la flecha le había herido.
-sí, pero ese hombre no lo estará pronto- dijo Harry observando a un hombre de armadura oscura que se alejaba corriendo entre los árboles. Sin detenerse a dar más explicaciones, golpeó su caballo y se dirigió a todo galope hacia su atacante.
No muy lejos de allí, otra persona compartía el mismo pesar que el príncipe de Gryffindor pero había decidido disimular su enfado frente a su padre. Estaba muy molesta, cabalgaba en las profundidades del bosque donde era un buen lugar para descargar su enojo. No estaba cerca del castillo y así evitaría que pudieran verla.
¿Cómo pudo? ¿Acaso ella era un objeto para poder decidir dónde ponerlo y quitarlo? Y peor, ¡no le estaban preguntando, era una imposición! En tres días su vida había dado un giro inesperado, la habían comprometido. Sabía que tanto para su padre y el reino la alianza con Gryffindor era sumamente importante, pero ¿cómo pudo aceptar tales condiciones?
Flash Back
Habían decidido abandonar el comedor real hasta que Ron se recuperara de las lesiones que recibió unos meses atrás en el reino de Slytherin. Ahora se encontraban en una de las terrazas del palacio que estaba entre la habitación de Ron y Ginny. El sol brillaba en todo su esplendor y los pájaros cantaban alegres. El bello lugar solo era opacado por la tensión de la mesa circular en la que el rey y sus hijos compartían una merienda.
-¡¿HICISTE QUÉ?!- los cubiertos de la princesa golpearon estrepitosamente los platos y la servilleta cayó al suelo cuando la joven se puso de pie. Sus ojos estaban abiertos como platos y el hambre se había borrado de su estómago.
-Ginny, ¿por qué no te sientas?- Su hermano, el Príncipe Ronald, trataba de mediar la inevitable discusión que se avecinaba. Le habló dulcemente esperando que la fiera se calmara y le dirigió una mirada seria al rey –sé que nuestro padre tiene una buena razón para esto- con la respiración agitada Ginny se ubicó nuevamente en su silla esperando la respuesta.
-discúlpame hija- dijo el hombre apenado –pero es la única condición que el Rey de Gryffindor me puso para formar parte de la alianza-
-¿pero padre…?-
-Ginny, espera a que él termine de hablar- dijo su hermano tomando un sorbo de su refresco. Ella le miró con furia y esperó.
-sabes lo importante que es ese reino para nosotros. Si ellos caen, nosotros también- dijo el hombre abandonando también su apetito –Gryffindor tiene nuestra única entrada marítima y la zona más boscosa…-
-si Riddle se apodera de Gryffindor estaríamos rodeados- reflexionó Ronald. Ginny apoyó sus brazos en la mesa y tomó su cabeza entre ellos, su hermoso cabello rojo fuego cayó entre sus dedos y abatida miró a su padre –Ginny, recuerda que la elección es tuya- la joven quedó en silencio meditando todas las alternativas que tenía, derrotada miró nuevamente a su padre.
-¿cuándo llegará?-
-en tres días
¿¡Sólo tenía tres días!? , por todos los dioses, ¿qué le había pasado al mundo?
-disculpen, quisiera revisar que la habitación de Luna está perfecta, permiso- hizo una inclinación de cabeza a su padre y hermano, y se retiró de la mesa. Los hombres dieron un fuerte suspiro cuando ella desapareció en el umbral de la terraza.
-Ginny dejó impecable esa habitación hace una hora- con eso Ronald cerró la conversación.
Fin de flash back
Bajó ágilmente de su caballo a pesar de la armadura de acero oscuro, ésta había sido construida especialmente para ella por un viejo herrero que conoció en uno de sus viajes en Hufflepuff, el anciano murió unos meses después llevándose su secreto a la tumba. Hacía meses que no la utilizaba.
Bajó el arco y el carcaj de la montura, dejando bien asegurada la ballesta en el caballo, y siguió entre los árboles para practicar tiro al blanco. Era uno de sus pasatiempos favoritos y le relajaba, ostentaba el título de mejor arquera del reino en todos los festivales y torneos que realizaba su padre.
Recogió su cabello en un moño, subió el cuello del protector que utilizaba bajo la armadura hasta la boca para ponerse el casco. Movió la cabeza de un lado a otro para liberar la tensión, colocó su blanco entre dos gigantescos pinos y preparó el arma.
Pasó los primeros diez minutos lanzando sin fallar un solo tiro. Repentinamente sintió que el bosque se puso intranquilo, sabía cuando algo estaba fuera de su sitio como un sexto sentido. Se movió sigilosamente entre los árboles, ¡cascos de caballo!, eran más de uno. Se acercó un poco más, quería saber quien cruzaba sus bosques. En teoría, ese camino era utilizado solo por la familia real, y su padre estaba en el castillo con Ronald ¿Quién más podría cruzar?
Siguió moviéndose despacio y se ocultó entre unos arbustos con el arco preparado. La bellota de una ardilla cayó sobre su casco asustándola, causando que la flecha se escapara del arco.
-¡Maldición!- siguió la dirección de la flecha que casi le da a un joven -¡oh no!- el caballero le había visto.
-¡Ginny! ¿Dónde estás?- la voz de Hermione se escuchó a lo lejos. Debía encontrarla y salir de ahí de inmediato, corrió con todas sus fuerzas hasta llegar a su caballo subiéndose ágilmente a él.
Necesitaba ambas manos para defenderse y preparar su ballesta, pero el caballero la perseguía, jineteó su caballo con todas sus fuerzas, no portaba espada desde hacía mucho tiempo. El hombre la alcanzaba, tenía que ser más rápida y no podrían atraparla así o la descubrirían.
Cruzaron a toda velocidad un riachuelo. El hombre le pisaba los talones, apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió el cuerpo que le cayó encima tirándola de su caballo, giró ágilmente para evitar golpearse, pero el hombre la tenía sujeta. Cuando aterrizaron en tierra su casco se abrió, dejando ver sus ojos tan azules como el cielo. El caballero pareció vacilar, tiempo que ocupó ella para quitárselo de encima, rodar rápidamente en el césped para ponerse en pie y sacar su cuchillo escondido en la pierna. Pero ya era tarde, él ya había desenvainado su espada y le apuntaba en el cuello. ¡Estaba perdida!
-¿Qué demonios piensa usted que hace?- los jóvenes giraron rápidamente la cabeza hacia la mujer que montaba otro caballo, ella vestía ropas elegantes y su hermoso vestido turquesa quedó extendido cuando bajó de su equino. Su cabello castaño y ondulado bailaba de un lado a otro entre sus hombros. -¡baje su arma!- gracias a los dioses, Hermione había llegado.
-¿le conoce?- dijo el joven de cabello negro y alborotado.
-claro que sí, es mi escolta- el príncipe bajó su espada, pero el caballero de la armadura oscura no lo hacía aún con su cuchillo –Silver, guárdala- los ojos color cielo la desafiaron sin bajar su cuchillo – ¡he dicho que la guardes!- dijo la castaña con un tono que no dejaba a más replicas. Y la guardó.
-¿Quién es usted?- preguntó el joven.
–Creo que el extraño en estas tierras es usted, no yo caballero- dijo la mujer –pero por sus ropas y escudo veo que pertenece a Gryffindor- Silver giró rápidamente la cabeza para observar detenidamente al hombre ¡no puede ser! Su ropa… no había error…
-así es, soy….- cuando el ojiverde iba a contestar otra voz lo hizo por él, había dejado a toda su escolta atrás por perseguir al caballero llamado Silver.
-¡Príncipe Harry!- Remus gritaba aún dentro de la espesura del bosque
-¡estoy aquí!-
-¿¡príncipe!?- dijo la castaña -¡oh dios!- la mujer miró apenada al príncipe e inclinó su rostro. Los cuatro caballeros y Remus llegaron hasta donde Harry se encontraba con la castaña y su escolta. –Perdone, no sabía que era el príncipe.
-Harry, ¿estás bien?- Remus bajó rápidamente de su caballo
-sí
-veo que atrapaste a tu atacante- miró al caballero.
Silver ya había bajado la visera del casco, sabía que el rubor se estaba extendiendo por sus mejillas y eso la delataría.
-¿atacante?- Hermione desvió sus ojos hacia ella, quien la miró con ojos suplicantes -ya veo. Quisiera que disculparan a Silver, seguramente estaba cazando- Silver movió ágilmente su cabeza afirmando lo que la castaña había dicho.
-pues tiene una puntería horrible, casi me da en la cabeza- Silver fulminó con su mirada al príncipe.
-si la presa hubieras sido tu, habría estado apunto de darte- dijo Remus con una sonrisa en los labios. –disculpe, creo que ya nos hemos visto en algún lado- extendió su mano para besar la de Hermione.
-sí- dijo segura y risueña la castaña. -En Hufflepuff, soy Lady Hermione de …-
-¡Hermione!- dijo Remus con entusiasmo -Es un placer conocerte al fin- Harry, Silver y los demás caballeros miraron interrogantes a los castaños, Remus giró hacia los hombres de Gryffindor para explicarles –ella elaboró uno de los mejores tratados médicos que he visto en años.
-muchas gracias- dijo la castaña sonrojándose, luego recordó por que se encontraban todos en el bosque y apenada se dirigió al príncipe y su concejero –lamento los inconvenientes, por favor, permítannos guiarles hasta el castillo, el Rey Arthur los espera- todos subieron a sus caballos. Silver se colocó a la izquierda de Hermione mientras Harry iba del lado derecho con Remus junto a él – por cierto Silver, ¿la princesa está bien?- Silver miró a Hermione y asintió – ¿estará en el castillo lista para la hora de la cena?- y volvió a asentir. –Muy bien- le dirigió una sonrisa irónica.
-su escolta además de descuidado ¿es mudo?- dijo Harry burlón mirando a Silver.
-eeehhh… Silver no es muy elocuente- dijo la castaña mirando a Silver que fulminaba con la mirada al príncipe.
-creo que no necesita palabras ni espada, sus ojos son asesinos- dijo Remus, y los demás rieron ante el comentario.
Silver estaba, si eso fuera posible, más furioso que nunca. Cuando subían una de las colinas, el castillo se distinguió a lo lejos. La hermosa y gigantesca fortaleza fue admirada por los ojos del príncipe y sus escoltas.
-señores, ¡bienvenidos a Hogwarts!-
