34. La final de Quidditch.

-No, no y no. – Gruñó Snape soltando el tenedor en el plato. –No creo que sea buena idea.

Selena lo miró con sus ojos azules suplicantes. –Pero Severus, habrá mucha gente. – Rogo. – Tengo muchas ganas de salir, y a los chicos les hace mucha ilusión que vaya a ver la final.

-Es que és peligroso. ¡Gryffindors descerebrados!

Ella se levantó de su asiento, y rodeo la pequeña mesa donde habían tenido su cena intima, Severus la miró ceñudo. El jersey negro escotado y los pantalones claros se ceñían a su figura realzando sus curvas, nada que ver con los vestidos de Pomfrey. Se paró detrás de él que seguía haciéndose el duro. –Severus…- Susurró con voz melosa. Alzó las cejas. "¿Desde cuándo ella ponía ese tono de voz?" Sin duda había recibido más lecciones de las leonas. Sus esbeltos brazos le rodearon desde atrás, aferrándose a su pecho. Él suspiró cuando notó que comenzaba a darle pequeños besos en el cuello y la oreja derecha. - …Severus…- Le estrecho más fuerte, le estaba resultando insoportable mantener el control, si seguía así no respondía de ser capaz de llegar al dormitorio, acabaría tomándola en la alfombra. - …Se que te preocupas por mi…pero quiero tener una vida normal…como humana…contigo.

Inclinó la cabeza hacia atrás con un suspiro, la miró de reojo, la barbilla de ella sobre su hombro, le miraba con ojos brillantes y las mejillas sonrojadas. – No se…

La joven le mordió delicadamente el lóbulo de la oreja arrancándole un leve estremecimiento. – Severus…estarán los chicos…estarás tu. – Susurró suavemente. – Mi caballero oscuro no dejara que me suceda nada, yo lo sé.

¡Ya! Ya no podía más. – Pues tal vez este caballero oscuro…- Se puso de pie bruscamente, como un felino la rodeo por detrás y la abrazó fuertemente por la cintura alzándola contra su pecho y arrancándola un gritito. - …Sea de lo más peligroso que haya por aquí.

-Ummm… ¿Cuánto peligroso puede ser? – Gimió mientras la boca de Snape hacía estragos en su cuello.

-Lo veras enseguida. – Murmuró mientras la cargaba hacia la habitación.

Ella suspiró. – Aun no hemos probado el postre. – Miraba divertida hacia los restos de la cena.

El rió. – Tú serás mi postre. – Y la lanzó sin demasiados miramientos sobre la cama arrancándole una protesta.

La chica se incorporó y lo miró fijamente, de pie comenzaba a deshacerse de los botones de la levita negra. – Entonces…te parece bien que vaya al partido.

Lanzó la chaqueta sobre una silla y siguió con los zapatos. - …depende… ¿Podrías convencerme?

Ella lo miró con gesto inocente, había comenzado a despojarse de la camisa. - ¿Y cómo podría…convencerle…profesor?

Con mirada de depredador se inclinó hacia la cama y comenzó a gatear hacia ella. – Bueno…se me ocurren un par de cosas. – Susurró. – Para empezar podría enseñarme lo que le han comprado sus amigas. – Mirando fijamente el pronunciado escote que revelaba la curva de sus blancos senos.

La chica tragó saliva… esperaba otra larga noche.

Black se había ido solo hasta el bosque, paseaba en la penumbra, sin preocuparse demasiado por los bichos que pululaban a su alrededor, algunos no demasiado amigables. No podía quitársela de la cabeza, evocaba las imágenes de la noche anterior una y otra vez, su cuerpo de diosa sobre el suyo, sus uñas clavándose en su carne, sus dientes en sus labios, una autentica fiera salvaje. Nunca una mujer había despertado tantas cosas en él.

Si, había estado con mujeres, muchas, con diferencia había sido el polvo más salvaje de su vida, pero no era solo eso. Se había dado cuenta de que sentía algo por ella, al ver su mirada, verla tan hundida, tan derrotada. Sabía que su orgullo estaba tocado y tal vez algo más, todo por su culpa, y se sentía culpable.

Con un bufido de frustración, descargó un puñetazo sobre un retorcido árbol. Dio un grito de dolor y empezó a saltar sacudiendo la mano. -Seré imbécil- Bramó. -Solo me falta romperme la mano.

-" ¿No crees que tal vez te hayas enamorado?" - Quejicus le había mirado con ese gesto suyo de sarcasmo, mientras saboreaba un café bien cargado. -"Digo yo, que si tanto te importa, es porque no es solo uno de tus caprichos."

Sacudió la cabeza. ¿Qué mierda sabia el murciélago de las mazmorras de estar enamorado? Aunque pensándolo bien, había estado enamorado como un tonto de Lily, y ahora se le caía la baba con la unicornio. Había estado demasiado amable con él, muy desinhibido, era como si le hubieran sacado el palo que permanentemente llevaba en el culo. O_o . ¿O tal vez había escuchado su consejo?

Su risa resonó por todo el bosque. - ¡Vaya con Quejicus! Que disimulado lo tenía. - En el fondo se alegraba por él, después de tanto tiempo de resentimiento y odios, debía reconocer todos los sacrificios que había hecho durante veinte años, el desgraciado se merecía un poquito de felicidad.

-Y a lo mejor tiene razón. - Murmuró para si. Por primera vez una mujer llenaba del todo sus pensamientos. Era eso lo que quiso decirle cuando no le salieron las palabras. Que ella le importaba, que pare él no había sido solo sexo, que deseaba estar con ella para siempre. Que se había enamorado como un idiota. ¡Maldito alcohol! No volvería beber más en su vida.

Solo pudo mirarla como un imbécil. No se había atrevido decírselo y ahora ella le odiaba más que antes.

-Mmmmmm….

-¿No me has oído? - Selena estaba tumbada bocabajo sobre su pecho, y lo miraba divertida.

Él gruño aun envuelto en la neblina postcoital, abrió un ojo, sonrío y abrió el segundo. -Siiiii. - Murmuró acariciándole el pelo con parsimonia. - Pero por desgracia no podré estar contigo, tendrás que quedarte con Granger.

La chica hizo una mueca de disgusto. - ¿No quieres que nos vean?

Snape la tomó por los hombros y la acercó más a él. - No es eso, me da más rabia de lo que crees. Pero me han liado y tengo que arbitrar ese maldito encuentro. - Enarco una ceja. -Tendrás el "privilegio" de verme haciendo piruetas en una escoba y no es algo que se vea muy a menudo.

-¿Arbitro? - Preguntó extrañada. -Los chicos me han explicado del juego, me han enseñado imágenes animadas. Pero no mencionaron al árbitro. ¿También juega?

Severus rió. -Bueno…más o menos. El árbitro es el pringaillo que se ocupa de vigilar a los dos equipos y que las reglas del juego se cumplan. Además de evitar que una Bludger o alguno de esos patanes se me lleve por delante. Normalmente lo hace la señora Hooch, pero está enferma así que…me toca.

La chica arrugó la nariz. -Será peligroso entonces.

-No especialmente, solo hay que mantener la atención en el juego. -Su mano se deslizó por la espalda de la chica, era como un sueño el tenerla desnuda entre sus brazos después de hacerle el amor. Saber que se despertaría a su lado, un placer que deseaba degustar a diario. Lo había decidido, después del partido, hablaría con Minerva, Albus y Poppy, no llevaría la relación en secreto, deseaba que ella se mudara con él, Si, vivir juntos… luego…quien sabe. -Así que…no debe haber nada que me distraiga. - La mano ya acariciaba sus nalgas.

-¿Y qué cosas… pueden distraerle, profesor? – Ella también quería jugar, y comenzaba a lamerle el cuello con parsimonia.

-Ummm. Déjame pensar. – Murmuró


Caminaba apresuradamente junto a Hermione y Luna hacia el campo de quidditch. Severus ya debía estar allí, se había levantado temprano esa mañana, andaba más nervioso de lo normal. A parte de que arbitrar ya le ponía de los nervios, que ella estuviera expuesta ante tanta gente le preocupaba más de lo que quería demostrar. Ella le había observado divertida, tumbada desde la cama como se calzaba el uniforme de árbitro, más ajustado que las túnicas que lucía normalmente.

-Sigue sin gustarme. - Gruño observándola de reojo.

Ella se había levantado de la cama, dejando que la sabana resbalara de su cuerpo desnudo. Snape frunció el ceño. Ella simplemente le dio un suave beso y comenzó a vestirse a su vez.

-Que buenas maestras has tenido.- Murmuró disfrutando de la vista. - Por poco que me guste harás lo que te dé la gana.

Ella solo había sonreído con picardía.

Y lo había hecho, corría franqueada por las dos amigas. Miraba fascinada a su alrededor, nunca había visto tantos humanos, tan alegres, todos aquellos colores, las banderas, la música. El ambiente era increíble, simplemente le encantaba ver a toda aquella gente feliz. Las tres comenzaron a subir a las altas gradas de Gryffindor. Hermine y ella se rezagaron un poco de su amiga.

-Se te ve muy feliz. - Comentó la leona que subía a su espalda.

Ella se paró y la miró radiante. - Por fin estoy entre la gente, me encanta, me gusta ser humana, es como si lo hubiera deseado toda la vida.

Hermione sonrío. - ¿Y no tendrá algo que ver cierto profesor gruñón?

-Recuerdas lo que me explicasteis sobre lo que ocurre cuando una pareja quieren estar juntos para siempre. - Comentó alegremente.

Granger abrió mucho los ojos y se tapo la boca con las manos. - OOOOhhh. ¿Te ha pedido que os caséis?

Ella negó con una sonrisa. -Quiere que me mude a su despacho. Esta tarde hablara con la directora.

-Eso es genial. - Saltó la chica. -Nunca me imagine que Snape fuera tan… moderno. – Amago una risilla. - Ni tan apasionado e impulsivo. Lo tiene bien oculto.

-Es su forma de ser…WOOOOOO. – Acababan de salir al exterior de la alta grada de Gryffindor, la vista era aun más increíble desde lo alto. Las banderas de las cuatro casas ondeaban a viento, la gente animaba a sus equipos. Los jugadores de los leones y de Ravenclaw pasaban zumbando con sus escobas realizando todo tipo de piruetas de calentamiento.

-¡Al final has venido! – Exclamó Potter, parándose de golpe sobre ellas. – ¿Qué te parece el ambiente?

La unicornio miró a su alrededor aun maravillada. – Es fantástico, nunca imagine algo así.

El chico asintió. – Hoy es especial, la gran final. Y mi último partido en Hogwarts. El mes que viene nos graduamos.

La castaña se cruzó de brazos. – Eso de tu último partido…Ya sabes que los gemelos quieren ficharte en el Chudley Cannons. Te ofrecerán lo que sea.

Harry rió alegremente. – Tentador, pero prefiero ser auror. El quidditch se lo dejo a Ron, no te ha dicho nada pero ya ha firmado. – Guiñó el ojo. –Y por una nomina bestial. Creo que a la futura señora Weasley le espera una vida de lujo y comodidades.

Hermione se sonrojo. – Bueno yo no quiero ser solo la señora de…

-Déjalo, ya sabes como es. - Le guiñó de nuevo. -Y tu sabes manejarlo.

La castaña suspiró cansadamente. - Lo se, pero a veces me gustaría que madurase. Y no solo a base de collejas.

-Ya madurara. - Rió el chico.

Selena estaba apoyada en la barandilla, miraba hacia abajo, el campo era enorme, los gritos entusiastas de la gente resonaban, buscaba a Severus. El estaba en un extremo del campo, revisando la caja que llevaba las bolas para jugar, discutía con los gemelos y el capitán de Ravenclaw, por la cara que ponía no se le notaba nada cómodo.

-Snape arbitra el partido. - Comentó Harry desde la escoba. La unicornio asintió.

-Aunque no le gusta demasiado, se despertó al amanecer muy inquieto.

Harry miró perplejo a su amiga. - ¿Amanecer? - Preguntó. -¿Qué me he perdido?

Hermione le hizo un gesto con la mano. - Ya te lo explico luego, aunque de todos modos te enterarías esta noche.

-Mujeres y vuestros líos. - Murmuró enfilando su escoba al campo. - Os veo luego.

Hermione se acercó a Selena, se apoyó también en la barandilla, su vista siguió a Harry, este aterrizo junto a su novia y a Ron, Melisande estaba con ellos, revisando con interés la escoba de la pelirroja, llevaba una tunica roja de quidditch, como una aficionada más. - Se la ve más relajada esta mañana. - Comentó la Gryffindor. - Esta noche la ha pasado maldiciendo al padrino de Harry.

-No entiendo. - Musitó Selena. -¿Si lo ama, por que no esta con él?

-Bueno a veces las relaciones no son tan fáciles. - Suspiró. -Ella cree que lo odia.

La unicornio negó con la cabeza. - Sigo pensando que sois complicados.

-¿Es ella? - Preguntó Goyle observando confuso a la chica de cabellos blancos de lo alto de la grada de Gryffindor.

Jane asintió. - Tu quieres llevarte bien con mi tío ¿Verdad? Mi chiquitín. - La chica deposito un beso en la mejilla del gorila.

-¿Pero secuestrarla…? - Tartamudeo. - …delante…de todos.

-Cariñito. - La chica acarició el pecho del Slytherin con el índice. -Acaso mi novio es un cobarde.

Los ojos del chico brillaron con maldad. - Claro que no. -Hincho el pecho haciéndole verse aun más corpulento.

-No seas tonto, no vamos a secuestrarla, tu solo tienes que distraer. - Susurró.

-¿Distraer? - Preguntó abriendo mucho los ojos.

-Tu sabes convocar la marca tenebrosa. ¿Verdad? - Susurró la chica dándole un pequeño beso en su cuello de toro. El chico se estremeció.

-Mi padre me enseñó, pero… me metería en un lío… muy gordo.

-Te aseguro que merecerá la pena. - Ronroneó la chica.

El grandullón solo tragó saliva.

Los dos equipos estaban listos para empezar el partido, ante Snape, Potter y Richards el capitán de Ravenclaw chocaron las manos.

-No hace falta que lo diga, juego limpio. -Él profesor miró muy serio a los dos muchachos, Potter tragó saliva, seguía sintiendo recelos hacia que Snape fuera el arbitro del encuentro, pero esperaba que después de todo al menos pudiera ser neutral.

Snape abrió el cofre rojo donde estaban las bolas que se elevaron rápidamente en el aire. Dio un largo pitido a su silbato dando por iniciado el partido. Los catorce jugadores y el arbitro se elevaron a velocidad vertiginosa, provocando las ovaciones del publico.

Selena trataba de seguir con la vista las estelas rojas y azules de los jugadores, y la negra de Severus que trataba de mantenerse a salvo dentro de esa locura.

-Será un partido muy reñido. - Comentó la castaña, justo en el momento que Ginny anotaba los primeros diez puntos para Gryffindor.

-¿Cuánto puede durar un partido? - Preguntó intrigada la unicornio. Se volvió al oír como el publico gritó al esquivar Snape por pelos una bludger lanzada por Dean.

-No se sabe, pero viendo como ha empezado el juego…- Todos ovacionaron al hacer Ron una parada espectacular. - … Podría durar varios días…