-III-
Cabalgaron hacia las puertas del castillo, cruzándose en el camino con algunas casas que se encontraban en los alrededores. Al pasar, las personas saludaban a Hermione y a Silver. La gente se había acostumbrado al misterioso caballero y muchos curiosos salieron para ver a los invitados del Reino de Gryffindor.
Mientras esperaban que las puertas fueran abiertas, Silver llevó su mano derecha a la boca y dio un largo silbido, sacó un pedazo de pergamino y una delgada pluma escondida en su bota escribiendo rápidamente. Los hombres curiosos observaron la actitud del caballero, pero su atención fue desviada cuando una hermosa águila parda, con cuello y alas doradas se dirigía hacia ellos. Silver elevó su brazo y el ave se colocó en él, enrolló el pergamino y lo ató a la pata del águila que voló hacia el castillo.
-es un ejemplar muy hermoso, ¿un águila calzada? -preguntó Remus al caballero, quien inclinó su cabeza en señal de afirmación y agradecimiento.
–Pero no es mío- se oyó la suave y grave voz tras el casco.
-Argos es el ave de caza de la princesa Ginevra- contestó Hermione ante la interrogante mirada de los invitados –pero Silver fue su entrenador- y le dedicó una sonrisa a Silver.
-¿La princesa sale de caza?- preguntó Harry.
-si- respondió la castaña
-¿compartes su ave?- le preguntó a Silver con el ceño fruncido. Quien no mostró ninguna expresión y decidió ignorar al príncipe.
-Silver y la Princesa salen de caza muy a menudo, por lo que el ave les obedece a los dos- respondió Hermione –la princesa ha dado instrucciones para que él pueda ocupar su ave cuando quiera.
Las puertas del castillo se abrieron en ese momento, cosa que sirvió para liberar la tensión entre Silver y Harry. Los guardianes se irguieron y saludaron al príncipe de Gryffindor, quien les agradeció el saludo con una inclinación de su cabeza y continuaron su camino hasta la entrada del vestíbulo del castillo. Los escuderos salieron a su encuentro para tomar las riendas de los caballos, pero Silver no se alejó del suyo.
-¡Bienvenidos a Hogwarts!- dijo el Rey Arthur a los invitados, les recibió con los brazos abiertos y una amplia sonrisa. Remus presentó a Harry con el rey, quien le recibió con un abrazo. Luego se fijo en el caballero de la armadura oscura -¡Silver!, que sorpresa, ¿cuándo llegaste?- todos miraron al caballero, quien inclinó su cabeza en acción de respeto.
-llegó esta tarde su majestad- y Hermione se dirigió a Silver –puedes retirarte- se inclinó hacia el rey y los invitados y se fue.
-Si me permite decirle su majestad…- inició Harry su conversación –un caballero bastante extraño entre sus tropas- el rey Arthur sonrió.
-Silver es uno de los capitanes de armas del Reino de Slytherin- dijo al príncipe quien encogió nuevamente su ceño –Él es uno de los dos hombres de confianza del rey y un gran amigo nuestro. Remus al observar el rostro del joven príncipe, consideró apropiado cambiar el tema de la conversación.
-Rey Arthur, me alegra ver que Hogwarts esta tan prospero como siempre- dijo con una sonrisa –el castillo no ha cambiado en nada-
-bueno, mis hijos y yo quisimos mantenerlo tal y como le gustaba a mi esposa- el rey acompañando a los invitados a los terrenos del palacio. Se quedó en silencio un momento, luego pareció recuperarse y continuó –sus habitaciones están preparadas, Hermione les acompañara- todos agradecieron la hospitalidad del rey y se retiraron siguiendo a la joven por las escaleras.
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Al salir de la vista de "los invasores", como los etiquetaría de ahora en adelante, montó su caballo a toda prisa y lo llevó a su establo cerrando la puerta tras de ella; puso agua y comida a su caballo halando una cuerda (invento de Neville), movió el estandarte que ocultaba una puerta secreta y se metió por ella.
Dentro, se quitó la armadura dejándola en el suelo, se colocó rápidamente su vestido y corrió con sus zapatos en las manos hacia la puerta del otro extremo del pasadizo; la abrió con fuerza y salió de ella como una flecha asustando al joven que se encontraba sentado en una de las sillas de su habitación, su pierna derecha apoyada en un banco y fija por unas tablillas.
-¡Hasta que por fin llegas!- dijo el príncipe reprendiendo a su hermana, mientras ella tomaba aire –no hay tiempo, nuestro padre lleva horas buscándote.
-¿vino Argos?- dijo la pelirroja, colocándose sus zapatillas
-sí, Lavander ya está preparando tu baño y tú vestido para la cena-
-perfecto- dijo la pelirroja y se dejó caer cuan larga era en la cama de su hermano, cuando un grito de dolor salió de su garganta acompañado de un ardor y pulsación en su hombro izquierdo.
-¿Qué te pasa?- Ron se alarmó al escuchar el grito de su hermana. Ella se puso en pie de inmediato, se acarició con su mano derecha y encontró un pequeño rastro de sangre en su palma. – ¡Ginevra, ven aquí en este momento!- ella se acercó a su hermano sentándose en el suelo para que él pudiera verla.
En su hombro izquierdo aparecía un enorme cardenal rojo con una herida poco profunda, pero que sangraba mucho. El joven miró a su alrededor y tomó un paño con el que presionó la herida. La joven se quejó pero soporto. -¿Cómo te hiciste eso?-
-ese… ¡cavernícola de Gryffindor! me tiró del caballo-
-¿Cómo?- otro quejido se escucho en el cuarto.
-¡no tan fuerte!- su hermano apartó el cabello que le impedía seguir presionando la herida.
-le disparé una flecha y por poco le doy en la cabezota-
-¿hiciste qué? - Ginny no pudo continuar, porque en ese instante su padre entró a la habitación. Los jóvenes quedaron como piedras cuando el rey cambió su expresión de alegría a seriedad al ver a su hijo con un paño ensangrentado sobre el hombro de su hermana.
-¿Ginny, que te sucedió?- se acercó preocupado para ver a su hija, cuando vio el golpe en el hombro, corrió hacia la puerta y llamó a gritos pidiendo que buscaran a Hermione.
-Padre, no es nada- se puso de pie, él la tomó por los brazos y la guió para sentarla en la cama de su hermano, mientras seguía presionando la herida –la princesa volvió a quejarse.
-¿Cómo te hiciste esto? ¿Dónde has estado toda la tarde?- el Rey miró a su hija quien le desvió la mirada y la dirigió a su hermano. Ron divertido se cruzó de brazos y esperó la respuesta.
-estaba en… en… los establos-
-¿Qué hacías ahí?- dijo el anciano mientras su hermano reprimía la risa.
-yo… revisaba la herida de mi caballo- Ron elevó sus cejas y le hizo señas a su hermana con las manos, esa era una buena.
-eso no explica la herida- el príncipe le devolvió la mirada nuevamente.
-este… creo que le lastimé su pata al montarlo… se alteró… y me tiró- bueno, eso no era una total mentira, solo había que omitir al neandertal que la tiró de su otro caballo.
-¡Ginevra eso fue muy tonto de tu parte!- dijo su padre y ella le miró apenada –pudiste haberte hecho mucho daño-
-lo sé- en ese momento el sonido de pasos apresurados por el pasillo le dieron la pauta que Hermione había llegado, pero su sorpresa fue verla acompañada por Remus.
-Príncipe, ¿está bien?- Hermione miró los vendajes de la pierna, luego vio algunas gotas de sangre en sus manos.
-Hermione, es Ginny- la voz del rey la separó del príncipe y observó a su amiga, que apenada por el escándalo que su padre había hecho, miraba al suelo. La joven se acercó y el rey separó la tela con la que había presionado la herida. La princesa elevó la mirada encontrándose con los ojos de su amiga, que molesta movió los labios sin dejar salir un sonido y le reclamó "me dijiste que estabas bien".
-¿y?- preguntó el Rey.
-necesita unas compresas frías para el golpe, sellaré la herida con hoja del rey y esencia de murtplant, así evitaré que continúe sangrando y cierre sin cicatrices-
-¿puedo decir algo?- todos miraron a la princesa que ya se sentía un bicho raro – ¿pueden curarme en mi habitación?- su padre y el castaño le sonrieron.
-Espero me disculpe Remus, pero creo que dejaremos nuestra conversación de plantas curativas para otro momento- dijo la castaña
-Claro- las dos mujeres salieron del cuarto de Ron. Caminaron en silencio por el pasillo mientras Hermione continuaba presionando la herida. Las habitaciones de la princesa se encontraba cerca de la de su hermano, llegaron ante una puerta grande de roble y abrió, era amplia con dos ventanas tan grandes como la puerta, tenía una pequeña terraza que daba a los jardines, su cama grande y cómoda ubicada frente a la chimenea y a un costado, dos sillones junto a una pequeña librera pegada a la pared. Lavander salió del cuarto de baño que estaba a su derecha al oír la puerta abrirse.
-llega a tiempo su alteza, su baño está…- se detuvo al ver que parte del vestido de la pelirroja estaba manchado de sangre y Hermione junto a ella – Dios, ¿qué le ha pasado?
-no te preocupes Lavander, ella está bien, pero necesito un depósito con agua fría, dile al Fraile Longbottom que suba y traiga la bolsa verde- la mujer se movió enseguida y se apresuró a salir. –Será mejor que tomes tu baño ahora y así aprovecho para lavar tu herida- Hermione retiró la tela, la sangre comenzaba a retenerse. Ginny fue a su cuarto de baño y se metió en la tina. La castaña entró unos minutos después, con su vestido recogido, al igual que su cabello en una cola alta, se lavó sus manos y se acercó a la espalda de la princesa para limpiar la lesión.
-¿Cuál fue la historia esta vez?-
-que Zafiro me había tirado por intentar montarlo-
-Zafiro está herido-
-lo sé, les dije que le había lastimado cuando lo monté y me tiró-
- Te hiciste esto cuando el príncipe Harry te derribó ¿verdad?-
-¡ese cavernícola engreído…!- Hermione no pudo reprimir una ligera risa.
-¿Qué es tan gracioso?- enfrentó a su amiga con la mirada seria.
-que ese cavernícola, es tu futuro esposo-
-no me lo recuerdes- desvió su mirada hacia la pequeña ventana, donde las nubes podían verse y unos hermosos pájaros cantaban en una de las ramas de los árboles. –Es arrogante, irónico, pesado…- comenzó la princesa golpeando con las palmas de su manos el agua.
-Fuerte, guapo, inteligente…- Ginny se separó de su amiga y la miró como si hubiera dicho la peor de las injurias. ¿Estaba loca? Si tanto le gustaba, ya sabía a quien envolver y ponerle un lazo para regalo de cumpleaños. –no me mires así Ginevra, se que te diste cuenta de eso- ella desvió la mirada dándole la espalda y mirando nuevamente por la ventana.
Tenía que admitir que poseía unos ojos verdes hermosos pero tristes, su cabello desordenado le daba un aire rebelde, eso le gustaba… ¿En qué estaba pensando? Era el final de su libertad, un arreglo matrimonial con el que no estaba de acuerdo, sus obligaciones como princesa y la alianza entre Griffindor y Hogwarts estaban de por medio ¿acaso tenia más elecciones? También él debía sentir lo mismo, era solo un arreglo para complacer dos reinos y no para que ellos fueran felices.
Se sintió triste al recordar que siempre soñó en casarse por amor, que algún día llegaría la persona indicada y que elegiría a su esposo, era su derecho como princesa de Hogwarts, pero jamás contó que una guerra y la firma de la alianza cambiarían todo.
-¡Lady Hermione!- la voz del Fraile Longbottom sacó a la princesa de sus pensamientos.
-¡Estoy aquí!- respondió la castaña –¡saldremos en un momento!- Ginny soportó el dolor que le provocaba el roce de las manos de la otra al lavar la herida, después de un momento que a ella se le tornó una eternidad… -¡listo!, ven ponte esto- le tendió una bata de seda.
-¿trajiste la bolsa?- al escuchar entrar a las jóvenes Neville se puso en pie rápidamente. Él vestía una casulla color café muy ajustada a la cintura por su prominente estomago y en su cabeza una coronilla calva que era un distintivo de la orden.
-sí- miró a la princesa y se inclinó en forma de saludo, - ¿y?
-¿y qué?- preguntó la pelirroja.
-¿cuál fue la historia esta vez?- ¿qué el fraile y Hermione pensaban lo mismo? Caviló Ginny al verlo con una sonrisa en el rostro dándole la bolsa a la castaña.
-Zafiro la tiró en el establo- contestó Hermione por ella
-él está herido- afirmó el fraile con el ceño fruncido.
-dijo que lo había lastimado-
-¿y la verdad?-
–Su futuro esposo la lanzó del caballo- continuó la castaña sonriendo. El fraile miró desconcertado a cada una.
-¿él no puede hacer eso?- dijo molesto y Ginny sonrió.
-¿ves?- siguió la pelirroja –te dije que era un cavernícola-
-no lo es, si pensaba que "Silver" quería matarlo- respondió Hermione riendo.
-¿quisiste matar al príncipe?- dijo Neville asustado mirando a la princesa.
-¡ya basta!- dijo la pelirroja -¿vas a curarme o pasarán defendiendo a ese invasor?- dijo molesta
-ese invasor será tu futuro esposo- dijo el joven y ella le dirigió una de sus miradas asesinas. Iba a continuar, pero en ese instante apareció Lavander con el recipiente de agua. Hermione le agradeció y le pidió salir, después cerró los doseles de la cama para curarla.
-por cierto Neville- dijo la pelirroja dentro, el fraile iniciaba la búsqueda de otro libro para entretenerse –debo felicitarte por el ajuste que le hiciste al casco de la armadura, la resonancia al hablar se oye más grave y no reconocen mi voz fácilmente –
-Claro, ¿qué esperabas? ¡Soy un genio!- contestó satisfecho de sí mismo, elevando sus brazos hacia el cielo en símbolo de victoria.
-pero…- sus brazos cayeron a los lados de su cuerpo y miró la cortina de los doseles con el ceño fruncido –la visera de mi casco se abrió y él pudo ver mis ojos, debes arreglarlo, mi padre me reconocería al instante si llegara a verme- el joven, llevó una de sus manos a la quijada y comenzó a caminar de lado a lado pensando.
-¿quieres que le ponga un seguro?-
-sí- dijo la princesa –pero que no sea visible a los ojos de nadie- terminó saliendo vestida tras las cortinas de su cama y con un pequeño vendaje en su hombro. Soltó su cabello y la herida quedó oculta tras él.
-bien, trabajaré en él mañana- dijo sentándose en uno de los sillones, mientras Ginny se sentaba en otro y Hermione tomaba un banco -¿lo dejaste donde siempre?-
-sí-
-perfecto, y ahora quisiera saber ¿por qué piensa el príncipe que Silver quiso matarle?- dijo el chico.
-yo también quiero saber eso- todos miraron hacia la puerta donde el príncipe Ronald entraba a la habitación de su hermana. Iba sentado en una silla con cuatro ruedas en vez de patas y en un banquito más pequeño apoyaba su pie lastimado –oye Neville ¿puedes inventar otra silla que sea más fácil para transportarme?-
-en eso estoy Ron, te lo dije hace una semana cuando me preguntaste lo mismo- dijo el fraile rodando sus ojos – además… -
-¡a un genio no se le presiona!- dijeron las tres voces de las personas en la habitación.
-sí, veo que ya les quedo claro- dijo Neville riendo.
-como no saberlo, si nos lo has dicho millones de veces- dijo Hermione divertida.
-y ¿bien?- preguntó el príncipe uniéndose al grupo -¿Qué pasó?-
Ginny suspiró y comenzó a relatarles todo lo ocurrido al salir del castillo y su interés por saber quien cruzaba por los caminos que solo usaba su familia…
-Es obvio Ginevra, nuestro padre debía asegurar la protección del príncipe- ella se ruborizó cuando les comentó lo de la bellota que provocó el accidente de la flecha, su persecución por el bosque y su casi enfrentamiento evitado por la castaña. Neville tenía una expresión de preocupación en su rostro acompañado del movimiento de su cabeza lado a lado.
- no es un buen comienzo ¿no?- añadió.
-esto no saldrá bien- dijo la princesa poniéndose de pie, llevando una de sus manos a la cabeza y caminando entre los jóvenes -¿Cómo pudo mi padre meterme en esto?- se detuvo en el marco de la ventana que daba al jardín, el príncipe Harry y Remus caminaban entre los rosales. No tenía tan mal perfil, su cabello caía sobre su rostro y le recordó el instante cuando la tiró del caballo y su visera se abrió… fue cuando vio por primera vez esos ojos verdes jade… unos golpes en la puerta la hizo reaccionar.
-Su alteza, ¿está usted lista?- Lavander hablaba tras la puerta.
-¡Dios, la cena!- dijo Hermione, poniéndose de pie rápidamente –será mejor que todos nos preparemos- Neville tomó la silla de Ron y comenzó a empujarla, Hermione abrió la puerta para dejarles pasar y ella salió dejando entrar a Lavander que se encargaría de preparar a la princesa. Ginny suspiró resignada, en momentos como ese, realmente le hubiera gustado no haber nacido en la realeza.
