-V-

-¿puedes creerlo?- sonaba la voz de la princesa en el cuarto de baño, mientras Hermione la escuchaba desde la habitación leyendo un libro frente a la chimenea, la pelirroja llevaba más de media hora criticando la actitud del príncipe Harry y la castaña se había cansado, por lo que prefirió leer -¿yo, espía?- y salió vestida con su bata de seda, mangas largas en forma de campana. Hermione respiro paciente, señaló con una hoja de naranjo donde se había quedado y cerró el libro, no le contestó inmediatamente, lo que puso más molesta a la pelirroja, que esperaba que ella le apoyara. –Estás de acuerdo con él ¿verdad?- cruzando sus brazos a la altura de su pecho.

-no Ginevra, pero quiero que te pongas en sus zapatos- dijo la castaña pacientemente.

-pero…- Hermione levantó una de sus manos indicándole silencio.

-escúchame por favor- y la pelirroja se sentó en su cama -¿Cómo te sentirías si llegaras a un lugar extraño y alguien intenta asesinarte?- la pelirroja abrió los ojos como platos.

-¡fue un accidente!-

-debes considerarte con suerte-

-¡¿Qué?!- dijo molesta y se puso de pie frente a su amiga quien continuaba calmada.

-¿tienes idea de lo que hubiera pasado si matas o hieres al único heredero de Gryffindor en las tierras de Hogwarts?- la joven cambio su expresión de molesta a preocupada colocando una de sus manos sobre su boca y dejándose caer nuevamente en la cama.

-¿ves?- dijo la castaña contenta que su amiga hubiera entendido su punto. Ginny jamás hubiera pensado las consecuencias que causaría en su reino si hubiera herido o matado al príncipe; seguramente el Rey James le declararía la guerra a su padre, hasta se hubieran aliado a Riddle para ver caer a Hogwarts, Ron no estaba en condiciones aun de dirigir las tropas, su padre era muy anciano para hacerlo, le tocaría a ella… pero… no se sentía aun capaz de volver a tomar una espada… siempre había luchado en clandestinidad, ya que no aceptarían jamás que ella formara parte del ejército, cada vez que peleaba era así, su hermano siempre la cubría para hacerlo, pero esta vez él no podía estar con ella y no sería capaz de ver a sus hombres morir por su estupidez. –Silver no tendría que haber aparecido hoy Ginevra- dijo la castaña reprendiendo a Ginny.

-yo…- dijo nerviosa retorciendo los dedos de sus manos –es que…-

-se que te relaja, pero fuiste muy descuidada-

-si, lo se- y miró las estrellas a través de su ventana, estaba tan despejado el cielo, las estrellas podrían confundirse con miles de luciérnagas brillando en el manto negro con la luna expuesta en su gran tamaño.

-el príncipe Harry tiene todos los motivos para desconfiar de Silver, Ginny- las dos jóvenes se miraron pensativas –casi le mata, desaparece de la nada y para variar tu le defiendes. El se convertirá en tu esposo-

-aun no he dicho que lo aceptaré- dijo molesta

-pero lo harás, la alianza entre Gryffindor y Hogwarts debe de realizarse o… ¿te negarás a hacerlo?- la castaña frunció su ceño, el carácter de Ginny tan impulsivo siempre la llevaba a hacer cosas que a las finales nunca le traían nada bueno, era inteligente, pero a veces imprudente, debía admitir que algunas cosas le salían bien. –Descansa Ginny, tienes muchas cosas que pensar- la castaña se puso de pie y se dirigió a la puerta con el libro en sus manos.

-¿Hermione?- ella le miró desde la puerta de la habitación -gracias- las dos sonrieron y salió del cuarto. Ginny no podía dormir esa noche, estaba muy confundida, demasiadas cosas en un solo día, se puso en pie, tomo una de las lámparas que iluminaban su habitación y salió sigilosamente del cuarto.

Caminó por muchos pasillos hasta llegar a la puerta de la torre norte, la abrió y comenzó a subir las gradas, necesitaba pensar, aunque solo fuera un momento, cada escalón le recordaba todos los sucesos de ese día; uno a uno, casi mata al príncipe… llegó al extremo y abrió la puerta; la brisa le golpeo al instante, sintió como su cabello fue sacudido hacia atrás y la frescura del rocío de la noche en su cara, cerró sus ojos para sentirlo y poco a poco salió, se quitó las zapatillas para sentir la piedra bajo sus pies, caminó hasta llegar al barandal de piedra y apoyo sus brazos en el, observo la extensión de los terrenos fuera de los muros y como el cielo lleno de estrellas se juntaba con el verde de los bosques y las altas colinas. Suspiró y esperando que con el aire saliendo de sus pulmones, también salieran las preocupaciones…

-¿con insomnio alteza?- ella se giró asustada, no sintió llegar al consejero de su padre. Albus se acercó lentamente a ella sin apartar sus ojos del hermoso paisaje de Hogwarts. –es hermoso ¿verdad?- y le dedico una sonrisa.

-si lo es- continúo contemplando el lugar y elevó la mirada al cielo, deteniéndose en una de las estrellas más luminosas, el anciano se percató de su mirada. Señaló al punto brillante y continúo.

-esa estrella se llama "Sirio"- la joven le miró complacida.

-lo se, es la estrella mas brillante del can mayor- el anciano le devolvió la sonrisa.

-me alegra saber que estudia el movimiento de las estrellas-

-no lo hago, solo me gusta verlas- y continuó su vista en ella.

-¿sabía que el tutor del príncipe Harry se llamaba Sirius, en honor a esa estrella?- la pelirroja le devolvió la mirada al consejero "¿se llamaba?", el anciano observó la cara interrogante de la joven. –Era su mejor amigo y murió a manos de los hombres de Riddle para salvarlo- Ginny miró con mayor atención al anciano.

-¡¿El ataque de la Villa de Hogsmade?!- y el asintió.

-por cierto, Remus me pidió que les diera las gracias a ti y a tu hermano- la pelirroja miró extrañada al anciano -por hacer reír nuevamente a Harry- la joven aun no entendía –creo que es muy tarde y ha sido un día muy agitado, buenas noches- se retiró, Ginny se quedó un momento más pensando en lo que el concejero y Hermione le habían dicho, los dos tenían razón, tal vez era momento de ser más amable con el príncipe, se disculparía mañana y con esa idea también salió de la torre.

*****

-Suerte Harry- dijo Remus guiñándole un ojo al príncipe. Se encontraban en las puertas del castillo, debía regresar con dos de los caballeros y los de mayor confianza del rey se quedaban con Harry.

-gracias-

-Cuídate mucho y espero que tengamos buenas noticias pronto- el joven abrazó a su concejero y le sonrió.

-yo también lo espero Remus, Ayuda a mi padre…- dijo el joven de manera cómplice –…mi madre no quedó muy contenta con mi partida – el castaño rió.

-no te preocupes, lo haré- se despidió de todos y cabalgó junto a sus guardias hacia Gryffindor. Harry se quedó en la puerta esperando que la silueta de sus hombres desaparecieran por el camino, uno a uno de los presentes entraron al castillo, la princesa Ginevra decidió que era la mejor oportunidad que tenía para disculparse con él sin la interrupción de nadie.

-emmm…- se sentía incomoda y apenada. No sabía que decir, no estaba muy acostumbrada a pedir disculpas ni como iniciar. Si con los demás era fácil, ¿por qué con él no? –yo….- Harry le miró, se habían quedado solos, le sonrió y le ofreció su brazo.

-¿quisiera acompañarme?- ella le miró interrogante

-¿señor?-

-solo quiero caminar en sus jardines ¿quisiera acompañarme?- la joven le dedico una sonrisa y tomó su brazo, cuando su mano le toco, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo disimulándolo muy bien.

Siguieron el camino de piedra que daba al jardín de las rosas en silencio, el olor les inundaba sus pulmones con un dulce aroma, el la guió entre algunos árboles en donde el camino se desviaba, ella se dejo llevar.

-¿mi señor? Creo que nos alejamos del castillo- él sonrió y continuó caminando -¿Señor?- cuando llegaron a un claro del bosque, se encontraba una mesa con dos sillas adornadas con flores y en ella puestos dos platos, los dos caballeros que se habían quedado con Harry estaban uno a cada lado de la mesa y al verlos llegar les hicieron una reverencia.

-¿Qué es esto?- dijo la princesa con el ceño fruncido.

-mis disculpas- dijo el joven y acompañó a la princesa a su silla, la retiró un poco para que se sentara, Harry tomó una rosa que estaba sobre la mesa y se la ofreció. Sir Finigan se acercó a llenar las copas, mientras observaba como Harry se sentaba al otro extremo, el otro caballero comenzó a servir, cuando estuvo toda la mesa lista los dos hombres se retiraron del lugar dejando a los jóvenes solos nuevamente. –Se que incomodé la comida de ayer, así que quise arreglarlo-

-yo también le debo una disculpa- dijo la joven –a veces… soy un poco impulsiva y digo las cosas sin pensar- el príncipe sonrió nuevamente y continuaron con la comida.

-creo que no tuvimos un buen inicio ayer- siguió el moreno –se que para usted el arreglo de nuestro compromiso es incomodo- dijo serio observando la reacción de la joven, quien no mostraba ninguna emoción en su rostro.

-parece que a usted tampoco le agrado la idea ¿verdad?- dijo la pelirroja tomando un poco de su copa y limpiándose con su servilleta después. El observó que sus mejillas se habían ruborizado un poco y lo disimulaba con la tela evitando su mirada.

-no, no me agradó- y ella hizo el intento de levantarse, Harry se levantó de su silla y se acercó a la joven colocando una de sus manos sobre la suya y con la otra movió el rostro para que lo viera, el tenía una sonrisa en sus labios –pero, desde que la vi…- y acarició su rostro con sus dedos, ella se estremeció cosa que no pudo disimular y el sonrió -… no he pensado en otra cosa que en solicitarle que acepte la petición de mi padre- ella sonrió…

-con una condición- él frunció el ceño y la vio interrogante –que nos demos tiempo, permítame ser su amiga antes, pero que la alianza se firme de inmediato, cuando usted me conozca decidamos la fecha de la boda ¿de acuerdo?- el joven meditó la propuesta de la pelirroja, bueno… prácticamente ella estaba aceptando el arreglo matrimonial ¿había alguna trampa en la propuesta? Podían pasar meses en ese juego y ella siempre decir que aun no le conocía, el sonrió, era muy lista.

-un mes- contestó él, ella frunció el ceño y le miró interrogante –en un mes pondremos fecha a la boda y la firma de la alianza se hace hoy mismo - ella evaluó la propuesta, tal vez en ese tiempo ella podía esforzarse por que el príncipe se desencantara de ella y como de todos modos la alianza ya estaría firmada no podían dar marcha atrás.

-acepto- dijo la joven sonriente y el también sonrió, le tendió la mano, habían pasado ya muchas horas y el cielo comenzaba a oscurecer, comenzaba a hacer un poco de frío, el le puso su capa y volvieron al castillo.

***

-ya se tardaron- comenzó el rey mientras se paseaba de un lado a otro del salón, Ron y la princesa Luna se divertían jugando ajedrez (que él se había encargado de enseñarle)

-no te preocupes papá- dijo el pelirrojo sin desviar su vista del juego –Harry no le hará nada a Ginny- y se rió entre dientes pensando en que si el intentaba algo con ella, quien estaría en problemas seria él.

-¿pasa algo Ronald?- dijo la rubia observando sonriente al joven

-no Luna. -y le dirigió la mirada a su padre – a demás lo planeamos juntos, no saldrá mal- en ese momento la puerta del salón se abrió dando paso a los príncipes, Harry venia muy contento, Ginny sonriente pero no como lo estaba el príncipe que se acercó decidido al rey.

-La alianza del fénix puede firmarse en el momento que quiera su majestad- dijo con una sonrisa en los labios, el rey miró desconcertado a su hijo, que le miraba de la misma manera, dirigió después la mirada a su hija que evitaba ver a ambos.

-entonces…- dijo el rey y Harry sonriente continuó.

-la princesa Ginevra ha aceptado casarse conmigo-