-VIII-
Los días de viaje hacia Slytherin eran agotadores llegando en la tarde del segundo día; los extensos verdes pastos habían cubierto la batalla entre las tropas de Riddle y las de Slythering que meses atrás habían dejado destrucción y sangre a su paso, pero ahora era diferente. El castillo se encontraba rodeado de un enorme lago que por el resplandor del sol, se veían verde en algunos sectores, cuando Lady Hermione pudo distinguir el castillo, suspiró con resignación, no pensaba volver, no estaba segura si en verdad quería estar ahí.
Sir Blase no había sido un gran compañero de conversación, no era muy elocuente, pero lo había notado pensativo y solo se acercó un par de veces para preguntar sobre el compromiso de la princesa Ginevra con el príncipe Harry. Se encontraban ya ante la puerta, esperaron que bajara el puente levadizo que necesitaban para cruzar el lago y entrar al castillo, pero ya estaba ahí…
Los escuderos y servidumbre les recibieron, cargaron su equipaje y le fue asignada una dama de compañía que le llevó a su habitación, se sentía incomoda con tantas atenciones, estaba acostumbrada a realizar sus cosas por si sola. La habitación era una de las principales, grande y decorada con estandartes del reino y para la alegría de Hermione una gran librera con textos muy difíciles de conseguir sobre medicina oriental. Decidió que mientras mas rápido iniciara su tarea más pronto saldría, pidió a su dama que le llevara al taller para iniciar.
-su majestad desea hablar con usted antes- contestó la mujer cordialmente –y pide le espere en el estudio- la mujer le hizo señas a Hermione para que le siguiera y así lo hizo, cruzaron al otro extremo del castillo y le llevaron a un salón amplio con enormes ventanales, un escritorio ubicado en uno de los extremos, la pared contenía algunas repisas que contenían varios pergaminos enrollados y algunos frascos de tinta; se paseo entre ellos esperando la llegada del rey. Pasó casi una hora y Hermione estaba perdiendo la paciencia, se disponía a retirarse cuando al abrir la puerta se encontró con el joven rey, su cabello liso y rubio caía sobre sus hombros, unos impresionantes ojos grises y su piel blanca como la porcelana, ella dio un paso atrás y soltó el pomo de la puerta.
-¿ya te ibas?- preguntó con una sonrisa de lado, ella pareció reaccionar, le hizo una leve reverencia y habló.
-pensé que su alteza estaría tan ocupado como para olvidar su reunión- dijo de manera molesta. Se irguió y le vio fijamente a los ojos, el era más alto que ella, pero no se dejaría intimidar.
-tenía algunos asuntos importantes que atender antes de nuestra reunión- pasó a su lado sin mirarle y se dirigió a la mesa que se encontraba al extremo, sacó una llave y abrió una gaveta de donde sacó unos pergaminos. Ella se acercó lentamente.
-¿quisiera su alteza explicarme la tarea que me ha encomendado?- habló Hermione de manera molesta, había cruzado sus brazos a la altura de su pecho y le miraba fijamente desde el otro extremo de la mesa. El le miró y se acercó lentamente a ella, quien no retrocedió, no iba darle el gusto de retroceder otra vez. Se acercó hasta rozar sus labios en su oreja.
-¿acaso te molesta estar aquí?- ella se estremeció un poco al escuchar la voz seductora del rey y cerro sus ojos para tratar de tranquilizarse y concentrarse en la tarea, el elevó una de sus manos para acariciar su mejilla, no se esperaba ese movimiento, su piel se puso de gallina al sentir el contacto de su piel y se apartó inmediatamente de su lado, lo miró molesta.
-¡deje de jugar conmigo su alteza!- el parecía ofendido.
-¡¿piensas que juego contigo Hermione?!- y se acercó a ella, le tomo de uno de sus brazos y la acercó más a él para que le mirara directamente a sus ojos.
-lo ha hecho antes, ¿Por qué no hacerlo otra vez?- respondió seria, pero sus ojos dejaban ver un aire de tristeza, se soltó del agarre de él y comenzó a caminar hacia la puerta, el caminó tras ella y cuando ella abría, él con una de sus manos la cerró de golpe nuevamente.
-¡no he terminado de hablar contigo!- ella retrocedió molesta y le dio la espalda y caminó hacia una de las ventanas, y la abrió.
-¡no puede hacer conmigo lo que se le plazca!- ella salió a la pequeña terraza del salón, el se fue tras ella – ¡no puedes sacarme de mi hogar cuando quieras!- el relajó su rostro y respiró hondo para calmarse.
-Quería verte, estar contigo ¿es eso un problema?- ella se acercó al barandal y se quedo contemplándolo desde ahí.
-si lo es, cuando me trae con engaños- dijo poniendo sus manos en su espalda y viendo fijamente al rubio.
-yo no te he mentido, encontré dos venenos extraños, lo único que he podido descubrir es que son del viejo oriente y quiero que me ayudes a encontrar los antídotos- dijo acercándose a ella de manera seria –los encontré en la habitación de mi padre y creo que Riddle está detrás de eso, no quiero que nadie de los nuestros sea presa de envenenamiento-
-muy bien, le ayudaré a encontrar esos antídotos- y se separó un poco del barandal -¿puede decirme como llegar al laboratorio?- él se acercó a ella nuevamente.
-en este momento eres mi invitada ¿podemos comenzar más tarde?- y le sonrió seductoramente –o ¿quieres ser mi prisionera?- ella sonrió de manera misteriosa y se acercó de espaldas nuevamente al barandal, él le estaba cerrando el paso.
-ninguna de las dos su majestad, solo soy la experta en antídotos, así que si me disculpa…- Hermione se subió al barandal, hizo una pequeña reverencia y se tiró al vacío. El rey Draco corrió hacia el barandal con pánico en su rostro, pero Hermione había logrado poner en los pilares de piedra una cuerda con una pequeña polea que le permitió deslizarse ágilmente por ella hasta llegar al jardín interno. La vio caer en pie, soltarse de ella, le miró desde el suelo con una gran sonrisa y entro nuevamente al castillo. Esa mujer si estaba llena de sorpresas, pensó, "creo que debería contratar a ese monje de Hogwarts para que le hiciera unos cuantos de esos juguetitos".
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Sir Blase y Lady Hermione no se equivocaron al afirmar que Silver aparecería pronto, la actitud de Harry le había molestado, la cena del día anterior fue salvada por la Princesa Luna y Ronald que hablaban animadamente de criaturas míticas, les incluían en su conversación y evitó que su padre se diera cuenta de su molestia; después de la cena Harry intentó hablar con ella, pero no se lo permitió.
No estaba acostumbrada a que le celaran, bueno Ron lo había hecho en algunas ocasiones, pero el era su hermano, no era lo mismo a que lo hiciera tu futuro esposo, casi le había insinuado que entre Blase y ella había algo más que amistad… bueno… si lo pensaba mejor, si lo había, él había terminado de entrenarla en Slytherin, era su mentor, concluyó el entrenamiento junto con otros soldados, se había batido con ellos en duelo y ganado su respeto, los soldados no sabían que ella era la princesa, los únicos en saberlo eran Blase, Draco y Severus, el consejero del rey; este último era muy hábil con los disfraces y logro encubrirla para que se mezclara con los demás soldados para entrenarse. El rey Draco le debía la vida a la princesa, por lo que se sintió obligado a recompensarle permitiendo que entrenara con sus hombres y se ganó tal respeto entre ellos que le nombraron segundo capitán al mando, Ginny se sintió muy honrada al recibir el titulo que el rey le otorgaba, Draco podría parecer despiadado, pero era un hombre justo, su pueblo le quería. Después que su padre murió, todo en Slythering cambio para bien y ella era uno de sus capitanes y trabajaba muy duro haciendo los dos papeles (princesa y caballero).
Sus días de entrenamiento en Slythering eran de los mejores recuerdos que poseía, excepto la última batalla en la que su hermano cayó herido, pero de todas maneras, ya había decidido no pelear más, su hermano reacciono mejor que Draco y Blase, ellos no habían aceptado su renuncia y este último le dijo que necesitaba tiempo para recuperarse, no de las heridas físicas exactamente.
Ya estaba vestida y lista para una sesión de tiro, había ensillado a pegazo, su armadura bien colocada y salio del establo, cruzó la puerta de entrada, los caballeros le dieron un saludo que correspondió y salio a los terrenos, cabalgó con prisa, quería sentir el aire golpear su rostro y sentirse libre en cada trote.
Dirigió su caballo hacia su zona favorita de tiro, pero jamás pensó encontrarse con dos de los hombres de los que deseaba alejarse: Harry y Ron. ¡Demonios! Ya no podía retroceder, le habían visto y el tonto de Ronald le hizo señas para que se acercara, no podía negarse, en su papel como Silver estaba en la obligación de obedecer a los monarcas de los reinos de la Alianza, se acercó lentamente a ellos, y les hizo una reverencia a los dos, que fue correspondía, ¡ahhhhhh! Deseaba tanto golpear a Ronald y borrarle la sonrisa boba de su rostro, pero después se la cobraría….
-¿llamo usted alteza?- dijo Silver.
-¡llegas justo a tiempo!- dijo Ron divertido al ver los ojos de furia que tenia su hermana, la visera del casco ocultaba la mayor parte del rostro -¿vas de caza?-
-no, solo a una práctica de tiro antes de salir a Slythering-
-¡perfecto! Nosotros nos disponíamos a hacer lo mismo- dijo Ron emocionado bajando de su caballo, Harry hizo lo mismo –ven con nosotros, será divertido- Harry no se miraba muy contento con la compañía del caballero y definitivamente mataría a Ronald. No le quedo más remedio que bajarse también y seguirles. Entre los tres pusieron los blancos que utilizarían cada uno, los tres prepararon sus arcos, tensaron sus flechas y dispararon al mismo tiempo, dos en el blanco y uno se desvió por unos centímetros, Ronald justifico diciendo que aun no recuperaba bien el equilibrio por lo de su pierna, Silver rió de su excusa, pero continuaron así por un rato hasta que se aburrieron y decidieron hacer una competencia entre los tres, pusieron un solo blanco, e iniciaron sus disparos; Ron inició, su flecha dio en el blanco al igual que Harry, las dos flechas quedaron una al lado de la otra, era el turno de Silver, se ubicó y fijo su blanco, la flecha de ella cayó justo entre las dos anteriores, sus ojos resplandecían de felicidad al ver la cara molesta de Harry y la atónita de Ron.
-estamos parejos aun- dijo Ronald, Harry asintió y Silver solo se encogió de hombros.
-¿propone otro tipo de blanco mi señor?- dijo Silver
-que les parece ocupar ese árbol de manzanas- Harry señaló un árbol frondoso que se extendía a su izquierda –podemos elegir algunas manzanas para blanco- los otros dos estuvieron de acuerdo y se encaminaron hacia ahí. Eligieron una manzana que se encontraba en la parte más alta, una manzana roja y pequeña, la dificultad era el lugar ya que estaban en una inclinación incluyendo la posición del sol que les daba directamente en el rostro.
Iniciaron. Ron falló, la de Harry rozó la manzana y la de Silver dio en ella haciéndola caer, corrió hacia ella y se la lanzó a Ronald, sus ojos reían divertidos, se las iba a cobrar a su hermano y que mejor que venciéndole, pero no solo a él, sino también al cabezota de su prometido, ¡que buena venganza! Lástima que Harry no se daría cuenta que era ella quien le vencía, sino Silver, pero no importaba, era una maravillosa satisfacción ver sus rostros atónitos y a veces molestos.
-¡quiero la revancha!- dijo Harry.
-de acuerdo- dijo Silver –elija el blanco- y se cruzó de brazos mientras se apoyaba en el manzano, le divertía ver a Harry buscando con que vencerle, él se detuvo y miró a Ronald de manera divertida.
-Ron, ¿quieres ayudarnos?-
-¡Claro!- dijo inocentemente el pelirrojo acercándose
-¿puedes sostener esto y moverte?- Harry le lanzó una Sandía que encontró en una enredadera por donde se encontraban y el joven la tomó, su rostro mostró sorpresa.
-¿quieres que yo sea el blanco?-
-no, lo será la sandía, pero tu te moverás- Silver se separó del árbol inmediatamente y se puso frente a Harry.
-la propuesta de su alteza es muy arriesgada- miró a su hermano y vio a Harry nuevamente –si fallamos podemos lastimarle-
-¿tienes algún inconveniente Ron?- Ron miró a su hermana que levemente movía su rostro para que no aceptara, pero se había dado cuenta que ella se estaba divirtiendo con la situación y ahora se echaba para atrás, ahora era su turno de reír.
-No Harry, los dos son muy buenos…- y le sonrió a su hermana de lado –creo que tendrán cuidado- Ginny no podía creer a lo que su hermano se exponía.
-¡perfecto! ¿Silver?- Harry le miró desafiante -¿sigues o te quedas?- Ginny miró el rostro de los dos hombres que le retaban con la mirada, ¡ahhhhh hombres!.
-sigo- ella y Harry comenzaron a preparar sus arcos y flechas, Ron caminaba con la sandía moviéndola entre las manos y sobre su cabeza, la lanzaba y la recuperaba nuevamente, Harry que había preparado su arco antes, lanzó cortando un pedazo de la sandía, pero le rozó no le dio directamente, cuando Ginny terminaba de ajustar su arco, Ron seguía lazando, pero de el árbol al que el se había refugiado venia bajando una enorme araña, deslizándose por un hilo de su tela, El príncipe comenzó a balbucear…
-¡a..a…a.. ra..ña!!!!!!!-
-¡Cálmate Ron!- Harry comenzó a correr hacia el príncipe que se había quedado paralizado del susto, aunque comenzaba a retroceder y ya se había pegado al tronco del árbol. Lanzó la sandía, al aire. Cuando Harry iba hacia su amigo sintió el silbido de la flecha cruzando a su lado, Ron se deslizaba por el tronco y una flecha callo en el tronco del árbol mientras la sandía caía al suelo con otra flecha atravesada justo en medio, Harry llegó hacia Ron que tenia sus ojos abiertos y desorbitados. -¿estas bien?- pero Ron no le quitaba la mirada a Silver, Harry miró hacia el lugar donde su amigo fijaba la vista, Silver hizo una reverencia y tomó su caballo.
-¡Gracias por la práctica!- desde arriba de pegazo se acercó un poco –debo volver, espero verles pronto- inclinó su cabeza y salio a toda velocidad.
-¡vaya! Se dio por vencido- dijo Harry sonriente, que no se había dado cuenta de la sandia, Ron desvió su vista hacia la fruta para que él viera y se dio cuenta de la flecha de Silver atravesada justo en medio, el frunció el seño y lanzo un leve gruñido, luego Ron levantó la vista hacia el lugar en el que la araña estaba.
-¿Dónde está esa inmunda criatura?- dijo poniéndose en pie y sacudiéndose la ropa, pero un leve destello de una pluma gris y por donde el sol reflejaban le hizo mirar y descubrió la flecha de Silver que había dado en el tronco del árbol, justo arriba de donde antes estuvo su cabeza en ella estaba clavada una fea araña negra –Parece que hubo un ganador- Harry le vio intrigado y Ron le señaló hacia la flecha, el rostro del joven cambio molesto y comenzó a refunfuñar entre dientes, ¡ese Silver!, algún día se las cobraría y derrotados los dos príncipes regresaron al castillo.
