Nunjou

Quien quiera que estuviese llamando a la puerta dejó bien claro que no era de la casa, porque los únicos que llaman con la aldaba son los que están intimidados por el tamaño de la mansión y no ven el interruptor; y mi hermano, que es imbécil, pero como en aquel momento estaba vendándome una mano, no podía ser él.

El incidente de la mañana me había dejado cristales clavados en sitios de mi cuerpo que nunca habría creído expuestos a ningún peligro. Y luego era Ryuusei el que se quejaba…

Mientras las vibraciones que emitía la puerta retumbaban por toda la casa, James apareció esperando vernos con intención de abrir.

Pobre iluso.

-Juventud, divino tesoro… –nos dijo, a mí y a los 8 individuos que estábamos allí sentados, mientras bajaba las escaleras a toda prisa para abrir la puerta.

-Jujuju…–rió mi hermano por lo bajo.

Desde donde estábamos no podíamos ver con quién hablaba, pero la voz de James dejaba adivinar parte de la conversación.

-¿Quiénes sois? No buscaréis una limosna, ¿no? –comenzó bruscamente.

-…

-No veo que tiene eso que ver con…

-…

-¿Una chica?

-…

-¿De otro mundo? ¿Es algún tipo de broma?

-…

-Me parece que os referís a Laura.

-Anda, ¿hablan de mí? –preguntó Laura, que a su vez vendaba la mano de mi hermano.

-…

-¿Para qué?

-…

-Bueno, bueno, tampoco hace falta ponerse así, pasad… -dijo, apartándose para dejarles paso.

Estiré bien el cuello para ver entrar a dos chicos escoltando a una chica de menor estatura. Como una alarma, mi cerebro hizo click cuando me di cuenta de que los escoltas eran gemelos.

La chica, con la cara bastante demacrada y grandes ojeras parecía muy intimidada por el aspecto de la casa.

-Sentaos por ahí… -les indicó James- … si cabéis, porque desde luego, en esta casa son todos una panda de VAGOS.

-Bueno, bueno, tranquilo, ¿eh? –comentaron Jake y compañía mientras se marchaban dejando los sofás libres.

Deimos

La estancia estaba tan llena de gente que me extrañó que tuvieran sitio para sentarse.

Los lugares que ocupaban parecían estar dispuestos desde siempre, porque no había nadie fuera de lugar, la sensación que transmitía la habitación era de equilibrio absoluto.

Aunque eso no hacía que todas esas miradas clavadas en nosotros fueran menos intimidantes.

Seguimos con la mirada al grupo que se puso en pie y salió de la habitación hablando en voz baja, mientras que el hombre que nos había abierto la puerta murmuró algo así como "… imbéciles… no hay que pueda con ellos…" y cerró la puerta con fuerza a nuestras espaldas.

Me volví hacia Fobos, que miraba extrañado a los dos chicos llenos de cortes que acompañaban a la tal Laura.

¿Gemelos?

¿Era una especie de broma?

Dos chicas de otro mundo. Dos pares de gemelos.

Una parte de mí necesitaba desesperadamente que alguien nos dijera que era sólo una coincidencia.

Carraspeé, pero fue mi hermano el que habló.

-Buenaaaas….

Meru le dirigió una mirada de reproche. Sólo le faltaba decir que esa no era forma de comportarse en un sitio tan lujoso.

Uno de los gemelos, que tenía los ojos de un curioso color morado, suspiró.

-¿Queréis algo o es solo por molestar?

Está claro que no hay como pedir para que te den.

Y a mi hermano eso le encanta.

-En un principio era sólo por molestar, pero después de esta agradable bienvenida creo que nos inventaremos alguna excusa – comentó.

-Lo que el idiota quiere decir es que traemos alguien que quizá os interese – rematé.

Meru cambiaba el peso de una pierna a la otra sin darse cuenta. No sabía muchas cosas de su mundo, de hecho, solo las que ella me había contado, pero estaba seguro de que tanto ella como Laura tenían algo en común.

-¿Es por mí? – preguntó Laura con calma y los ojos muy abiertos.

-En parte sí – musitó Meru – Por las dos.

Se miraron, como si escondieran algo que los demás no sabíamos. Fue un momento extraño, pero duró apenas unos segundos…