Disclaimer: Grojband no es de mi propiedad, sólo la historia. Grojband y su personajes son creaciones de sus respectivos dueños.
¡Hola! ¡Bienvenidos! -3-
23.- ¿Quieres volver a casa? (Final. Atentos al prologo mañana)
Su corazón se achicó.
Su respiración desapareció.
Su saliva escaeció.
Su estómago dejó de existir.
-¿E-eh?- El que habló fue Corey asustado y nervioso como nunca antes. La muchacha no hablaba, no parpadeaba, sólo veía a un horizonte imaginario sin moverse.
-Laney, ¿quieres volver a casa?- Miró al profesor atónita y sus labios se movieron nerviosos, pero jamás articularon palabra. El profesor sonrió nervioso y con algo de gracia y siguió tecleando.
En ese período de tiempo, las miradas se centraron en Laney. Corey se puso a su altura.
-Lanes, Lanes… Escúchame.- Pidió pero ella no se movió, la tomó de los hombros e hizo que lo viera. Era una decisión muy importante y él lo sabía pero tenía que impedirlo. Diablos, la necesitaba.- Lanes, te lo ruego. No te vayas.- Titubeó tomándola de la mejilla. Ella lo miró seriamente y sin expresión alguna. Corey comenzó a temblar, tenía tanto miedo…
-Y-yo…- Eso fue lo único que articuló.
El profesor presionó fuertemente una tecla y creó un gran eco que hizo voltear a los 5.
-Admiren…- Pronunció
En ese círculo comenzó a verse imágenes que hicieron que la pupila de la chica se dilatara.
Era su vida.
Desde su nacimiento.
Era ella.
(…)
-¡Mírala, es hermosa!-Admiró la orgullosa madre en la sala de estar que tanto conocían Corey y Laney. Ella llevaba en brazos a un hermosa recién nacida y a un lado se encontraba una curiosa niña de 4 años viendo a la pequeña criatura. Frente a ella se encontraba un hombre grabando con una sonrisa de oreja a oreja, pero ellos no veían la grabación. Veían la escena cómo si fueran otro integrante de esa familia.
-¡Ya lo veo, cariño!- Contestó el hombre
Los adolescentes veían confundidos, a excepción de una de ellas.
-M-mamá.- Tartamudeó. Los adolescente la vieron expectantes y ella siguió viendo la pantalla mientras lágrimas salían de sus ojos.
Corey maldijo. La estaba convenciendo. Se sentía una mala persona, él quería que ella fuera feliz, pero la necesitaba a su lado.
-¡Laney, ponte el suéter!-Gritó su madre
-¡No quiero!- Una pequeña Laney de 4 años estaba cruzada de brazos con unas tiernas mejillas rojas del frío.
Laney soltó una pequeña risita mientras se secaba las lágrimas de nuevo.
La siguiente imagen fue la de una Laney de 7 años y otra pelirroja más grande de 11 años que tallaban sus iniciales en las escaleras.
Después las imágenes pasaron cada vez más rápido; Sus cumpleaños, su graduación, ella jugando con su padre, eran algunos recuerdos que revivían a la velocidad de la luz frente a sus ojos. O eso hasta que paró en uno.
Era el día del lago.
Corey había leído la historia, y cuando vio que ella y su hermana se acercaron a la barbacoa cerró los ojos y tomó la mano de Laney, apretándola. Dándole apoyo. El sonido de las risas familiares y el viento de verano se detuvieron, algo que lo hizo abrir los ojos. La imagen estaba completamente pausada, justo dónde sabía que las camionetas irían por ella.
-¿Por qué está pausado?- Preguntó Laney débilmente, asustada de volver a repetir lo que seguía.
-Porque usted puede cambiarlo todo, señorita Penn.- Le contestó girando para verla. Los ojos de la chica mostraron miles de sentimientos en ese momento, era tan intenso lo que se sentía que más de un par de ojos se humedecieron.- Puede volver y ese día seguirá normal. Su vida seguirá desde ahí.-
-O-oh.- Esa fue su única reacción. Se escuchó un pequeño sollozo y Corey volteó para toparse a Carrie llorando, y a los otros dos reteniendo las lágrimas. Al verlos no se imaginó cómo debía estar él. Cómo un tonto, claro está.
-Lanes… No t-te vayas… Te lo ruego.- Ella no se inmutaba y sólo seguía viendo a aquel horizonte inexistente.
-Señor Riffin, déjela. Ella decidirá.-
-¡Cállese! ¡Usted no sabe cuánto la necesito!-
-No la recordará.- Un silencio aún más sepulcral inundó el lugar.
-¿Q-qué?- Laney fue la que rompió el silencio, por lo que Corey la miró alarmado. ¡No podía irse! ¡Por favor que no se fuera! Pensó él.
-No la recordará, la olvidaran en cuestión de días.-
-¡Eso es mentira! ¡Yo jamás te olvidaría!-
-¡Usted no entiende, señor Riffin!- Le regañó.- La señorita Penn no existirá en esta época, o por lo menos no como adolescente.- La chica bajó la mirada y llevó sus manos a la cabeza, estaba temblando y Corey lo sentía. Estaba bajo demasiada presión. El maestro la vio tristemente y se acercó a ella, poniéndose a su altura. Para él era una decisión muy fácil, pues él no tuvo ninguna relación que valiera la pena, ni si quiera un relación amistosa.- Señorita Penn, debe de entender; Esto no es más que un amor adolescente.- Corey arrugó al frente y apretó sus manos en un puño.- Es posible que en unos meses todo esto desaparezca, mientras su familia se desgarró y usted lo sabe. Su familia pasó por horribles momentos.-
Corey le mandó una mirada de odio puro pero él la ignoró.
-¡No, Laney! ¡Y-yo te juro quererte siempre y protegerte! ¡Y-y estaré a tu lado! ¡Y-y...!- Estaba tan nervioso que ya no sabía que decir, sólo quería impedir que se fuera.
-¡Y-yo no sé qué hacer!- Y por fin rompió en un llanto desgarrador. Ese llanto creó otros 4 llantos iguales, todos estaban desesperados y confundidos pero nada de lo que ellos sentían se igualaba a lo que sentía la pelirroja.
Era una decisión tan difícil de la cuál pronto podría arrepentirse; Sus amigos o su familia. El amor de su vida o buscar otro. Volver con su vieja familia o quedarse con la nueva. Todo era tan complicado. Miró a Corey desesperadamente y lo vio llorando a mares, atrás de él sus otros tres amigos estaban igual. Tenía miedo.
Recordó las palabras de su profesor ¿Nadie la recordaría? ¿Quería desaparecer completamente de sus recuerdos? No sufrirían si ella se fuera. Y creyó tener la respuesta.
-Y-yo creo que… es hora de volver…- Todos los llantos pararon en seco, la pelirroja temía la reacción pero no hubo ninguna más que esa. El profesor la ayudó a levantarse y ella se levantó tambaleante.
-No…- Escuchó murmurar. Sabía de dónde venía esa voz y su corazón se partió en dos, pero tenía que seguir. Tenía que hacerlo.- ¡No! ¡No! ¡NO!- gritó estruendosamente. El peli-azul se levantó rápidamente y corrió hacia ella hasta que la alcanzó y la abrazó por detrás. Lloró en su nuca cómo jamás lo había hecho y apretó el abrazo cada vez más.
-Riffin…- Murmuró Carrie para sí misma. La reacción del chico fue algo inesperada, y hasta ella sentía el corazón hecho polvo al ver la escena. Limpió unas cuantas lágrimas y miró a sus otros dos acompañantes. Ellos también veían la escena impotentes y sabía que él no era el único que quería evitar que se fuera. Golpeó un poco a su amigo pelirrojo y él la miró sonrojado por el llanto, limpió sus lágrimas pero seguían fluyendo sin permiso.- Tenemos que evitarlo…- Le susurró.
-Corey… Por favor, suéltame.- Pidió la pelirroja tratando de avanzar, qué claramente el peli-azul evitaba esa acción. Ella lloraba igual pero sólo seguía pensando en su familia, y que su recuerdo era pasajero, eso la consolaba.
-¡No! ¡NO, NO, NO!- Se negó. La abrazó mucho más fuerte destrozando el corazón de Laney una vez más, Corey sintió las lágrimas de su amada en su agarre y él se escondió un poco más, tratando de dejar de llorar pero sin soltarla. No daba resultado pues sus quejidos de llanto aún se escuchaban.- Te lo ruego…-
-Señor Riffin, aléjese.- El profesor se acercó y lo empujó alejándolo. Lo sostuvo entre sus brazos mientras él pataleaba y rogaba que se detuviera.- ¡Rápido, señorita Penn! ¡Sólo debe entrar y llegará a un extraño lugar morado, ahí la veré yo y la ayudaré!- Le indicó.
-¡NO! ¡Laney, retrocede, te lo ruego!-
Ella veía aquella imagen consciente de las suplicas y quejidos. Sabía que cuando pasara a aquel lugar, no habría vuelta atrás. Se dio media vuelta y los miró de nuevo; Sus tres amigos observando sin decir nada, sólo llorando en silencio, y el amor de su vida luchando para no dejarla. Sólo sería un momento. Sólo eso.
-Los amo, chicos.- Así se despidió. Volvió a dar media vuelta y estuvo a punto de adentrarse a aquella imagen.
-¡Espera!- Gritó Lenny. Ella se detuvo y se giró.- ¡No, no te vayas!-
-Lenny yo…-
-¡Has cambiado nuestras vidas, Laney!- Dijo ahora Kin por lo que todos los ojos pasaron a él. Vázquez veía sin entender que pasaba y Corey los veía con los ojos hinchados, y casi derrotado.
-Pero chicos…-
-¡Así es!- Agregó Carrie, algo sorprendente para la pareja.
-¡Laney, gracias a ti sé qué hacer con tú-ya-sabes-qué!- gritó Lenny a la vez que hizo una graciosa seña con los ojos hacia Carrie y ella sonrió triste.
-¡Y yo volví a amar la música después de lo que hizo este idiota!- Añadió Kin apuntando a Lenny. El muchacho lo vio con una mala cara y Laney volvió a sonreír con nostalgia.
-Chicos yo necesito volver…-
-¡No!- Gritó Carrie. La chica la vio sorprendida ¿Qué pudo haber hecho por ella? Ella la odiaba si no mal recordaba.- ¡Si tú te vas yo no me daré cuenta!- Le recriminó Carrie estruendosamente cerrando los ojos con algunas lágrimas. La chica se notaba muy confundida y los demás presentes igual, no tenían idea de qué hablaba.
-¿Eh?-
-¡No me daría cuenta que me gusta Lenny!- Completó. Momentos desesperados ameritan soluciones desesperadas. Pensó Carrie al completar la frase.
Si la cara de la chica era digna de una fotografía, la del pelirrojo era para toda una galería de arte. Tan roja, con los ojos tan brillantes y aún más emocionado. Miró con ilusión a la peli-azul y ella desvió la mirada. Ese momento era uno de los que jamás olvidara…
Al menos que… Claro… Todo esto lo olvidarían.
La sonrisa que ese par había creado en Laney despareció y trató de volver a apegarse a la realidad. Suspiró y los miró para después sonreír tristemente. De algo estaba segura, ella jamás los olvidaría. Al momento de esto volvió a girar sin antes agradecerles por todo, volviendo a crear miradas vacías en todos. Al parecer no había funcionado. Corey la conocía y sabía que estaba a punto de quedarse, sólo necesitaba un empujoncito y él estaba dispuesto a eso.
Empujó con la mayor fuerza que pudo a Vázquez y él retrocedió por inercia. Al estar libre y ver como Laney se alejaba lista para volver él la tomó de la muñeca e hizo que lo viera.
-Tú me has cambiado la vida.- Le dijo de la manera más tranquilizadora y cariñosa que pudo, asegurándose que sus ojos lo dijeran todo.- Te adoro y te necesito aquí, conmigo.- La abrazó de nuevo, consiente que si no funcionaba, sería el último abrazo. Laney apoyó su mentón en su codo y toda la valentía que había adquirido para abandonar el lugar se fue al retrete, volvió a llorar y después vio a sus otros tres amigos.
Ella había creado recuerdos.
Ella había causado todo eso. Por ella Lenny por fin era feliz.
Ella había repercutido tanto, que le sorprendía.
¿Era egoísta irse? No, no lo era.
¿Quería irse? No, no quería.
Su familia sufriría y eso ella lo sabía, estaba consciente del daño que iba a causar y sabía que eso la perseguiría para siempre. Las risas con su hermana, su madre, su padre. Todo eso eran recuerdos, pero no quería cambiarlos. Ahora tenía una nueva familia, hasta a Carrie la quería ¡Y qué decir de Corey! Seguía sin estar segura de nada. Pero de algo estaba en verdad segura: A la vez que iba a causar un inmenso daño, iba a crear una inmensa felicidad en otros individuos, pero...
"Pero"
Había tantos "peros" que no quería seguir pensando, sólo quería que todo acabara e ir a dormir para que al siguiente día almorzara con la familia Riffin y estuviera con Corey todo lo que restara del día. ¿Eso era lo que quería? Sí, eso quería.
(…)
-¿Vendrá, señorita Penn?- El maestro ya estaba harto de tanto drama adolescente y ahora le extendía la mano para que subiera, mientras que Corey ya la había soltado, completamente resignado. Él sólo quería volver con su amada novia. 30 largos años esperando ese momento.
-Yo, la verdad creo…-
Unos estruendosos ruidos de unos pasos fuertes y precipitados se escucharon alarmando a los 6 presentes, y más al más viejo de ellos que cambió su expresión cansada a una de apuro.
-¡Es la policía!- Avisó Carrie
-¿Qué?-
-¡Konnie me mandó un mensaje diciendo que cuando vieron en dónde estábamos, fueron por la policía!- Agregó
-¡Por eso estaban evacuando!- Dijo Corey apurado
-¡No me digas, idiota!- Le contestó con sarcasmo.- ¡Tienen que irse ya!-
-¡Vamos señorita Penn, tiene que subir!- Escuchó de nuevo una puerta derribándose, avisando que estaban cerca. La expresión de Laney volvió a pasar a una no tan decidida ¡Era muy importante la decisión ¿Ok?!
-Yo no iré profesor.- Le comunicó. Las miradas extrañadas de todos los presentes no se hicieron esperar.
-¿Está segura?- Preguntó apurado, pues los estruendosos pasos se acercaban cada vez más.
-Pues… yo…-
-¡Ya lo dijo, hasta luego!- Afirmó Corey de mala gana.
El maestro los vio y sonrió, eran sus últimos momentos en esa realidad, y aunque sabía que en algunas semanas lo olvidarían les debía todo. Los chicos vieron su sonrisa y sus ojos; Tan ilusionados y emocionados que les era difícil creer lo que venían de la misma persona, aquella que tantas veces la vieron como una mala persona. Qué equivocados estaban. Los jóvenes le sonrieron de la misma manera. El maestro dio unas breves instrucciones de qué poner en el panel que consistía en: La fecha, nombre de la persona y por último el número de experimento, en su caso, el 102.
La pantalla mostró una casa algo humilde, la sala de estar para ser exactos, y una pareja conformada por un joven Aldo de 31 años y una hermosa muchacha rubia que rondaba por la misma edad; Ellos se encontraban viendo algunos folletos que mostraban cosas de recién nacidos y pronto, la pantalla se pausó. Los chicos comprendieron que fue en ese momento dónde todo cambió para él. El profesor miró la imagen y suspiró con felicidad y orgullo.
-Vuelvo a casa, Charlotte.- Murmuró y después volteó de nuevo a los jóvenes.- Gracias por todo, chicos.-
-Al contrario.- Se despidió Corey
-Talvez nos veamos luego…- Ellos sonrieron, eso del tiempo era extraño.- Volveré a ser feliz, gracias a ustedes. No los olvidaré.-
-¡Adiós, profesor!- Él rió entre dientes cuando escuchó el coro.
-Por cierto, siento tratar de emparejarlos. Señor Nepp. Señorita Penn. Ordenes son ordenes.- Bromeó.
-¿¡E-eh!?- Habló Corey. ¡Lo sabía! ¡Él lo sabía! ¡Pero no... Lo qué pasaba era que se estaba volviendo loco! ¡Pff! Lo sabía... Carrie golpeó al joven en la cabeza y él la miró mal.
-Shh... Es un momento serio.- Le regañó. Él sólo la arremedó de mala gana y se puso firme. Era cierto. El maestro sonrió y por un momento quiso reír. En verdad lo extrañaría.
Por fin él volvería a casa; Puso un pie en el lugar y percibió el aroma que tanto extrañaba, aquel aroma hogareño unido con el perfume de su amada. Le quedaba un buen camino por delante, pues no era cuestión de sólo traspasar el lugar, no. Tenía que pasar por varios lugares que la mente humana apenas y podía imaginar, algo demasiado complicada que ni él llegaba a entenderlo del todo. Los creadores de todo ese lugar, de todos esos secuestros y de esa máquina, eran unos locos que se perdieron tanto en su propia locura, que crearon algo imposible y que jamás podría ser igualado. Y justo cuando esas fuertes pisadas abrieron la puerta de esa habitación, él desapareció en el infinito. Llevándose un sinfín de chispazos provenientes de la máquina con él, claramente descompuesta.
Los jóvenes ignoraron a aquel uniformado prominente que tenía una clara confusión, y sólo siguieron viendo esa máquina ahora humeante con la frente en alto y claramente orgullos y felices por su mentor. Le desearon toda la suerte del mundo y giraron casi al unísono encarando al hombre que ahora mismo lo miraba desorientado.
-¡Los hemos buscado por todos lados!- Gritó un rescatista detrás del hombre que seguía sin entender que habían sido esos chispazos. El hombre dejó de encorvarse y los miró.
-Recibimos una llamada del 911 informándonos de un secuestro, al llegar aquí nos hemos dado cuenta que era cierto y no se preocupen, todos los involucrados han sido capturados.- Ellos sonrieron mientras escuchaban como más gente se aproximaba, por suerte, esa estresante grabación y la luz ya habían sido apagadas.- Encontramos a la señorita Melissa Méndez y al señor Erik Carrillo amordazados en una pequeña habitación ¿Tienen algo que ver con eso?- Los chicos sonrieron cómplices y el oficial rió casi a carcajadas mientras el equipo médico entraba.- ¡Me alegro que la juventud se sepa defender!-
Los jóvenes rieron nerviosos mientras eran examinados de pies a cabezas por los médicos.
-Por cierto, ¿ustedes saben algo acerca de "Aldo Vázquez"? Sus amigos lo reportaron pero no lo encontramos por ningún lado.- Preguntó. El grupo de amigos se vieron entre sí y se sonrieron.
-Ni idea.- Mintió Corey
-Debió de haber sido un error de ellos…- Completó Laney. El hombre los vio y volvió a sonreír convencido.
-¡Me alegro de eso!- Síp, este hombre era una persona muy extraña.
¿Ahí estaría feliz? Sólo el tiempo lo diría.
Pero, ver las repercusiones que ella había creado era maravilloso, después de todo el siglo 21 era el mejor lugar para vivir ¿no?
¿Quién más podría tener esa oportunidad tan buena? Empezar tu vida literalmente desde cero.
Pero ella era demasiado joven. ¡Pues esa fue su decisión! Ya no podía hacer nada.
Y así quería estar.
Ahora estaría para siempre feliz y a salvo
-¡Por cierto, chicos! Sus padres están afuera muy preocupados y enojados… Buena suerte.- El oficial volvió a reír a carcajadas y algunos adultos también rieron entre dientes, deseándole suerte mentalmente.
Los chicos se vieron entre sí completamente aterrados. Estaban muertos.
Bueno, tal vez no completamente a salvo.
(...)
¡Tantanta! ¡Qué boñitoooo! ¿Les gustó? ¡A mí me encantó!
Llegamos al final, bueno, subiré mañana ¡Sin falta! (Espero:v) el prologo.
Bueno, esperen a mañana ¡Y dejen review! Es el penúltimo capítulo:c! Por cierto, si alguien no entendió algo póngamelo en la review. Pensé en hacer algo así como un "capítulo" explicando las asociaciones y cosas así. Lo que no se entendió más que nada :v
Por cierto, mañana superaremos a Apocalipsis en palabras. Y también en calidad ¿A quien engaño? :v Debo decir que estoy orgullosa. Me encantó. Pero bueno, mañana me pongo sentimental.
Sin más, me despido. Estén atentos a mañana:).
