Disclaimer: Grojband no es de mi propiedad, sólo la historia. Grojband y su personajes son creaciones de sus respectivos dueños.

¡Hola! ¡Bienvenidos! -3-

Epílogo:

Debían admitir que al salir más de uno quedó ciego por los miles de flashes de cámaras que los atacaron. La cara de la mayoría de los presentes era de enorme preocupación, pero este tipo de expresión se creó en la cara de los 4 adolescentes al ver a sus padres y madres parados ahí, viéndolos con una cara de alivio extremo. Pues sí, sus hijos habían sido "secuestrados" después de todo. Tras miles de abrazos, besos y llantos de alivio vino la tormenta, para su suerte lejos de ese lugar, ya por fin en casa.

¡Ese tipo de cosas déjensela a los adultos!

Esa era la frase que más repetía la señora Riffin después de la basta explicación de Corey. A nadie le contaron la verdad, ninguno de los cuatro la contó, sólo a sus otros 3 amigos que no habían estado presentes. Además de que no les creerían, para todos, su querida profesora, había tenido un ataque de ansiedad y se había vuelto loca. Nada más.

Como siempre, más gente alzó la voz diciendo que no creían que eso fuera verdad, ¡Y vamos! Casi 30 personas habían sido arrestadas ¿qué acaso todas habían sufrido de ataques de ansiedad y después se habían puesta de acuerdo? Pues no. Pero, la noticia oficial y pública era eso; El secuestro. Sobre el chico que habían capturado, el gobierno lo desapareció.

Pues sí, ellos sabían todo y los dejaban existir. Sólo eran uno de un millón ¿no? Pues esa era la mentalidad del gobierno. Los chicos al darse cuenta les dio un ataque de irá, pero ¿Qué podían hacer? Laney estaba ahí y eso les bastaba.

Tuvieron tres días de descanso por el "shock" del "secuestro" y eso lo aprovechó Laney para volver a dónde todo empezó, y con toda la valentía del mundo abrió la mayoría de los contenedores, hasta en dónde ella despertó. Cómo imaginaba, todo desaparecido.

Le causaba un poco de gracia todo eso, ¿algo tan grande cómo eso sería escondido? Pues sí, así era el mundo, así funcionaba y así seguiría funcionando.

Por lo menos, el mismo gobierno se había encargado de todo sobre ella. Ella era completamente una ciudadana que- Para los ojos de la ley- había nacido en el año de 1999. Ella jamás había existido antes de esa época. Había sido hija única y sus padres murieron. Conservó su apellido y había conseguido asiló en la casa Riffin por encargó de sus difuntos padres, diciendo que eran amigos cercanos. Su silencio era comprado con una suma de dinero que sería entregada a ella hasta su muerte, y no era una suma pequeña. A los padres de Corey jamás se les explicó nada de eso, para ellos todo siguió como siempre exceptuando la suma de dinero que se les era entregada a ellos hasta que Laney cumpliera la mayoría de edad que le era entregada alegando que fue por el secuestro y que a los demás no les era entregada porque ellos habían entrado por voluntad propia. Sus padres parecieron indignados pero al ver la suma no se quejaron. Su acta de nacimiento existía en cada computadora del gobierno, por lo que nunca más tuvo que preocuparse por su registro ni nada parecido.

3 meses habían pasado ya desde ese día. Aún recordaban los primeros días que fueron a la escuela, muchos de su aula los veían con odio, ahí la maestra Méndez era amada, y parecía que ya se les había olvidado como reaccionó la última vez que la vieron. Pero claro, la gente inteligente los veían cómo héroes e igual para los de otros salones, ellos habían visto la verdadera cara de Méndez.

Sobre Vázquez: La misma gente que los miraba con odio (mismos que ignoraban como si no existieran) lo olvidaron desde que llegaron. Los más lentos de mente, vamos. Las personas que eran un poco más inteligentes, preguntaban por él la primera semana y su desaparición no había pasado desapercibida por los adultos, pero una semana después del regreso de los chicos fue olvidado. Un mes después había sido olvidado por todos los restantes – Los 8 adolescentes involucrados – Excepto por Laney y Corey. Para ambos era extraño, y cada vez que lo mencionaban se burlaban de ellos como si no hubiera un mañana.

¡Pero si nosotros jamás hemos tenido un maestro así!

Decían. Claro que recordaban todo por lo que habían pasado, pero no recordaban a aquel sujeto; Lenny decía que había sido una persona que desapareció, Carrie que un fantasma o un extraterrestre y Kin que él había sido el genio de todo, y que ese tal Vázquez jamás existió.

Hablando de ese… incidente: Digamos que después de la confesión de Carrie, fue cuestión de un mes para que se hicieran una pareja oficial, eso no pasó desapercibido por nadie ¡Ya por fin! Realmente, después de que Laney y Corey se hicieron pareja, sólo faltaban ellos. Más de una banca pintada con marcador fue encontrada que decía con mayúsculas: ¡Viva Larrie!

Síp. Locos sin remedio.

Ahora nada más eran recuerdos graciosos:

"cómo gritaste, Carrie"

"Miren como lloro"

"Lo que hizo este idiota"

Todos se imitaban los unos a los otros. Y sí, ahora causaba mucha gracia, y a nadie le molestaba. Sus vidas se habían vuelto mucho mejores desde ese día, ¿y qué mejor que recordarlo con gracia?

Ahora ya habían salido de la escuela y nuestros dos protagonistas iban caminando por el parque hablando de cosas al azar.

-¡Aldo, dame eso!- Se escuchó el grito de una mujer. Ellos dos pararon en seco y buscaron de dónde venía ese sonido. Recordarían ese nombre donde fuera.

-¡Oblígame!- Gritó otra voz más grave, se notaba que era de una persona mayor que ella, pero no tanto

-¡Papá!- Gritaron los dos al unísono. Los chicos ya los habían localizado y ahora podían verlos.

La chica era una joven de 30 o 29 años, rubia, y luchaba por un chupón de bebé con un hombre que rondaba por los 40 años que era pelinegro, ambos supusieron que eran hermanos. Los dos adultos veían hacia el lado contrario de ellos, dónde había una banca y de ahí provenía una risa algo ronca, de un hombre mucho mayor. Giraron su rostro y quedaron completamente sorprendidos. Justo ahí estaba un maestro Vázquez de 61 años. Se le notaba feliz y sus ojos tenían más vida que nunca, estaba tan feliz y estaba disfrutando de la vida. Su mano era tomada por un niño d años y frente de él había una carriola con un bebé de no más de 1 año. Su cabello era casi completamente blanco y se veía como el típico anciano que no se arrepentía de nada en su vida, y que claro, había alcanzado todas sus metas.

-Aldo, dale el juguete a tu hermana.-

-¡Pero papá!-

-Nada de peros. Tienes 37 años, compórtate como un adulto.- Bromeó el más viejo, Aldo pareció ofendido y se cruzó de brazos poniendo los labios en forma de puchero.

-No quiero.- Dijo en la misma posición, como la de un niño de seis años al que le pedían que recogiera sus juguetes

-¡Ya lo escuchaste, dámelo!- Aldo miró de mala manera a su hermana que lo veía con los brazos como jarra. Refunfuñó un par de cosas y le entregó el chupón azul por el que peleaban. Su hermana a continuación le sacó la lengua.

-¿¡Viste lo que hizo!? ¡Y a mí me dices que madure!-

-Pues no tienes por qué meterte con mi niña, Aldo.- Le regañó su hermana, acercándose a la carriola.

-¡Yo sólo trató de ayudarte, Claudia!- Confrontó el pelinegro.- ¡Te lo digo en serio, yo le compré un chupón amarillo a Joshua y ahora es su color favorito! ¿Verdad que sí, enano?- El niño castaño miró a su abuelo y él lo miró con una sonrisa, el niño miró a su padre y pronunció un "sí" completamente inocente, inconsciente de la guerra que acababa de iniciar.- ¿¡Ves!? ¿¡En serio crees que a Sara le gustará que el color azul sea su favorito!?-

-Eh… Sí.- Afirmó como si eso no importara, tono que hizo que su hermano pusiera su mano en su pecho.

-¡Es un color tan común, Clau! ¡Qué sea original!- Le reclamó

-El amarillo no es original.- Confrontó mimando a su hija aún en la carriola.

-No sabes lo que dices…- Murmuró su hermano altamente ofendido

-¡A ver! ¡Ya basta! Tienen 37 y 30 años ¿Pueden comportarse cómo adultos?- Les preguntó al notar la pelea de miradas que tenían los dos hermanos, ellos vieron a su padre y luego se vieron entre sí.

-No.- Contestaron al unísono y comenzaron a golpearse en el brazo como si fueran niños, incrementando la fuerza en cada golpe.

-¿Qué voy a hacer con ellos, Joshua?- Le preguntó en tono de broma a su nieto de 7 años, él lo miró confundido y siguió viendo con una sonrisa de oreja a oreja como su tía y su padre se miraba con un odio fingido.

Una mujer que rondaba por la misma edad que su antiguo profesor se acercó con un helado de vainilla, uno de fresa y uno de chocolate. La señora le entregó el de vainilla al profesor y el de chocolate al niño, después tomó la mano de Vázquez notablemente enamorada.

-Gracias, abue.- Agradeció el niño, interrumpiendo la pelea de los dos hermanos.

-¿Y el mío, mamá?- Preguntaron al unísono

-¡Por favor! Sus gritos se escuchaban hasta la heladería, además soy una pobre anciana de 60 años, compréndanme.- Los miró con falsa pena y se sentó en la banca junto a su esposo mientras veía como su nieto devoraba el helado. Sus dos hijos se cruzaron de brazos.- ¡Sí quieren uno vayan ustedes, mal agradecidos!- Les recriminó ellos se miraron entre sí y bufaron.

-¿A quién le toca pagar?- Preguntó la rubia

-A mí.- Contestó de mala gana. Comenzaron su travesía a través del parque no sin antes refunfuñar.

-Es una anciana cuando le conviene, pero bien que sólo digo "voy a comprar algo al centro comercial" y ella está ya de "yo quiero, yo quiero"- Se quejó el mayor imitando la voz de su madre, tono que hizo que tanto su hermana como los dos jóvenes rieran. Su madre lo vio indignada y se paró de la banca como un rayo.

-¿¡Qué dijiste!?- Le gritó, haciendo que el pelinegro se encogiera en su lugar

-¡Qué te amo, mami!- Le contestó mientras su hijo reía a carcajadas cuál niño.- Sigue riendo, enano, que después no te compraré helado.-

-¡Ah, no! ¡Ni se te ocurra amenazarle!- Le amenazó (Valga la redundancia) su madre. Él la miró con temor y desvió la vista al niño que reía sin parar mientras se tomaba del estómago con sus manos llenas de nieve de chocolate derretido.

-¡Mañana te compro una heladería!- Le avisó a su hijo que siguió riendo.

-¡Mira cómo te has quedado!- Le regañó su tía.- Ven, anda, te llevaré a lavarte.-

-Pero… El helado…- Recordó su hermano.

-Oh, sí. Quiero de napolitano.- Le dijo su hermana. Él refunfuñó enojado al ver como ella sólo se movía unos pasos hasta un bebedero y mojaba una que otra toallita para limpiar a su sobrino, mientras que él tenía que cruzar todo el parque andando. Miró de nuevo a su madre que lo miró enojada y él sólo suspiró y se puso en marcha.

Eso era suficiente para los dos jóvenes. Sintieron una felicidad inmensa cuando lo vieron partir a su hogar, y ahora se habían asegurado que todo había salido bien y que tenía una hermosa familia de la cual enorgullecerse. Se miraron y se sonrieron entre sí, diciéndose sin palabras que era hora de irse.

Salieron de su "escondite" y siguieron caminando. Pasaron justo enfrente de él para poder observar bien a la bebé ¿Qué? No podían irse sin verla disimuladamente. Por desgracias el "disimulo" no estaba en el diccionario del peli-azul, cosa por la cual Claudia los miraba extrañados.

-Una hermosa bebé, ¿No creen?- Les preguntó el profesor al notar la mirada de su hija. Eso lo había dicho de tanta sorpresa que ni su esposa ni su hija lo esperaron, menos ellos. Temieron durante unos segundos en contestar. Quién sabe; Talvez podrían crear una brecha en el espacio-tiempo y destruir el universo.

-Muy hermosa.- Contestó Laney al notar lo raro que se veían.

-Sí… Diles cómo se llama, Clau.- Pidió el profesor. Ella miró a su padre y dejó de limpiar a su sobrino, acto seguido se acercó a los dos adolescentes con la frente en alto, lista para presumir a su hija.

-Esta nena de aquí se llama: Sara Laney Vázquez.- Los ojos de la pelirroja brillaron de una manera indescriptibles, mientras que el peli-azul esbozaba una sonrisa boba. Laney miró al profesor y sonrió cómplice mientras le guiñaba un ojo a la chica.

-Yo lo he elegido.- Apuntó.

-Pues es un hermoso nombre.- Dijo Corey con una sonrisa jovial, mientras que Laney sonrojaba.

-Lo sé…- Aseguró su antiguo profesor sonriendo con gracia.

-Bueno, una hermosa familia de la cual presumir.- Comenzó Corey viendo a la señora que sonreía con orgullo.- Hasta luego.- Se despidió. Tomó la mano de la alagada Laney y comenzó a tirarla.

En un momento dado, el hijo mayor de su profesor pasó por enfrente suya con 2 helado y para pasar entre los dos adolescente sin romper su agarre de manos puso los dos helados arriba y dio una graciosa vuelta, esquivándolos por completo. Laney se detuvo un momento mientras Corey seguía caminando y cuando se dio cuenta se volteó y la miró confundido. La chica dio media vuelta en su lugar y dijo en voz alta:

-¡Hasta luego, profesor!- Se despidió. Corey la vio aún más confundido y luego se encogió de hombros.- ¿Qué? No quiero irme sin que sepa que lo recordamos…- Le murmuró a su novio. Él sólo la miró con media sonrisa y la abrazó por los hombros para seguir su camino, no sin antes darle un afectuoso beso en la mejilla.

La familia miró a la pareja con caras confundidas, excepto por uno que miraba con una sonrisa de par en par. Los dos hermanos empezaron a murmurar entre sí cosas como: "¿Profesor? ¿Los conoces?" y un largo etcétera. Mientras que su esposa lo miró, aún sentada en la banca igual que él, con ojos de "¿Qué ocultas?" El viejo profesor pasó su brazo por los hombros de su esposa y la acercó a él para darle un beso.

-¿A quién te recuerdan, Charlotte?- La mujer rió sabiendo que se refería a ellos dos.

-A dos tontos enamorados.- Contestó con una sonrisa cómplice. El maestro la vio con las cejas levantadas y después sonrió. El hombre ya algo anciano se acercó a su esposa y le dio un beso en la boca, por lo que las caras de asco del pequeño niño y los dos adultos no se hicieron esperar, cosa que creó una risa en la pareja.

Pasaron los meses y estos se convirtieron en años. Ya se podían considerar adultos para la sociedad, pero los más cercanos sabían que los 8 seguían siendo unos inmaduros y algo tontos, pero no tenían problema con aquello. Ninguno de los 8. Los dos jóvenes volvieron a saber de Vázquez pues al terminar la universidad, pasaban por el parque y veían al ahora anciano de 80 años con una niña de 10 y un joven de 17. Se hicieron amigos del joven y les agradaba la niña, sus hijos ya adultos y su esposa también los habían conocido y se podría decir que les tenían confianza, al punto donde eran invitados en cumpleaños o fechas importantes. Se hicieron amigos íntimos de la familia. Y sí, los dos hermanos seguían comportándose como dos niños.

Por desgracia, el tiempo pasa y todo llega a su fin. La vida humana está en esa lista. Debían admitir que estuvieron más de 8 horas en el funeral de Charlotte, consolando al maestro y a sus hijos. Eran amigos cercanos de la familia, y ya eran unos adultos jóvenes de 28 años. Y unos meses después podían asegurar que habían estado más de 15 horas consolándose entre sí en la capilla durante el funeral de Aldo Vázquez.

Aún podían recordar dos años antes como bailaba alegre con su hija y esposa durante la boda de la pelirroja y el peli-azul. También recordaban como un año antes de su muerte bailaba con su nieta adolescente durante la boda de Carrie y Lenny.

Recuerdos. Hermosos recuerdos.

Después de las dos perdidas se podía decir que la unión con los dos hermanos se hizo más floja, pero aún procuraban verse cada dos meses en una barbacoa en casa de alguna de las 3 familias. Se alegraban de ver al "pequeño" Joshua con su novia formal y les daba gracia ver a la joven Sara comportándose como la típica adolescente. Cosa con la que bromeaban los más grandes, cada quien con su esposo o esposa. Y las preguntas hacia Corey y Laney sobre formar una verdadera familia siempre se hacía presente. No podían negar que lo habían pensado más de una vez.

Otros dos años pasaron y la feliz pareja de 30 años supo que esperaban a su primer hijo, cosa que se festejó día y noche, durante por lo menos 3 días, por sus otros 6 amigos. Era lindo ver el dulce matrimonio de Kin y Kim o el de Carrie y Lenny. O el hermoso noviazgo de Konnie. Y el próximo matrimonio de Kon y Trina. Síp, Kon había sido vetado durante casi 2 semanas de las reuniones de amigos que hacían casi semanalmente los 8. ¿Y qué podía hacer Corey además de eso? Sabía que lo perdonaría, pero si podía vengarse lo haría. Y después de todo, las reuniones, o "fiestas improvisadas" como les decía Kin antes de ser aporreado por cojines haciéndole entender que era la pero idea de su vida, siempre eran en su casa. Y sí, lo perdonó después de los miles de regaños de su pareja y amigos. Y otra vez sí, fue su padrino de bodas junto a su gemelo y el pelirrojo.

Laney sabía que era tiempo, y gracias a su hobbie de representar a su banda reconocida mundialmente, lo logró. Contactó con su última familia.

Ahora la joven adulta de 31 años estaba sentada en un café, esperando a su hermana. Su pequeño hijo estaba en casa con su padre, el cual había dudado cuando supo lo que había hecho Laney, alegando como le explicaría todo. Ella contestó que haría lo posible pero que necesitaba ver como estaba, él no pudo negarse. No podía verla infeliz.

Una señora de casi 60 años entró por la puerta e indagó el lugar con la mirada, cuando se topó con la mirada de la chica de 31 comenzó a temblar y llevó su mano a la boca, antes de comenzar a sollozar fuertemente llamando la atención de todo el local. Laney se acercó sabiendo quien era y sintió las mismas ganas de llorar. Verla ahí, demacrada, casi en los huesos y pálida, completamente pálida. Luego veía su cabello, lo recordaba rojo como el fuego y ahora era completamente blanco, como la más pura nieve. Tomó a su hermana y la abrazó impidiendo que cayera, ante la mirada fija de todos los comensales.

-Tra-Tranquila…- Le dijo Laney tomando su cabeza con ambas manos. La casi anciana mujer la miró y ella notó su piel arrugada, mientras una gran culpa la invadía. Los labios de la mujer comenzaron a temblar incontrolablemente y de sus ojos caían miles de lágrimas.

-¿Laney? ¿¡Laney eres tú!?- Gritó inconscientemente.

-Shh… Te lo explicaré todo, sólo, salgamos.- Le dijo con calma viendo como todos las veían. La mujer afirmó y en pocos incomodos y silenciosos minutos llenos de sollozos estaban sentadas en una banca de un parque.

-¿C-cómo? ¿Es-es esto una broma?- La pobre mujer tartamudeaba atónita al ver a su hermana menor ahí. Y por si no fuera poco, no como una mujer de 52 años que ella creía que se toparía. No, como una joven mujer.

-Escúchame, Emi, te lo explicaré.-

-¡Pues hazlo!- Le gritó, completamente asustada.

La menor comenzó a explicar detalle por detalle, consiente que lo más probable era que su vieja hermana la golpeara después de terminar la conversación, no creyéndole ni media palabra, y creyendo que todo había sido una broma de mal gusto. Al terminar su hermana la vio expectante y tratando de creerle. Laney se sentó junto a ella.

-…Y eso pasó…- Sacó de su bolso un teléfono celular táctil digno del año 2030 en el cual se encontraban. Presionó la pantalla un par de veces y se lo mostró.- Él es Corey, mi esposo. Y él es Junior, mi hijo… Mi pequeño tiene sólo unos pocos meses, 5 si no me equivoco- Presentó en las imágenes. Su hermana veía las imágenes con los ojos cristalinos.- Vivimos a unas cuantas manzanas de aquí, por si quieres ir y… ¿Emily, me estás escuchando?-

-¿Junior? ¿Se llama igual que su papá?- Preguntó entrecortadamente, sonriendo y llorando al mismo tiempo. Laney la vio y sonrió tiernamente.

-Sí, bueno, su nombre completo es: Corey Stuart Riffin Penn.- Le señaló. Su hermana se llevó las manos a su boca y comenzó a llorar.

-¿Cómo el nombre de…?-

-Sí, como el nombre de papá.- Contestó antes de que terminara. Su hermana la vio y la abrazó mientras seguía llorando a mares, Laney la abrazó de igual manera.

-Te extrañé.- Le confesó.- Mucho, y te juro que si yo pudiera le pediría perdón a papá y mamá… Y… ¡Dios, debí ir a sus funerales!- Se lamentó apretando el agarre.

-Está bien… Está bien…- Consoló Laney.- Ellos te amaban, y sé que te perdonan…-

-Causé mucho sufrimiento, Lanes.-

-Y yo igual…-

-No es igual.-

-No, es peor…-

-Laney…-

-No lo puedes negar, Emily.- Le confrontó viéndola. Su hermana se quedó callada.

-¿Así que todo es cierto?-

-Sí.-

-¿Te arrepientes?- Le preguntó. Era una pregunta que se había planteado más de una vez, llegaba a su mente en cada pelea que tenía con Corey o con sus amigos, porque sí, no importa si comienzas de cero. La vida siempre tendrá altibajos. Pero, no se arrepentía de nada, amaba su vida y en lo que se había convertido.

-No… No lo hago. Me siento culpable por ti, por mamá y por papá, pero… Soy feliz Em… lo soy.- Le confesó, mientras limpiaba alguna que otra lágrima traicionera. Su hermana la vio y se recargó en la banca.

-Fuiste una egoísta.-

-Lo sé.-

-¿Sabes lo que he pasado? ¿O lo qué pasó mamá y papá? ¡O la familia entera!- Le preguntó acusadoramente.

-¡Sí, lo sé! Soy consciente y he sufrido mucho por eso. ¡Y lo siento, Emily! Pero tú no sabes nada de mí ahora…-

-¡Pero sí lo supe!- Confrontó.- ¡Pero no sabía que fueras una egoísta tan grande!- Laney se levantó de la banca y la miró más enojada que nunca, estaba llorando pero poco le importaba.

-¡Sé lo que fui, Emily! Pero no sabes la felicidad que tengo ahora mismo…- Su hermana se levantó violentamente y la miró llena de rabia.

-¡Me alejé de toda la familia, me desconecté de la sociedad e hice sufrir a mis padres más que nunca por tu puta culpa!- Le gritó.- ¡No me volví a acercar a un ser humano más que a los comerciantes durante años! ¡Viví en una maldita casa en lo más profundo de un bosque de Alaska maldiciendo mi vida y a aquellos que "maltrataron" a mi pobre hermana menor! ¡Pero mi "pobre hermana menor" vivía felizmente creando a su propia familia y banda de amigos mientras que lo más cercano a vida humana que me quisiera que tenía yo era la puta televisión!-

-Y-yo…-

-Arruiné mi vida, Laney.- Le dijo.- No, tú arruinaste mi vida. No volví a la ciudad hasta que supe que papá murió ¡Y eso fue 20 años después de que él falleció! No me atrevía a verlo a la cara, fuera como fuera…-

-Puedes iniciar de nuevo, Emily.- Le dijo Laney, sintiendo su corazón hecho polvo y con miles de lágrimas amargas en sus ojos.

-Laney, tengo 56 años, me veo de 80. No puedo.- Emily se sentó en la banca y apoyó sus codos en sus piernas, cubriéndose su cara. Laney se sentó junto a ella y la abrazó por los hombros, peor fue rápidamente apartada.- ¡No me toques!- Ella suspiró.

-Em, Corey y yo tenemos algunas habitaciones desocupadas en la casa, y mis amigos te aceptaran…- Ella quería solucionarlo, ahora que había encontrado a su hermana no quería perderla.

-No quiero tu calidad.-

-No es calidad, Em… Quiero solucionarlo todo.-

-No puedes.- Le restregó.- Me voy a casa, es tarde.- Laney miró la hora y notó que ya eran pasadas de las 6 de la tarde. No quería imaginar cómo debía de estar Corey solo con el bebé.

-¿Dónde vives?- Se apresuró a preguntar.

-A unos cuantos pueblos de aquí.-

-¿Exactamente…?- Su hermana la miró y volvió a bajar la mirada, la había extrañado pero estaba tan furiosa. Ella no había tenido vida, y ahora sabía que Laney pudo haber arreglado eso. Pero no lo hizo. Pero no quería perderla de nuevo, la amaba hiciera lo que hiciera, aunque en ese momento estaba demasiado enojada como para admitirlo

-Luego te mandó un mensaje con la dirección.- Laney sonrió ilusionada y ella la miró con furia.

-Y-yo estacioné por allá…- Le indicó un estacionamiento cercano y su hermana rió tristemente al ver su auto lujoso.

-¡Ja! No todos tenemos autos, reina del rock. Tengo que comprar un boleto e irme durante 6 horas con un desconocido al lado ¿Sabes?- Se burló.

-Bueno, yo te llevó…- Se ofreció. Su hermana la miró de reojo y sonrió de medio lado. Jamás cambiaría. La miró de frente; Ella la amaba, pero ahora mismo se sentía traicionada, enojada, y llena de furia. Sentía que ya no la quería, pero sabía que no era cierto.

-No gracias.- Respondió, Laney dejó de sonreír.

-Bueno, pues…-

-Ya me voy, hablamos luego.- Le contestó mientras se levantaba, Laney la vio con sorpresa y volvió a sonreír.

-¿Hablamos luego?- Repitió con un tono de duda, su hermana se giró y la vio.

-Sí, adiós.- Contestó mientras retomaba su camino; Laney volvió a sonreír y suspiro, talvez aún tenía tiempo para solucionar todo.

Subió a su auto y se dirigió a su casa. Tan sólo cruzar la puerta un cariñoso abrazo la recibió seguido de un cariñoso beso, luego una tonelada de preguntas preocupadas la atacaron, ella sólo reía y negaba con la cabeza, después le explicó todo lo sucedido con una sonrisa mientras Corey la veía con cara extrañada. Desde su punto de vista parecía que hubieran tenido una pelea pero la sonrisa de ella jamás desapareció. Después de explicarlo cargó a su hijo y lo mimó mucho tiempo.

Sí, en verdad ella no se arrepentía.

Por más culpa que había sentido no se arrepentía y jamás lo haría.

La relación con su hermana era estrecha pero mejoró un poco después de varios meses, tanto que terminó asistiendo a su casa casi semanalmente. Y la vida de ella mejoró notablemente cuando pasó eso. Se enamoró de Junior casi a primera vista y jamás lo soltaba cuando iba a visita.

Estaba bien con su vida, y la adoraba. Ese era su tiempo.

(...)

"Atentos a mañana"

- Lyna, hace 4 o más días :v

Sí, sí. Lo sé, pero... ¿¡Qué les pareció!? ¡Yo me enamoré! Aunque se nota que no supe como acabarlo, ¿A qué sí? :v

Pero bueno, con esto acabamos. Me encantó, la verdad que sí me encantó. No pensé que algo así me quedara, cuando empecé a escribirlo no creí que esta historia me quedara tan bien.

Bueno esta es la primera historia que termino al 100% porque sí, Apocalipsis no lo terminé. Y sí, tengo algo escrito de él por allí pero ya no me gustó su calidad (hablo de la ortografía) que la historia la tengo bien pensada. Supongo que tendré que empezar de 0 :/.

Pero bueno, espero que les haya gustado porque este es el final definitivo. Me enamoré.

Dejen Review, por favor:3.