Hola aquí traigo el segundo capítulo y una rápida aclaración, no es igual a los tres huastecos aunque la trama es similar por el hecho de que son tres y están en México, pero les garantizo que no tiene nada que ver.

La abuela

-¿pero qué estás haciendo grandísimo animal?- pregunto Kaede al ver como Ginta se peleaba con un florero y un ramo de flores.

-¿Qué no vez que no caben?- pregunto con sarcasmo.

-¿pero yo que culpa tengo de que le quede grande el ramo al florero?- pregunto Ginta desganado.

-le queda chico el florero al ramo, ponlas en el macetón- ordeno rodando los ojos tras sus redondos lentes, cuando el sonido del vidrio quebrándose apareció en su sala.

-ya la regué- se lamentó Ginta en voz baja.

-virgen santísima ¡¿pero qué has hecho?! ¡El florero de mi abuela que había heredado de su abuela! ¡Y tu grandísimo pedazo de…!- estallo furiosa al ver su preciado jarrón hecho pedazos.

-sabe que patroncita mejor ya cálmese que le hace daño- intento calmarla pero Kaede se enfureció más.

-¡a mí no me da órdenes ningún sin vergüenza, bandido…!- estallo empezando a azotar su bastón el cuerpo del muchacho.

-¡hay no! ¡Doña Kaede no!- gritaba Ginta intentando escapar de la paliza de su patrona.

-¡ven acá pedazo de canalla!-ordeno persiguiéndole.

-¡doña Kaede! Doña Kaede ¿Qué pretende acabar usted con el muchacho?- pregunto el señor cura que ingresaba a la casona acompañado por don Totosai el alcalde.

-ay padre, es que yo no soy Dios para castigar sin palo ni cuarta, pero pasen ustedes pasen- les invito suspirando de cansancio.

-ya me las pagaras- amenazo tomando de la oreja a Ginta.

-¿aún más?- se quejó el muchacho luego de escaparse del agarre.

-pero pasen, siéntense- volvió a ofrecer educadamente a sus visitas.

-no nos agradezca la visita dona Kaede, temo que venimos a hablar de un asunto desagradable- suspiro el padre Hojo mientras los tres tomaban asiento en el sillón.

-doña Kaede, yo como presidente municipal, vengo a traerle una queja muy seria- expreso Totosai hablando por primera vez.

-a ver explíqueme don Totosai-

-sus nietos, su nietos acaban de armar otro escándalo- dijo con cierta exasperación.

-¿y que le extraña a usted?- pregunto Kaede con inocencia. Ambos hombres la vieron con incredulidad.

-doña Kaede ¿no toma esto con demasiada tranquilidad?- pregunto el sacerdote cruzado de brazos.

-pero si los Taisho siempre han sido así- sonrió la anciana con dulzura.

-miren ustedes, los padres de mis nietos, ni en retrato podían estar juntos- explico señalando las tres fotografías de sus difuntos hijos.

-por dios Kaede, ya deje descansar a los muertos en paz- intervino Hojo negando con la cabeza.

-ay si padre, que descansen en paz, porque en vida bastante guerra me dieron- se quejó cansada, ambos hombres asintieron secundando sus palabras.

-y si ellos eran así, figúrese usted si mis nietos no iban a salir igual- sonrió.

-¡hasta se enorgullece de que armen pleito!- se escandalizo Hojo.

-pero yo como autoridad de este pueblo no puedo permitirlo- sentencio Totosai.

-pues impídalo y ya- expreso Kaede.

-¡pero es que esos tres no respetan a nadie!- exclamo enojado.

-a mi si, y con eso me basta- sentencio Kaede.

-pero un día de estos van a llegar a cosas mayores ¡y entonces…!-

-entonces cumpla usted con su obligación y métalos en la cárcel- lo interrumpió, como si eso fuera lo más obvio del mundo.

-no, no, no, si ganas me sobran doña Kaede, ¡lo que me faltan son gendarmes!, por eso si usted no los pone al orden me veré obligado a recurrir a las fuerzas federales- amenazo mientras el cura negaba tristemente con la cabeza.

-no Totosai no, ¿para qué vamos a exponer a los federales?- pregunto Kaede para consternación de los dos hombres.

-yo hablare con mis nietos-

Una hora más tarde…

Inuyasha estaba sentado en su cuarto peleándose con un hilo y una aguja para poder zurcir un calcetín que se le había agujerado cuando el sonido de una puerta abriéndose lo hizo levantarse dejando de inmediato su labor.

-muchos días de estos abuelita- sonrió al ver entrar a la matriarca Taisho.

-no te me acerques que vengo como agua para chocolate, bandido- lo empujo cuando se acercó para abrazarla.

-pero abuelita…- intento discutir Inuyasha.

-¡feh! ¿Con que armando escándalo en la cantina?- lo interrumpió acusadoramente.

-¿yo?- pregunto haciéndose el desentendido.

-sí, tan inocente- le contesto con sarcasmo, Inuyasha cayo.

-tú y los otros chacales, vamos a ver ¿porque fue la pelea? ¡Contesta!- ordeno levantando su temible bastón al ver que el muchacho no le contestaba.

-pues… no más porque me espante una mosca de la oreja- explicó Inuyasha sin mirar a su abuela.

-a ver, a ver, barájamela más despacio- ordeno Kaede.

-fui a la barbería, como hoy es día de su santo ordene que me pusieran de mi loción…- comenzó a explicar.

-¿y entonces?- lo animo a proseguir exhalando una bocanada de humo.

-de ahí fui a la cantina, de un lado estaba Koga y en el otro Sesshomaru, y cuando entre Sesshomaru olfateo el aire con mucha burla y dijo "puras gardenias blancas" ahí fue donde me espante la mosca de la oreja-explico Inuyasha.

-¿con que te espantaste la mosca de la oreja no?- pregunto doña Kaede incrédula.

-nada más abuelita, y yo no sé porque Sesshomaru se enojó, y como Koga se burló de él, pues se agarraron- se encogió de hombros.

-¿ah sí? ¿Y tú que hiciste?-

-¡feh! pues me aventaron una silla y se las devolví- bufo aburrido.

-¿la silla?- pregunto Kaede.

- la mesa- dijo con indiferencia paseándose frente al espejo.

-¡¿pero tú te crees que yo me estoy chupando el dedo?!- estallo Kaede dándole alcance a su nieto.

-¡la verdad es que me humillaron abuela! A mi ningún bruto buey me canta eso de "gardenias blancas"- expreso indignado.

-¡pero a mí todo el mundo me tiene que catar sus sinvergüenzas! ¡Hasta el señor cura que te enseño a ser buen cristiano!- Inuyasha se volteo con el ceño fruncido.

-¡un buen cristiano lo soy abuela! ¿Qué no hago lo que él me enseño? Si me dan en una mejilla pongo la otra- se defendió indignado.

-como debe ser- asintió Kaede.

-pero cuando me dan en la boca, como solo tengo una…- murmuro despectivamente.

-¿vez cómo eres de venenoso? ¡Ándate que voy a leerles esta cartilla a los tres!- le ordeno.

-¡feh! Más valdría que no nos junte abuela, ¡yo no voy!- sentencio cruzándose de brazos.

-¿Qué, que, qué?- frunció el ceño Kaede levantando amenazante su bastón.

-bueno si voy- suspiro rendido.

-pues ándate pronto, que tengo mucho que hacer ¿óyeme para dónde vas?- pregunto al ver que Inuyasha se movía en dirección contraria a ella.

-por la pistola-

-para lo que les tengo que decir no necesitas tui pistola ¡camínele! ¡Camínele!- comenzó a bastonearlo.

-¡si ya voy abuela!-

-pues ándate pedazo de mequetrefe- lo llevo literalmente a punta de bastón.

Sesshomaru se preparaba para salir a hacer una cobranza cuando los golpes en su puerta se hicieron presentes, tomando su pistola abrió la puerta levemente, pero pronto el negro bastón de doña Kaede le azoto la mano haciéndolo soltar el arma. Así el prestamista no tuvo más remedio que dejar entrar a la autoritaria mujer.

-entra tú, sin vergüenza- ordeno la matriarca Taisho a su otro nieto.

-veo que trae cola abuela- sonrió burlonamente Sesshomaru al ver entrar a Inuyasha tan mansito.

-usted se caya- corto Kaede antes de que se armara un pleito.

-bueno, déjeme darle su abrazo de santo- ofreció el joven pero doña Kaede lo empujo.

-tu quita, víbora, lo que deberías hacer es causarme menos disgustos caramba, ya estoy arta- gruño para adentrarse en la estancia.

-con que "gardenias blancas" ¿no?- pregunto inquiridoramente a su nieto.

-¿Qué muerto de hambre le fue a cantar el chisme abuela?- sonrió Sesshomaru mirando a Inuyasha como si difiera un insecto.

Inuyasha de inmediato lo tomo por la solapas del traje y a nada estaban de agarrarse a golpes cuando las nudosas manos de su abuela les tomaron por las orejas.

-¡quietos los dos! ¡Perros! O le parto el alma- ordeno empujándolos en direcciones opuestas.

-no saben más que pelear- se quejó fatigada.

-el pretexto es lo de menos abuela, bien saben que mientras este no me dé el rancho por el que peleaba MI padre, no he de descansar en paz- gruño Sesshomaru.

-pues con mi rancho no se queda ningún usurero ladrón- escupió Inuyasha cruzado de brazos.

-abuela, dígale usted a "ese" que estoy en mi pleno derecho- sentencio Sesshomaru señalando a Inuyasha con la cabeza.

-pues dígale usted a "ese" que hace uso de un derecho muy torcido- gruño en respuesta Inuyasha.

-y yo les digo a los dos ¡que ya estuvo suave!- estallo Kaede completamente molesta.

-está bien abuela- suspiro Sesshomaru, era mucho su orgullo cierto pero apreciaba a su abuela aún más.

-si abuela, pero no más de ultimas, dígale a "ese" que antes de dejarle mi rancho, prefiero regalárselo al borracho de Koga- estepo Inuyasha.

-¡yo puras habas!- gruño Koga una media hora después cuando su abuela y los dos primos arrastrados a regañadientes tocaron a su puerta.

-no les pido ni agua, ¡pero si exijo que me cambien mi racho por el de "este"!- estepo mirando a Sesshomaru.

-abuela, pues dígale a este, que se quedara esperando porque mi rancho no lo suelto hasta que aquel me devuelva el que me pertenece- bufo aburrido Sesshomaru.

-yo no doy nada- sentencio Inuyasha desganado.

-¡ya estuvo suave! Vergüenza les había de dar ser el escándalo de este pueblo de san Luis de la paz, ¡qué paz ni qué demonios! ¡Infierno de los Taisho se debería llamar!- gruño Kaede dejando a relucir todo su carácter.

-no más están juntos, golpean a la policía, huyen del señor cura, no respetan ni la ley ni la voz de la sangre- empezó el regaño Kaede, Inuyasha se sentó con los brazos cruzados, Sesshomaru vea con aburrición la charla, que ya era casi pan de cada die, mientras Koga pos u parte saco su botella de agua ardiente.

-ya no sé dónde meter la cara de vergüenza, deberían portarse bien aunque sea por el cariño con el que los crie-. Sollozo la pobre mujer, pero al ver a Koga echando un trago le partió la botella de un certero golpe de su bastón.

-¡atiéndeme cuando te hablo! ¡CONDENADO!- le estepo mientras los otros dos intentaban encubrir una carcajada.

-¡tú!- señalo acusadoramente a Koga.

-no haces más que empinar el codo y andar con mujeres, como si ellas te fueran a salvar el alma ¡te has condenado en vida! ¡CONDENADO!- el pelinegro bajo la vista avergonzado, Sesshomaru sonrió con burla.

-¡y tú! – señalo a Sesshomaru.

-¿de qué te alegras avaro relamido? ¿No sabes que cada peso de usurero? ¡Es un chorro de plomo derretido! que te caerá sobre la rabadilla cuando estés en los requeté apretadísimos infiernos- ahora fue el turno de Koga para sonreír mientras Sesshomaru hacia un gesto de dolor ante la imagen mental.

-¡muy bien dicho abuela!- la coreo Inuyasha riendo encantado.

-¿y tú de que hablas? Amargado venenoso- lo regaño viéndolo con saña.

-ese odio encerrado te carcome las entrañas, ¡te hierve el pecho de gusanos! No quieres nada de nadie, no quieres que nadie te ayude ¡¿quieres hundirte solo?! ¡PUES UNDETE!- le grito, mientras Koga y Sesshomaru intercambiaban una mirada de satisfacción, agridulce.

-ya no puedo…- susurro cansada la abuela después de recuperar el aliento.

-ya no puedo con tantas mortificaciones, ¿Quién había de decirme que aquellos chiquillos que yo crie con tantos desvelos habían ahora de amargarme la vida? Será posible cría cuervos y te sacaran los ojos- se mortifico con tono deprimido y agotado, los tres primos se vieron unos a otros apenados.

-no diga eso abuelita- pidió Inuyasha.

-perdóname abuela- secundo Koga dándole un beso en su arrugada mejilla.

-no seré yo quien le vuelva a dar motivos de quejas, doña Kaede- suspiro Sesshomaru.

-¡doña Kaede tu abuela!- le grito furiosa.

-eso, tu abuela, no me trates como una extraña.- lo regaño.

-ahora quédense a reflexionar lo que les he dicho- ordeno dirigiéndose a la puerta.

-¡ah! Y a la una los espero en misa, no deberían de darme disgustos hoy que es día de mi santo, demonios- les advirtió cerrando la puerta de un portazo.

Los tres primos ni se miraron, y ya estaban a punto de marcharse cuando una de las muchas fotografías que tapizaban las paredes de Koga llamo la atención de Inuyasha. Murmurando un "¿Qué?" se acercó y tomo el retrato, que era nada más y nada menos que su novia o bueno ahora ex novia Ayame.

-que perro eres- gruño Inuyasha aventando lejos la fotografía, golpeado accidentalmente a Sesshomaru que estaba a punto de marcharse y sin intención de armar pelea por una vez.

-¿pues para que ere buey?- se bulo Koga.

Ni un segundo paso antes de que ambos primos se agarraran a golpes y aun poco menos el que Sesshomaru molesto también por el golpe recibido les rompiera una guitarra en la cabeza a ambos, esto era la guerra, los tres agarraron cualquier cosa para defenderse y estaban a la nada de darse la tranquiza de su vida cuando una voz irrumpió en el lugar.

-¡LOS SHICHININTAI! ¡LOS SHICHININTAI! –gritaba un hombre.

-¡los Shichinintai se fugaron de presidio y vienen preguntando por ustedes!- exclamo un hombre al ver a los tres primos.

-¡anoche mataron al viejo Siriano! ¡Yo los vi! ¡Y nada más vine a avisarle a la viuda!- los tres Taisho intercambiaron una mirada significativa, y tomando cada uno no menos de dos pistolas salieron de la propiedad y se desperdigaron en acuerdo tácito de buscar a los eternos rivales de los Taisho.

Continuara…