Hola aquí que tuve un respirito y les traigo otro capítulo donde cupido anduviera de travieso, y quiero mandar un besote a Evelyn Wolf, rogue85, CONEJA y dani200026 por sus comentarios y seguimiento a mi humilde historia, les dedico este capítulo y espero que les guste tanto como a mí me gusto escribirlo. Y si por ahí me regalan un review para mi santito…

A palabras necias…

Y así dio la una de la mañana en el pueblo de san Luis de la Paz, y como era la costumbre la gente se encaminaba al templo atraído por los dulces tañidos de las campanas, las aves piaban energéticas volando bajo el ardiente sol. Y en la entrada del templo, la abuela Kaede esperaba a sus nietos con impaciencia, pues no se encaminaría a tomar la santa misa sin esos tres demonios que tenía por descendientes.

Finalmente sus cansados ojos localizaron en una de las esquinas del atrio a uno de sus nietos, el menos de ellos si somos exactos, que al parecer discutía cosas con uno de los muchos vagos sin oficio ni beneficio con los que solía juntarse.

-y ya lo sabes, te pago lo que quieras por averiguar el paradero de los Shichinintai, pero a los inútiles de mis primos ni una palabra- susurro Koga a l hombre, mientas su abuela lo veía extrañada desde lejos.

-ese par de infelices solo lo echarían a perder- gruño molesto de solo imaginarse a sus fastidiosos primos.

-¿infelices? Esos son solo un par de bueyes que ni paz la junta- sonrió el hombre, pero pronto se vio en el suelo tumbado por un puñetazo de Koga. Doña Kaede al ver eso se enfilo al lugar.

-¡orale! Si les dije a ellos no a usted- gruño el aporreado sujetándose la mandíbula.

-ya lo sé, pero solo un Taisho puede insultar a otro ¡idiota!- le escupió dispuesto a marcharse.

-¡Luis Koga!- le llamo la estruendosa voz de su abuela.

-¿pero que ni la entrada del templo respetas rijoso?- lo regaño no pudiendo creer la falta de respeto.

-¡feh! Ha insultado a los Taisho abuela- se encogió de hombros el pelinegro.

-¡¿Y LO DEJASTE VIVO?!- gruño encolerizada la anciana viendo con intención asesina al mal hablado.

-¡BANDIDO! ¡SIN VERGUENZA! ¡CANALLA!- comenzó a bastonearlo, el hombre se paró como pudo y pego la carrera, pero antes de que la mujer de alta edad pudiera alcanzarlo Koga la tomo de la cintura.

-ya, ya, ya no haga coraje abuelita, que se me pone muy fea mi viejita- le sonrió intentando tranquilizarla.

-¡NO ME LLAMES VIEJITA!- lo regaño aun aireada. Pero Koga solo puso su mejor sonrisa para ella.

-abuelita ¿sabes? Venía a decirte que no podré ir a misa, porque traigo un asunto urgente muy atravesado- le explico con cierta pena, pero lo cierto es que no quería perder el tiempo en la religión si podía ganarles terreno a Inuyasha y Sesshomaru en la búsqueda de los Shichinintai

-ningún asunto urgente ¡primero está la misa! Faltaría más.- le estepo jalándole de la oreja, pero dejo su regaño para más al rato pues vio llegar a su otro nieto.

-buenas tardes abuela, venía a decirle que tengo que ir a buscar a…- comenzó a hablar, Inuyasha hasta que se dio cuenta de la presencia de Koga.

-a unos amigos y no poder venir a la misa- gruño ni loco dejaría que ese idiota de Koga se le adelante.

-¿QUÉ, QUÉ? ¡SOLO ESTO ME FALTABA! Ustedes no se me mueven de aquí- gruño furiosa tirándoles de las orejas.

-¿y ese pazguato de Luis Sesshomaru donde se ha metido?- gruño sin soltarles las orejas a sus nietos.

Dentro de la iglesia…

-¡¿PERO ES QUE USTEDES NO TIENEN TEMOR DE DIOS?!- regañaba el señor cura a los tres hermanos Shichinintai posados frente a él.

-roban, asesinan, se fugan de presidio ¿hasta cuándo se arrepentirán de sus pecados?- les regañaba, sin poder creer que esos chiquillos que alguna vez correteaban por su sacristía hubieran caído tan bajo.

-tan pronto como matemos a los Taisho nos arrepentiremos de todos- prometió Bankotsu sosteniendo un paquete envuelto en tela.

-¿y acabando con los Taisho se terminaría esta sarta de crímenes?- gruño Hojo sin creer el descaro de esos tres.

-pues sí, gracias a Dios son los últimos que quedan- secundo Renkotsu rascándose la cabeza.

-¡que gracias a dios ni que nada! Solo para hacer barbaridades son ustedes buenos. Me veré obligado a denunciarlos- suspiro con cansancio.

-pero si nada más vinimos a saludar a su paternidad como antes, con todo el respeto que le tenemos- se quejó Jakotsu poniendo ojitos de cachorro.

-y a traerle esta encomienda que nos prometimos al salir a salvo de presidio- sonrió Bankotsu dejando en la mesa el paquete que resultó ser una estatuilla de san José.

-Virgen santísima ¡HAN ROBADO LA CAPILLA DE SAN JAVIER DE ABAJO!- exclamo asustado al reconocer la imagen.

-pues esa fue la manda, traérnoslo para acá arriba- sonrió Jakotsu con orgullo.

-y está linda sotana para usted, mira qué bonita- terceo Renkotsu mostrando una sotana de vivos colores y bordado de oro.

-Jesús, María y… lo único… lo único que los salva de sacrilegio ¡es lo brutos que son!- estallo frotándose las cienes con cansancio.

-¿sacrilegio por qué?- pregunto Renkotsu frunciendo el ceño.

-¿Por qué ha de ser? ¡Han robado una casa de Dios!- les estepo sin poder creer su falta de juicio y moral.

-pero si solo le cambiamos de lugar- sollozo Jakotsu como si fuera un niño regañado injustamente.

-si claro, porque esta también es la casa de dios- secundo Bankotsu siendo terciado por Renkotsu.

-cierto, de esa manera no es robo- asintió.

-además como le han colgado muchos milagros al santito, nos dijimos que mejor era traerlo para usted- intento de nuevo Bankotsu pero Hojo ya estaba más que arto de ori tal sarta de tonterías.

-miren los tres que ya estuvo suave, ahora mismo se me van a decirla al cura de san Javier de abajo… ¡que sus ornamentos están aquí arriba!- les ordeno.

-es más, les prohíbo se me presentan de nuevo hasta que hayan sacado de la conciencia esas feas intenciones de matar a los Taisho-los tres hermanos, hasta el momento cabizbajos, fruncieron el ceño y gruñeron al unísono.

-¿Qué no recuerda que prometimos a nuestros padres, que en gloria estén acabar hasta con el último de los Taisho?- estepo Renkotsu más que molesto.

-¿Qué no ven que así no les sirve de nada que los absuelva? ¿No lo comprenden?- las tres cabezas volvieron a bajar al unísono ante el regaño.

-rezar… fantoches que son, ustedes no son cristianos, ni guardan los mandamientos ¡ni quieren a Dios!- sentencio cruzándose de brazos el cura.

-no diga eso padre- suplico Jakotsu.

-dios sabe que lo queremos mucho a él y a usted también- se cundo Bankotsu.

-bueno padre, no es retobo, pero como usted nos corre- se encogió de hombros un ofendido Renkotsu.

-yo no les he corrido… ni los corro- corrigió Hojo algo apenado.

-pero eso sí, no esperen que les de mi bendición, hasta que no vuelvan limpios de esas negras intenciones- les advirtió mientras los guiaba a la puerta, ya que era la hora de la misa.

A las afueras del templo…

-¿pero qué hacías tu relamido que no llegabas?- gruño doña Kaede al ver llegar a su tercer nieto.

-lo lamento abuela, pero es que tengo- intento explicarse Sesshomaru pero un tirón en su oreja le hizo callar.

-si ya se "un asunto urgente"- refunfuño ella soltándole de la oreja.

-¿pero bueno que se traen ustedes?- pregunto escrutándolos con la mirada, pero al solo obtener silencio negó con la cabeza.

-nada bueno ha de ser, eso es seguro- suspiro cubriéndose su larga cabellera gris con un velo negro.

-anden entremos a misa, para ver si se les salga el demonio del cuerpo- les ordeno poniéndose en marcha al templo, y ni siquiera necesito voltear para cerciorarse que esos tres la seguían pues desde los 2 años ninguno había tenido los pantalones para desafiarla.

-¡niños!- les bloqueo el paso con su bastón.

-la artillería- ordeno señalando un cajón de madera donde los hombres ponían sus armas antes de entrar a la iglesia. Los tres Taisho muy a regañadientes se desprendieron de sus pistolas.

-una limosnita para mi santito- pidió una anciana pordiosera junto a ellos.

-como no viejita, ¡Taishos! Cáiganse cadáveres- sonrió con cierta dureza viendo a sus nietos para que desbolsaran.

-muy pronto va a haber uno abuela- sonrió burlonamente Koga sacando una moneda de a peso pero su respuesta fue un "¡Cállese!" seguido de un muy merecido bastonazo en la cabeza por parte de su abuela.

Dentro de la iglesia, a tan solo un par de metros…

-ya escuchaste virgencita, lo que nos dijo0 el señor cura, así que ayudamos a matar cuanto antes a los Taisho para arrepentirnos de nuestros pecados- oro Bankotsu acompañado de sus hermanos frente a la estatua.

-amen- susurraron Renkotsu y Jakotsu persignándose con agua vendita.

Hojo que los observaba desde la puerta de la sacristía a solo unos centímetros negó con la cabeza, con esa clase de actitudes jamás serviría de nada que rezaran esos hombres. Mas cuando volteo a ver la entrada estuvo a punto de desmayarse, en la puerta justo cruzando en esos instantes estaban doña Kaede y sus tres nitos, "como lleguen a verse esto será una carnicería" pensó asustado y orando a todo lo sagrado para que los Shichinintai se fueran antes de siquiera percatarse de la entrada de los tres primos. Mas para su tranquilidad ninguno de los 6 reparo en la presencia del otro.

-… y Jesús, volviéndose a Pedro le dijo "guarda tu espada, porque escrito esta que el que a hierro mata a hierro muere" – celebraba Hojo la misa desde el púlpito.

-y por eso os digo a vosotros, hijos míos, que si alguien os hiciera alguna ofensa, no levantéis el arma, pues por la misma pereceréis- disimuladamente volvió a ver a los Taisho que estaban tras el piano de la iglesia junto a su abuela.

-¿no es más hermoso vivir en la paz del Señor?- pregunto, los tres primos asintieron en silencio.

-¿no es más hermoso merecer la bendición del altísimo?- volvió a preguntar sonriente, y sonrió aún más cuando los tres asintieron nuevamente.

-¿verdad que perdonareis a vuestros enemigos?- pregunto ahora mirándolos sin disimulo alguno, pero para su decepción esta vez los tres ambarinos negaron efusivamente.

-hijos míos…- susurro con reproche.

-lamentablemente en este rebaño hay algunos que no se quieren como hermanos, que no perdonan las injurias, ¿para que creéis que os ha dado Dios la inteligencia?- dio a observar, casi al instante todas las cabezas de la iglesia se giraron para ver a los Taisho, los cuales a muy duras penas lograron disimular su incomodidad.

-para que actuemos como humanos ¡y no como animales salvajes!- finalizo entrecerrando los ojos hacia los chicos Taisho, las pocas miradas que no estaban dirigidas a los primos se giraron, de modo que no había par de ojos ajeno a cualquier movimiento de los jóvenes, sin mencionar que los murmullos comenzaron a circular antes de decir "tres tristes Taisho".

-¡no me refiero a nadie en particular!-se apresuró a corregir para no poner en evidencia a los nietos de doña Kaede, mas por ella que por ellos si era sincero.

-es una advertencia para todos, hijos míos lo único que os pido, es que seáis buenos, que sepáis perdonar, que seáis humildes para que podáis encontrar la infinita bondad de Dios, en el nombre del padre, el hijo y el espíritu santo- finalizo, sin escapársele las miradas asesinas que le dedicaron los tres primos.

Terminada la homilía la gente se enfilo para recibir la santa comunión, mientras, al son del piano de doña Kaede, Sesshomaru, Koga e Inuyasha, secundados por los niños del coro recitaban con maestría y presteza el Ave María. En ese momento llegaron dos feligreses más, pero tamaña fue la sorpresa de los primos Taisho al ver que eran la misma azabache de la mañana, acompañada de su padre. También doña Kaede los vio y sonrió a manera de reconocimiento y saludo, además de codear a Koga por hacer una mueca picara a la chica.

Y así al finalizar la misa, la abuela corrió, a toda la velocidad que le daban sus ya arrugados y ajados pies hasta los visitantes para darles un abrazo. Pues se trataba de su propia nieta, hija de una de sus sobrinas que había nacido y sido criada en los estados unidos, por lo cual nunca se habían conocido, pero el parecido con su madre era tal que la anciana mujer no tuvo problema en reconocerla.

-¡que sorpresa más chula!- sonreía doña Kaede mientras caminaban por el atrio de la iglesia en dirección a la salida.

-pero me hubieran avisado para tenerles todo listo- el hombre mayor sonrió.

-bueno, es que Kagome no dejar de insistir que querer conocer a la abuela, y yo decir mejor ahora pues no vaya a ser que estirar la pata la vieja antes que darle abrazo- respondió mientras su hija enrojecía de pena, y la abuela hacia una mueca de disgusto.

-eso ya lo quisieras tú viejo zorro, pero antes me falta ver que lo entierren a usted- le contesto descubriéndose la cabeza, ya que en verano los velos no hay quien los aguante.

-ya papá, no molestes a la abuelita- sonrío Kagome.

-¿y donde están mis primos abuela?- pregunto con cierto brillo de emoción en los ojos que la anciana no pudo menos que clasificar como encantadora.

-¡LUISES!- llamo a sus nietos, que se encontraban recuperando sus pistolas del cajón, los tres volearon al unísono.

-¡vengan acá!- les ordeno con un gesto.

-nomás falta conocer a los sobrinos de don Venancia- suspiro el padre algo desganado.

-doña Venancia su abuela, mire que si no me dejaba en paz en su tierra, aquí no venga a picarme la cresta porque le va a ir muy mal-arremetió la vieja, mientras el padre, (Mr. Tsudara) solo mueco una sonrisa.

-a sus órdenes abuela- dijeron en un muy parejo unísono los tres ojidorados, cosa que entre ellos resulto fastidiosa pero para Kagome y su padre resulto divertido.

-miren muchachos, ¿saben quién es este señor?- pregunto señalando a Tsudara.

-es una persona a la que ustedes odian, y a la que nunca quisieron conocer, ¡su tío!- los tres primos palidecieron al escuchar las palabras y más porque su abuela los estaba evidenciando, claro que no imaginaban que doña Kaede ni siquiera había comenzado.

-y esta divina preciosidad- ahora señalo a Kagome.

-es la que ustedes llamaban rata blanca- Kagome perdió su sonrisa y los primos estaban a un paso de desmayarse de la vergüenza.

-y a la que nunca quisieron ir a conocer por tonta, por desabrida, y porque no nació en México- los muchachos bajaron la cabeza apenados.

-muchas gracias primos, y yo que estaba tan emocionada por conocerlos- comento Kagome con un deje de ironía.

-los padres de ustedes, tampoco querer ni tantito, no ir a mi boda, ni perdonar a mi mujer por casar conmigo- suspiro Tsudara.

-pero yo, mucho gusto en conocerlos sobrinos- sonrió al final, él no era hombre rencoroso, y esperaba que Kagome tampoco lo fuera… al menos no demasiado.

-en la torre,-termino por sonreír doña Kaede.

-¡anden, anden contesten! ¡Tú di algo!- señalo a Koga.

-¿Qué hubo?- pregunto torciendo los labios con una mueca de enfado.

-¡vaya! ¿Eso es todo lo que se te ocurre decir? ¿Qué va a decir Kagome de la galantería mexicana?- le reprocho la abuela, porque bien sabía que de discurso floreado no era corto.

-¡oh! pero si él sabe decir a la entrada de pueblo, cara de buey purgante- sonrió Tsudara, Koga enrojeció furiosamente mientras Sesshomaru e Inuyasha ahogaron una risita.

-no creí que entendieran español… ni que fueran familia… se defendió el pelinegro.

-¿encontraron con facilidad la calle?- pregunto Sesshomaru sonriente ya que él no había método la parta como esos dos.

-si gracias- asintió Tsudara antes de fijar su vista en Inuyasha.

-and you, señor sobrino, tu dinero, ¿comprar alfalfa no?- le devolvió su dinero, mientras este solo murmuro un "Feh" molesto y apenado.

-menos mal que no la emprendió contigo Kagome, porque estos majaderos sueltan cada piropo que…- sonrió la abuela acariciando el cabello azabache de su nieta.

-¡al contrario abuelita!, si me soltaron unas flores muy bonitas ¿verdad?- le devolvió la sonrisa la muchacha mirando de reojo a Koga, que parecía sufrir una insolación por lo colorado que estaba.

-y va y lo dice- gruño entre dientes el pelinegro.

-¡pero que sangre más aguada de pazguatos!- se soltó a reír la anciana.

-anda niña abrazalos antes que que se nos desmayen de pena- indicó a la muchacha.

-Cómo no abuelita- respondió alegre y se acercó al primero el de cabellera negra.

-¿tú eres Inuyasha no?- pregunto a Koga.

-¡mejor perro! Yo soy Luis Koga- gruño el peli negro molesto por ser confundido con uno de sus primos.

-¡ah! Pues mucho gusto- se excusó Kagome y lo abrazo, arrancándole una estúpida sonrisa al muchacho.

-¿y tú eres…?- pregunto al siguiente, el más alto.

-Luis Sesshomaru, siempre a tu servicio- sonrió este antes de abrazarla por la cintura.

-yo soy Inuyasha Luis- gruño el ultimo cuando la azabache estaba por acercarse.

-me lo imagine- sonrió ella abrazándolo por la espalda.

-bueno vámonos Kagome, vamos a la casa, tú también Tsudara- interrumpió la abuela para evitar que a sus muchachos se les salieran los ojos.

-hasta luego- se despidió el tío.

-adiós- lo secundo Kagome sonriente.

-¡ah! Y mucho cuidado con faltar a mi comida- comenzó a decir mirando a sus nietos por encima de su hombro.

-nada de salirme con que tienen asuntos urgentes ¡! A las dos en punto- les recordó que no era petición sino manda,

Finalmente habiéndose marchado la abuela con las inesperadas visitas, cada uno de los primos se colocó su sombrero, se montó en su respectivo caballo y partieron en direcciones contrarias dispuestos a alistarse para lo que seguramente sería una comida muy, muy larga.

Continuara…