Hola mis fieles aunque pocos lectores aquí la continuación ahora que cache un segundito del día, espero les guste, lo he hecho más largo de lo habitual, y también aprovecho para mencionarles que esta historia tiene un final abierto así que díganme con cuál de los primos quieren que se empareje Kagome, lo dejo a su gusto y criterio, y si quieren alguna temática especial para alguna historia mándenla también que será muy bienvenida, disfrutad y por favor comenten.

Música en el interior

Tres minutos para las dos de la tarde marcaba el simpático reloj cucú de la sala de la mansión Taisho, y mientras la abuela dejaba todo listo para la comida Tsudara le mostraba la casa a Kagome, o de lo que se acordaba de la última vez que estuvo ahí, hace ya casi veinte años atrás cuando pidió la mano de su esposa.

-y este ser tu tío Inu no Luis- explico Tsudara señalando la tercera de las tres fotos de los hijos de doña Kaede.

-los tres Taisho morir mismo día, todos creer que Shichinintai ser culpables- suspiro mientras Kagome lo miraba extrañada.

-Taisho y Shichinintai odiarse siempre-respondió la pregunta tasita de su hija.

-¿pero porque?- pregunto Kagome.

-¡uh! Ser pleito tan viejo que ya nadie saber que origino, pero es pasado de generación en generación- respondió Tsudara.

-que tragedia- negó Kagome con la cabeza.

-y desde que hijos morir, doña Kaede vestir siempre negro- también negó Tsudara, pues aunque nunca tuvo el visto bueno de los primos de sus esposa había llegado a apreciarlos de cierta manera.

-¿y los Shichinintai?- pregunto Kagome con curiosidad.

-¡oh! Esos vestir de rayas- respondió Tsudara encogiéndose de hombros y de paso aflojándose la corbata.

-¿eh?-

-estar en presidio- respondió divertido al ver la cara de interrogación de su pequeña.

-¡ay papá!- lo codeo ella, no soportaba que su padre le hiciera esas bromitas, aunque muy en secreto le encantaba jugar así con él. Estaba por preguntarle por las madres de sus primos cuando la puerta se abrió dando paso a un semi malhumorado Inuyasha (nada fuera de lo común)

-hellow sobrino- saludo Tsudara al joven pero este lo ignoro deliberadamente.

-buenas tardes primo- saludo Kagome alzando ligeramente su tono de voz. Inuyasha se detuvo un segundo y la miro de reojo, aun enfurruñado por la "humillación" que ella y su padre le hicieron pasar a la entrada del pueblo.

-buenas- fue lo único que se limitó a decir mientras colgaba su chaqueta en el perchero.

-que puntual eres- sonrió Kagome intentando disipar la atención.

-¡feh! ¿De qué te extrañas? ¿Qué no somos todos puntuales los mexicanos?- gruño molesto cruzándose de brazos y marchándose al comedor.

-este seguir con enfado- negó Tsudara con la cabeza.

-enojado no papá, ofendido porque quisimos pagarle como trabajo una atención de su parte explico Kagome en un susurro.

Inuyasha, ya acomodado en su silla predilecta del comedor, escuchaba toda la conversación, pues poseía un oído muy agudo, frunció más el ceño e incluso le saco la lengua a la puerta que daba a la sala para posteriormente sacar su libro favorito "Manual Del Orgullo Masculino", también herencia de su padre, y ponerse a leerlo como un sacerdote a la biblia. Menos de pocos segundos después Koga paso por el hombre de la puerta, y también con el carácter por los suelos se quitó el sombrero y la chaqueta y los arrojo al pechero, cayendo los últimos perfectamente acomodados.

-buenas tardes- murmuro con la cabeza gacha al notar la presencia de Kagome y su tío.

-hellow- saludo Tsudara nuevamente.

-buenas- coreo Kagome.

Koga los miro a los dos semi cabizbajo, con todo el valor que pudo reunir intento disculparse pero nuevamente la vergüenza lo inundo y cerro la boca con un gesto derrotado.

-¿Qué tienes primo? ¿Por qué estás tan triste?- pregunto Kagome preocupada al verlo tan abatido.

-¿doler tus muelas?- pregunto Tsudara.

-no tío… de las muelas estoy bien- suspiro Koga.

-¿entonces?- pregunto Kagome acariciando dulcemente la mejilla del moreno.

-es que… es que la regué desde hoy en la mañana ¿Qué vas a pensar de mí?- musito triste y algo sonrojado.

-pues que eres un don juan que tiene sonámbulas a más de cuatro por aquí, que tienes mucha sangre fría para florear y…- comenzó a enumerar la azabache mientras Koga oraba porque se lo tragara la tierra.

-por cierto ¿podrías explicarme como va eso de…? "está usted muy buena ¡Esta requeté…!"- comenzó a pedir sonriendo, el muchacho palideció, como escuchara su abuela el piropo que le lanzo lo mataría a bastonazos ¡dos veces!

-¡n-no! Digo… es que yo improviso mucho y ahora mismo no recuerdo bien de lo que dije- la interrumpió lo más amablemente que pudo y sonrojado hasta la coronilla.

-que calor hace ¿verdad?- se forzó a sí mismo a sonreír mientras sacando un pañuelo de su bolsillo para limpiarse la frente pero para su desgracia el pañuelo además de vedado tenía un beso color carmín pintado en el centro.

-¡oh! Pero Luis Koga- rio Kagome viendo la prenda.

-¡eh no! Esto es… ¡esto es de la abuela!- intento excusarse mientras Kagome aguantaba las carcajadas que peleaban por escapar de sus labios.

-si de abuela- sonrió también Tsudara.

Koga guardo su pañuelo corriendo y se dirigió al comedor pero se le lleno de hiel la garganta al ver a Inuyasha sonreírle burlonamente mientras mordía un plátano y sostenía su libro abierto en la otra mano. Koga frunció el ceño y estaba dispuesto a volver a la sala pero fue recibido por las miradas inquisidoras de su tío y Kagome, así que sin más opciones fue a acomodarse en una esquina del recibidor justo al lado de Shippo el molesto perico de su abuela.

-¡muy buenos días!- sonrió Sesshomaru entrando sonriente con un traje de charro bordado en oro y con muchas piedras brillantes además de un enorme ramo de flores.

-hermoso medio día ¿los atienden bien?- pregunto a Tsudara y a una muy embobada Kagome.

-pero que traje más precioso- sonrió la chica deslizando su índice por uno de los adornos.

-¿te gusta?- sonrió el prestamista girando sobre sí mismo para que ella lo viera entero.

-¡que monada!- silbo burlonamente Koga desde su haciendo.

-hay que monada periquito ¿no me das la patita?- pregunto a Shippo para disimular el insulto, Sesshomaru le lanzo una mirada asesina mientras Kagome y su padre reprimieron una carcajada.

-es un hermoso traje primo, seguro es de gran gala- sonrió Kagome para evitar que esos dos se agarraran a golpes.

-¿te parece? Yo lo uso para el diario- le devolvió la sonrisa Sesshomaru con un ligero deje de arrogancia.

-¡que hablador!- soltó otra vez Koga.

-que hablador eres Shippo y hoy no me dices nada- lo disimulo justo cuando Sesshomaru estaba a un paso de echársele encima.

-y que flores más bonitas ¿Para quién son?- el color abordo las mejillas del peli plateado tan rápido que Kagome llego a preocuparse de que tuviera fiebre, lo cierto es que Sesshomaru había planeado darle las flores a ella pero no podía hacer eso con sus dos primos molestándolo y el padre como pilón. Pero para su suerte su salvación cruzo la puerta en ese momento.

-te estaba esperando abuelita, toma tus flores - sonrio entregándole el ramo a la anciana.

-¿mis flores?- pregunto extrañada doña Kaede tomando el ramo.

- ¿pero desde cuándo me traes flores tú?- Sesshomaru palideció ante la inocente exposición de su abuela, mientras que su prima y primos pegaron a reír.

-¡te ha quemado usurero!- se burló Inuyasha que asomaba la cabeza desde el comedor, Sesshomaru por su parte quería que se lo tragara la tierra.

-¡caramba!- exclamó de pronto doña Kaede al ver a su nieto de pies a cabeza.

-¡hasta que te vestiste de hombre! No que siempre andabas de mamarracho- lo regaño, las carcajadas de Koga e Inuyasha casi ensordecieron al muy avergonzado Sesshomaru.

-¡Mucho abuelita!- felicito Koga a la anciana mientras se sostenía el vientre por tanta risa.

-¿no sería… Mejor que…Comiéramos ya?- pregunto el peli plateado rechinando los dientes.

-a eso venia precisamente, pasen que la comida esta lista-indico señalando el comedor.

-que por alegría no ha de quedar- sonrió Kagome tomando el brazo de su abuelita para ir juntas al comedor.

Fuera en el patio de la mansión Taisho sonaba alegre la música mexicana, siempre colorida animando la comida del cumpleaños de doña Kaede, violines, orgullosas trompetas y guitarras entregaban su música para el deleite de los oídos dando color y calidez a las almas de los invitados.

-doña Kaede esta comida ser muy sabrosa- sonrió Tsudara mientras Ginta retiraba los platos y cubiertos de la mesa para poner las cosas para el postre.

-qué bueno que les gusto- sonrió dulcemente doña Kaede.

-¿y tú estás contenta hija?- pregunto viendo a Kagome que se limpiaba grácilmente los labios con una servilleta blanca.

-¡soñaba con este viaje abuela!- exclamo emocionada.

-estaba tan emocionada por conocerla a usted, de conocer el país de mi madre…- hizo una pausa para voltear a ver a los tres varones que desde hace una hora comían en sepulcral silencio.

-… de conocer a mis primos- los tres Taisho elevaron la vista al mismo tiempo como si un titiritero hubiese tirado de ellos.

-ya dejen de platicar- sonrió la abuela al verlos tan pasmados.

-no atiendan tanto a las visitas, no hay que ser tan atentos, coman, anden coman, no pierdan el tiempo- los alentó, los tres muchachos bajaron la vista sonrojados, como si de pronto los ingredientes de sus sopa hubieran hecho una rutina de nado sincronizado.

-ojala no te vayas decepcionada de México Kagome- le acaricio el cabello a su nieta.

-¡pero si estoy encantada abuelita! Eso que todo se diga o haga con música, me hace sentir que la vida es muy hermosa- sonrió soñadora, sin saber que tres pares de ojos dorados se posaban como hipnotizados sobre ella.

-las canciones mexicanas llevan tanta alma y tanto corazón, que se le adentran a uno como una marca de fuego- suspiro inspirada.

-¡ah! Debe ser tan hermoso que a una le hagan el amor cantando- las orejas de sus primos quemaron ante aquellas palabras.

-¿de verdad te gustaría? – pregunto Sesshomaru sonriente.

-mucho- le devolvió la sonrisa la joven.

Koga:

Voy a cantarte

Mi bien porque te quiero

Sesshomaru:

Para adorarte

Mi amor es el primero

Inuyasha:

Siempre te espera

Mis besos y mi vida

Los tres:

Aunque no quieras

Serás mi consentida

Koga:

De ti seré

Sesshomaru:

Amante de visión

Koga

Te adorare

Inuyasha:

Serás mi dios

Los tres

Para querete

Mi vida entrego entera

Hasta la muerte…

La canción mental de los primos se vio un segundo interrumpido por la mirada curiosa de Kagome, pero en cuanto la joven devolvió su mirada a su postre de dulce de coco continuaron.

Koga:

Hasta la muerte

Los tres:

Tendrás

Todo

MI AMOR…

-que cayados están- susurro Kagome a su abuela al ver las miradas de carneros degollados que ponían sus primos.

-pues claro, estos tienen la música por dentro- asintió Kaede, haciendo que los tres brincaran de asombro.

-sí, tienen la música por dentro, no los conoceré yo- les aseguro.

-ya déjelos abuelita, que si no tiene deseos de hablar platicaremos nosotras- sonrió Kagome.

-cierto- asintió Tsudara tomando otra porción del blanco postre.

-bien, dime hija ¿tienes novio?- pregunto doña Kaede, los primos de inmediato pusieron todos sus sentidos en fila para la conversación.

-porque con lo guapa que estas tendrás algún enamorado- sonrió tocando la pinta de su nariz.

-no alguno muchos, hombres rodearla como moscas a pañal- sonrió burlonamente Tsudara.

-a panal papá- gruño Kagome sonrojada.

-es igual hija que las moscas a todo se pegan- rio encantada doña Kaede.

-¿pero novio formal tienes?- los primos entrecerraron los ojos a la espera de la temida respuesta.

-pues novio lo que se llama formal no, compañeros, algunos amigos de la universidad si tengo muchos, pero de ahí no he pasado- contesto Kagome, ajena al suspiro de alivio que soltaron los ojidorados.

-pues me alegro porque aun eres muy joven- asintió aprobatoriamente la abuela.

-y no sé porque se me figura, que he de casarme con un mexicano- asintió también ella, Sesshomaru, Inuyasha y Koga sonrieron para sus adentros.

-parecerte mucho a mi en carácter- sonrió tiernamente Tsudara.

-ya quisiera usted cuero desabrido, Kagome salió a mi sobrina, que en paz descanse- se burló doña Kaede.

-no, no ¿de quién sacar piel blanca?- discutió Tsudara, mas n a pesar de todo no estaba molesto pues ya conocía el humor excéntrico de la vieja matriarca Taisho.

-de usted, por eso no me gusta- refuto doña Kaede.

-pues tener malos gustos anciana- sonrió Tsudara dándole un sorbo a su café.

-cállese, canario hidrópico- lo regaño intentando pescarle la oreja, más el hombre fácilmente la esquivo.

-bueno, bueno, para que ya no se peleen me bronceare- negó Kagome divertida.

-no para que, tengas una piel preciosa- negó koga sonriéndole con su mejor y más sexy sonrisa.

-muchas gracias primo, hasta que empezaste a ser tu- le agradeció Kagome, digo que a cualquier mujer le gustan los halagos.

-¡feh! A mí me parece absurdo y anti patriótico, tener la piel blanca y, decirse mexicana- gruño Inuyasha.

-ya la quisieras tu para el día de fiesta- lo regaño doña Kaede.

-¿azúcar para el café primo?- ofreció Kagome para evitar que el ambiente se pusiera aún más tenso.

-no, nosotros lo tomamos amargo- gruño Inuyasha inflando el pecho, mas Koga y Sesshomaru terminaron por hacer una mueca cuando el obscuro y amargo liquido roso sus lenguas.

-mmm, que rico hueles primo- murmuro Kagome unos minutos después olisqueando a Inuyasha, pero cuando este estaba inflando el pecho con superioridad y arrogancia callo el chubasco...

-¿gardenias blancas?- pregunto ella inocentemente.

Las reacciones de los tres primos fue variada, Koga se atraganto con su bocado de dulce de coco, Sesshomaru escupió su trago de café e Inuyasha se levantó dispuesto a golpearlos a los dos hasta romperles todos y cada uno de sus dientes.

-¡ quietos!- ordeno doña Kaede, totalmente indispuesta a tolerar violencias y berrinches en su mesa.

-¡feh! Yo ya me voy abuela, adiós- gruño Inuyasha dispuesto a marcharse.

-adiós no, hasta la noche- le recordó la abuela con el ceño fruncido.

Inuyasha se alejó de la mesa y de las sonrisas burlonas de sus primos, pero poco antes de salir del comedor se dio media vuelta y miro fijamente a Kagome.

-¡y no son gardenias blancas!- gruño tomando su chaqueta.

-son jazmines- murmuro antes de dar marcha al vestíbulo.

Inuyasha pisoteo por el salón hacia la puerta principal, deteniéndose ante las fotografías de su padre y sus tíos, y con el ceño aun fruncido volteo los retratos de sus tíos dejando solo la de su padre, Inu no Taisho de frente.

-es muy raro cuando un Taisho salir de casa sin dar fuerte portazo- explico Tsudara junto un segundo antes de que el fuerte golpe de la puerta de madera resonara por el comedor.

-si mía hija, yo conocer bien a Taishos, ser todos locos, unos mucho- sonrió mirando a Sesshomaru.

-otros más, pero todos como cabros- termino mirando a Koga.

- como cabros- bufo doña Kaede.

-esos yo digo, unos muchos engrudos, otros muchos merchantes y otros muchos…- miro a Koga con una sonrisa maliciosa.

-eh Luis Koga ¿Cómo decir a hombres que dar flores a jóvenes bonitas?- pregunto arqueando sus rubias cejas.

-¡feh! ¿Y yo que se?- gruño avergonzado antes de levantarse de la mesa.

-abuelita yo también me voy, hasta la noche- se levantó, Tsudara no pudo más y se pelo a reír, pero antes de que Koga pudiera cobrársela su abuela mostro amenazante su temible bastón.

Koga se marchó con el pecho en alto, a pesar de las carcajadas de su tío y a la socarrona sonrisa de Sesshomaru al verse el último contendiente de esa batalla. Murmurando todas las maldiciones ya altisonantes que se sabía entre dientes tomo su chaqueta y se encamino a la salida pero poco antes de alcanzar el pomo del portón noto que la fotografía de su padre estaba girara, "seguro es obra de esa bestia" pensó con malestar, pero primero muerto antes de dejar pasar una humillación de ese tipo a su difunto padre.

Con todo cuidado coloco su retrato como debía ser y luego volteo el de Inuno para que quedarse su espalda, más horrible fue el trago que se llevó al ver que al reverso de la foto de su tío había otra foto del mismo ¡ con una sonrisa burlona! Mas enojado que antes descolgara el retrato y lo tiro bajo del piano de la abuela para luego tomar con fuerza el pomo de la puerta y estaba p a punto de azotar la misma cuando las palabras de su tío volvieron a su mente.

"No, esta vez no caeré en las trampas de ese vejete" se dijo y pero su intento por cerrar con cuidado y en silencio se vio frustrado por Ginta quien sin preocupación había estrellado la puerta de la cocina. Y con una mirada asesina Koga estrello la puerta y se fue.

-¿lo ven?- sonrió Tsudara al escuchar el estruendo.

-¡feh! Para ellos eso es merengue- sonrió también doña Kaede.

-¿un puro viejita?- ofreció Tsudara sacando su cigarrera.

-¡ay si gracias!- sonrio la abuela como una niña a la que se le ofrece un caramelo.

-veremos a que saben los de su tierra- asintió cortándole el papel al puro y llevándose la punta a sus arrugados labios.

Sesshomaru aprovecho la ausencia de los idiotas de sus primos para brincar al asiento al lado de Kagome arrastrando con el su taza de café.

-prima, ¿sería mucha molestia si me endulzas el café?- pregunto sonriéndole con inocencia.

-pero claro que no lo es, por mi encantada- sonrió Kagome tomando la azucarera.

-¿una cucharadita o dos?- le pregunto, las doradas orbes de su primo se enterraron en las suyas con dulzura y un poco de posesión.

-tres- dijo en un susurro sexy que sonrojo ligeramente a la muchacha.

-well, well, parece que nos estamos dulcificando- murmuro Tsudara mientras ofrecía la llama de su encendedor a doña Kaede para que encendiera su puro.

-doña Kaede- llamo Ginta así patrona en voz que apenas y podría contar como susurro ya que todos lo podían escuchar con claridad.

- aquí entro el señor cura y me pidió que le dijera a sutes, sin que se entere nadie, que viene a decirle algo de mucha reserva- doña Kaede exhalo una bocanada de humo antes de rodar las ojos.

-¿sí? Pues tú ve y dile al señor cura, sin que se entere nadie, que tiene un mandadero muy bruto- le "susurro" de vuelta antes de levantarse. Ginta sonrió primero pero estaba a medio camino de entregar el mensaje cuando entendió las palabras de su jefa por lo que frunció el ceño levemente.

-Ustedes lo han oído, me llama el señor cura, con su permiso- aclaro y posteriormente se retiró del comedor.

-¿así está bien?- pregunto Kagome ignorando la salida de su abuela.

-¿quieres probarlo?- ofreció llevando la cucharía a los labios de Sesshomaru, quien la recibió encantado.

-perfecto- sonrio acariciando con suavidad su mentón.

-tío ¿usted no acostumbra dormir la siesta?- pregunto fijando su vista en el hombre mayor que no dejaba de mirarlos vigilante.

-¡oh no, no sobrino! pierde tiempo durmiendo y el que duerme, se pierde de mucho ver- sonrio Tsudara, seria viejo, pero conocía las mañas de los jóvenes, en especial la de los Taisho, que aparte de peleoneros tenían gran fama de don juanes.

Mientras tanto en el salón…

-ahora lo comprendo todo- suspiro doña Kaede después de escuchar la palabras del cura.

-que no podían ir a misa… asuntos urgentes…- comenzó a enumerar las excusas.

-¡debí imaginarlo! Cuando no se golpearon hoy estando juntos, es que había peligro para el apellido Taisho- murmuro, si ya se le hacía extraña la "buena conducta" de sus amados nietecitos.

-¿se da usted cuenta doña Kaede, del peligro que correen sus nietos?- pregunto Hojo dándole un sorbito a un vaso de agua que le habían ofrecido los criados.

-por eso vine a prevenirla, yo creo que sería conveniente des armar a sus nietos- le explico.

-¿Qué?- pregunto la anciana mujer con un ceño fruncido que podría hacer palidecer al más valiente.

-para evitar sangre- intento explicar el sacerdote.

-¿y usted se compromete a desarmar a los Shichinintai?- pregunto inquisitiva

-bueno tal vez pero…- no logro terminar cuando la mujer ya lo miraba con indignación.

-nada de tal vez, ahora es cuando más voy a dejar armados a mis nietos, prefiero verlos muertos pero defendiéndose como los hombres a verlos vivos y cobardes- sentencio, pues ante todo ella también era una Taisho y no dejaría que se desprestigiara su apellido.

-pero doña Kaede- intento nuevamente más la anciana se negó a escucharlo.

-no desarmare a mis nietos, pero si hay que tenr cuidado con una traición de aquellos.- negó con cansancio, ella ya no estaba para estas cosas.

-el Señor nos ilumine, pero al menos de momento no hay peligro, los mande a San Javier de abajo- asintió el señor cura.

-más lo mejor será guardar discreción- aconsejo a la anciana.

-entonces pico de cera- concordó doña Kaede.

-¿de cera doña Kaede?- pregunto sin entender.

-¡ay no se haga bruto!- lo regaño y luego imito un gesto de silencio con sus dedos.

Continuara…