Hola, hola fanfictioneros aquí su servidora zoraidarose con un nuevo capítulo, pero antes una ligerita aclaración, la película de donde estoy basando la historia si tiene un final fijo e incluso una secuela, pero para hacerlo más picoso, yo por elección personal lo cambiare un poco para que puedan ustedes, mis queridos/as lectores/as elegir a cuál de los tres enamorados clásicos de Kagome prefieren y con cual debería ella terminar, hasta ahora el único voto ha sido para Sesshomaru. Los invito a votar pues en el penúltimo capítulo cerrare votaciones y quedara el más votado, ojala me sigan leyendo para entonces.

Ahora sin más rodeos, lean, diviértanse, disfrútenlo y por favorito aunque sea un pequeño emoticón de review

Mía, no es mía, que es mía

Finalmente la tan esperada, y por algunos temida noche callo sobre el pueblo de San Luis de la Paz, la mansión Taisho brillaba llena de luces y de invitados por igual todos en sus mejores galas para festejar a la matriarca Taisho y sus casi 99 años de vida. El primero de los Taisho en llegar fue Sesshomaru, como siempre enfundado en su traje recién comprado bañado en una colonia carísima traída de parís y a sus espaldas la mejor banda de músicos de la región, todo con el precio de un riñón.

-¡viva Luis Sesshomaru!- grito uno de los invitados cuando este hizo su entrada triunfal.

La gente comenzó a aplaudir y alabar al poeta mientras se dirigía a la silla donde reposaba su abuela, en su silla predilecta. Llegando le dio un abrazo y un beso en la mejilla para luego finalmente erguirse y darle su regalo.

-en el santo de mi abuela

Todos los anhelos

Júbilos ahorrados

En la pobre alcancía del corazón

En tu honor serán gastados

Puesto que fueron guardados

Para esta gran ocasión

¿Volverán las oscuras golondrinas?

¿A posarse en tu blanca cabellera?

Sonaran las sonoras sonatinas

¡Y aunque lloren las fuentes cantarinas!

No podrán evitar que yo (se golpea el pecho con arrogancia)

Te quiera-

Recito con altives y orgullo arrancándole una sonrisa a su abuela. Y un aplauso de los presentes, pero Sesshomaru, después de bañarse de ellos los mando a callare con un gesto, pues aún faltaba la cúspide de su recitación.

-¿Qué es mi abuela para mí?

¿Qué es pregunto yo a todos?

¿Qué es?-

Pregunto con tono de dramaturgo narrador de tragedia griega.

- un ogro- respondió Ginta que se cruzaba por ahí con una bandeja entre las manos, la gente se echó a reír pues todos conocían el carácter de doña Kaede, pero el pobre Ginta solo le toco una patada en las posaderas por parte de Sesshomaru.

-¡es titán!

Huracán que lanza retos

("y palos" murmuro Ginta sobándose sus partes posteriores)

¡Es gigante!

Grandeza entre grandeza

Capitana triunfal de mil proezas

Es la abuela vendita

Entre sus nietos-

Terminada la recitación Sesshomaru se inclinó para darle un cálido bezo a su abuela, mientras tanto en una esquina, Hojo jalo aparte a Kagome, si quería evitar una masacre necesitaba alguien que desarmara a ese trio de "angelitos" pero para ello requería de un aliado, y quien mejor que una dulce e inocente mujer.

-¿pero porque quiere que les quite sus pistolas padre?- pregunto Kagome sin comprender la extraña petición del cura.

-Yo se me mi cuento hija- se limitó a decir el sacerdote, ya que sería desastroso que el rumor de un inminente enfrentamiento entre los Taisho y los Shichinintai sería motivo de pánico.

-¿por si se les sube lo Taisho a la cabeza?- pregunto sonriente.

-ni más ni menos- asintió Hojo, al menos no era una mentira del todo.

-cuente con migo- sonrió aún más la muchacha, "sin duda eso sería divertido" pensó agrandando su sonrisa.

-buenas noches padre- sañudo Sesshomaru llegando de improviso.

-buenas para ti hijo- devolvió el saludo Hojo.

-pero que guapa te pusiste hoy Kagome- sonrió galantemente Sesshomaru besándole la mano con cierto deje de coquetería.

-gracias primo sonrio Kagome ligeramente sonrojada, a su lado Hojo carraspeo un par de veces.

-¿se divierte esta noche padre?- pregunto Sesshomaru con su característico tono frio.

-mucho, hijo- correspondió Hojo, instalándose un incómodo silencio entre las tres personas.

-Sesshomaru- llamo de pronto Kagome con una voz tan dulce que se confundía con la miel de las palanquetas, el cura decidió mejor hacerse a un lado no0 era de cristianos meterse en conversaciones familiares.

-jamás me imagine que un ranchero como tu escribiera poesía- el mayor de los Taisho sonrió de oreja a oreja.

-bah, eso es una sandez comparado con mis mejores trabajos, además no te olvides que soy universitario- "no como ese par de bestias alas que lamentablemente debo llamar primos" pensó para sus adentros.

-dedicame un verso- suplico Kagome con ojos brillosos.

-¿ahora?- pregunto Sesshomaru, la azabache asintió efusivamente emocionada como una colegiala.

-mejor cuando estemos solos- le susurró al oído de manera sensual.

-oh no, ahora, por favor- suplico ella.

-bien te improvisare uno- se rindió el ojidorado.

-pues bien

Yo necesito decirte que te quiero

Decirte que te adoro

Con todo el corazón

(Kagome arqueo una ceja al sonarle conocido el versito, e incluso Hojo que no andaba lejos negó con la cabeza de forma reprobatoria, pues al ser hombre de fe era muy dado a la literatura clásica)

Que es mucho lo que sufro

Que es mucho lo que lloro

Que ya no puedo tanto

Y al grito que te imploro

Te imploro y te hablo en nombre

De mi última ilusión…- Sesshomaru iba a continuar pero Kagome puso una mano en su pecho.

-oye Sesshomaru, tengo la impresión de haber visto ese mismo verso firmado por Manuel Acuña- lo interrumpió divertida al ver como palidecía.

-oh si es mi seudónimo- se excusó rápidamente al verse descubierto. Hojo escucho eso ultimo y primero ardiera en hierro fundido antes que permitir semejante plagio.

-yo quiero que tu sepas…- intento continuar el mayor de los Taisho.

-yo quiero que tu sepas que tu "seudónimo" se suicidó hace cincuenta años- lo interrumpió Hojo, Kagome ahogo una carcajada.

-buena Kag, es que con tal de complacerte soy capaz de todo- se disculpó sin disculparse.

-si tú, andale- suspiro Hojo.

Justo en ese momento entro Inuyasha, a diferencia de Sesshomaru iba vestido más humildemente con uno de los viejos trajes de su padre, y su orquesta eran los pocos criados que se quedaban con el más por lealtad que por un salario. Pero aun así, demostrando la dignidad de su apellido entro con el pecho inflado y la frente bien en alto, o al menos la tenía hasta que Ginta que estaba inclinado limpiando un vaso roto lo hizo tropezar y dar una maroma en el piso.

-¡música!- ordeno poniéndose de pie mientras el pobre criado salía del salón como perseguido por el mismísimo diablo.

-abuelita- empezó a hablar.

-yo no sé decir palabras bonitas, yo no tengo más que mi pobreza y… cariños, y como mi pobreza de nada te sirve, te doy mi cariño que es bien grande, y muy limpio, y ya abuelita- hablo besando las arrugadas mejillas de la anciana doña Kaede que lloraba conmovida por las sinceras palabras de su nieto.

-este es mi Inuyasha Luis, ¡puro corazón!- sentencio doña Kaede abrazando a su nieto.

La gente estalló en aplausos, Inuyasha hizo una reverencia galante y se dirigió a otra parte, sus doradas orbes buscaban incansablemente a su prima, pero para su mala suerte esta estaba entretenida por los susurros incansables de Sesshomaru. A pesar de que Kagome lo vio y sonrió para saludarlo este se marchó todo enfurruñado y ofendido.

Pero antes de que cualquiera pudiera reaccionar una fuerte música seguida de un estruendoso grito de mariachi resonaron desde el jardín de la entrada principal, la gente comenzó a aplaudir al ritmo de la música emocionada. Koga se abrió paso entre los invitados disfrutando a más no poder de la atención, puede que él ni fuera el más acaudalado o el más "moral" de los nietos de doña Kaede, pero él era definitivamente el más encantador.

Ingreso como un rey al salón de la mansión Taisho siendo seguido por su orquesta, y solo se detuvo hasta llegar frente a su abuela, ara la hora de que le diera sui regalo.

Escuchen todos señores

La voz de su servidor

Comenzó a cantar haciendo gala de su magnífica y romántica vos que, en más de diez ocasiones registradas habían sido la perdición de los corazones de las doncellas de San Luis de la Paz

Al amor de mis amores

Voy a cantarle mi amor

-Mi abuela nació bonita ¡y bonita seguirá! Lo bonito no se quita ¡cuando se es bonita en verdad!- declaró a todo el salón con voz firme antes de emitir un sonoro grito de mariachi.

Dicen que soy mujeriego

¡No lo puedo remediar!

Las llueven más vengo luego

Con mi viejita a soñar

-dicen por ahí que he nacido proverbio escandaloso, ¡escandalo nunca ha sido! Cantarle a lo más hermoso- sonrió Koga mas esta vez fue la abuela quien grito como mariachi emocionada por las palabra de su nieto.

A mi viejita la quiero

Porque me vale por dos

Mejor amiga y espero…

¡QUE ME LA CONCERVE DIOS!

-¡QUE VIVA LA ABUELA!- grito la gente empezó aplaudir con fuerza y Koga abrazo a su abuela con tal cariño que le dio dos vueltas en sus brazos y más de ocho besos en sus arrugadas mejillas.

Kagome sonrió conmovida, Sesshomaru se cruzó de brazos con aburrimiento, e Inuyasha que se había sentado enfurruñado en un rincón junto a Hojo también estuvo a punto de aplaudir cuando el sacerdote lo vio, pero no rápido ni corto tardo Hojo en agarrarle sus manotas y las sacudió por él.

Tan pronto como doña Kaede libero a su nieto todas las mujeres, de todas las edades se le abalanzaron en sima, Sesshomaru aprovecho para ir por una bebida para Kagome, pero antes de pudiera moverse entre los tres primos se inició un desafío silencioso.

Mientras tanto afuera de la mansión…

Los hermanos Shichinintai, avisados hace unos momentos de la gran fiesta celebrada en la casona de sus rivales, ni lentos ni cortos tomaron sus pistolas y brincaron a sus caballos, con la promesa en el pecho de que no volverían a ver el amanecer los Taisho. Habiendo llegado a una de las ventanas del gran salón, Jakotsu y Renkotsu desmontaron en silencio.

-ahora si los pescamos- sonrió Bankotsu.

-verán que de esta si no se escapan- secundo Jakotsu atando a su caballo a un árbol.

En el salón…

-ser linda fiesta ¿no creer padre?- pregunto Tsudara sentándose junto a Inuyasha y Hojo.

-muy agradable Mr. Tsudara- asintió en acuerdo el sacerdote, mas por su parte Inuyasha se mostró profundamente incómodo.

-oye, Inuyasha, tu seguir enojado porque yo e hija estar aquí ¿verdad? ¿No querernos?- pregunto Tsudara a su sobrino el cual ensombreció aún más su semblante y desvió el rostro.

¿Pero qué te ocurre hijo?- pregunto también Hojo sinceramente preocupado.

-es que me humillaron padre- gruño Inuyasha relajándose un poco.

-nada más lo ven a uno pobre, y ya lo agarran de su puerquito-los dos hombres intercambiaron una mirada de incredulidad por las palabras del joven entre ellos.

-¡pero muchacho!, si mí no…- intento explicar el tío pero Inuyasha lo rechazo con un ademan brusco.

-¿quieres bailar la primera pieza con migo Kagome?- ofreció Sesshomaru galante, aprovechando que sus primos estaban bien entretenidos en otras cosas.

-por mi encantada primo- sonrió Kagome "será la mejor oportunidad para quitarle la pistola" pensó sin perder su sonrisa.

-con tu permiso voy a pedirla- asintió el peli plateado emocionado.

A tan solo unos metros de ahí Koga intentaba escaparse de su círculo de admiradoras para poder ir a saludar a Kagome y pedirle un baile, y con suerte un beso, pero su canción había sido tan exitosa que apenas y podía encontrar un hueco para respirar.

-¡que linda canción Luis Koga!- sonrió una de las admiradores.

-¡y que guapo estas hoy mi chulo!- sonreía otra pellizcándole las mejillas.

-¿no me llevas serenata?- solicito otra de la multitud.

-sí, claro te la llevo- respondió Koga sin pensar intentando salir de esa avalancha de estrógenos.

-¡¿y a mí no?!- chillo molesta Ayame desde otra esquina.

-a ti doble mi corazón- sonrió Koga consiguiendo por fin zafarse de las garras enguantadas de las mujeres.

-… y las haces lo más larga posible, si dura toda la noche mejor- instruía Sesshomaru al director de la orquesta.

-pero don Sesshomaru- intento protestar el maestro.

-se hace lo que digo yo, y que toquen todos.- ordeno con su característica pose fría.

-perdone señor licenciado, ¿no me dedica un pensamiento?- sonrió la vieja Tsubaky una de las muchas solteronas del pueblo.

-vaya…- suspiro Sesshomaru con cansancio mi3entreas tomaba la libreta y la pluma que le ofrecía la mujer.

-en verdad envidio tu carácter Koga- sonrió Kagome, contenta de por fin tener un chance de hablar con su primo.

-tan alegre, despreocupado, sonriente, tal como todos los mexicanos-Koga se sonrojo fuertemente con esas palabras.

-hay prima, pero la verdad, es que… no voy a poder sentirme tranquilo, hasta que me perdones por esos piropos tan majaderos que te dije- musito apenado.

-Porque…- iba a continuar pero entonces la música comenzó a sonar.

-bailando platicaremos mejor, ¿me permites?- ofreció extendiendo su brazo para ella.

-Kagome- los interrumpió su padre antes de poder siquiera dar el primer paso de la danza.

-por favor venir, y explicar a Inuyasha que nosotros no querer humillarle- solicito Tsudara a su pequeña.

-con tu permiso Koga- sonrió Kagome alejándose con su padre.

-pero Inuyasha ¿Qué no puedes olvidar lo que paso hoy en la mañana? Rogo Kagome al llegar junto al ojidorado.

-¡feh! Pues claro que no, ustedes se creen que uno no tiene dignidad- gruño cruzándose de brazos.

-eres un terco ¿o qué? ¿Debo suplicar de rodillas tu perdón?- pregunto Kagome ya harta de las actitudes de Inuyasha.

-no, no es necesario- gruño Inuyasha, tampoco era tan cruel.

-entonces dejar de hacer necio y bailar- incito Tsudara empujando a Inuyasha a los brazos de su hija.

-¿vamos?- pregunto Kagome colgándose de su brazo, pero Inuyasha solo negó zafándose de su agarre.

-aquí tiene- entrego Sesshomaru el cuaderno a la solterona de Tsubaky y estaba dispuesto a volver con Kagome pero lo que estaba por presenciar no era para nada bonito.

-¿Qué no quieres bailar conmigo?- murmuro Kagome con los ojos brillosos, Inuyasha se rindió, si había algo en el mundo que detestaba más que sus primos era una mujer llorosa.

-ya que- gruño cogiendo firmemente a Kagome de la cintura y halándola a la pista de baile.

Del otro lado del salón Sesshomaru y Koga miraban todo con una cara de envidia y rencor pero lo que se dice nada disimulados. Inuyasha, por su parte, estaba que daba brincos de gozo, no solo por estar bailando con Kagome, sino porque era el primero de los tres en bailar con ella, "y seré el único" se prometió hasta que la voz de Kagome lo trajo de nuevo a la realidad.

-que bien bailas primo- sonrio Kagome maravillada por la ligereza de pies del muchacho, ya que, guidaba por su carácter creyó que sería más tosco.

-¡feh!- fue lo único que contesto.

-¿practicas mucho?- intento de nuevo la azabache, otro "¡feh!" fue su respuesta.

-¿Qué es lo único que sabes decir?- pregunto esta vez con un tono de fastidio y molestia.

-¿pues qué quieres que te diga un pobre ranchero como yo?- pregunto Inuyasha suavizando un poco su tono.

Desde su esquina Koga estaba echando humo de las orejas, un segundo, solo eso necesitaba, un segundo para quitar a ese estúpido bestia de su primo para así poder tener a Kagome para él. Pero la pregunta del millón era ¿Cómo conseguir ese segundo? "¿Qué no es ese el interruptor de las luces?" se preguntó viendo hacia la pared, Sesshomaru por su parte se dirigió al director de la orquesta a mala hora le pidió que la bendita canción durara toda la noche.

Por encima del hombro de Inuyasha Kagome vio que Hojo le hacía una extraña seña con la mano encogiendo el dedo anular y meñique mientras formaba una ele con el pulgar y los otros dos. Entonces lo recordó, se supone que debía quitarles las pistolas, y que mejor manera que esta, sonrió ampliamente, le dijo con una seña que esperara un segundo para luego deslizar su mano hasta el conto del muchacho, pero como este era alto para lograrlo debió recargarse más contra su pecho.

Inuyasha por su parte pego un brinquito al sentir el repentino acercamiento de Kagome, de acuerdo no había tenido muchas novias, pero si algo sabia era que cuando una chica se acercaba así, significaba algo serio ¿cierto? Con una sonrisa maliciosa le dio un pellizco en la espalda justo en el borde del vestido, "calma Kagome, no te enojes, ya lo golpearas cuando le des la pistola a Hojo" coreaba la azabache en su mente, el sacerdote por su parte ahogo una risita, bueno ¿Qué más podía esperar de un Taisho? Finalmente Kagome consiguió zafar la pistola de su funda y en cuál de los muchos giros de la danza se la pasó a Hojo quien la escondió en uno de los bolsillos de su hábito.

-tienes que detener la canción cuanto antes- gruñía Sesshomaru al director de la orquesta.

-¡oh! Pero si usted me dijo que durara toda la noche- reclamo fastidiado el director sin dejar de mover su batuta.

-¡que la cortes y sin replicar!- rugió perdiendo los estribos, mientas que Koga aprovechaba para acercarse disimuladamente al interruptor.

-¿pero que espera?- gruño molesto Sesshomaru.

-esperece, que aún faltan tres compases- explicó con fastidio el director

Fuera de la ventana Renkotsu se había posicionado medio oculto en un árbol, listo para dispararles a esos odiosos Taisho mientras que Bankotsu y Jakotsu vigilaban que no fueran a llegar algún metomentodo que diera aviso a la gendarmería, y apenas y lograba apuntar cuando se fue la luz. Los invitados comenzaron a quejarse por la repentina obscuridad hasta que Ginta medio a ciegas consiguió prender de nuevo las luces.

Sesshomaru busco desesperado a Kagome con la mirada, pero estuvo a punto de armar una rabieta, ahora Kagome había caído en brazos del mujeriego seductor de Koga.

-¿pero cómo?- pregunto Kagome sorprendida.

-tú me perdonaras hermosa prima, pero al camarón que se duerme se la lo lleva el son- sonrió Koga, justo en ese momento se toparon con Inuyasha, Kagome le sonrió en disculpa aunque no ayudo mucho.

El peli plateado vio a Kagome alejarse para un segundo después caer en cuanta que de alguna manera Koga le ha ya cambiado su compañera de baile para poder estar el bailando con Kagome, gruño por lo bajo antes de mirar de reojo a su pareja, "¡ah hijo de…!" grito asustado al ver a la mujer nariguda y desnutrida a su lado.

-¿Qué le pasa?- pregunto la señora sonriente.

-creí... que era…- intento explicar retrocediendo un paso pero la mujer dio tres para alcanzarlo.

-si ¡yo soy Socorro!- musito la fea solterona agarrando a Inuyasha del cuello con sus brazos, "¡AUXILIO!" quiso gritar Inuyasha pero los huesudos brazos alrededor de su cuello le asfixiaban como una cuerda muy rasposa.

Desde la ventana Renkotsu gruño de frustración ya que ahora le era imposible conseguir un blanco limpio gracias al intercambio de posiciones, por lo que simplemente se marchó soltando pestes, debía planear con sus hermanos una nueva estrategia. Kagome por su parte tanteo con sus finas manos el cinturón de Koga donde localizo y desabotono la pistola.

-¿te pregunto algo y me dices la verdad?- pregunto el pelinegro sin dejar de mirarla con pasión.

-tú dirás- asintió Kagome aferrando el mango del arma.

-¿tienes novio?- pregunto con tono inquisitivo.

-¿Cómo voy a tenerlo tonto? ¿No vez que acabo de llegar?- sonrió Kagome.

-¿sí o no?- exigió Koga frunciendo el ceño.

-no – negó Kagome tocándole juguetonamente la punta de la nariz con su índice derecho.

-menos mal, y hablando de otra cosa ¿no das a lobe llu?- pregunto apretándola un poco más por la cintura.

-¿eh?-

-¿no me digas que no hablas inglés?- se rio el muchacho al ver la cara de incertidumbre de ella.

-¡ah! ¿Es inglés?- sonrió Kagome.

-claro, i love you cada segundo, i love you cada hora, i love you cada día, cada estrella que tintinea y cada cucú que suena te están diciendo por mi i love you – Kagome se sonrojo por las palabras de su primo a mas no poder.

Aprovechando el movimiento de la contra danza Kagome se acercó al padre Hojo y le entrego la pistola, la cual guardo rápidamente en la otra solapa de su hábito. Por otro lado, Sesshomaru estaba rojo a más no poder por ver la escenita y para colmo el director de la orquesta aun no finalizaba la pieza, entonces tuvo una brillante idea.

-hazla más larga- le susurro al director.

-¡ash! ¿Quién lo entiende a usted? Que si larga… que si corta…- gruño el director.

-tú hazlo- ordeno con fiereza antes de formar una bocina con sus manos.

-¡atención señores, este baile es calabaceado!- anuncio sonriente. Desde su silla doña Kaede entrecerró los ojos "¿y ahora que maldad traman estos pillos?"

Sesshomaru se acercó y toco el hombro de Koga con brusquedad exigiendo el cambio de pareja, Koga gruño molesto pero justo cuando iba a cederle el turno a su primo un borrón rojo y plateado deposito a la vieja huesuda en brazos de Sesshomaru y desapareció con Kagome hasta el otro lado de la pista de baile. El mayor de los Taisho rápidamente empujo a la mujer en brazos de Koga y salió en persecución de Inuyasha, Koga pesco a Ginta de la solapa y lo aventó de cabeza a los brazos de la arpía para seguir a sus dos primos.

-lástima que ahora no me atreva, porque si no te diría que…- comenzó Inuyasha cuando se hubo asegurado que no lo habías alcanzado aún.

-¿decirme que?- pregunto Kagome emocionada.

-…que… ¡pues que te quiero!- soltó por fin completamente rojo de la vergüenza.

-¿y no me lo dirás?- pregunto Kagome conmovida por la timidez de sus primos.

-¡feh! no- sentencio el pero entonces Sesshomaru exigió su turno y con toda la pena Inuyasha tuvo que cederlo.

-no se lo dije- murmuro con tristeza antes de dar una patada al suelo.

Kagome aprovechó el estar con Sesshomaru para batir su record y quitarle la pistola para un segundo después dársela a Hojo, quien, habiéndose quedado sin bolcillos en la sotana y tuvo que esconderla en su camisa.

-tu eres la poesía, te he llevado dentro sin saberlo, y ahora que te tengo, solo puedo alcanzar a decir te amo- recito Sesshomaru a Kagome.

Pero antes de que esta pudiera contestarle dos puños se estrellaron sobre la cabeza del muchacho, y tres pares de brazos comenzaron a jalonearla en direcciones opuestas entre altisonantes palabras y maldiciones a sus primos. Doña Kaede se puso roja de cólera al ver ese espectáculo y tomando su fiel y temido bastón se plantó en medio de la pista de baile.

-¡QUIETOS! ¡CON UN DEMONIO!- gruño pegándoles a cada uno un bien merecido bastonazo en la cabeza.

-mocosos peleoneros ¡SE ME LARGAN LOS TRES!- los hecho con un ademan brusco.

-¡pero abuela!- protestaron los tres al unísono.

-¡QUE SE ME LARGUEN! ¡A fuera los tres hasta que se les bajen los humos!- los interrumpió levantando amenazadoramente su bastón.

Koga se marchó dando de patatazos pero antes de que Sesshomaru e Inuyasha fueran capases de seguirlo la anciana les jalo de las orejas hacia el lado opuesto.

-y ustedes ¿Qué piensan hacer tras el otro? Déjenlo solo ¡Se me salen por atrás! chacales- gruño mandándolos por la otra puerta.

-no respetan ni mi casa, ni mi santo, ¡ni a su prima!- gruño enfadada. Desde la puerta Koga les hizo señas a sus primos de que se encontraran afuera, esto tenía que acabar.

-¿y ustedes que miran y no tocan?- dijo mirando a los músicos.

Toquen que esto todavía es una fiesta- ordeno antes de tomar a Kagome por el brazos.

-ven conmigo hija que quiero presentarte a unos amigos.- le sonrió guiándola a otra parte del salón.

Continuara…