Hola, hola mis queridos lectores, aquí un nuevo capítulo, agradezco sus comentarios y sus votos, hasta ahora los primos van empatados con un voto cada uno ojala que en este capítulo se ganen algunos más, espero que les guste y por favor comenten aunque sea un emoticón.

Ojitos, ojitos color de café, sí tu si me quieres…

Una vez hubieron salido los Taisho el señor cura reviso muy disimuladamente su sotana y conto las pistolas, satisfecho dio un suspiro y se hundió en la silla donde estaba reposando, al menos ahora ya no pasaría a mas esos pleitos. Afuera Koga enfurruñado esperaba a sus primos, hasta que una idea se le cruzo por la mente, tomo un leño bien grueso y largo entre sus manos y se escondió tras el portón.

No muy lejos Jakotsu que había visto salir al Taisho menor junto hacia señas a Bankotsu, que estaba más cerca de la puerta ´preguntándole porque no disparaba aprovechando que estaba desprevenido, mas su hermano mayor solo le hizo un gesto de que esperara y volvió su atención a su presa. La puerta de la casa se abrió y Koga se preparó para soltar el golpe, pero se paró justo a tiempo al ver que era su abuela quien había salido.

-ya me…- comenzó a murmurar bajando rápidamente su garrote.

-¿Qué haces ahí?- Pregunto gruñendo doña Kaede.

-pues lo que usted me ordeno abuela, tomando el fresco- se excusó Koga rascándose nerviosamente la nuca.

-¿con ese…"popote"?- señalo la abuela su garrote con cierta desconfianza. Koga lo soltó como si fuese un alacrán, mientras su abuela lo miraba con chispazos quemantes en sus entornados ojos.

-mejor tomalo más para haya ¡o te vas a resfriar!- le ordeno alzando un poco su bastón, Koga sintió un escalofrió subirle por el espinazo.

-pero abuela…- intento quejarse pero el bastón solo se elevó un poco más.

-retirate, que no quiero escándalos ahora que están aquí Tsudara y Kagome- ordeno señalando un rincón lejano del jardín con su nudosa mano.

-y no quiero más pleitos, chacal- sentencio cerrando de un portazo. Desde su escondite Jakotsu, Bankotsu y Renkotsu estaban morados de aguantar las carcajadas por la reprimenda dada al Taisho.

Pero justo en ese momento aparecieron los peli plateados marchando ruidosamente. Los tres hermanos Shichinintai se voltearon cuidadosamente para que no se fijaran en ellos aun.

-¡oye lobo!- llamo Inuyasha formando una bocina con una de sus manos.

-aquí estamos- completo Sesshomaru cruzado de brazos.

-¡quietos los tres!- ordeno Jakotsu saltando de su escondite junto con sus hermanos. Antes de los tres primos pudieran decir o hacer nada cualquier cosa dos pistolas tenían encañonado a Sesshomaru e Inuyasha por la espalda y una tercera apuntaba a la cabeza de Koga.

-ahora si se les termino su estrella Taishos- sonrió cruelmente Renkotsu.

-vamos, caminando niños—ordeno Bankotsu con un gesto mientras empujaba a Inuyasha, lo propio hicieron los otros dos hasta que tuvieron a los Taisho indefensos en medio de la calle.

-recen su ultima, para que no digan- ordeno Jakotsu sin dejar de apuntarle a los primos Taisho.

-hmph, mejor dejalos que se condenen- sonrió burlonamente Renkotsu mirando sobre todo a Sesshomaru.

-esperen hermanos- intervino Bankotsu pero sin perder su sonría ni bajar su pistola.

-que no se diga que no somos gente decente, dejemos que también desenfunden- ordeno viendo a los ojidorados que tenían las manos en alto.

-¡defiéndanse!- secundo Jakotsu entusiasmado.

-¡BAJEN ESAS ARMAS!- GRRITO Otra vos lejos en el jardín, Hojo emergió de las sombras unos segundos después.

-¡que guarden esas armas!- volvió a ordenar el sacerdote poniéndose enfrente a los nietos de doña Kaede con los brazos en cruz.

-¡usted no se meta padre!- grito Koga que ya tenía la mano a punto para agarrar su pistola.

-quítese su paternidad- pidió Bankotsu sin bajar su propia arma.

-guarden esas armas he dicho- gruño el castaño sin moverse ni un poco.

-muévase por favor padrecito- suplico Jakotsu lagrimeando ligeramente.

-los Taisho van desarmados- explico Hojo. Sesshomaru, Koga e Inuyasha revisaron prontamente sus cinturones y palidecieron al comprobar que efectivamente sus armas habían desaparecido.

-no pueden disparar sobre ellos así- asintió Hojo sabiendo sin necesidad de voltear la respuesta de los Taisho.

-¡lo han hecho adrede! ¡Cobardes!- rugió Renkotsu fastidiado.

-¡CALLATE! Adrede lo hice yo- reprendió Hojo sin bajar sus brazos, temeroso de una traición de aquellos.

-denos las armas padre- ordeno Inuyasha con llamas en los ojos.

-¡jamás!-

-¡denos las armas! ¡No quedaremos como collones!- rugió Koga igualmente enfadado.

- Pues no se las daré- volvió a negar Hojo.

-con todo el respeto padre, eso no le servirá de nada- hablo Sesshomaru con voz gélida.

-los Taisho siempre hemos tenido muchas pistolas- completo Inuyasha.

-eso a mí no me importa- aseguro viéndolos de manera reprobatoria.

-y ustedes tres, si son tan cobardes, disparen sobre ellos indefensos, ¡y sobre mí también!- reto a los Shichinintai.

-hermanos vámonos, que ya luego nos las veremos con estos- ordeno Bankotsu enfundando su arma.

-cuando quieran- gruño Koga mostrando los dientes.

-cuando no se escondan en las faldas de su abuela- estepo Renkotsu.

-que poco conocen a los Taisho- se mofo Sesshomaru.

-ustedes Taishos a callar, y ustedes tras largo de aquí ¡se los ordena el señor cura!- volvió a intervenir Hojo empujando a los Taisho tras su espalda.

-como usted ordene su santidad, que ya los iremos a visitar mañana al jaripeo- respondió Jakotsu marchándose junto a sus hermanos, pero no fue hasta que estos desaparecieron en la noche que Hojo pudo volver a respirar tranquilo.

-oiga padre, díganos una cosa- interrumpió Koga mientras iban a la puerta.

-¿Cómo hizo para quitarnos las pistolas?- exigió saber Sesshomaru siendo rápidamente apoyado por sus primos.

-¡¿YO DESARMARLOS A USTEDES?!- pregunto Hojo fingiéndose escandalizado por la suposición.

-no, imposible hijitos, eso es trabajo que solo las manos femeninas pueden hacer- sonrió inocentemente, y palmeándoles la cabeza regreso al salón. Los primos se miraron unos a otros desconcertados.

Más tarde esa noche…

Kagome yacía en su cama, bien envuelta en sabanas suavecitas y calientes, totalmente agotada, había bailado como nunca, y ese pleito de sus primos por ella… ¡dios su ego femenino estaba al reventar! Finalmente a eso de las 3 de la mañana no había podido más y se había retirado a dormir. Pero ni en sus sueños podía dejar de pensar en su experiencia de esa ocasión.

Sueño de Kagome…

-i love you cada minuto, i love you cada segundo, cada estrella que brilla y cada reloj que hace tic tac te está diciendo por mi i love you…- susurraba Koga mientras ambos bailaban, entonces una mano toco a Koga en el hombro, era Inuyasha pidiendo su turno para bailar con ella, Koga cedió sin rechistar.

-no te lo puedo decir, no te lo quiero decir, no te lo debo decir pero te quiero ¡te quiero, te adoro!- sonrió Inuyasha teniéndola bien envuelta en sus brazos mientras ambos giraban al son de la música. Fue el turno de Sesshomaru por presentarse a reclamar su turno y nuevamente no hubo contienda.

-… y ahora que te hayo, solo encuentro dos palabras que decirte… te amo, te amo- recito orgulloso el mayor, entonces Kagome lo comprendió.

-¡lo mismo que tus primos!- exclamo sorprendida.

-¿ah sí? ¿Y tú a cual de nosotros prefieres?- pregunto Sesshomaru sonriente.

-yo… emm… permíteme un segundo- sonrio con nerviosismo y con una volteada se alejó de Sesshomaru para ir donde su abuela y su papá.

-abuelita, ¿a cuál de los tres debo querer?- pregunto en un susurro, la abuela se bajó las gafas para ver a sus nietos, los cuales se señalaban a sí mismos con "disimulo".

-ay hijita, la respuesta correcta es… ¡que a los tres!- sonrió la abuela.

-¡ay sí! A los tres…- sonrió Kagome ilusionada.

-¿a los tres? ¡¿Pero cómo?!—se preguntó levantándose de un salto de la cama.

Sueño de Sesshomaru…

Al que en versos le canta

Su pasión de noche y día

Recitaba Sesshomaru en el comedor de la casona, su abuela lagrimaba como una fuente y se limpiaba con gigantes pañuelos, Tsudara apenas y contenía sus sollozos mientras Kagome le veía con ojos brillantes llenos de amor.

Pobrecita mujercita

De rutilante flor de luz

Tan preciosa

Tan bonita y tan divina como tu

-es noble, decente… sniff… ser guapo, inteligente ¡y rico!- lloro Tsudara conmovido con el pretendiente de su hija.

-¡Y HACE VERSOS!- sollozo la abuela haciendo estremecer los vidrios.

-para ti amada mía…- sonrió Sesshomaru ofreciéndole una cajita de terciopelo y dentro un anillo con un diamante tan grande como una mandarina, brillante como el mismo sol, que encegueció por un segundo a los presentes.

Kagome dejo que se lo pusiera en el dedo sin dejar de mirarlo con esos brillantes ojos, y a punto estaban de darse un beso cuando dos golpes resonaron en la puerta.

-han llamado señor- expreso Ginta en un papel de mayordomo estirado, como Alfred el de Bruno Díaz.

-introdúcelos- ordeno Sesshomaru.

Ginta asintió respetuoso y abrió la puerta, frente a ellos se arrodillaron un Inuyasha y Koga más que andrajosos, vestidos de harapos, sucios llenos de moscas y pulgas y sin afeitar. Tan flacos y raquíticos que la abuela por un instante los confundió con esqueletos o momias de Guanajuato.

-primito ¡tengo hambre!- sollozo Koga quitándose el agujerado sombrero de su piojosa cabeza.

-ten piedad de nosotros, no seas malito- lloro Inuyasha juntando sus manos en gesto suplicante.

-¡perdonanos!- lloraron ambos inclinándose sobre el suelo.

-que los echen a los perros- ordeno Sesshomaru y con un gesto despectivo de su mano, Jaken y Ginta sacaron a escobazos a los dos intrusos mal olientes.

-y ahora que se fueron esas dos alimañas, ¿me endulzarías el café querida?- pidió el peli plateado con una sonrisa arrogante.

-no solo el café, voy a endulzarte la vida- le correspondió la sonrisa Kagome, y ante las miradas conmovidas de su abuela y suegro se llevó la tasa de café azucarado a los labios.

Tamaña decepción cuando despertó y en lugar de café sus labios tocaron la colilla de cigarro que estaba fumando solo unos minutos antes, con un gruñido exasperado boto la colilla lejos y el libro de poesía que sostenía en sus manos termino incrustado en la calva y redonda cabeza de su fiel criado Jaken.

Sueño de Koga…

Paseando frente al atrio de la iglesia iban él, Kagome, su padre y la abuela, entonces aquellos dos desteñidos pazguatos hicieron acto de presencia e intentaron mancillar la tranquilidad de su quería prima poco sus incesantes peleas. Pero el, un hombre como de los que ya no hay se les planto, y con solo su mirada los hizo salir corriendo como los perros cobardes que eran.

Pasada la molestia tomo a su princesa entre sus fuertes brazos, la inclino con delicadeza y estaba a un solo centímetro de esos perfectos labios rosados cuando las vio, cientos de mujeres, todas de luto llorando como viuda en un velorio, y tan fuerte que no le sorprendería que inundaran la iglesia entera.

-¿Quiénes son?- pregunto Kagome con la inocencia de 8una criaturita.

-las abandonadas- se limitó a contestar Koga para poner toda su atención en esas cálidas y deliciosas lagunas de chocolate fundido.

-¡NO!- lloraron a gritos las mujeres empapando ya sus negras vestiduras con los mares de agua salina que caían de sus ojos y los gritos de dolor y reclamo resonaban en el pueblo entero.

-me dedicare solo a ti- le aseguro cuando vio la mirada de misericordia de en los ojos de Kagome.

-la felicidad de Kagome esta primero- explico a las lloronas.

-¡BBBBUUUUAAAA!- se escuchó su grito hasta en los montes y cerros cercanos.

-qué bueno eres- sonr5io conmovida Kagome.

Él la estrecho nuevamente en sus brazos y al deslizar sus manos por la pequeña y delicada espalda femenina unas suaves notas surgieron.

-Kagome tiene música…- murmuro Koga sorprendió, pero al volver su mirada a sus brazos, en vez de espalda femenina había una guitarra apolillada y vieja.

La boto de golpe enojado, y en cuanto a la botella de aguardiente barato que había en su mesita de noche se la arrojo a lo primero que vio, que resultó ser el pobre de su criado Hakaku.

Sueño de Inuyasha…

-¿es que tengo que arrodillarme para que me perdones?- suplicaba Kagome llena de pena y arrepentimiento en medio del salón de baile en la fiesta de la abuela, y él solo se limitaba a mirarla con los brazos cruzados.

-si- asintió lleno de arrogancia.

-aquí me tienes ante ti rendía, renuncio a todo, mi dinero todo lo que me pidas pero por favor quiéreme Inuyasha- suplico Kagome, él la miro con orgullo y pasión.

-está bien, levantate querida mía, los Taisho sabemos perdonar- le pidió tomándola galantemente de las manos para aferrarla a su pecho un segundo después de robar un besos de sus sonrojados labios.

Pero su mágico momento se vio opacado por aquellos dos moscardones no dejaban de mirar a SU chica, uno con tres chicas en cada brazo susurrándole que se la quitaría y el otro amasando mas de cien kilos de billetes con expresión arrogante. Coloco a Kagome tras el para que estuviera protegida y miro a esos dos inútiles con fuego en sus ojos.

-¡largo de aquí!- rugió a todo lo que daban sus pulmones.

En menos de lo que uno puede decir ya el salón quedo vacío, Inuyasha inflo el pecho satisfecho de su obra y Kagome se arrojó sobre el para llenarlo de besos y palabras de admiración. Más detrás de una cortina los dos tramposos de sus primos se habían escondido y ahora lo apuntaban con sus pistolas, pero otra vez él fue más rápido y disparo tres veces.

Cuando sus ojos se enfocaron de nuevo en la realidad y los tronidos de las balas dejaron de rugir, los espejos de su habitación estaban destrozados y la bella pelinegra entre sus brazos había sido suplantada por una almohada. Gruñendo de rabia tiro la almohada lejos y su pistola fue a dar directo al jardín.

Continuara…