Disclaimer: Los personajes son de J. K. no míos, los utilizo sin ánimo de lucro.
N.A: Por fin conseguí terminarle, muchas gracias a Ana y a Aby mis dos locas musas por la ayuda con esta historia que tanto me cuesta escribir. Espero que os guste.
Es extraño... el tiempo ha pasado de forma irregular... cada día es un tormento, pero ahora miro atrás y no veo más que días borrosos teñidos de solor. Son una amsa informe de vagos recuerdos de acciones cotidianas en los que sujetaba mi dolor con esas fácilmente rompibles pinzas de tender la ropa. Hace ya dos meses que decidí olvidarle y creo que he hecho algún progreso. El corazón sigue dándome vuelcos cada ves que le veo pero... Bueno hace casi una semana que no lloro por él. Es todo un récord. Blaise ha conseguido hacerme sonreir con sinceridad varias vece y hace que mis penas sean mucho menores. A su lado, entre sus brazos, bajo su atenta mirada, el dolor tiene un sabor diferente.
Me levanto, estoy en la ducha, desayuno, el timbre suena, hora de ir a clase de herbología, ya ha pasado la primera clase y ni me he enterado. Últimamente el tiempo transcurre como a saltos. Pero no de esa manera como cuando estoy enamorada, que me pierdo en los detalles y lo demás pasa a un segundo plano. Ahora el tiempo pasa de forma lenta y pesada, pero tan uniforme que no distingo un día de otro, sólo es un paso más para las vacaciones de Pascua.
¡Joder! Ah, no. Mierda.
—¡Ay! — Me quejé.
—Perdona. —Me dijo Blaise tras haberse chocado conmigo.- ¿Por qué te paras en medio del pasillo?
Desvié la mirada de ese maldito Creevey y su cabellera rubia e ingenié una excusa.
—Creí que me había dejado la varita en clase.
Él suspiró y negó con la cabeza. No se lo había creído, sabía perfectamente que había confundido a Creevey con Draco.
—Ya claro— Dijo irónico.
—¡Oye que esa era mi frase! ¡Ni se te ocurra robármela Blaise! — exclamé bromeando.
—Un poco tarde, ahora está en mi poder. — Rió siguiéndome la broma.
Todo hay que decirlo, puedo ser una panoli enamorada pero en el arte de cambiar de tema soy la reina de las reinas.
—Por cierto, ¿Te pones conmigo ahora en herbología? — Preguntó.
—Umm... no lo sé, espera que voy a preguntarle a la sangresucia Granger si le importa que en vez de con ella me ponga contigo. Espero que no la moleste, me dolería tanto si se enfadara...
¿He mencionado que también soy la reina del sarcasmo?
—¿Cómo puedes hacerme esto? — Dramatizó— ¿Me obligas a elegir entre el placer de tu compañía y los sentimientos de mi pobrecita dientes largos? ¡Creo que me suicidaré para no provocar un conflicto! — Exclamó e hizo ademán de tirarse por la ventana.
—Contando con que estamos en el vestíbulo, creo que serías un suicida bastante penoso. —Reí.
—Has herido mis sentimientos pequeña víbora, como castigo te obligaré a estar conmigo en herbología, para poder aprovechar y hacer que te ataque un snargaluff.
Pero el ataque que Blaise había planeado se vio truncado de tal manera que a ambos casi se nos salen los ojos de las órbitas. A mí por... bueno por lo que fuera, y a él por mi posible reacción.
—Buenos días chicos, seguid sacando las vainas de snargaluff como el otro día. En grupos de tres. Malfoy, con Zabini y Parkinson.
Lo que me faltaba. ¡Por Merlín! ¿Es que todo lo malo que me pueda pasar pasará? Decido olvidar a Draco y le tengo que soportar a mi lado durante hora y media luchando contra una planta de largos tentáculos, con la camisa arremangada y el pelo revuelto.
Se dirigió hacia nosotros enarcando una ceja ante nuestra reacción.
—¿Qué pasa? ¿Os ha mordido un gusarajo?
—Estábamos mirando a Sprout- Me salvó Blaise—. ¿No tiene más sombreros? Va siempre con ese sucio y remendado. Ni a mi elfo doméstico da tanto asco mirarlo.
—No tiene sentido de la decencia ninguno- Añadí.
—Ya, pero eso no es nuevo. Además, es Hufflpuff, ¿qué esperáis? — Dijo él con gesto aburrido, apoyándose en la mesa y mirándome fijamente. — Hay fiesta esta noche en la Sala Común. ¿Vais a ir?
—¿Hoy? Pero si es miércoles—Se extrañó Blaise.
¿Qué era esto? ¿Los miércoles pasaban a ser los nuevos jueves de fiesta? No me extraña que tengan tanto éxito las pociones antiojeras, los slytherins debemos comprar la mitad de las existencias del mundo entero. Pero, ¿por qué no aparta la mirada de mí? Me está poniendo nerviosa no poderle mirar a los ojos. Pero no puedo, caería a sus pies si le miro.
—Es el cumpleaños de Brooks, de quinto— aclaró Draco, me pareció que con desgana.
—Paso, tengo que terminar un trabajo de astronomía— Rechacé la invitación. No sé cómo he podido desperdiciar esta oportunidad de estar con Draco, esa propuesta estaba segura de que llevaba en su interior una proposición indecente. Pansy, recuerda que prometiste olvidarte de él. Miré a Draco y le descubrí con la vista fija en mí, de nuevo. Dirigí rápidamente la mirada hacia Blaise—¿Tú vas Blaise?
—No lo sé, puede que me pase— Dijo, atento al cruce de miradas que acababa de tener con Draco.
—Vaya par de revenclaws estáis hechos, ya sólo os falta poneros su uniforme. Pansy, yo creo que deberías ir, te lo pasarías bien.
El corazón me latió desbocado y la sangre se me agolpó en las mejillas, le miré y no pude apartar los ojos de él. Una media sonrisa, los ojos brillantes, el pelo un poco despeinado, insinuándose a mí.
—¡CUIDADO DRACO! —Blaise se lanzo sobre él, tirándolo al suelo y entonces vi los tentáculos del snargaluff, que se habían ido cerniendo sobre él y habían estado a punto de lanzarle directo a las fauces de la planta.
—Blaise, no sé qué tienes pero tú siempre te chocas con alguien— Reí, aún con el corazón latiéndome a toda prisa, por el susto y por... lo otro.
—Eso tío, no sé qué es peor, si que me salves o no. Casi me aplastas- Protestó Draco.
—Encima que te salvo no protestes niño pijo, tendría que haber dejado que te tragara la planta. — Gruñó Blaise.
—Hubiera podido con ella.
—Anda y que te peten rubio oxigenado, la próxima vez te lanzo.
Nunca había visto a Zabini seguirle el rollo a Draco de esa manera, cada día me sorprende de una manera distinta.
¿Chicos qué hacéis?— Protestó la profesora Sprout — ¡Vamos! ¡A trabajar!
No se podían callar, no. ¡Por todas las serpientes de Salazar Slytherin! ¿Es que nadie puede trabajar en este maldito castillo? Vale que estén dando una fiesta en la sala común, ¿pero no puede gemir más bajo la gente de los dormitorios? Esto es peor que... ¿cómo dijo Flitwick que se llamaba? Ah, Claudio, el emperador romano ese que embrujó la casa de su padre y se montaba orgías en el palacio a cada rato. No hay quien haga el trabajo de astronomía.
Lancé el pergamino a la otra punta de la escalera y le di una patada al tintero. Explotó y lo llenó todo de tinta, pero me alivió un poco la rabia.
—¡¡Sí Draco!!
Cerré los ojos y suspiré con fuerza. No sé si me lo hubiera pasado bien si hubiera ido a la fiesta, pero desde luego la chica esa mal no se loe estaba pasando. Me pasé las manos por la cara y el pelo, intentando librarme de toda la rabia, frustración y la amalgama de sentimientos que me embotaban la cabeza.
—Pansy, ¿qué haces aquí? — apareció Blaise.
—Allí dentro no se puede trabajar, ni aquí fuera tampoco. ¿Y tú que haces que no estás en la fiesta?
—Huyo — Contestó, girándose nervioso hacia la entrada de la sala común.
—¿Huyes? — Reí— ¿De quién?
—De Natalie. Se me ha lanzado al cuello y casi me arranca los labios del beso que me ha plantado.
No pude evitar soltar una carcajada.
—¿Y por qué la has abandonado, sex-symbol?
— Mira, con la borrachera que lleva encima ahora mismo, no sabe ni quién es ella misma. Me la llevo ahora a la cama y mañana me acusa de violación — Entre el comentario, que se pasó la mano por la camisa, desabrochándose la corbata, aún nervioso, y que se sentó a mi lado, no pude evitar volver a reírme.
—¿De qué te ríes ahora?— Preguntó desconcertado —Mujeres...
— ¡Te acabas de sentar en un charco de tinta pedazo de tejón!
Blaise se miró el pantalón y, efectivamente, lo tenía lleno de tinta azul.
—Te voy a matar. ¡Esto lo has hecho aposta!— Me acusó.
—¿Yo? ¡No! —Se acercó hacia mí, con las manos alzadas pringadas de tinta — ¡No Blaise! ¡Que no ha sido adrede!
—Ya, y voy yo y me lo creo— Rió. Traté de huir pero antes de levantarme le tenía encima, llenándome la cara de tinta. Los dos riéndonos a carcajada limpia nos enzarzamos en una pelea a ver quién manchaba a quién que paró abruptamente. Yo estaba tirada en las escaleras, él amenazándome con una manaza azul, casi tumbado sobre mí. Los dos nos callamos y nos quedamos quietos. Mi corazón comenzó a acelerarse. Acercó la mano a mi rostro y me acarició la barbilla, alzándola mientras acercaba sus labios a los míos. Me preguntó si quería continuar con la mirada, pero mi mente no funcionaba. Fui yo quien juntó mis labios con los suyos, sin tener constancia de ello. Fui yo quien pasó mis brazos por su espalda. Nos besamos, con calma, disfrutando del roce de nuestros labios, abrazándonos. Dejándome sentir una calidez en mi boca que se fue extendiendo por todo mi cuerpo, provocándome cosquillas en los pies, escalofríos en el cuello, y una intensa sensación de ser vigilada en la nuca.
— Con razón no queríais ir a la fiesta — Se escuchó una voz cargada de desprecio.
Nos separamos de inmediato y miramos hacia arriba. En lo alto de las escaleras, con la camisa a medio abrochar y cerrando la puerta del dormitorio de las chicas estaba Draco.— Nosotros ya hemos acabado ahí dentro, ¿Queréis la cama? — Preguntó irónicamente.
Oh Merlín. Acababa de besar a Blaise, y me había gustado. Y ahí estaba Draco. Oh cielos. Tierra trágame.
No lo soporté más de tres segundos, subí corriendo las escaleras y me metí en mi dormitorio, apartando a Draco de un empujón y cerrando de un portazo.
El dulce olor de la piel de Draco me trajo a la mente el pensamiento más incoherente de mi existencia, nacido en el instante en el que le había visto en las escaleras.
Se está en el séptimo cielo con Blaise, y deseo a ese ángel seductor de pecho de acero.
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