Disclaimer: Los personajes le perteneces a Rowling yo los utilizo sin ánimo de lucro

N.A: Increible pero cierto, soy capaz de continuar esto. Muchas gracias a todos aquellos que dejasteis reviews, en especial a mis dos adoradas locas ana y aby que me quieren pegar por no actualizar. Este capítulo me ha costado menos escribirlo cuando llegué a un punto y no sé ni como ha quedado, hay un cambio en la línea de la historia, creo, que espero que no os diguste. Disfrutad leyendo.


— Oye, qué putada lo de Pucey, ¿no?

— ¿Eh?— Pregunté, volviendo al mundo desconcertada.

— ¿Qué te pasa Pansy? Levas toda la semana en tu mundo de fantasía. Concentras menos la atención que Longbottom intentando seguir el vuelo de una mosca.

— ¿A mí? Nada, imaginaciones tuyas.

Me despedí de Amanda y eché a andar a ritmo de caracol por las mazmorras, buscando un sitio tranquilo en el que descansar. La he mentido, es verdad, pero no tenía otra opción. ¿Qué iba a decirla? Oye Amanda que si estoy como un inferi viviente es porque el miércoles pasado besé a Blaise y creo que tengo ganas de volver a hacerlo. Y bueno, ya sería genial si puedo besar también a Draco, ¡podemos hacer un trío! Además, ni que fuera la primera vez que la miento, o que ella me miente a mí.

No tengo las cosas claras en absoluto. Hasta ahora tenía claro que amaba a Draco Malfoy, y que le quería olvidar. Ahora ni eso, no sé si quiero olvidarle, si quiero quererle, si puedo evitar quererle o si él me quiere. No, Pansy, él no te quiere, lo sabes. Como si no tuviera suficiente con ese problema, ahora se le añade Blaise.

El miércoles por la noche besé a Blaise. Lo disfruté como pocos besos he disfrutado y fue tan... diferente, de todos los besos que me han dado que no sé ni qué pensar. Hasta ahora siempre me habían besado con lujuria, como si no existiera el mañana, como adolescentes en celo, y me gustaba. Pero Blaise me besó con cariño, lentamente, como llevándome en una nube que se balancea suavemente, con ternura. Y no sé ni cuál prefiero. Por eso llevo evitando a mi mejor amigo una semana. No sé cómo actuar ante él: Hablar como si nada hubiera pasado, lanzarme a sus brazos, decirle que fue un error... Maldita adolescencia.

Por fin encontré un aula libre y a pesar de que rebosaba humedad y hacía frío, cerré la puerta y me senté en el suelo. Sólo un slytherin andaría por las mazmorras sin que hubiese clase, y dudo mucho que quieran sentarse aquí, en lugar del lujo y comodidad de la sala común.

Pero por lo visto hasta en esto me equivoco. Pocos segundos después de sentarme el picaporte se movió, alguien iba a entrar. Saqué la varita y la mantuve bajo la manga, por si acaso era algún gryffindor. Una pelea ayudaría a librarme por un rato de esta indecisión.

No, tampoco era un gryffindor. Era aún peor.

—Blaise, ¿qué haces aquí?

—Quería hablar contigo.

Oh, oh... Pansy si algo podía salir hoy mal, definitivamente, no ha salido mal, ha salido peor.

— ¿Cómo sabías que estaba aquí? — Pregunté, en un intento de aplazar unos minutos la conversación. Por favor, necesito aclararme...

— Te vi entrar en la clase.

—¿Me estabas siguiendo?

— Sí.

La franqueza de su afirmación me hizo cerrar los ojos y suspirar hondo. Pansy, es tu mejor amigo, no puedes estar haciéndole pasar por esto. Acláraselo todo.

Sí, eso es lo que debería hacer, lo sé perfectamente. Pero, ¿cómo hacerlo cuando ni siquiera yo tengo claro lo que quiero?

Algo de este dilema se debió reflejar en mis ojos porque Blaise, que tenía la cabeza inclinada hacia mí haciendo que mi mirada coincidiera de forma más directa con la suya, la irguió, adoptando una postura más distante.

Algo bueno tenía que tener lo de ser amigos, él ha visto perfectamente que necesito espacio, aclararme, y ha sabido actuar en consecuencia.

—Blaise yo... —Comencé a decir.

— No, tranquila —Me cortó—. No pasa nada. Lo entiendo.

¿Ese momento en el que tienes un marrón encima que no te cabe en la cabeza y, ocurre como si de pronto pesara menos de la mitad? Eso me pasa ahora.

Me encanta tener esta complicidad con Blaise, me alivia que me comprenda y que sepa que necesito tiempo para pensar sin tener que pasar por la embarazosa situación de decírselo. Creo que, si decidiera que sí que le quiero de verdad, él lo sabría incluso momentos antes de que yo lo averiguara.

Sin pensarlo me lancé a sus brazos y le abracé con todas mis fuerzas. Besándole el hombro, me separé de él y salí de la clase corriendo a mi habitación, contenta de tener la cabeza un poco más despejada para pensar.

Pasé lo que quedaba de día haciendo deberes atrasados para quitarme los sentimientos de la cabeza por un rato y, antes de darme cuenta ya era hora de cenar. Me senté en mi sitio de siempre y comí en silencio, preguntándome por qué Blaise no estaba sentado a mi lado, como de costumbre, por qué no había ido a cenar.

Se está tomando muy en serio lo del espacio, será mejor que hable mañana con él.

Pero por más que lo intenté el jueves no conseguí hablar con él: se sentaba lejos de mí en las clases, se escabullía en cuanto sonaba el timbre y desaparecía del castillo en los ratos libres; el poco tiempo que pude verle parecía abatido. Esto corre prisa, tengo que hablar con él.

En la clase de encantamientos practicábamos los hechizos impermeabilizantes y ya estaba de los nervios.

—Vamos señorita Parkinson, concéntrese— Me dijo el profesor enano—. Sólo es cuestión de realizar u suave giro de muñeca. No blanda la varita como si fuera una es...

¡BUM!


Mi cabeza... Au... Me duele.

Parpadeé varias veces y cuando conseguí abrir los ojos la luz me deslumbró. ¿Dónde estaba? Reconocí las cortinas blancas y la cama de hierros enseguida: la enfermería.

Al tratar de recordar lo ocurrido la cabeza me daba fuertes pinchazos, pero conseguí revivirlo. Clase de encantamientos, Flitwick me estaba echando la charla cuando Longbottom provocó una explosión con su varita.

Proferí un gemido de dolor.

—Vaya, ¿ya nos hemos despertado? — Preguntó a un volumen demasiado alto la enfermera.

Susurré un débil tratando de controlar el mal humor. La mujer desapareció y volvió a los pocos segundos con un vaso lleno de una poción azulada.

—Tómate esto, es para el dolor de cabeza. Llevas durmiendo desde el jueves por la mañana, estamos a viernes a medio día. Esta tarde si todo va bien te dejaré marchar— Miró el vaso con la poción— ¿A qué esperas? ¿A que te traiga la pajita y el aperitivo? ¡Bébetelo!

La poción sabía a rayos. Me la bebí de un trago procurando no saborear y me mordí el labio para no vomitar. Fue una suerte que lo hiciera porque me hizo efecto de inmediato y los pinchazos desaparecieron.

Me recosté de nuevo en la cama y no me di cuenta de que me había adormilado hasta que escuché a la señora Pomfrey hablando en firmes susurros.

—¿Otra vez tú aquí? Creí haberte dicho que esto era para enfermos, no para que vinieras a pasar el día, molestándome a los pacientes.

¿Quién era? ¿Por qué no le dejaba pasar?

—¿Pero aún no se ha despertado? ¿Le ha bajado la fiebre?

–¡Blaise!— No pude evitar exclamar.

—Venga pasa— concedió la señora Pomfrey— pero nada de alborotarla.

Escuché cerrarse la puerta y mi mejor amigo se asomó tras las cortinillas con cuidado.

—Que no contagio nada, puedes pasar sin miedo— Le sonreí.

Blaise entró y se puso a un lado de la cama.

—¿Cómo estás? ¿Sigues teniendo fiebre?

—Estoy bien ya, ¿cómo sabes que tuve fiebre? — le vi sonrojarse al contestar.

—Estuve aquí ayer por la tarde— Se encogió de hombros—. No sabía cuanto de grave era lo que el inútil de Longbottom te había hecho.

Solté una risilla.

Tiene gracia que haya conseguido tumbarme sin querer, cuando si se lo hubiera propuesto se habría aturdido a sí mismo de pura inutilidad.

Blaise se unió a mis risas y se sentó con cuidado en la camilla.

Entonces me acordé de lo que estaba tratando de hablar ayer con él.

— Oye Blaise...

—Dime — Me miró sonriente, claramente aliviado porque no tenga nada grave.

— Llevo dos días intentando hablar contigo— técnicamente había pasado uno durmiendo pero eso no cuenta —. Quería explicarte lo del otro día.

La sonrisa se borró de su rostro al instante.

—No tienes nada que explicar... lo entiendo.

— No Blaise— le agarré la mano—, ceo que estás exagerando. Que necesitara un poco de tiempo no significa que quiera separarme de ti.

Leí la incomprensión en sus facciones andes de escucharla en sus palabras.

—¿Cómo?... ¿un poco de tiempo?

—Sí — expliqué agachando la cabeza, no me sentía capaz de mirarle—. Necesito un poco de tiempo para aclarar mis sentimientos por ti... y por Draco — añadí—. Pero eso no significa que quiera olvidarme de ti, que no pueda seguir comiendo contigo... y esas cosas. No te he pedido que desaparezcas de mi vida mientras pienso.

Su tono de júbilo medio oculto me hizo alzar la cabeza.

— Deja que me aclare. Entonces, ¿tú no sabes si quieres a Draco... o a mí?— Asentí— ¿No habías tratado de decirme que me alejara, que querías a Draco?

Negué con la cabeza en silencio.

—¡Por Merlín esto es fantástico! —Exclamó y del salto que dio pegué un bote en la cama. Blaise rebosaba entusiasmo, y creo que acababa de captar el mensaje, aunque de una forma bastante optimista. Llevaba dos días creyendo que le había dado calabazas.

Me envolvió en un fuerte abrazo y antes de darme cuenta sus labios estaban sobre los míos.

—¡¿Qué es esto!? —gritó la señora Pomfrey y Blaise me soltó del susto— ¡Haciendo guarrerías en la enfermería! ¡FUERA!

Él, radiante, me dijo mientras se dejaba arrastrar por la enfermera:

—¡Lucharé! ¡Te quiero! ¡Estaré esperándote en cuanto te recuperes!

No pude evitar soltar una risilla que finalicé abruptamente cuando vi quien había entrado en la enfermería y me miraba fijamente.

Esa cabellera rubia era inconfundible.


¿Qué tal ha estado? ¿Os ha gustado? a mí esta historia cada día me gusta más, prometo actualizar, aunque no prometo hacerlo pronto. Dejad un review si os habéis molestado en leer todo esto anda =D