Disclaimer: Los personajes son propiedad de Rowling, ya sabéis que yo solo juego con ellos un rato y los vuelvo a dejar en su sitio.
N.A: Por fin actualizo, sí, tras meses si hacerlo. Muchas gracias a aquellos que dejásteis reviews diciendo que os gustó la historia, si no los dejárais probablemente ya la habría abandonado del todo.
—Vaya, parece que le tienes enamorado perdido— dijo Draco, acercándose con una media sonrisa.
—¿Desde cuándo llevas aquí?
— Acabo de llegar, creo que me quedé cuando la enfermera empezó a gritar como una cerda: Se la oís desde la otra punta del castillo.
Esbocé una falsa sonrisa, aliviada porque no haya escuchado mi conversación con Blaise.
—¿No te alegra que venga a verte?
—¿Sí, claro! Sólo que no me di cuenta cuando habías llegado. La enfermería me está volviendo la mente Gryffindor, cada día estoy más tonta.
Rió con despreocupación y se apoyó en el poste de la cama, cual Adonis iluminado por su aureola de belleza.
—Saldrás de aquí para el sábado, ¿no?
—Espero, si todo sale bien me liberan esta tarde, ¿por qué lo dices?
Es el partido contra Ravenclaw, no puedes perderte el mejor partido que ha tenido este colegio en su historia.
Reí mientras me fijaba en la imposible pero real descuidada elegancia que lucía, con el primer botón de la camisa desabrochado y la corbata algo suelta y aún así luciendo un porte de la más alta aristocracia.
—Si la mujer esta me deja, no me lo perderé —dije sonriente.
Mi alocado corazón pareció estar saltando desde lo alto de San Mungo. Relájate Pansy— me dije—. Sólo está presumiendo.
Esta sensación fue en aumento cuando se acercó a la cama y se inclinó hacia mí, tanto que su corta melena me hizo cosquillas en la cara.
—¿Draco?
—Oh, perdona— se apartó y esbozó una sonrisa que lucía retadora— Creí haber visto algo en la mesilla.
Miré el ajado mueble del otro lado de mi cama y no pude quitarme de la cabeza que podía haberse dado la vuelta a la cama, pero se había inclinado sobre mí... adrede.
—Hablando de la mesilla... Deberíamos demandar al colegio por hacernos vivir en condiciones inframágicas, esto parece un hospital muggle. No sé cómo no te has muerto de asco.— Dijo él y esbozó esa expresión suya en la que arrugaba la nariz y los ojos se le achicaban de una forma deliciosa.
Aparté la vista de su rostro, temerosa de caer una vez más en sus redes y dejar de ser consciente de mis actos y vi de reojo que lucía momentáneamente un gesto de frustración.
—Sí, esto es un asco. Este colegio no para de empeorar, un día nos despertaremos y ya ni se enseñará magia. Y todo por culpa de Dumbledore y su títere Fudge.
—Ni lo dudes. Este verano mis padres pensaron de nuevo en enviarme a durmstrang, donde no existe ese atentado a la dignidad mágica de la asignatura de Estudios Muggles.
Ignorando el vuelco que dio todo mi estómago en reacción a sus palabras fingí una expresión de aprobación y le apoyé asintiendo con la cabeza. No iba a dejar que viera cómo me afectaban sus palabras. Además, observándole me ha dado la impresión de que es más consciente del efecto de sus actos de lo que creía. Puede que haya dicho esto para que sea consciente de la necesidad que tengo de él, a juzgar por el brillo calculador que me pareció ver en sus ojos.
No Pansy, estás alucinando. Draco no te está manipulando, le conoces desde que entraste en Hogwarts y siempre ha sido así— Me dije a mí misma—. Y es cierto, Draco no ha cambiado su forma de ser desde entonces, en términos básicos. Tengo tantas ganas de que él me haga caso que hasta me invento cosas. ¿Qué va a ser lo próximo? Creo que me estoy volviendo loca de tanto debatir conmigo misma, quizá debería hablar con Amanda de esto. Una segunda opinión puede que me ayude a aclararme y no me dé tantos quebraderos de cabeza como los que tengo ahora. Aunque claro, ¿qué la digo? Oye Amanda, estoy enamorada perdidamente de Draco Malfoy, pero ahora me gusta Blaise Zabini y le besé el otro día. No sé qué hacer, porque Blaise es muy dulce, pero Draco me pone jodidamente cachonda... ¿tú qué opinas? Suena absurdo hasta en mi mente.
Ah, Merlín, y encima me duele la cabeza, lo mejor que podía me pasar. Esa idea de hablarlo con Amanda queda descartada, además es una cotilla y se lo contaría a todo el mundo, y lo que me faltaba, convertirme en la comidilla del castillo.
Ahora sólo me queda seguir debatiendo conmigo misma.
—¡Ey! ¿Vuelves a la vida?
Me giré sorprendida y miré a Draco, que me observaba con una ceja arquedada.
—Perdona, me he puesto a pensar y me he aislado del mundo. ¿Qué decías?
—Decía que me voy— sus ojos se volvieron gélidos y desviaron la atención hacia algún punto más debajo de mi cuello—, pero nada, sigue pensando en tus cosas que yo ya me voy.
Antes de que pudiera decir nada ya se había dado la vuelta y caminaba hacia la puerta de la enfermería a paso rápido.
—¡Espera Draco! No te vayas —me levanté de la camilla rápidamente en un intento de alcanzarle—. Siento no haberte hecho caso, no era mi intención, yo nunca querría...
Fue entonces cuando perdí el conocimiento.
Me desperté desorientada y con un dolor de cabeza más grande del que tenía antes de desmayarme.
—...¿Señora Pomfrey?— pregunté dubitativa.
Como un hipogrifo en un boticario, la enfermera entró haciendo chocar y tintinear todos los cacharros que llevaba en las manos.
—¡Ya se ha despertado la señorita! ¿Cómo se te ocurre levantarte? ¡Reposo total! ¿Te suenan esas palabras, bonita?
La miré con mala cara mientras me encogía por el martilleo de sus berridos en mis oídos. Suspiré y apelé a toda mi buena voluntad y mi sentido común para no decirla cuatro cosas a la verdulera.
—¿Podría no gritar? Me duele la cabeza.
—Normal que te duela la cabeza guapa, te diste con ella contra el poste de la cama. A saber dónde ibas. A perseguir al muchacho, ¡seguro! Estos niños de hoy en día, no hay quien os controle... No te muevas de la cama, voy a traerte la comida. A dónde vamos a ir a parar, siempre haciendo trastadas... Como si no tuviéramos ya suficiente con todos los líos habituales de este colegio...
Cuando por fin se calló suspiré aliviada y me pasé la mano por la frente: la tenía ardiendo y la sentía palpitar. Una cosa estaba segura, esta noche no me iba a casa.
Después de una comida fría por haberme perdido la hora del almuerzo, y de un par de horas mirando al techo de la enfermería lleno de desconchones, empecé a pensar en que Draco debió asustarse al verme caer. Igual está preocupado, sin saber nada de mí, y claro, la enfermera no le dejará pasar por haberme alterado, y menos después de lo que pasó con Blaise... ¿Cómo le hago saber que estoy bien, que no tiene que preocuparse? Moverme queda descartado y una lechuza no entraría aquí. Además, no creo que me deje salir para el partido de mañana... ¿Y si aún sigue enfadado? Se va a enfadar aún más cuando no vaya a verle jugar. Y con toda la razón del mundo, él estará esperando que le anime en las gradas y yo le abandono sin tan siquiera avisarle... Joder, va a odiarme por eso.
Al final, entre el cansancio y tanto darle vueltas al mismo tema de Draco y la enfermería, y Draco y el cabreo que iba a tener conmigo me quedé dormida a mitad de la tarde y no desperté hasta la mañana siguiente.
Me hubiera gustado disfrutar de un sueño reparador, pero hasta durmiendo me asaltaba la preocupación por Draco y su enfado conmigo. Tuve una pesadilla en la que Draco, montado sobre un dragón venía hacia mí atacándome con géiseres helados y diciéndome cosas como Esperaba tu apoyo. y No quiero saber nada más de ti.
—Buenos días dormilona —dijo una voz risueña desde la puerta.
Me incorporé y saludé sonriente a Zabini. Venía con el abrigo y los guantes puestos y la bufanda de Sluytherin.
–Hola Blaise, ¿de dónde vienes?
—No vengo, voy al partido, pero ya que me deja pasar la enfermera gruñona me quedo a verte —se acercó a la mi cama y me puso su bufanda sobre los hombros.
—No seas tonto, vete a ver el partido, no creo que quieras perdértelo.
—¿El partido contra Ravenclaw? Venga, ¿tú has visto el equipo que tienen? Vamos a machacarles en diez minutos.
En ese momento llegó la enfermera, y aunque puso mala cara al ver a Blaise por lo menos no dijo nada y me dio el desayuno.
—Tostadas, mermelada, zumo de calabaza, leche con cereales y uvas... —Dijo Blaise mirando la bandeja del desayuno con gesto pensativo.
—¿Quieres?— le ofrecí.
—No, estoy pensando algo mejor. Vamos a ver el partido desayunando— dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Se quitó el abrigo y los guantes y se apoderó de mi cuchillo y tenedor, empezando a cortar mis tostadas en cuadraditos, untando algunas con mermelada y colocando el zumo y la leche cada uno en un extremo de la bandeja.
—¿Qué estás haciendo, Blaise?— le pregunté curiosa, mirando su rostro concentrado.
—Estoy preparando nuestro propio partido de quiditch —cogió un puñado de uvas—. ¡Listo!
—Estás como un grindylow, yo ahí no veo nada.
—Eso es porque aún no te lo he explicado. Mira, esos son los aros de gol —señaló los vasos de zumo y leche—, los siete trozos de tostadas sin mermelada son el equipo de Ravenclaw, las que tienen mermelada somos Slytherin, y vamos a marcar en la leche. La quaffle son los cereales, la snitch esta uva blanca y las bludgers estas otras uvas. ¿Empezamos?
No pude reprimir la carcajada que me salió. Sólo a Zabini podría ocurrírsele jugar un partido de quiditch con el desayuno.
Después de veinte minutos de partido Slytherin ganaba ya ciento treinta a cero y Ravenclaw atacaba.
—La cazadora de Ravenclaw dribla, va a tirar, va a tirar —decía Blaise cogiendo una tostada y dirigiendo un cereal-, y... ¡tira!
Cogí el vaso de zumo y bebí, haciendo que el tiro de la cazadora catyese justo donde antes estaba el vaso.
—El aro de Slytherin se ha movido y ha rechazado el gol, señoras y señores. ¡Pero es totalmente legal y reglamentario!
Puse voz de pito y comencé a mover a la cazadora:
—¿Cómo que legal? ¡Eso es tiro directo árbitro! ¡Era tanto seguro!
Blaise se acercó y acabó de un bocado con la cazadora.
—Ale, descalificada— dijo y estallamos en carcajadas.
—¿Sabes qué?— me comí una tostada de mermelada— ahora yo soy la guardiana de Slytherin.
Minutos después sólo quedaban los buscadores y la snitch. Nos habíamos comido hasta las bludgers.
—Chang contra Malfoy, peleándose por la snitc, ¡los únicos jugadores que aún quedan en pie! ¡La Ravenclaw se adelanta, va a coger la snitch!
¡Zas!
Ups... ya no queda buscadora de Ravenclaw.
—¡Chang se estrelló contra una grada!— proclamó Blaise entre risas— ¡La snitch vuela y vuela, Malfoy no la alcanza!
Lanzó la uva en una perfecta parábola que acabó en mi boca y nos abrazamos, celebrando el triunfo.
—¡Slytherin gana! ¡Campeón por nosécuántos puntos a cero! ¡Las serpientes ganan!
Me sequé las lágrimas de risa, pero me sobrevino otra carcajada. Abrazados y muertos de risa vimos por la ventana al equipo de Ravenclaw y sus compañeros, entrando al castillo, alegres y triunfantes.
—Vaya, parece ser que nuestro equipo del desayuno es mejor que el real.
Nos miramos y volvimos a romper a reír, olvidando la tostada de Draco Malfoy tirada en la bandeja olvidada del desayuno.
Este capítulo es un pelín más largo que los demás aunque no mucho. Espero que no notéis mucho cambio en la historia, pero he perdido el guión en el que tenía apuntado todo lo que iba a pasar así que hasta que aparezca me toca improvisar.
¿Me dejáis un review?
