Listo chicos/as el último capítulo, pues bueno, aquí llego el fin de otro fic, espero que les haya gustado tanto como a mí me encanto escribirlo, los espero en las continuaciones de "el rey y yo" y "brillo de luna en el corazón" además los invito a mi fic de año nuevo "el correcto" otro fic de mi entera autoría salvo por los personajes de nuestra querida Rumiko Takahashi, y sin más preámbulos los dejo, ojala les guste y por favor aunque sea un emoticón enojado de review ¿plis?

Con quien me quedare es…

El sol de mediodía golpeo con fuerza el palacio municipal, la noticia de la muerte de los Shichinintai había corrido como el agua y dentro el señor juez interrogaba al mayor de los Taisho.

-usted es el asesino ¿Por qué mato a los Shichinintai?- interrogaba el licenciado, pero Sesshomaru poco caso le hacía.

-mire Taisho, no se encierre en ese mutismo, es mejor que confíense- Sesshomaru continuo sin responder y solo se irguió en su típica pose fría.

-¿Qué hacía ahí su caballo?- volvió a insistir, recibiendo una gélida mirada dorada.

-yo no lo lleve- gruño como respuesta.

-¿y niega usted que había jurado matar a los Shichinintai?- prosiguió el interrogatorio mientras el secretario tomaba notas del asunto.

-no lo niego- se encogió de hombros Sesshomaru sin darle verdadera importancia al asunto.

-¡pues no escapara usted a la acción de la justicia!- replico el licenciado.

-nada se me ha comprobado- se quejó Sesshomaru levantándose, no tenían pruebas sólidas contra él así que se marcharía de ese lugar.

-señor juez- interrumpió otra voz en el juzgado. Era Inuyasha que venía con el rostro lleno de cardenales moretones y venditas, lo mismo que Sesshomaru.

-he venido a entregarme, yo mate a los Shichinintai- declaro sin ningún vestigio de culpa.

-¿usted?- pregunto el señor juez sorprendido e incluso Sesshomaru alzo sus oscuras cejas.

-sip- contesto indiferente Inuyasha quitándose el sombrero.

-¿es "este" de aquí del pueblo?- pregunto el juez al secretario.

-si señor- respondió un obre pequeño, escuálido y con gafas del tamaño de fondos de botellas.

- Inuyasha Luis Taisho- respondió Inuyasha llevándose un cigarro a los labios.

- Inuyasha Luis Taisho- repitió como dictado el señor juez antes de atragantarse el mismo con sus palabras.

-¿Taisho?- pregunto al notar la coincidencia del apellido.

-si ¿Por qué?- afirmo el ambarino.

-¡ah ya! ¿Pariente de "este"?- sonrió con cierto sarcasmo señalando a Sesshomaru con ademan brusco.

-por mala suerte- gruño sin siquiera ver a su pariente.

-pero tantito… somos primos- gruño Sesshomaru también sin mirarlo.

-para el caso es igual- los calmo o lo intento el juez.

-¿usted cree que declarándose culpable, va atenuar el castigo que el otro merece?- pregunto burlesco.

-no señor, tengo pruebas más que suficientes en contra de su… pariente, y con esta "declaración" suya tan espontanea, no hace más que confirmarme que el asesino, es él- señalo el juez, Inuyasha lo vio con una sonrisa de medio lado.

-¿ese? No me haga usted reír- se burló exhalando una bocanada de humo.

-¡¿reír de qué?!- gruño Sesshomaru molesto.

-¡feh! ¿De qué más? ¡El asesino soy yo!- estepo Inuyasha.

-¡claro que no! ¡El asesino soy yo y usted tiene las pruebas!- se enfureció Sesshomaru señalando al señor juez.

-¡mientes! ¡Échelo a la calle!-ordeno Inuyasha rojo de ira.

-no se fatiguen señores- calmo los ánimos el juez con una sonrisa que arqueo su bien peinado bigote estilo Zapata.

-ya tendrán oportunidad, de demostrar su culpabilidad, ¡ante el señor juez del distrito!, que no debe tardar- los dos primos se cruzaron de brazos en una rabieta.

-mientras tanto enciérrenlos, adentro- ordeno el señor juez haciendo una seña al guardia para que abriera la reja de las celdas.

-¡a fuera!- trono la voz de Koga desde la puerta, entro igual de magullado y remendado que sus primos pero con dos pistolas cargadas apuntando a todo lo que se movía.

-quietos, que el que se mueva se muere- ordeno Koga apuntando al juez y al secretario, uno de los guardias intento sacar su pistola pero solo consiguió un disparo en la mano izquierda.

-¡¿ustedes que hacen que no se largan?! Afuera están los caballos- ordeno a sus dos primos que lo veían atónitos.

-¿y tú sarnoso?- pregunto Inuyasha incrédulo pero con un pie fuera del juzgado.

-ahí los alcanzo bestia, ¡fuera!- ordeno, los dos primos no necesitaron una segunda repetición, salieron corriendo directo a sus monturas y de ahí calle abajo, mientras Tsudara los observaba. El juez trato de sacar su propia pistola pero le fue imposible ya que Koga le disparo a los pies.

-no se mueva que se disparan solas- sonrió con altanería.

-bien, ahora…- sonrió macabramente el pelinegro acercándose al tembloroso juez.

-va usted a juzgarme por amago a la autoridad, protección de fuga y asesinato a los Shichinintai- ordeno como si estuviese en un restaurante, dejando sus pistolas sobre el escritorio, el juez las tomo con manos temblorosas.

-¡PERSIGAN A LOS PROFUGOS!- ordeno apuntando los dos cañones al muchacho frente a él, que seguía sin inmutarse.

-¿conque usted también mato a los Shichinintai?- pregunto incrédulo el juez.

-nada de también, lo hice yo solito- sonrio Koga como si le estuvieran alagando.

-pero a todo esto ¿Quién es usted?- pregunto ya apunto del ataque de nervios el juez.

-Luis Koga Taisho- el juez palideció.

-¡¿otro Taisho?! ¡¿Y LUIS POR AÑADIDURA?!- grito escandalizado.

-por mi abuela- asintió Koga.

-¡ah! ¿Se burla? Pero yo le enseñare a comportarse delante de un juez- gruño el licenciado ya fastidiado de todos esos Taisho revoltosos.

-¡le instruiré proceso inmediatamente!- ameno dirigiéndose al señor secretario que estaba más que listo para tomar el dictado.

-homicidio, adagio, protección de fuga, ¡disparo de arma de fuego!- comenzó a dictar moviendo las manos en ademanes furiosos hasta que una de las pistolas se disparó contra el escritorio, provocando un brinco de ambos hombres, quedando a su vez el secretario abrazado al juez estilo scooby dooh.

-¿lo ve? Le dije que se disparan solas, ¡eso es para hombres!- se burló Koga después de ahogar una risita. El señor juez enrojeció de rabia.

-¡premeditación!, ¡alevosía!, ¡ventaja! ¡Y otros agravantes más!- rugió esta vez pero cuidando que sus dedos estuviesen lejos del gatillo.

-y escandalo- le completo Koga mirándose las uñas.

-¿y usted que sabe de leyes?- gruño el licenciado con cero de paciencia.

-puede que más que usted- sonrió el pelinegro.

-¡¿qué?!- estallo el juez.

-¿no sabía que soy abogado?- sonrió Koga aun burlón.

-¿"abogado"? ¿Cómo va a ser un abogado con esas pintas?- pero Koga en vez de ofenderse por las burlas del juez solo se rio más.

-pues si vamos a juzgar por la facha…- sonrió con burla y diversión.

-¡basta de altanerías! Ya veremos si al señor juez del distrito ¡le contesta usted de esa manera!- le apunto con la pistola a la nariz pero Koga no cambio su sonrisa.

-claro que no, imagino que ese será gente decente- termino con broche de oro su burla.

-¡ENCIERRENLO!- ordeno histérico y dando ligeros botes de rabia, el guardia tomo a Koga por el brazo, pero el pelinegro pudo sentir claramente como el guardia temblaba de miedo. Con una sonrisa socarrona se dejó guiar a la celda sin mostrar oposición.

-valiente raza de Taishos estos- maldijo entre dientes el juez guardando las pistolas de Koga bajo siete llaves.

-solo viene a causar dificultades ¡pero al siguiente que venga aquí se le va a tratar con…!- grito el juez, mientras Tsudara negaba con la cabeza, pues había visto y escuchado todo.

-¡papá!- llamo Kagome desde la plaza mientras ella y la abuela corrían a la casa de justicia.

-¿es verdad que Sesshomaru está preso?- preguntó preocupada la abuela.

-no, no estar, él e Inuyasha salir corriendo calle bajo- explico secándose el sudo de la frente, y ambas damas dieron un suspiro de alivio.

-ahora Luis Koga ser preso- comento Tsudara abanicándose con su periódico a causa del sol de mediodía.

¡¿LUIS KOGA?!- gruño la abuela escandalizada.

-¿y ahora que ha hecho ese bueno para nada?- pregunto frunciendo el ceño y apretando de manera muy peligrosa su bastón.

-¡oh! Regarla bien y bonita, insultar mucho a señor juez- sonrió Tsudara recordando las caras que ponía el licenciado.

-¡ay! Como siempre tenía que ser "ese" el que metiera las cuatro- gruño furiosa doña Kaede dando un bastonazo al piso.

-pero esto lo arreglo yo, ¡vengan conmigo!- ordeno marchando toda enfurruñada a la puerta del juzgado.

-no poder, debo recoger abogados en pista aérea ¿acompañarme Kagome?- declino Tsudara, bastante nervioso al ver así a esa vieja matriarca.

-si hija ve, porque tu padre es un pazguato- concordó la anciana mujer Taisho y marcho con su bastón bien puesto y su mejor postura rígida a la casa de justicia.

-"En el pueblo de San Luis de la Paz, Inuyasha Luis Taisho, que declaro ser primo de Luis Koga Taisho, que a su vez había declarado ser primo de Luis Sesshomaru Taisho e Inuyasha Luis Taisho…"- recitaba el secretario el oficio, hasta que el señor juez lo interrumpió.

-oiga, ¿no cree que son demasiados Luises Taisho?- pregunto ya hasta la coronilla de tanto nombrecito.

-buenos días- gruño doña Kaede con un ademan rápido mientras sus ojos buscaban a su nieto en la celda.

-¿usted quién es?- pregunto el juez en tono cansado.

-Luisa Kaede Taisho- respondió con un resoplido brusco, el juez palideció.

-¿Taisho?- repitió esperando haber escuchado erróneamente el apellido de esa vieja, y Luisa por añadidura.

-sí señor, Taisho viuda de Taisho- asintió la abuela y se dirigió hacia las jaulas.

-¡óigame! ¿Usted dónde cree que va?- la detuvo, estaba harto de los escándalos de esos Taisho y ahora esta anciana prometía ser toda una cereza del pastel.

-no más a ver a Luis Koga- explico Kaede inocentemente exhalando una buena bocanada de humo en el rostro del juez.

-¿o cree que soy tan tonta como para quedarme aquí? ¡A ver déjeme pasar!- ordeno al guardia el cual, por instinto, comenzó a abrir la puerta respetando la voz de m ando.

-¡óigame! ¿Quién es usted para dar órdenes aquí?- la enfrento el juez.

-su abuela- lo reto doña Kaede en el mismo tono que utilizo con el guardia de la puerta.

-¡¿mi abuela?!- se escandalizo el señor licenciado.

-¡no señor! La abuela de mis nietos, y no vengo a dar órdenes ¡vengo a suplicar que me dejen ver a mi pobre muchachito que está ahí encerrado!- explicó exagerando todos sus gesto.

-por los otros ya ni me preocupo, pues como andan libres- se e3ncogio de hombros de manera despreocupada.

-nada de libres ¡están prófugos! Que no es lo mismo- aclaro el juez.

-pues eso me va igual, para mí todo el que anda en la calle es libre- lo contradijo doña Kaede bajando su tono de voz a uno más dulce ero sin poner su autoridad nata de lado.

-¿se está usted burlando de mí?- gruño ya arto de esa familia de escandalosos, y pelados.

-no se exalte señor, que solo vengo a defender a mis muchachitos- explico doña Kaede poniendo rostro de paloma blanca.

-¿sus muchachitos? ¡Esos tipos son unas fieras!- exhalo el secretario desde su escritorio.

-tienen su carácter, cierto, pero no son malos niños, lo que pasa es que ustedes no los saben tratar- sonrió doña Kaede.

-pues yo no sé cómo he de tratar a un pelado que se presenta aquí, ¡con dos pistolas armando escándalo y amagando a la autoridad!- gruño el juez poniéndose rojo.

-pero la próxima vez que tenga que tratar a uno de ellos, ¡me voy a poner una ametralladora aquí!- amenazo simulando sostener un arma.

-se la quitan señor juez, se la quitan ¿no los conoceré yo?- se hecho a reír la abuela, pero entonces dos figuras demasiado conocidas se asomaron por la puerta del juzgado.

-válgame dios…- murmuro sorprendida la abuela de ver a sus dos nietos los cuales compartían un buen ceño fruncido.

-¡PERO SOQUETES! ¡¿POR QUÉ VOLVIERON?!- los regaño imitándoles el ceño.

-así que los aprendieron por fin- sonrió satisfecho el juez de que al menos algo estaba saliendo como él quería, pero eso si bien armado con dos pistolas en cada mano.

-¡que nos van a prender! ¿Dónde está ese sarnoso de Koga?- gruño Inuyasha sin prestar atención a las armas que los apuntaban.

-muy bien encerrado- le devolvió el gesto el juez quitando los seguros de las pistolas.

-¿no te lo dije? Vamos adentro- resoplo Sesshomaru a Inuyasha, e ignorando al señor juez y a su abuela.

-si eso, que los encierren- asintió el señor juez, que si bien no entendía lo que estaba pasando no iba a desaprovechar la oportunidad de tener bien encerrados a esos Taisho.

-¡¿PERO QUE JUEGO ES ESTE?! ¡CON UN DEMONIO!- los tironeo la abuela pero Inuyasha y Sesshomaru no le hicieron más caso por ello.

-¡ese lobo nos engañó! Prometió seguirnos y se quedó aquí- gruño Inuyasha entrando en la celda dando de pisotones.

-eso no es de hombres abuela- termino Sesshomaru ingresando después de su primo.

-¡HMPH! Estos Taisho…- maldijo entre dientes doña Kaede después de que el guardia asegurara corriendo la puerta de las celdas.

-¡y usted! ¿Ya estará contento con los tres encerrados?- le gruño al juez quien embozo una sonrisa de pura victoria.

-si señora, y le garantizo que los voy a fastidiar- aseguro con una sonrisa de oreja a oreja.

-eso solo si yo me dejo, yo también tengo mis agarraderas y se pedir un amparo a tiempo, ¡y se hacerle la llorona al gobernador!- lo amenazo doña Kaede pero el señor juez apenas y se le movió un cabello.

-pues ni con eso los podrá usted librar- le aseguro meneando su índice en la cara de la anciana, quien sin miramientos lo golpeó con su bastón.

-¿Qué no? Eso lo veremos, ¡qué voy y vuelvo!- lo amenazo pero antes de salir por la puerta le enseño la lengua al señor juez que solo atino a brincar indignado.

-ahí está el señor juez del distrito- anuncio uno de los soldados siendo seguido de cerca por un hombre de edad.

-¡señor licenciado!- chillo y casi lloro de alegría el juez de san Luis de la paz.

-que tal, muy buenas- sonrió el anciano juez.

-¿Cómo va esa investigación?- pregunto después de secarse el sudor con un pañuelo.

-no tiene usted idea, del trabajo que me ha costado, aprender a esos hombres- suspiro con pesadez el juez más joven.

-¡pero afortunadamente los hice confesar! Y ya tengo a los tres presos- sonrió orgullosos de su acción.

En las celdas…

Koga estaba recostado en el pequeño y mugriento catre detrás de una de las rejas, entreteniéndose con una pelotilla de goma que hacia rebotar contra una pared cuando el sonido de pasos lo hizo girarse. Aunque claro su sorpresa y decepción no pudo ser mayor al ver a sus dos primos ingresando por el pasillo.

-como serán idiotas ¡tan fácil se dejaron agarrar!- les reclamo furioso.

-agarrar, mangos- escupió Inuyasha encerrándose en una de las celdas.

-¿tú que dijiste? "Estos miedosos se escapan y yo recibo la gloria de haber matado a los Shichinintai" ¡puras Abas!- gruño Sesshomaru encerrándose el también.

-¡malagradecidos que son! idiotas- rugió con veneno Koga dándose media vuelta en el catre de manera que su espalda diera a la parte externa de las celdas.

-y como su pongo comprenderá usted, no solo tendrá que desistir del juicio, si no que enzima los tendrá que gratificar- Afuera en el juzgado el señor juez de San Luis de la Paz estaba más que deprimido, mientras escuchaba las explicaciones del licenciado federal.

-¿qué? ¿Quién?- pregunto sin salir de su oscura aura, el juez del distrito saco un papel firmado de su chaqueta.

-"el gobierno del estado, gratificara con $3,000 a quien entregue, vivos o muertos, a los tres hermanos Shichinintai: asesinos, asaltantes, y prófugos fuera de la ley"- sito tranquilamente la orden de captura, que para desgracia del juez de san Luis estaba firmada con el sello oficial de gobierno y abalada por tres notarias.

-pero señor licenciado… ¡esto es un desatino! ¡COMO PARA PERDER EL JUICIO!- exclamo en tono de berrinche el juez más joven.

-pues lo va usted a perder- indico sin inmutarse el licenciado.

-pero… señor licenciado…- sollozo el juez sentándose totalmente palido y al borde de las lágrimas. Mas para su suerte o desgracia, en la puerta aparecieron tres sombreas más.

-señor juez, aquí está el que asesino a los Shichinintai- explico con cansancio Totosai señalando al hombre que venía a su espalda.

-¡¿QUÉ?!- estallo el juez, seguro que su pobre corazón no aguantaba ni una sorpresa más.

-anda Ginta, cuéntale la verdad al señor juez- empujo al muchacho que venía cabizbajo y llorón.

-si jefe, cuando supe que ellos habían matado a mi hermano Hakaku, que era lo único que me quedaba en el mundo después de que murió mi madrecita- sollozo Ginta estrujando su sombrero entre sus manos.

-bueno, eso ahora no interesa ¿Cómo mató usted a los Shichinintai?- pregunto el juez más joven, Ginta se tragó sus lágrimas y alzo la cabeza.

-bueno, fui a buscar una pistola, tome uno de los caballos de los patrones, y los fui a buscar al monte…- se interrumpió avergonzado.

-sigue muchacho- solicito el juez del distrito.

-sería la madruga cuando los encontré, estaban tumbados en el suelo bajo un cactus, todos briagados, como dormiditos, entonces con perdón de ustedes, les fui disparando uno por uno, el ultimo alcanzo a darme un rozón, pero yo afine la puntería y también murió, quedo como un pajarito, nada más clavo el pico y la entrego todito, ahí quedaron como angelitos- la mirada del señor juez no podía estar más conmovida por la historia.

-yo estoy muy arrepentido, pero si me los volviera a encontrar, con perdón de Dios y usted volvería a hacerlo- se echó a llorar el criado a lagrima viva mientras los presentes suspiraban.

-esta es la pistola que utilizo- comento Totosai poniendo el arma sobre el escritorio.

-¿con esta pistola mataste a los Shichinintai?-pregunto ya agotado el juez mas joven.

-si jefe asintió- Ginta aun sollozando. El juez joven se desplomo exhausto en su silla.

-¡esperar un momento! Adelante, señores abogados- estallo la voz del padre de Kagome en la sala.

Casi de inmediato la sala se vio llena de varios abogados, todos demandando la libertad de los tres primos Taisho, que se levantara el acta, órdenes de expediente, algunos pusieron las cantidades usuales de las fianzas y demás.

-nada de esto sirve a los Taisho- negó el juez del distrito y justo cuando los abogados iban a estallar en reclamos los calmo con un gesto de la mano.

-no les sirve porque no hay delito que perseguir, los Taisho están libres de toda culpa y sospecha, ya que el verdadero culpable está aquí- explico señalando Ginta.

-no preocuparse señores, yo pagarles igual, pero para defender a muchachito de doña Kaede- sonrió Tsudara, pues en secreto prefería invertir a sus abogados en Ginta que en sus tres revoltosos futuros yernos.

-encierren a este- ordeno el juez más joven y de paso mando a que trajeran a los revoltosos primos, quienes por cierto venían guiados a empujones por uno de los guardias.

-¿no estará muy oscuro?- se quejó Ginta mientras lo empujaban a la celda, Kagome lo miro con lastima, pero ni eso le impidió salir corriendo con su papa casi a rastras para no tener que lidiar de frente con sus primos.

-¿y tú que andas haciendo aquí?- pregunto Koga con el ceño fruncido.

-yo no hago, me trajeron- respondió Ginta.

-¿Por qué?- exigió saber Sesshomaru.

-no más por matar a los Shichinintai, parece que al señor juez no le cayó muy bien eso y me mando guardar.- fue lo último que dijo mientras lo encerraban.

Los primos se miraron unos a otros por primera vez sin rector, de hecho parecían desconcertados.

-¿entonces tu…?- pregunto Koga mirando a Inuyasha.

-no ¿y tú?- negó el mirando a Koga y luego a Sesshomaru.

-no- se l9imitoa decir el prestamista.

Pero después de unos segundos, no aguantaron más la risa por lo estúpido de la situación y terminaron carcajeándose mientras salían del juzgado abrazados como buenos compadres. Más sin embargo aún tenían un asunto que aclarar los tres.

En su cuarto Kagome reacia por tercera vez su maleta, esta vez decidida a marcharse de manera definitiva, tanto así que ni los sermones de su padre y la abuela lograron convencerla de lo contrario, bueno aun faltaban tres por opinar.

-conque, a pesar de todo te marchas- trono la voz de Sesshomaru en la habitación, Kagome apenas y les dedico una mirada y siguió empacando.

-Sessho te hizo una pregunta, contéstale-Ordeno Inuyasha pero la azabache igualmente los ignoro.

-creo que te están hablando, así que responde ¿te vas?- pregunto Koga tomándola de los hombros.

-sí y muy lejos- gruño Kagome empujando lejos a su captor.

-donde nunca los vuelva a ver- les estepo tomando con fuerza su camisón.

-ni tú te crees eso- se burló Inuyasha acorralándola por la derecha.

-¡no me importa si lo creen o no!- le grito intentando salir por el otro lado pero Koga la intercepto.

-¿ah no?- sonrió el pelinegro.

-¡no!- intento nuevamente escapar Kagome pero Sesshomaru le cerró el último camino.

-lo malo será que, no saldrás de esta habitación hasta que hayamos aclarado las cosas- sonrio Sesshomaru de manera fría y casi sádica.

-llamo a la abuela- los amenazo temblorosa, la sonrisa de los tres se ensancho.

-no podrá venir, está afuera viendo a tu padre componer el coche- aseguro Sesshomaru.

-cierto, quien sabe que ocurrió que a última hora se descompuso y hasta la llave se le perdió, ¿verdad Inu?- sonrió Koga.

-si "perdió"- a completo Inuyasha jugando con las llaves en su mano, Kagome enrojeció de ira.

-son unos presumidos, y unos vanidosos ¡los tres!- les gruño mirándolos con ponzoña.

-¡tú!- señalo acusadoramente a Koga.

-con tus fiestas y amoríos, crees que todas deben caer rendidas por tu linda cara- luego se giró a ver a Sesshomaru.

-y tu "poeta adinerado" te crees que se puede comprar el mundo con pesos, sabaras que lo que cuenta es lo que se lleva dentro- finalmente los furicos ojos chocolate se posaron en Inuyasha.

-y tú, vil nopal espinoso, no tienes más que ese orgullo que te rebaja a lo que estas- los miro a los tres lacerantemente antes de ahogar un sollozo.

-¡los odio a los tres!- dos cristalinas lagrimas rodaron pos rus blancas mejillas.

-¡son unos egoístas! A la pobre abuela la hacen sufrir con sus pleitos eternos- sollozo lastimosamente, y los tres primos no tuvieron de otra más que bajar la cabeza apenados.

-no seré yo quien aumente sus penurias- intento salir corriendo pero entre los tres la retuvieron, esta vez sin tanta brusquedad.

-perdonanos Kagome- solicito Koga apenado.

-tienes toda la razón- la apoyo Sesshomaru.

-¿pero con cuál de los tres te vas a casar?- pregunto Inuyasha, Kagome los volvió lacerar con la mirada.

-¡antes muerta que casada con alguno de ustedes!- estallo empujándolos con tal fuerza que los tres primos se vieron asombrados.

-¿es tu última palabra?- pregunto Inuyasha quien fue el primero en reponerse.

-la última- sentencio Kagome cerrando la maleta.

-entonces sobramos dos- medito Sesshomaru.

-y puesto que tu no decides, lo haremos nosotros- amenazo Koga.

-mátense si quieren, pero los tres ¡no quiero que quede ni uno solo!- gruño ella tomando su maleta y su abrigo.

-¡te pesara!- le grito Inuyasha cuando estaba cruzando el umbral de la puerta.

-serás la culpable de una tragedia- decreto Sesshomaru, Kagome se detuvo, pero solamente les saco la lengua y se marchó dando un portazo.

Kagome bajaba la escalera del jardín dando de pisotones por la rabia cuando sus pasos se vieron detenidos por el estruendo de un balazo, siendo rápidamente seguido por dos más. Espantada, dejo caer su equipaje y corrió como pudo de regreso a su alcoba, lo que vio la dejo muda, sus tres primos estaban desparramados en el suero, quietos y fríos como hojas secas. Las lágrimas inundaron sus ojos y con sollozos de viuda se arrojó sobre el cuerpo de su amado.

-Inuyasha… vida mía… ¡¿Por qué has hecho esto?! ¿Porque Inuyasha?- Sesshomaru y Koga alzaron disimuladamente la cabeza al oír los sollozos.

Desde su posición tirado en el piso con Kagome llorando en su pecho Inuyasha sonrió triunfante y les saco la lengua en gesto de burla, como diciendo "ya gane" y se volvió a recostar con una sonrisa de victoria en los labios. Con cuidado de no hacer ruidos ambos primos se levantaron y salieron de la alcoba con un simple encogimiento de hombros, habían perdido, pero por primera vez eso no era motivo de pleito, nunca más lo seria.

Kagome continuo sollozando unos minutos, y cuando se levantaba, pensando en cómo le diría la abuela la locura que habían cometidos sus primos, se percató de que los otros dos fallecidos no estaban. Las lágrimas se le secaron al instante, ¡se había a atrevido a engañarla! Volvió a mirar a Inuyasha que seguía con su boba sonrisa.

-¡canalla! ¡Hipócrita! ¡Bandido!- comenzó a gritarle mientras lo abofeteaba con todas sus fuerzas una y otra y otra vez.

-¡Taisho!- Inuyasha se levantó por fuerza de los golpes pero en vez de salir corriendo, atrapo a Kagome entre sus brazos y la beso con exigencia, aunque Kagome se resistió golpeándolo en la espalda con sus puños.

-¡cobarde! ¡Desalmado! ¡Vil!- continuo insultándolo Kagome mientras luchaba por zafarse de su agarre, pero Inuyasha la acallo con otro beso.

-falso… Drácula… vampiro… mmmm- finalmente se rindió Kagome y envolvió sus brazos alrededor del cuello de su, ahora, prometido

-así son las mujeres Sessho, siempre escogen lo peor- palmeo Koga a su primo.

-Dios los cria y ellos se juntan- secundo Sesshomaru también abrazando a Koga.

-pero el primer cachorro, lo llevo a bautizar y se llamara como yo, Luis Koga- sonrió el pelinegro.

-eso no, se llamara Luis Sesshomaru- Koga frunció el ceño.

-claro que no- lo reto.

-¿Quién me lo va impedir?- lo desprecio Sesshomaru.

-yo mismo- gruño Koga.

-imbécil- murmuro Sesshomaru hasta que Koga lo empujo.

A un lado de donde ambos comenzaron a darse su clásica golpiza Tsudara y doña Kaede se pelaban con el auto, uno lleno de aceite por revisar y revisar el motor y la otra bombeando con toda sus fuerzas para inflar la tercera de las cuatro llantas ponchadas del coche. Al escuchar el pleito Tsudara le restó importancia con un gesto de la mano y dejo que se medió mataran a golpes para el seguir peleando con su auto.

.Fin