Disclaimer: Los personajes son todos propiedad de Rowling

N.A: A este capítulo le ha pasado de todo, se ha escrito en un ataque de inspiracion de noche, durante las comidas, en una ciudad diferente a la habitual, ha estado perdido durante una semana y casi ha sido asesinado por el monstruo aspirador, pero al fin lo conseguí, espero que os guste.


Buenos días princesa:

El parte meteorológico del día es el de un cielo cubierto de nubes de tormenta estancadas sobre la zona, sin una pizca de viento y una temperatura la mar de agradable para quedarse en la sala común, junto al fuego, con una taza de chocolate caliente y unas pastas de té.

Sin embargo, la gran cantidad de habitantes de este castillo se arremolinarán en el gran comedor para desayunar tostadas y zumo, y más tarde se helarán de frío caminando bajo la tormenta en Hogsmeade y apelotonándose en un abarrotado bar por una cerveza de mantequilla de barril.

Un bonito día de invierno.

Con todo mi cariño:

Blaise Z.


Tras leer la carta de Blaise agarré pluma y pergamino para responderle pero la niña que había traído la carta ya se había marchado, otra vez. Desde que salí de la enfermería el sábado por la tarde Blaise llevaba enviándome cartas todos los días, proponiéndome estudiar juntos, ir a desayunar juntos, o simplemente dándome los buenos días. La chica que traía las cartas nunca esperaba para que pudiera enviar una respuesta, por lo que no podía contestarle.

Todas las cartas estaban escritas con un elegante tono de imaginativa caballerosidad que despertaba en mí sensaciones contradictorias. Recuerdo perfectamente la carta del miércoles por la noche: La chica tocó a la puerta de mi cuarto justo cuando iba a meterme en la cama.


Buenas noches princesa.

Lamento no haberte visto en todo el día, con tanto trabajo no he tenido ni un minuto libre... Echo de menos hablar contigo... Y tengo muchas ganas de abrazarte...

Felices mágicos sueños mi querida Pansy.

Blaise Z.


A pesar de las contradicciones que llevo arrastrando ya entre mis sentimientos por Blaise y lo que siento por Draco, no puedo evitar sonreír de oreja a oreja cada vez que me llega una de sus cartas. Su tono siempre cariñosamente halagador hace que sienta cosquillas en el estómago y el constante recuerdo suyo provoca que me levante y acueste sonriente.

Alegre como toda la semana, me di una ducha y bajé a la sala común donde Blaise me estaba esperando, sentado junto al fuego, con una bandeja de chocolate y pastas y las dos mejores butacas.

—Buenos días—sonrió.

—¡Hola Blaise!— le di un abrazo y me senté en la butaca. Realmente se estaba muy a gusto en la sala común al calor del fuego, con el frío que hacía fuera. Me fijé en que la sala común estaba medio vacía, sólo había unos cuantos chicos de primero y segundo jugando en un rincón al ajedrez mágico.

—¿Dónde se ha metido todo el mundo?—pregunté.

—Se han ido a Hogsmeade, aunque de todas maneras te has levantado muy tarde hoy, ya casi ha acabado la hora del desayuno— me miró un momento dubitativo y luego añadió—. Deberías haber dormido mucho, pero la verdad es que no tienes buena cara, ¿has dormido mal?

Desvié la mirada hacia el fuego y dejé en la bandeja la taza de café. La noche anterior apenas había dormido, me la pasé llorando hasta la madrugada. Draco había vuelto a aparecer en mi mente, él y su imagen escabulléndose de la enfermería aún sabiendo que estaba allí, en el suelo, inconsciente y sin ayuda. Esa escena había aparecido el domingo en mi mente al verle en el gran comedor y que él desviara la mirada del lugar donde estaba. Claro que mi mente suele montarse sus propias películas y es muy probable que en realidad Draco ni siquiera se enterase de mi caída. A pesar de mis intentos de lógica, la idea de mi mente se apoderó de mí y me provocó un ataque de angustia y sollozos de unas largas horas. La angustia y el dolor no acabaron ahí, ya que aunque Draco no haya sido tan cruel como en mi imaginación, él seguía estando enfadado conmigo y debía ir a pedirle perdón cara a cara. Esa perspectiva me provocó un nudo en el estómago.

Blaise, que estaba esperando pacientemente mi respuesta, debió encontrar en mi rostro signos de la paranoia mental que estaba sufriendo por el gesto que tenía.

—Bueno, la verdad es que no he logrado conciliar el sueño hasta tarde, mis compañeras de dormitorio no han parado de hablar en toda la noche— mentí. Pero mi mentira cayó en saco roto ya que Blaise me miró de forma suspicaz, diciéndome con la mirada que no se lo creía.

—Vaya, bueno, si quieres vete a dormir un rato ahora, yo me iré a estudiar, no me importa— dijo con total diplomacia sin que en su voz se notara que me estaba siguiendo una mentira.

Me acerqué a él y le pasé los brazos por su pecho, abrazándole. Él me apretó de inmediato contra su pecho y me besó la cabeza con cariño.

—Estoy aquí para lo que necesites Pans, sé que si no quieres hablar será por algo, pero puedes confiar en mí para cualquier problema que tengas—dijo. Levanté la cabeza y le sonreí. Como todo un caballero, no ha hecho mención ninguna a la decisión que debo hacer entre mis sentimientos por él y por Draco.

—Muchas gracias Blaise— suspiré—. Por todo, por ser mi amigo, mi apoyo...— iba a empezar a ahogarme en breve por lo que cambié de tema —Pero va a ser mejor que me vaya a la cama, así quizás pueda aprovechar la tarde para estudiar un poco.

—De acuerdo— separó nuestro abrazo—. Que descanses Pansy, nos vemos.

Subí a la habitación procurando no mirarle y maldije en silencio por esa excusa tan tonta. Ahora tendría que quedarme aquí encerrada toda la mañana, intentando mantener a raya mis pensamientos.

Ya que no podía salir del cuarto de las chicas decidí mandarle una lechuza a Draco. Si le pedía disculpas por carta me allanaría el terreno para un posterior encuentro en persona y así no correría el peligro de llevar la conversación por un camino poco conveniente a mis intereses. Pedir disculpas de esa manera era un método cobarde y frío, pero lo que menos necesitaba ahora era un encuentro con Draco en el que nombrara el lío sentimental en el que andaba metida.

Tardé varias horas en escribir la carta y al terminar tuve que pasarla a limpio debido a la gran cantidad de tachones que tenía, pero quedé más o menos satisfecha con el resultado:


Draco:

Lamento mucho el incidente del viernes pasado en la enfermería. Aunque sé que no es excusa, estaba desorientada por el desmayo y me costaba bastante concentrarme. Siento muchísimo no haberte escuchado. Sé que estás enfadado conmigo y con razón y me gustaría pedirte perdón, también, en persona.

¿Podríamos vernos mañana para dar una vuelta juntos y hablar? No sé de qué manera compensarte lo que te hice.

Deseando que aceptes mis disculpas,

Tu amiga Pansy.


Era ya la hora de la comida y, hambrienta y algo aliviada al haberme quitado un peso de encima escribiendo la carta, fui a la lechucería y después al gran comedor. No esperaba que Draco regresara al castillo ya que solía quedarse en Hogsmeade a comer y pasar la tarde para aprovechar el día, así que no me desilusioné al no verle en la mesa.

Lo que sí me sorprendió fue recibir una carta suya cuando aún no había terminado ni el postre.


Pansy:

No digas tonterías y deja de pedirme perdón, estabas enferma. De acuerdo, nos vemos mañana después de comer en la sala común. Tú, yo, Crabbe, Goyle y Zabini, como en los viejos tiempos.

Draco Malfoy.


¿Había aceptado mis disculpas? ¡Merlín, es genial! La carcajada de alivio que solté les debió asustar a los que estaban comiendo cerca pero me dio igual, Draco me había perdonado. La única pega era que había convertido mi casi cita con él en una tarde normal entre amigos, como cuando estábamos en primero y pasábamos las tardes muertas jugando a los naipes explosivos con los gobstones o intercambiando cromos de brujas y magos famosos. No estaba mal, era una tarde con Draco al fin y al cabo, Crabbe y Goyle puede que hayan evolucionado a aprender a hilvanar dos frases seguidas.

Mi reciente buen humor no se agrió al ver la montaña de deberes que tenía que hacer y que me llevaron toda la tarde y parte de la mañana del día siguiente.

Nada más terminar una larguísima redacción acerca de la trasformación de animales vertebrados para McGonagall me volví a duchar y dediqué toda una hora a arreglarme el pelo y maquillarme. Después, elegí una ropa que, colocada de forma adecuada insinuaba más de lo que sería cortés enseñar, bajé a comer. Allí me senté al lado de Blaise, al que llevaba sin ver desde la mañana del día anterior.

—Hola Blaise— le saludé sentándome enfrente de él. Él se me quedó mirando con los ojos como platos—. ¿Pasa algo?

Zabini desvió la mirada, algo ruborizado y le costó mantener un tono normal al hablar.

—Eh, no... Hola Pansy, es sólo que... No hay otra forma de decirlo, estas espectacular— Era eso, me había asustado, ya creí que había sido una ilusión que me vestía y estaba medio desnuda en medio del colegio, o que no quería verme... Parece que de momento he acertado con el vestuario, espero que cause en Draco un efecto parecido al que ha tenido en Blaise.

—Gracias, me habías asustado— mientras me servía patatas asadas saqué un tema al azar—. ¿Qué te parece lo de quedar esta tarde? Todos juntos, como antes...

—Bueno, sí, es genial que nos volvamos a juntar. Me lo dijo Draco ayer... No sabía que habías hecho las paces con él- respondió con vaguedad

—No te dije anda porque no sabía que estábamos enfadados, si no te lo habría contado— respondí mirándole, suspicaz por su comentario. No es normal en Blaise que conteste así, y la mención al enfado con Draco...

Fue entonces cuando caí en la cuenta. Vale, soy la chica más tonta de todo el castillo. Draco, Blaise y yo, juntos en la misma habitación, hablando. Iba a ser toda una tortura para Blaise, joder, debería haber caído en la cuenta antes, ahora es imposible cancelar el plan.

Él no contestaba y la comida se me hizo eterna ya que masticaba cada vez más el silencio que la comida de mi plato. Era una sensación extraña, ya que no era tensión entre nosotros sino que era mi tensión y la suya, diferentes pero a la vez iguales. La tensión previa a una tarde muy incómoda en la que el triángulo de sentimientos entre nosotros podía salir muy perjudicado. Los dos seguimos comiendo a pesar de que no teníamos hambre, dirigiéndonos miradas furtivas cuando el otro no miraba y deseando a la vez que el reloj volara y que se detuviera completamente.

Fantástico, nos espera una tarde de lo más divertida.


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