Luego de pensarlo mucho y dejando de lado mi negativa a volver a cambiar de "formato" de escritura, decidí darle un intento y escribir a mi mayor capacidad y no mantenerme a como lo hacía simplemente para tener cierta homogeneidad en el fic. Las rayas de diálogo ya las deben de haber visto si han leído alguno de mis oneshots, aún tengo un par de detalles en la colocación de puntos y comas en los diálogos, pero creo que son mínimos y ya con el tiempo los iré puliendo.

Ahora, el detalle más importante, el tiempo verbal. La historia está narrada en tercera persona, hasta ahí las cosas seguirán igual, pero el detalle es que había estado haciéndolo en presente "Katt dice, sonríe, come, etc.…" pero es mucho más sencillo y fluido escribir en pasado "Katt dijo, sonrió, comió" así que este capítulo va a estar así.

Si notan errores, en especial alguno recurrente háganmelo saber, si hay algún remanente de escritura en presente también. En realidad estos cambios no alteran nada la historia, incluso si no me he equivocado horriblemente debería de servir para que la lectura se vuelva más sencilla, cosa que con la extensión de mis capítulos creo que es una buena idea.


Las crónicas perdidas de Konoha: Shippuden

Capítulo 86

El comienzo de la cuarta guerra


Temprano en la mañana, Katt avanzó por las calles de Konoha en dirección a la casa de los Hyuuga. Hinata se había estado encargando de monitorearla mientras los dolores provocados por su chakra la aquejaban e incluso unas semanas después de que estos habían cesado. Pero a pesar de eso, Tsunade la envió a que le pidiera a Hiashi que la revisara, él conocía bastante bien como era su chakra ya que la había analizando unos dos años antes e incluso fue el encargado de los análisis que se le hicieron a Kushina, por lo que debía ser la persona con mejor conocimiento del chakra invertido en la villa y la mejor opción para asegurar que ya no hubiera nada extraño o diferente en ella.

Esperando apoyada contra el marco de la puerta principal notó a Tenten, al parecer esperando a Neji. La muchacha de cabellos castaños no demoró mucho en notar a Katt, si bien no se le siente, el cabello rojo contrastando con los colores de la calle hacen difícil que no se le detecte.

—Hola —saludó Katt, deteniéndose.

—Katt, hace mucho que no te veía —contestó Tenten, alejándose un paso de la pared—. Me enteré que estabas embarazada —añadió sonriente—. Felicidades, debes de estar muy contenta ¿Cuánto tiempo tienes?

—Doce semanas —respondió, sonriendo también, y notando que sus intercambios de palabras con la joven kunoichi habían sido pocos a pesar de todo el tiempo que llevaba en Konoha— ¿Sabes si está Hiashi?

—¿Hiashi-sama? —repitió extrañada— Pensé que venías a ver a Hinata o Neji.

—No, Tsunade me mandó a pedirle a Hiashi que me revise —explicó de forma cansina—. Honestamente creo que con lo que Hinata hizo basta, pero si no le hago caso va a salir con que ahora que no puedo hacer misiones al menos que le obedezca.

—Creo que vas a tener que entrar a buscarlo, no tengo idea dónde se haya metido la muchacha que normalmente abre y Hanabi está asistiendo a la academia —comentó Tenten, dirigiendo su mirada al interior de la casa—. Neji es puntual así que no necesito entrar a buscarlo, él ya saldrá y nunca llega tarde a una misión, pero Hiashi-sama dudo que vaya a salir sin un motivo.

Katt asintió e ingresó a la casa, si no fuera porque Tenten estaba ahí hubiera entrado directamente si es que nadie salía a recibirla rápido. Pero a pesar de eso incomodar a Hiashi era una idea que no le agradaba mucho, una cosa era Neji y una muy diferente el patriarca de la familia Hyuuga, que aunque era igual o más serio que su sobrino, simplemente no provocaba molestarlo.

Katt avanzó por los corredores luego de ver que Neji no se encontraba en el dojo y llegó hasta el cuarto del joven Hyuuga, pensando la suerte que tenía de haberse quedado antes en esa casa cuando Hiashi la revisó por sus problemas de genjutsus y conocer un poco dónde estaban ubicados algunos cuartos. Con cuidado tocó ligeramente la puerta y esperó hasta que Neji abrió.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el muchacho al verla, dejando la puerta abierta y regresando a guardar algunos kunais dentro de su morral.

—¿Por qué usas morral? —cuestionó entrando a la habitación y al no recibir ninguna respuesta continuó—. Quería preguntarte si está Hiashi y si no está haciendo nada importante.

—¿Hiashi-sama? —repitió extrañado—¿Para qué quieres verlo?

—Tsunade me dijo que le pidiera que me revisara.

—Debe de estar en su estudio leyendo —contestó luego de unos momentos.

—Por cierto —añadió ella en un tono más alegre colocándose a su costado con una gran sonrisa en el rostro—, adivina quien está embarazada.

—Me enteré —aseguró alejándose un paso de ella—. Felicidades —agregó serio, cerrando su morral.

—Sabes, te volvería padrino sino fuera porque Naruto es mi hermano —bromeó, acortando el espacio que él creó al retroceder.

—Yo no quiero tener ninguna relación con ese bebé, sin ofensas —contestó con su usual tono tranquilo y serio—. Y no deberías de estar dando tantas vueltas, Hinata-sama me comentó que estuviste muy mal hace unas semanas.

—Ya estoy bien, pero por eso es que vine a ver a Hiashi, Tsunade quiere asegurarse que mi chakra realmente esté como se debe —respondió, con la idea de decirle que quizás él debería de revisarla, así Hiashi no se quedaba con la exclusiva de ser experto. Pero con eso vino a su mente el nombre de Madara, probablemente él era el otro experto en el tema a pesar de no poder verlo de la misma manera que un Hyuuga.

—¿Qué sucede? —preguntó Neji al notar el cambio de ánimo.

—Nada, me vino a la mente otra cosa —respondió, dejando de invadir el espacio personal del muchacho— ¿Supiste de la reunión que hubo?

—Sí, cuando regresaron se le informó ligeramente al resto de jonins —contestó, comprendiendo a que reunión se refería y sin siquiera preguntar como es que ella estaba enterada sin ser jonin.

—Me dijeron que era para discutir sobre Akatsuki, al parecer ya tienen a los ocho primeros bijuu, solo les falta Naruto.

—¿Crees que vaya a suceder algo pronto?

—No lo sé, ya es cuestión de tiempo. Claro que, Naruto no está en Konoha en estos momentos.

—Cuando Naruto regrese a la villa es probable que comience todo, a menos que tengan idea de como encontrarlo —dijo Neji colocando su morral sobre su hombro—, pero cuando regrese de entrenar no será un objetivo tan fácil, con que no lo ataquen estando completamente solo dudo mucho que puedan capturarlo —aseguró el muchacho deteniéndose en la puerta de su habitación—. Y es mejor que vayas donde Hiashi-sama de una vez.

Abandonaron el cuarto de Neji y este cerró la puerta detrás de ella. La acompañó hasta una intersección y le indicó dónde era la ubicación del estudio de Hiashi, mientras que él se dirigió a la puerta de la residencia donde lo esperaba Tenten.

Katt regresó a su casa luego de que Hiashi le aseguró que todo lo referente a su chakra estaba bien y de la forma en que se supone debería de estar. Los movimientos que le habían ocasionado tanto dolor habían cesado sin dejar ningún tipo de remanente o condición nueva en ella. Lo único nuevo es que, aunque difícil de notar, había otro cúmulo de chakra invertido bastante pequeño e independiente dentro de ella.

La pelirroja esperó en su casa leyendo un poco sobre alimentación durante el embarazo y los malestares que podría tener durante todo el proceso. Algunas de las molestias más usuales no las había sentido tan fuertes, quizás a causa de todo el dolor que sintió por unos días, tenerlas simplemente no la afectaron tanto luego de eso. Pero detalles como los fastidios en las mañanas que tuvo por unas semanas ya habían desaparecido, cosa que agradecía de sobremanera.

—Según esto es buen momento para que salgamos de vacaciones —comentó ella al ver llegar a Kakashi un poco después de que cayó la noche— Ya no tengo fastidios y aún no tengo una panza gigante que no me deje moverme bien.

—Ah —articuló al comprender sobre que estaba hablándole—. Pero no creo que sea buen momento para salir de vacaciones, lo único cerca que hay son fuentes termales y te estabas quejando de que no podías entrar ni a la tina.

—Supongo… —masculló con una mueca de engreimiento, sentándose al lado de él sobre la cama.

—¿Qué te dijo Hiashi-sama?

—Que todo estaba bien y que nuestro bebé ya tiene su chakra invertido personal —contestó muy sonriente abrazándolo.

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Con la luna brillando en el cielo y alumbrando ligeramente los bosques que rodean a Konoha, Madara esperaba sentado pacientemente sobre una roca la llegada de sus compañeros desde Ame. Ocultos entre el denso follaje, unos metros detrás de él, se encontraba un gran número de ninjas de Kiri aguardando órdenes para comenzar el ataque.

—Se estaban demorando —comentó el Uchiha al ver llegar nueve figuras vistiendo las túnicas de Akatsuki—. Tenemos que hacer esto bien, en menos de una hora notarán que matamos a los guardias del puesto de vigilancia.

—Ya habremos comenzado antes de eso —contestó Kisame sonriendo ligeramente y dirigiendo su vista a dos hombres con grandes espadas que se encontraban entre las líneas ofensivas de Kiri.

—Pero yo necesito algo de tiempo para infíltrame, igual que Zetsu —resaltó Madara, poniéndose de pie—. Bueno, repasemos un poco lo que tenemos que hacer antes de proceder.

—Una cosa —interrumpió Kisame—. ¿Y Sasuke? Pensé que lo invitarías a que se nos uniera.

—Sasuke tiene que arreglar su error con la captura del ocho colas —respondió el cuerpo principal de Pein mientras Madara asintió ligeramente.

—No venimos a destruir Konoha, así que no creo que le moleste no estar aquí, además no estamos persiguiendo a ninguno de sus blancos principales, a Sasuke no le interesa ninguno de los clanes que vamos a eliminar hoy —aclaró el Uchiha, antes de comenzar a repasar el plan para asegurarse que todo estuviera coordinado y acomodando algunos detalles ahora que estaban cerca de la villa y sabía con seguridad la cantidad de guardias que habían por donde atacarían.

Al acabar, Zetsu desapareció lentamente en el suelo mientras que Madara se despojó de su túnica de Akatsuki quedando con un traje negro sin ningún distintivo. El Uchiha avanzó, completamente solo, con dirección a Konoha y se infiltró sin ser detectado dejando a Pein al mando de los ninjas de Kiri.

Un grupo de cerca de quince shinobis de la niebla esperaban separados, entre ellos se encontraban los dos ninjas portadores de grandes espadas a los que Kisame había observado con interés minutos antes y que habían servido de escolta para el Mizukage. El pequeño grupo se veía impaciente, ellos actuarían por separado del gran contingente de shinobis de Kiri.

Dentro de la villa de Konoha, en una de las zonas residenciales, emergió desde el suelo Zetsu, posando sus ojos amarillos en una casa en especial y comenzando a armar el escenario en el que tendría que actuar para llevar a cabo su misión. Desde su cuerpo múltiples raíces comenzaron a avanzar rodeando la casa que era su objetivo, sin elevarse del suelo para evitar llamar la atención.

Madara por su lado llegó a la gran mansión de los Hyuuga y dibujó una sonrisa en su rostro, deteniéndose por unos instantes en el jardín central. Necesitaba jugar bien sus cartas, llamar la atención en la medida adecuada, lo suficiente como para que los Hyuuga vayan a encararlo, pero a la vez no demasiado como para que otros ninjas interfieran. Pero en ese momento sólo le quedaba esperar a que todo comenzara, sabía bien como es el asunto de la rama principal y la secundaria, además de lo importante que es la cabeza del clan, así que sencillamente debía de asegurarse de tener a Hiashi cerca y el resto simplemente se quedarían con él.

—Ya es hora —indicó Pein, dirigiéndose al grupo más pequeño de Kiri que estaba preparándose—. Asegúrense de no cometer ningún error —agregó antes de que los quince ninjas se dirigieran velozmente hacia Konoha.

—Van a sentirlos llegar, no son como Zetsu o Madara —señaló Kisame sin mostrar mayor interés—. Con esto van a ser dos espadachines de la niebla menos.

—En cuanto Konoha empiece a moverse nosotros atacaremos, no se centrarán en ellos al ver el tamaño de nuestras fuerzas —aseguró Pein, posando la mirada en Konan—. Comienza en dos minutos —le dijo.

En la muralla que protege a Konoha, los guardias hacían sus rondas tranquilamente, sin prever lo que en unos momentos comenzaría a desatarse. Los quince shinobis vistiendo la bandana de Kiri saltaron directamente a la muralla y sin detenerse la atravesaron, bajo la mirada sorprendida de dos guardias que lograron verlos y que fueron completamente ignorados de momento.

El primer atacante en tocar el suelo realizó velozmente un jutsu, provocando una densa neblina en donde cayeron sus compañeros. Los ninjas de Konoha que los habían divisado alertaron al resto de los que se encontraban vigilando, inmediatamente antes de comenzar la persecución.

Ocultos por la niebla, los dos espadachines, acompañados por seis ninjas más, se separaron del grupo inicial y se dirigieron a gran velocidad con dirección a su objetivo. A la vez, los guardias que vieron la infiltración llegaron a encararlos, notando como el grupo se dividió en dos, pero incapaces de perseguir a los que se adentraron más en la villa ya que fueron detenidos por los siete restantes.

Una gran explosión ocurrió en la muralla, provocada por una invocación en forma de ave gigante, alertando a Konoha del ataque inminente en el que se encontraba y obligando a los otros guardias a prepararse para tratar de contener al gran número de ninjas que comenzaba a acercarse desde el bosque en lugar de ir a ayudar a sus dos compañeros. Una barrera de madera se elevó sobre el área dañada de la muralla antes de que los ataques continuaran concentrándose en la zona y se forme una entrada, a la vez que Yamato comenzó a dirigir al grupo de vigilancia que le fue encargado para esa noche.

—Avisa a la Hokage —le indicó de inmediato a uno de los shinobis—. Son ninjas de Kiri —especificó al notar las bandanas y mirar sin comprender bien la escena. Estaba en frente de un gran número de enemigos que hasta ese momento no tenía idea de que fueran una nación hostil. Pero algo que vio entre la masa de cuerpos que se acercaban tensó sus músculos, se podían distinguir un par de túnicas de nubes rojas moviéndose hacia Konoha y al parecer encabezando el ataque.

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El estruendo de la explosión retumbó por toda la silenciosa villa, incluso en las áreas más lejanas. El sonido provocó que Katt se despertara de golpe; no fue algo tan fuerte o cercano, pero si inusual y causante de que Kakashi ya estuviera de pie al lado de la cama cambiándose.

Katt se levantó, un tanto adormecida y fastidiada por el repentino despertar, llevaba ya bastante tiempo durmiendo incómoda por el embarazo. Pero su atención es captada cuando por la ventana del cuarto logró ver a lo lejos unas ligeras luces proviniendo de los límites de la villa.

—Vamos —escuchó decir a Kakashi que ya se encontraba vestido con su uniforme, exceptuando por los vendajes que usualmente cubrían sus tobillos, mientras que la tomaba por el brazo para moverla. La pelirroja se dejó arrastrar, aún sin estar conciente de cual era la situación, su velocidad de reacción era diferente, pero entendible, él a diferencia de ella había vivido una guerra y sabía que cada segundo contaba. Además de reconocer la magnitud de los ataques que no habían cesado desde la primera explosión.

Desde que se despertó no transcurrió ni un minuto y ya estaba bajando las escaleras, recién comprendiendo que posiblemente Konoha estaba bajo algún ataque. En el momento en que la pareja salió de la casa, Orion apareció al costado de ellos.

—Tú no estabas adentro —acusó la pelirroja al ver a su zorro, la invocación parecía haber estado afuera previamente a la explosión.

—Salí antes —respondió en su usual tono de voz.

—La puerta estaba cerrada —replicó ella, olvidando por un momento la situación en la que estaban, mientras Kakashi inspeccionaba la zona velozmente con la mirada.

—Salté el muro, no puedo abrir puertas, no tengo pulgares —contestó sonriendo inocentemente mientras movía las colas.

—¿Qué está pasando? —preguntó Kakashi luego de observar por breves instantes las luces acompañadas de explosiones provenientes de la muralla y posiblemente pensando, igual Katt, en que el zorro no había estado en la casa.

—Parece que alguien está atacando —contestó ligeramente más serio.

—Ustedes vayan al refugio —indicó el jonin.

—Yo no… —trató de replicar Katt, pero se detuvo antes de terminar su queja, recordando que estaba embarazada. No tenía el vientre abultado, para esos momentos la mayoría de sus malestares eran mínimos y no la entorpecerían en combate. Pero eso no quitaba que los golpes que recibiera pudieran llegar a ponerla en una situación grave que también pudiera poner en peligro la vida de su bebé y tener a Kakashi más preocupado por ella que en pelear.

—¿A mí que me mandas al refugio? —se quejó el zorro ya un poco más serio, a la vez que las explosiones se escuchaban más constantes, indicando que el combate se volvía más dinámico.

—Kakashi —llamó desde el frente Ibiki, saliendo con Nodoka, que contrario a los otros parecía estar bastante asustada.

Nodoka tenía ya unos cinco meses de embarazo y a diferencia de la pelirroja ella si tenía algunos problemas para moverse, mezcla de su vientre en crecimiento y el notorio miedo. La mujer se encontraba abrazada a su esposo, probablemente el que Ibiki se tomara más tiempo en salir se debió a ella. Pero a pesar de esto el hombre también lleva puesto su chaleco y armas ninjas.

—Vayan al refugio —indicó Ibiki mirando a su esposa y luego a Katt—. Vayan juntas —especificó antes de dirigir la mirada al zorro—. Tú también, luego has lo que quieras.

Katt bajó la mirada por un momento y luego se alejó de Kakashi. No quería separarse de él, pero ella no iba a ir a pelear y él si lo haría, no tenía sentido alargar las cosas en un momento como ese.

—Hay que ir rápido —dijo dirigiéndose a la otra mujer.

—Voy a ir a la muralla —anunció Kakashi mirando por unos instantes a Katt y luego dirigiendo su atención a varias figuras que se movían por los techos a toda velocidad en dirección a donde él planeaba ir.

—Yo iré con la Hokage —agregó Ibiki, soltando a su esposa y perdiéndose entre las calles a la vez que Kakashi se alejó saltando por los techos en dirección al campo de batalla.

—Nodoka —llamó la kunoichi al ver que la mujer realmente estaba asustada con las explosiones, al no ser shinobi no estaba acostumbrada a los jutsus o a tener una persona tratando de matarla cerca de ella. Katt la tomó de la mano y comenzó a avanzar en dirección al refugio, acompañada por Orion que al parecer por el momento si planeaba estar con ella a pesar de sus quejas.

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Madara sonrió al ver a Hiashi en frente de él, había realizado un pequeño jutsu desde su ubicación, en el centro del patio principal, para llamar su atención. Sabía bien que un hombre que había sido atacado con anterioridad en su hogar no debía de tener el sueño pesado y el menor indicador de peligro haría que saliera. No se equivocó.

El patriarca del clan Hyuuga tenía su byakugan activo, dejando ver una ligera expresión de sorpresa en su mirada. El chakra tan llamativo para sus ojos estaba presente en ese hombre vestido de negro, pero la diferencia en el tamaño con el de Katt e incluso Kushina era notable. Con esto, y su parecido físico con los miembros del casi extinto clan Uchiha, el nombre del extraño vino a su mente a pesar de que aún no activaba los ojos carmesí.

—Uchiha Madara.

—Que honor, a pesar de que es la primera vez que nos vemos sabes quien soy —dijo en un tono burlón, a la vez que se escuchó la primera explosión en la muralla —Parece que ya comenzaron —añadió tranquilamente mientras que Hiashi se preocupó aún más, no sólo tenía un invitado indeseable en su hogar sino que algo estaba ocurriendo en la villa.

En el instante en que se escuchó el comienzo del ataque las plantas de Zetsu se elevaron violentamente hacia el cielo, enredándose entre ellas y engrosando sus tallos para formar una gran cúpula de enredaderas verdes sobre la residencia del clan Aburame. El dueño del jutsu se transportó a través de este para ingresar al oscuro y húmedo ambiente que ha sido formado por él.

Los vecinos de la zona que eran civiles corrieron despavoridos sin dirección exacta u orden al ver el cambio tan agresivo que ocurrió cerca de ellos, mientras que los pocos ninjas que lograron ver el domo verde no sabían como reaccionar ante este, los cortes se regeneraban de inmediato y las explosiones en la muralla se intensifican a cada segundo como para perder el tiempo ahí.

Los dos espadachines de Kiri que lograron infiltrarse llegaron a la casa de los Inuzuka. En el camino los seis ninjas que los acompañaban se quedaron para enfrentarse a un par de shinobis de Konoha que estaban dirigiéndose a la muralla mientras que ellos avanzaron sin detenerse. Sus objetivos se encontraban fuera de la casa, listos para salir con dirección a donde estaba ocurriendo el ataque más grande, al igual que el resto de ninjas de la hoja. Al verlos los encararon de frente: su misión era eliminar a los cinco miembros del clan Inuzuka y por el momento ya tenían cuatro en frente de ellos; una mujer, dos hombres y un muchacho.

Tsunade se encontraba en su oficina revisando velozmente las listas de los ninjas que estaban fuera de la villa en misión y anotando sus ubicaciones para enviar lo antes posible mensajes que los alerten de la situación. Momentos antes de entregar sus anotaciones a un shinobi encargado de los halcones mensajeros, llegó el ninja que fue enviado por Yamato para informar la identidad de los atacantes y su extenso número.

—Envía un mensaje a Suna también informando sobre Kiri, el resto de mensajes envíalos como están, no hay tiempo para modificarlos —ordenó la rubia mientras avanzó a la salida de su oficina—. Cuando termines dirígete a la muralla también.

—La mayoría de escuadrones ANBU ya están en el frente —comunicó Ibiki, que había estado acompañándola junto con un escuadrón de enmascarados—, pero todos se están dirigiendo a esa posición.

—Los que logren infiltrase no serán muchos, confío en que sean detectados por los que aún no hayan llegado a la muralla o simplemente queden vagando en la villa lejos de los civiles —contestó la quinta, antes de desviar la mirada en dirección a un médico ninja que se acercaba corriendo hacia ella.

—¡Hokage—sama! —llamó visiblemente alterado—. El cuerpo del miembro de Akatsuki que se encontraba en el área de análisis ha comenzado a tener actividad.

—¿Se está moviendo? —cuestionó alterada, tener un ataque desde afuera combinado con uno interno sería problemático.

—No, pero las incrustaciones negras de su cuerpo comenzaron a recibir emisiones de chakra, yo estaba de guardia y alerté a los otros médicos, pero luego comenzó el ataque y no creo que hayan podido ir a comunicarse con Shizune-san —explicó el shinobi, caminando junto a Tsunade que no se detuvo en ningún momento.

La Hokage estaba sumamente seria y pensativa, necesitaba ver directamente el ataque que estaba ocurriendo en la muralla para poder dar las órdenes adecuadas sobre como enfrentarlos. El asunto del cuerpo le preocupaba, pero mientras no se levantara sería algo de lo que luego se ocuparía. Por el momento simplemente envió a uno de los ANBU a que se asegurara que el hospital no estuviera bajo ningún tipo de riesgo.

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El estado alrededor del muro que rodea el perímetro de Konoha era sin duda alguna el de un gran campo de batalla. Si bien no muchos de los ninjas de Kiri habían avanzado sobre la construcción, su número era bastante extenso y no cesaban sus ataques desde el lado exterior. El cielo estaba cubierto con pequeñas grullas de papel que acompañaban los ataques de varias invocaciones poseedoras de los ojos con el rinnengan.

—Kakashi-senpai —llamó Yamato al ver al jonin de cabello plateado llegar.

—¿Kiri? —cuestionó él sin comprender, para segundos después recibir un pequeño informe por parte de Yamato.

—Su número es muy similar al ataque de Suna y Oto de hace unos años —explicó al ver que su senpai no decía nada más—. Por el momento los hemos logrado retener, no muchos deben de haber podido infiltrase.

—¿Está Sasuke con ellos? —preguntó bastante serio al momento en que notó las túnicas de Akatsuki moverse entre los atacantes.

—No lo he visto, hay ocho miembros de Akatsuki, algunos encajan en la descripción del miembro que asesinó a Jiraiya-sama, hay otros que se encuentran atacando desde lejos al parecer —informó velozmente.

—¿Dónde me necesitas? —preguntó Kakashi luego de analizar un poco la situación y confirmar que en apariencia al menos Sasuke no estaba formando parte del ataque.

—Pensé que tomaría el mando.

—Tú estuviste aquí desde que inició todo y has estado dirigiendo los grupos, no tiene sentido que yo lo haga si estás en capacidad de seguir haciéndolo —respondió tranquilamente causando por un instante cierta alegría en el shinobi.

—Hoshigaki Kisame —dijo retomando su postura seria—. Es el miembro que está más activo entre los atacantes —aclaró, señalando en una dirección casi a la vez en que Kakashi se dirigía a retener al ex-ninja de Kiri que por ironías de la vida ahora estaba luchando lado a lado con sus antiguos compañeros de villa.

Los ataques que ocasionaban más daño a la muralla eran los provenientes de las grandes invocaciones. Estas arremetían constantemente creando brechas por donde ingresaban algunos de los shinobi enemigos que estaban siendo contenidos por un grupo de ninjas de Konoha que se mantenía en la parte interna mientras que Yamato estaba centrado en utilizar sus habilidades para sellar los huecos y seguir dando órdenes en espera de la llegada de la Hokage.

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No había transcurrido ni un minuto desde que en frente de su hogar habían aparecido dos hombres cargando grandes espadas y con la bandana de Kiri sobre sus frentes, y sin siquiera detenerse un instante habían comenzado a atacarlos directamente. Tsume sabía quienes eran, pocos ninjas portaban armas tan grandes y pertenecían a la aldea de la niebla.

Los atacantes eran hábiles, muy diestros con sus armas y sin duda alguna los querían muertos. Los dos hombres del clan se adelantan, cada uno contra un atacante, acompañados por un par de perros negros de gran tamaño. Tsume estaba lista para avanzar con Kuromaru y encargarse de alguno de los enemigos cuando un llanto proveniente desde dentro de su hogar la detiene.

Los dos espadachines, al igual que los hombres del clan Inuzuka también lo escuchan. Los primeros sonríen ligeramente, sabían que faltaba una mujer joven y su extraña ausencia se debía a una información que no poseían, pero que el llanto acababa de entregárselas.

—Llévate a tu hermana —ordenó Tsume, tomando a Kiba por el hombro e impulsándolo hacía la casa, el muchacho iba a reclamar, pero la mujer se adelantó—. Ellos ya se dieron cuenta, si alguno la persigue no va a poder defenderse.

Kiba se quedó quieto por un instante y luego corrió a su casa para sacar a su hermana. Hana no había escuchado a su madre, pero el ver a su hermano venir hacía ella luego de ser retrocedido por Tsume no necesitaba mayores explicaciones. La muchacha salió acompañada por sus tres canes, ignorando a su hermano menor, con la mirada puesta encima de la mujer y cubriendo con una manta al causante del llanto.

—¡No puedes hacernos esto! —le reclamó mientras que su esposo y el otro hombre comenzaban sus combates.

—Tegakari no puede quedarse aquí y ya lo notaron, si te vas sola podrían matarlos —respondió velozmente, haciéndole una ligera seña con la cabeza a Kuromaru que hasta el momento estaba a su lado.

—Si nos separamos… —trató de continuar, pero fue interrumpida bruscamente.

—Hana, quiero que te largues en este momento con tu hijo y tu hermano —ordenó fuertemente la mujer, provocando que el llanto de su nieto se incrementara y su hija retrocediera unos pasos.

—Vamos, cuando lleguemos al refugio yo volveré —pidió Kiba al notar la expresión de su madre y ver que los ninjas de Kiri estaban ganando ventaja.

Tsume observó como sus dos hijos y nieto se alejaban del lugar y sonrió tristemente, recordando como la vez anterior que había visto esa escena era ella la que se alejaba con un bebé en brazos.

La noche del ataque del Kyuubi había sido en algún sentido similar. La bestia de las nueve colas amenazaba con exterminar la villa en cualquier momento y todos los ninjas de la hoja estaban dirigiéndose a tratar de contenerlo hasta que el cuarto Hokage llegara. En su hogar no había diferencia, los miembros del clan que sobrevivieron la pasada guerra se apresuraron a ir a enfrentar al zorro y ella se encontraba con un pequeño Kiba de tres meses y una pequeña Hana que observaba la escena de sus padres discutiendo.

Ve con ellos al refugio y quédate ahí —dijo casi como una orden el hombre.

No pienso quedarme sentada mientras ustedes van a pelear —replicó la mujer.

Hana y Kiba necesitan a su madre —insistió el hombre tomándola por los hombros y acercándola a él para luego hablar en voz baja—. Sabes lo difícil que va a ser sobrevivir al Kyuubi, no podemos ir los dos y Kiba aún es muy dependiente de ti.

En ese momento otra mujer irrumpió en la habitación en la que se encontraban, al igual que Tsume y su esposo tenía las marcas rojas del clan dibujadas en su rostro. Detrás de ella dos niños de unos ocho años esperaban en el umbral de la puerta mientras escuchaban a su madre pedirle a Tsume que los llevara con ella y sus dos hijos al refugio.

Cuando los perdió de vista la líder del clan Inuzuka retornó la mirada ha los ninjas de Kiri. Esos hombres habían irrumpido en su casa y provocado que su familia tuviera que separarse, simplemente no pensaba dejarlos salir vivos de ahí, aunque fueran espadachines de la niebla.

Cuando Tsume sintió que Kuromaru estaba listo corrió contra uno de los ninja de Kiri a la vez que su compañero la imitaba desde el lado contrario. Para ella era prioritario eliminar a alguno de los dos atacantes, con lo poco que había visto era notorio que su nivel era superior al de los dos jóvenes que estaban encarándolos en ese momento.

Al notar que su compañero estaba a punto de enfrentarse a dos Inuzuka y sus dos compañeros caninos, el otro espadachín blandió fuertemente su espada contra el shinobi que tenía al frente, éste evitó el ataque por unos centímetros haciendo exactamente lo que el ninja de Kiri deseaba. Trasmitiendo chakra a su espada cambió su contextura a una masa acuosa que sujetó al Inuzuka por el brazo, para luego lanzarlo contra Tsume aún con la extremidad envuelta con parte de su espada líquida que presionaba fuertemente la carne y hueso en la que estaba.

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Dentro de la cúpula formada por una densa vegetación verde, los Aburame se enfrentan a Zetsu. El miembro de Akatsuki de doble personalidad se movilizaba libremente por todo el follaje, escapando de cuanto insecto trataba de rodearlo; a la vez que hacía que broten unas pequeñas flores moradas en las zonas más alejadas y oscuras que lentamente dejaban fluir una sustancia oscura a través del interior de las plantas que se extendió velozmente por el sistema interno de estas.

Algunos insectos de los Aburame se centraban en tratar de devorar la prisión en la que se encontraban, mientras que otros en localizar a Zetsu para poder atacarlo. El ex-ninja de Kusa atacaba utilizando la misma barrera que estaba aprisionando al clan, de esta largos troncos envueltos en espinas trataban de sujetar a alguno de los Aburame o arrasar con los insectos que se posaban sobre la cúpula para devorarla; que a pesar de tener una gran capacidad de regeneración no iba a aguantar demasiado el ataque de la masa de pequeñas criaturas.

En el momento en que el clan controlador de insectos decidió centrarse en atacarlo, y dejar de atacar momentáneamente la barrera, Zetsu aprovechó para tornarse mucho más ofensivo y generar a la vez múltiples troncos cubiertos de espinas que se dirigieron a donde se encontraban sus objetivos. Mucho polvo se elevó desde el suelo por la potencia con que las extensiones verdes se habían clavado, ahora no era una mera cúpula sino que aparentaba ser una pequeña y densa jungla.

—¿Ya estás listo? —preguntó Shino dirigiéndose a su padre. El líder del clan había permanecido más alejado de la batalla luego de ver que el híbrido de humano y planta estaba costándoles mucho trabajo de atacar directamente.

—Sí.

Al recibir la respuesta afirmativa el resto del clan retomó la ofensiva, enviando sus insectos a devorar las extensiones mientras. Zetsu no permitió que sus plantas fueran devoradas tan sencillamente, con un jutsu provocó que las espinas de los troncos salieran expulsadas, liberando a los troncos de una buena parte de los insectos.

—Deja que se las coman —regañó una de sus partes.

—No, aún no —respondió la otra, viendo como el haber realizado el jutsu anterior lo dejó inmóvil por unos instantes y una nube negra de insectos estaba casi sobre él.

Realizando velozmente otro jutsu se cubre dentro de una pequeña cúpula de plantas, una versión pequeña de la que formó inicialmente. Dentro escuchaba el constante movimiento de los insectos y como devoraban su barrera velozmente.

—Con eso será suficiente —comentó el que en un inició no consideraba que fuera buen momento para dejar que los insectos se alimentaran.

—Entonces hay que retirarnos —agregó el otro.

Pero antes de que pudieran tratar de escapar desde el suelo desprovisto de vegetación brotaron varios insectos, subiendo por sus piernas. La voracidad de las criaturas no le permitió tratar siquiera de escapar. La pequeña barrera terminó de ser devorada, dejando ver simplemente una capa de Akatsuki intacta sobre el suelo y al grupo de insectos que había estado atacando en su interior.

—Centrémonos en la cúpula —indicó Shibi llamando de vuelta a sus insectos y dejándolos descansar en su cuerpo para mandar a otro grupo que aún pudiera devorar en grandes cantidades.

El resto del clan lo imitó, muchos de sus insectos ya no podían seguir tratando de comer, pero eso no era algo que preocupara al clan. Entre todos podían aún generar un enjambre suficientemente numeroso para centrar los ataques en una sola área y ya no tenía un enemigo que los distraiga.

La visión del líder del clan se nubló y cayó de rodillas al suelo. Se sentía realmente mal, la cabeza le daba vueltas y su cuerpo dejó de obedecerle. Alrededor de él pudo notar que poco a poco los otros miembros del clan entraban en un estado similar. Sin pensarlo dos veces les ordenó que dejaran salir a todos los insectos de sus cuerpos, sus pequeños aliados habían entrado en ellos cargados con algún tipo de toxina proveniente de las plantas.

Shino obedeció al instante y se acercó a su padre. El joven chunin trató de ayudarlo, en un primer momento se sintió bien, como si hubiera expulsado a tiempo los insectos, pero a menos de un minuto también comenzó a sentir los efectos.

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El clan Hyuuga acudió con asombrosa velocidad a reunirse con Hiashi, todos sus miembros se reportaban primero con él para informarse si actuarían de una manera determinada ante un ataque. Pero en esa ocasión se detuvieron en el jardín central, rodeando al extraño que se encontraba en frente del líder del clan.

Todos sus ojos activaron el byakugan, notando la extraña formación de chakra que estaba siendo emitida desde el cuerpo de ese hombre. Madara rió ligeramente, estaba rodeado por cerca de quince shinobis de diferentes edades y sexos, estaba seguro que era casi todo el clan, por lo que procedió a activar su sharingan sorprendiendo a sus oponentes, excepto a Hiashi quien ya esperaba que eso ocurriera.

—No vine a hacerles una visita —soltó el Uchiha concentrando su chakra ante la mirada del clan y produciendo un cambio mayor en sus ya peligrosos ojos—. Esto no va a tomar mucho tiempo.

Madara se concentró ligeramente, estaba seguro de que tenía su total y absoluta atención y que esta estaba concentrada sobre sus ojos, un sobreviviente del clan Uchiha no era algo que un habitante de Konoha esperara. El Uchiha estaba consiente de que habían un par de miembros ausentes, la muchacha Hyuuga que estaba en el equipo que trató de llegar a la pelea de Sasuke e Itachi por ejemplo y sabía que no era la única miembro del clan de corta edad. Pero de ella y los sobrantes que pudieran quedar se encargaría luego, no iba a tener tanta atención en un par de segundos más y si eso ocurría estaría en problemas.

—Tsukiyomi —susurró con un tono de superioridad y una amplia sonrisa en el rostro.

Hiashi notó el cambio radical del chakra en el instante en que inició a avanzar hacía los miembros del clan. Era sabido que los genjutsus producidos por los Uchiha podían ser mortales; pero no había mucho que hacer en contra del ataque, ya lo había lanzado y a una velocidad increíble sin siquiera la necesidad de hacer sellos, su chakra invertido sirvió para simplemente expandir con mayor velocidad el ataque mental sobre el clan.

Antes de ser tocado y caer al suelo, como los otros miembros estaban haciéndolo, Hiashi atacó algunos de sus propios tenkentsus desde su interior, impidiendo que el flujo de chakra enemigo controlara el suyo y evitando el poderoso genjutsu. El líder del clan desactivó su byakugan, pelear contra ese enemigo con la capacidad de ver cada detalle no era una ventaja, pero antes de hacerlo notó como el poderoso chakra que poseía había disminuido casi por completo, el ataque que hizo utilizó casi toda su reserva.

Madara observó su obra satisfecho, hasta que notó que le patriarca no había caído en su ataque. Lo miró con curiosidad, se le veía cansado, estaba seguro de que no había caído en su genjutsu como para que estuviera en ese estado. El resto del clan estaba inconciente en el suelo, aún respirando, pero lejos de volver a ver el mundo a menos que un médico ninja de la talla de la Hokage los atendiera.

—No sé cómo lo hiciste, pero estoy seguro que mi genjutsu no tiene efectos secundarios contra los que no caen en él —comentó de forma burlona, pero bastante interesado en el cansancio del Hyuuga.

Unos pasos apresurados provenientes de un corredor alertaron a ambos shinobis, Madara desactivó sus ojos carmesí y dirigió la mirada hacia donde provenía el sonido. Dos muchachas pertenecientes al clan aparecieron, no era de extrañarse, su labor no le había tomado ni dos minutos.

La mayor de las hijas de Hiashi tomó a su hermana por el brazo impidiendo que siguiera avanzando para reunirse con su padre. Hinata observó la escena, había un desconocido en frente a Hiashi que se veía un tanto cansado y estaban rodeados por los cuerpos del clan, que por suerte aún podía notarse que estaban respirando débilmente. Hanabi por su parte no comprendía que estaba pasando ni como un solo hombre estaba de pie casi vencedor en frente del clan más reconocido de la villa.

—¡No activen su byakugan! —gritó fuertemente Hiashi al notar que ambas estaban a punto de hacerlo—. Hinata, llévate a tu hermana —ordenó, provocando que su hija mayor reaccionara y saliera apresuradamente del lugar con su hermana, que a pesar de su carácter estaba más ausente que ella.

—Presumo que vas a actuar como buen padre y no dejarás que vaya por ellas.

Hiashi no se rebajó en entablar una conversación con Madara y comenzó a atacarlo. Su estilo de combate era muy temido entre las naciones, pero el mismo había bloqueado parte de sus tenketsus y su chakra no era emitido de forma tan letal como necesitaba. En el momento en que logró acertar un golpe vio como su mano atravesó el cuerpo de su oponente y fue sujetado por los hombros.

—Soy más poderoso de lo que fue Kushina o lo que es Katt, no hay punto de comparación —susurró Madara al tenerlo cerca—. No hay nada que puedas hacer para detenerme —añadió, dejando que otro intento de ataque lo atraviese sin éxito alguno—, claro que si tratas de huir quizás lo logres, pero si lo haces iré por tus hijas y sabes bien que ellas no aguantarán ni medio minuto conmigo.

—También son tu objetivo.

—Eso es cierto, pero tú eres una presa mucho más preciada, sé bien que te encargaste de analizar a Kushina y posiblemente también lo hayas hecho con Katt —aclaró el Uchiha con un tono de seguridad sin dejar pasar el que ese hombre había evitado su genjutsu momentos antes—. Prefiero matarte a ti y otro día encargarme de un par de muchachas inexpertas.

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La población civil era escoltada hacía el refugio por los genins de la villa, las personas se movían mucho más lento que un ninja promedio y algunos por el temor entraban en pánico o perdían algún familiar entre la masa de gente que se aglomeraba a la entrada de las escaleras que llevaban a los refugios. También podía verse que algunos de los shinobi más jóvenes habían salido de sus casas sin tanta preparación, pero a pesar de eso llevaban su bandana puesta.

Katt avanzaba junto con Nodoka, en cierto aspecto sintiéndose incómoda por estar rodeada de tantas personas comunes, se sentía fuera de lugar y preocupada que el ambiente de temor que podía sentirse y verse en la mirada de las los civiles terminara por contagiarla. Abriéndose paso logró llevar a la esposa de Ibiki a donde se supone estaría a salvo y donde ella también debía de permanecer.

En un primer momento Katt dudó si debía de dejar a Nodoka sola ahí, para luego dirigirse más cerca de la puerta, pero la visión de Kurenai pasando a unos metros de ella, en dirección a la entrada, hizo que se decidiera. Luego de acomodar a Nodoka en un espacio donde las personas ya estaban más tranquilas, se apresuró a darle el alcance a la otra Kunoichi.

—Kurenai —llamó al ver a la mujer.

—No te había visto —respondió acercándose a la pelirroja—. Estaba esperando que vinieras, por un momento pensé que habrías ido a la muralla.

—¿Sabes que está pasando? —preguntó Katt luego de negar ligeramente con la cabeza ante la idea que había rondado la mente de la kunoichi.

—No, en cuanto sentí el ataque tomé a Tsubaki y vine, se la encargué a una vecina —explicó, tornándose ligeramente más seria—. En casos como este se espera que los ninjas que estén retirados del servicio momentáneamente, pero que aún puedan pelear, apoyen en la defensa del refugio.

Katt asintió al escucharla, la realidad era que dejando de lado el peligro que representaba para su embarazo el entrar a una confrontación demasiado grande, ella estaba físicamente casi en perfecta condición.

—¿Vas a ir a la muralla?

—No lo sé, ya estoy recuperada del embarazo, simplemente estoy cansada. Pero quiero esperar a que los refugiados terminen de llegar y se tomen los puestos de defensa del refugio —contestó un tanto pensativa, antes de dirigir su mirada a las escaleras por donde venía otro grupo de personas y entre ellos Shizune.

La asistente de la Hokage se dirigió directamente hacia las otras dos kunoichis al verlas. Al igual que Katt, Shizune se encontraba embarazada, pero en ella si era notorio, tenía unos cuatro meses y se notaba un tanto cansada a pesar de que parecía que únicamente se había dirigido directamente al refugio.

—La evacuación está casi terminada —dijo visiblemente preocupada, luego de hacer unas señas que provocaron el movimiento de los shinobi que estaban encargados de proteger el lugar y tenía un rango mayor que el de genin—. Los ataques en la muralla se han intensificado, pero aún no parece que hubiera habido una brecha.

—Entonces lo mejor será que me vaya dirigiendo a la muralla —intervino Kurenai, bajo la mirada preocupada de las otras dos kunoichis.

—Tu embarazo fue un tanto complicado al final, aún no creo que deberías de ir al frente —aconsejó Shizune luego de meditarlo unos momentos.

—¡Ahí están! —interrumpió fuertemente la voz de Anko, que se acerca con un pequeño bulto en los brazos—. Katt, tú que no puedes ir aunque quieras y no tienes que dirigir este sitio, cuida a mi Danguito —pidió entregando al pequeño bebé que increíblemente estaba dormido.

—¿Vas a ir al frente? —cuestionó preocupada Shizune—. Has dado a luz hace un mes, aún no es buena idea que vayas.

—¡Voy a ir! —exclamó, dirigiendo su mirada hacía la médico ninja—. Soy una kunoichi ofensiva, no sirve de nada que me quede aquí, Kurenai es más útil a la defensiva de lo que yo puedo ser. Mi embarazo fue perfecto, estoy en buena forma y necesitamos evitar que avancen dentro de la villa a menos que estés planeando otra remodelación forzada.

—Ten cuidado —pidió Shizune luego de suspirar ligeramente, no iba a servir tratar de convencerla que se quedara. La kunoichi asintió ligeramente y acarició la cabeza de su bebé por un instante para luego retirarse—. Kurenai es mejor si te quedas aquí, este ataque ha sido repentino y los genins distan de estar preparados si es que algo llegara —luego dirigió su mirada a Katt—. Es mejor si dejas a Dango con alguien en la parte interna, si necesitamos defender este sitio no vas a poder ayudar con un bebé en brazos.

—Voy a dejarlo con Nodoka —asintió Katt. Anko se lo había encargado, pero Shizune tenía un buen punto, Dango iba a estar más seguro en la parte interna del refugio. El pequeño recién nacido continuaba apaciblemente dormido, la pelirroja no pudo evitar notarlo; con tanta bulla y tensión en el ambiente le sorprendió que el pequeño no esté llorando—. Supongo que es material para shinobi… —murmuró sonriendo un poco, no parecía estar muy al tanto de sus alrededores, pero estaba ignorando muy bien los factores externos que podrían alterarlo. En ese momento la pelirroja se detuvo en su lugar y posó la mirada a sus costados notando la ausencia de su acompañante peludo—¿Dónde puede haberse metido? —se preguntó. Orion había estado con ella hasta que entró con Nodoka al refugio, de eso estaba segura, pero luego simplemente desapareció de su vista. Ligeramente preocupada continuó su camino hacía Nodoka, su invocación distaba de ser una criatura que necesitara ayuda para cuidarse, pero aún así el no saber dónde estaba siempre la preocupa un poco.

En la entrada Shizune corrió a recibir a una mujer que llegaba cargada en brazos de Raidou. Yurika era una kunoichi, pero tuvo la mala suerte de estar con más de ocho meses de embarazo y sin posibilidad de correr o subir velozmente las escaleras hasta el refugio. Sin perder demasiado tiempo el shinobi dejó a su pareja suavemente en el suelo antes de retirarse en dirección a donde todos los ninjas activos estaban yendo.

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Kakashi no tuvo mayores problemas para moverse entre la multitud. Quitando a los miembros de Akatsuki, no podía notar a primera vista ningún otro shinobi de Kiri que resaltara entre la masa, algo que en cierto modo le preocupaba; esa aldea era famosa por su grupo de espadachines y dudaba que estos se perdieran un ataque contra Konoha.

En el instante en que Kisame divisó la cabellera plateada acercarse a él sonrió extremadamente divertido. Hatake Kakashi era uno de los ninjas que años atrás lo retuvieron cuando visitó Konoha junto con Itachi y no había vuelto a enfrentarlo. Hasta ese momento. Con un fuerte movimiento de Samehada el miembro de Akatsuki lanza a un shinobi de Konoha lejos de él para dejarle el camino libre, ya estaba cansado de ver ninjas sin renombre en frente suyo y jugar a entretener gente mientras Madara se encargaba de realizar la parte más entretenida.

—¿Va a venir tu amigo verde también? —cuestionó divertido—. Con él ya tengo dos peleas inconclusas.

Kakashi no se detuvo a responderle, sino que aprovechó el que tuviera la espada hacia un lado de su cuerpo luego de haber lanzado a su oponente anterior hacia un lado. Kisame podía mover esa gran arma sin problemas por el peso o tamaño. Pero había encontrado la posibilidad de atacarlo directamente sin tener que evadir la espada desde el comienzo, algo positivo considerando que la cantidad de chakra que él posee es un factor limitante para la cantidad de ataques que puede realizar.

Dentro de la muralla el grupo que se ocupaba de detener a los infiltrados estaba realizando su labor casi con perfección. Shikamaru y su padre se encontraban ahí, dispuestos por diferentes áreas, impidiendo que los ninjas de Kiri avanzaran muy lejos con ayuda de algunos otros chunin que se encargaban de eliminar los objetivos y perseguir a los que consiguieran escapar a las técnicas de sombras.

—¿Has visto a Ino? —preguntó Chouji en un momento en que la situación en el interior se había calmado.

—No, debe de estar afuera —contestó Shikamaru—. Sus técnicas no son muy útiles aquí, no puede dejar su cuerpo desprotegido o encargárselo a alguien más, pero en cualquier momento comenzaremos a necesitar que los ninja médico dejen el campo y pasen a atender heridos —añadió, posando la mirada en un pequeño grupo de ninjas de la villa que habían sido llevados por compañeros o se habían retirado ellos mismos por la gravedad de sus heridas, por el momento estaban con dos médicos ninja, pero viendo la magnitud del ataque el reducido número de heridos no duraría así por mucho tiempo.

Al otro lado de la muralla un fuerte temblor obligó que muchos shinobi de Kiri retrocedan para evitar ser lastimados. Una de las grandes invocaciones, un ciempiés, que había estado arremetiendo contra la muralla acababa de caer muerta de un solo golpe y expulsada varios metros hacía atrás. Al ver esto los otros animales gigantes se alejaron, sus cuerpos eran demasiado grandes como para no ser objetivos fáciles y la facilidad con que el ciempiés había caído no era alentadora.

La causante del poderoso golpe era una muchacha esbelta de cabello rosa, Yamato la había enviado a detener de una vez los ataques contra la muralla producidos por las grandes criaturas. Junto a ella estaban Genma, Raidou, Kotetsu e Izumo encargándose de que no hubiera un contraataque masivo en contra de Sakura, que debía de centrarse en mantener alejadas a las invocaciones.

Varios cuerpos de Kiri cayeron muertos al suelo alrededor de uno de los escuadrones de ANBUs que estaban peleando. El número de atacantes era bastante extenso y no aparentaba estar disminuyendo, pero sin duda las bajas en Kiri podían apreciarse sobre el suelo.

—¿Cuál es el objetivo de esto? Están perdiendo mucha gente —cuestionó uno de los enmascarados observando la imagen del campo de batalla lleno de shinobis de Kiri y Konoha.

—Por ahora no importa, necesitamos seguir conteniéndolos hasta que llegue Tsunade-sama —respondió la capitana del grupo a la vez que dirigía su mirada a una joven kunoichi de largos cabellos rubios—. No tienes porqué estar aquí.

—No soy útil en el grupo de contingencia senpai —respondió Ino, tomando algo de aire. A diferencia de los ANBUs a ella todavía le costaba mucho trabajo encargarse de algún enemigo, a pesar del nivel que poseían, pero al menos había mejorado su capacidad de combate en comparación a meses anteriores.

—Nosotros vamos a avanzar contra los miembros de Akatsuki que están al fondo, no puedes venir con nosotros —explicó la mujer—. Es mejor que comiences a juntarte con los otros médico ninja y traten a los heridos, la pelea lleva un buen tiempo y no creo que sólo estén cayendo ninjas de Kiri.

—Sí… —aceptó viendo como el grupo se alejaba de ella.

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Los hermanos Inuzuka corrieron por las calles de la villa, su hogar no estaba ubicado en una zona llena de casas y el tiempo que les tomó decidirse a salir desde que inició el ataque ya los había dejado relegados del resto de los pocos habitantes que vivían cerca de ellos. Kiba había puesto a su hermana sobre Akamaru y avanzaba seguido por los tres canes de ella.

El olor a sangre llamó la atención del pequeño grupo, no era un aroma conocido, pero se estaba acercando a gran velocidad. Kiba decidió saltar a uno de los techos cercanos y observar quien o quienes eran los dueños de ese aroma. Al distinguirlos maldijo entre dientes, eran tres ninjas enemigos que estaban acercándose a gran velocidad, no estaba seguro de si los habían notado o no, pero no planeaba arriesgarse a que ellos tuvieran a su favor la iniciativa.

—Hana, sigue avanzando al refugio —le indicó al regresar—. Son solo tres, no creo que nos hayan sentido así que planeo emboscarlos, pero en cualquier momento escucharán a Tegakari si te quedas cerca.

—No seas ridículo, tengo mucha más experiencia que tú.

—Yo no puedo cuidarlo, sabes de más que es incluso más delicado que un bebé normal —agregó de inmediato al notar la negativa de su hermana—. No voy a poder contener a los tres si llegan cerca de ti ¿Qué planeas hacer? ¿Esconderlo solo dentro de una casa y dejarlo a su suerte?

Hana cerró los ojos por un instante, era obvio que no planeaba alejarse de su hijo y que no iba a poder pelear con el pequeño en brazos —No falta mucho para el refugio, trata de no alejarte, cuando llegue avisaré para que vengan a apoyarte —explicó, indecisa aún si debía de dejar a su hermano peleando contra tres shinobis.

—No me mires así, voy a estar bien, ya están heridos y si los embosco quizás te alcance antes de que llegues al refugio —aseguró el muchacho sonriéndole, viendo como se alejaba junto con sus tres perros detrás de ella y su sobrino aún llorando—. Creo que está muy engreído —comentó mirando a Akamaru—, se nota que mamá aún le tiene consideración por haber nacido antes de tiempo —agregó riendo ligeramente y preparándose para atacar a los tres enemigos que ya se encontraban bastante cerca.

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Hinata aún estaba tomando la mano de Hanabi, halándola lo más rápido que podía y obedeciendo lo que su padre le había pedido. El clan había estado tendido en el suelo en frente de un único hombre que simplemente las ignoró cuando lo vieron, tenían que alejarse lo antes posible y tratar de avisar lo que estaba ocurriendo. Los ojos de la mayor se desviaron por unos instantes hacía su hermana, que extrañamente no oponía resistencia. En cuanto había sentido las explosiones se levantó y fue a buscar a Hanabi, su padre ya se lo había indicado con anterioridad, debía de encargarse de su hermana en caso algo ocurriera en la villa.

A lo lejos pudo notar un grupo de ANBUs moverse por los techos, pero decidió no tratar de llamar su atención, estaban lejos y si estaban movilizándose por la villa era porque habían enemigos infiltrados. Las explosiones incesantes provenientes de la muralla tampoco ayudaban a que pudiera mantenerse calmada, algo grande estaba ocurriendo en el borde de la villa, pero el ataque en su casa había sido devastador, rápido y silencioso, dudaba mucho que si ellas caían en manos de alguien Konoha notara la ausencia del clan hasta que todo pasara.

De improvisto Hinata jaló fuertemente a su hermana sacándola del camino de un grupo de kunais. Frente a ellas estaban dos ninjas de Kiri observándolas detenidamente.

—Son Hyuuga —comentó uno de ellos—. Parece que no se hizo bien el trabajo por ahí.

Hinata dio un paso al frente lista para pelear contra los shinobi, pero en ese momento recordó que su padre les había gritado que no utilizaran el Byakugan.

—Hanabi… —susurró—. No vayas a activarlo…

La menor observó a la kunoichi un tanto pensativa y asintió, recordaba bien que Hiashi les gritó que no lo hicieran y él mismo estaba en frente de un enemigo sin tener el suyo activo. Ella aún no era una genin a pesar de que su nivel era el de uno, todavía no tenía la edad para serlo, pero eso no evitaba que supiera pelear por lo que dio un paso al lado de su hermana mayor, no iba a dejar que peleara sola.

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Tsume trataba de tomar aire a grandes bocanadas, el combate había terminado y estaba en muy mal estado. Su cuerpo estaba sumamente golpeado y el sabor metálico de la sangre inundaba su boca, había sido golpeada constantemente a causa de la infernal espada de uno de los espadachines, los Inuzuka se especializaban en combate de corto alcance y habían tenido que manejarse demasiado cerca del enemigo.

Giró sobre su sitio y observó con tristeza a los dos jóvenes que se habían quedado peleando, estaban muertos y sus cuerpos en peor estado que el de ella. El jutsu de la espada de agua cobró la vida de uno de ellos casi inmediatamente, en ningún momento el líquido que provocó que cayera contra ella lo soltó, simplemente subió por su cuerpo hasta llegar a su cuello y apretar con más fuerza.

Pero ya no podía hacer nada al respecto, ambos muchachos que había criado así como los tres canes que fueron parte de su familia había caído, no sin antes llevarse a los dos ninjas de Kiri con ellos. Con mucho esfuerzo se puso de pie, tenía que ir a asegurarse que sus dos hijos y su nieto hubieran llegado al refugio.

Moviéndose lentamente entre las calles logró percibir el sonido de un combate y un olor familiar. No provenía de la dirección por la que su familia debía de haber huido, pero a pesar de eso se dirigió al lugar, Konoha estaba demasiado tranquila internamente como para pensar que el ataque que recibió en su hogar haya sido simplemente mala suerte.

Al llegar logró divisar a la compañera de equipo de su hijo y a una Hyuuga más joven, ambas estaban peleando, sin activar su byakugan, contra dos enemigos. Al ver esto ingresó a la pelea golpeando de improvisto a uno de los ninja de Kiri en el rostro y dejándolo a un par de metros de distancia.

—Tsume-san —llamó Hinata, sorprendida y preocupada de verla; la mujer estaba cubierta en sangre y completamente sola—. Entró un hombre a atacar el clan —trató de explicar la joven kunoichi, pero no pudo decir más ya que la madre de su amigo comenzó a hablar.

—Huyan lo más rápido que puedan al refugio, no se queden a pelear e informen esto de inmediato —ordenó al escucharla, también habían atacado a los Hyuuga y eso confirmaba que algo estaba ocurriendo aparte de una mera invasión. A lo lejos distinguió la figura de un ANBU moviéndose, simplemente debía de captar su atención y recibiría algo de ayuda, sola no iba a poder darle suficiente tiempo a las dos muchachas—. Apúrense, si hay otros enemigos voy a terminar atrayéndolos cuando empiece a pelar.

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Moviéndose por las calles de la villa, percibiendo los múltiples aromas en el ambiente, estaba Orion. Luego de haber acompañado a Katt al refugio y asegurarse de que llegara a entrar simplemente se alejó para averiguar que estaba ocurriendo en la villa. Por mucho tiempo él estuvo con Madara y aunque no lo había visto u olido sabía que tenía las manos metidas en el ataque, el que aún no estuvieran los enemigos metidos en la villa era una buena distracción para que alguien como el Uchiha se moviera libremente y llevara a cabo su verdadero objetivo.

Un ninja solitario corriendo a gran velocidad llevando en su frente el distintivo de los shinobi de Kiri captó su atención y se dirigió para interceptarlo. Con un ágil salto cayó encima del hombre empotrándolo contra la puerta de una casa que se hizo añicos y haciendo que se golpeara fuertemente contra el suelo.

Al abrir los ojos el hombre vio que estaba con un gran animal de ojos dorados encima de él. Al pasar unos segundos distinguió que se trata de un zorro de gran tamaño y dos colas que lo observa directamente a los ojos mientras no quitaba el peso que ejercía con su cuerpo sobre el de él.

—¿Qué está ocurriendo? —interrogó la invocación.

—No voy a decir nada, tendrás que matarme —contestó tratando de no desviar la mirada de los ojos ámbar.

—No, voy a comerte vivo —corrigió Orion, percibiendo con sus patas el temor del hombre e insistiendo por una única vez para que hablara.

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Evadiendo una gran cantidad de ataques formados por papel se encontraba Sai, volando sobre uno de sus jutsus y tratando de observar la zona para poder entregar un informe aéreo de la situación que le había encargado Yamato. Pequeñas aves blancas lo perseguían y trataban de envolver, impidiendo que tuviera una visión clara del campo de batalla.

Un grupo de cuervos negros llegó al costado del artista, volando directamente para sujetar con sus patas los trozos blancos de papel y al menos evitar que Sai tuviera que dedicarse tanto en evitar ataques. Mantenerse quieto le era imposible, pero con los cuervos del jutsu de Aoba al menos pudo localizar las zonas en las que se encontraban los miembros de Akatsuki y que estaban haciendo en esos instantes. A tiempo para la llegada de la quinta Hokage.

—Yamato —llamó la mujer, al notar que el jonin se encontraba en lo alto de la muralla atacando desde lejos con sus jutsus. Mientras que Ibiki se alejaba de ella al divisar al joven Nara y dirigiéndose hacía él para llevarlo a una posición donde pudiera actuar como estratega, los ANBU recién llegados se encargarían de quienes pasaran la muralla.

Al ver a la Hokage, Yamato respiró aliviado, con ella presente podrían tomar decisiones más agresivas de ser necesario y no simplemente dedicarse a la defensa. Antes de acudir a su llamado se tomó un momento para repeler un ataque de shurikens enemigo que estaba por impactar contra un grupo de ninjas de Konoha.

Casi al mismo momento en que el jonin llegó con la Hokage, Ibiki regresaba con el joven Nara a su lado. Shikamaru era reconocido por ser un gran estratega y si bien jamás había estado en un combate de esa magnitud ya habían perdido demasiado tiempo como para utilizar a personas ligeramente menos hábiles, pero más experimentadas, iban a tener que apostar por el buen criterio del muchacho.

Yamato trató de dar un informe rápido, pero sin obviar ningún detalle. Lo que explicaba formaría la base de las decisiones que se comenzarían a tomar.

—¿Dónde están los Hyuuga? —cuestionó Shikamaru—. Serían de mucha utilidad para poder armar mejor una ofensiva.

—Ninguno vino a reportarse conmigo aún.

—Quizás Hiashi los envió directamente a hacer algo —presumió Tsunade, no muy segura, pero tenían una batalla que afrontar en frente como prioridad.

En el campo de batalla, alejándose de la muralla el grupo de ANBUs encabezados por Yugao trataban de avanzar para eliminar a los miembros de Akatsuki que se mantenían en la parte posterior. Un combate de esa magnitud no estaba diseñado para tener elementos inactivos, así que estaba segura de que no estaban ahí simplemente para observar. Pero sus intentos eran constantemente contenidos por shinobis de Kiri acompañados por alguna de las invocaciones, el único consuelo que tenían era que estaban alejando un poco del combate de la muralla, para esos momentos ya debían de haber heridos y retirarlos no era una labor muy sencilla.

Sakura notó a un gran perro de varias cabezas acercarse a toda velocidad contra la muralla por lo que se dirigió directamente contra él. Desde que atacó al ciempiés ninguna de las invocaciones había vuelto a tratar de acercarse y simplemente había tomado una labor como la del resto de ninjas: atacar shinobis de Kiri. Pero en ese momento debía cumplir con su objetivo inicial, impedir más ataques de ese tipo contra la muralla.

Cargando su puño con chakra se lanzó para golpear al can gigante, logrando acertar el golpe. Pero el efecto no fue lo que esperó, en lugar de salir expulsado varios metros el animal se separó en varios cuerpos de menor tamaño que trataron de rodearla mientras estaba aún con el impulso que puso a su propio golpe.

Una bola de fuego pasó a su costado golpeando a un par de los perros que estaban a punto de atacarla, dejándole un camino libre que utilizó con rapidez. Kotetsu e Izumo se adelantaron para ayudarla con el problema de la masa canina que acababa de aparecer mientras que Raidou y Genma seguían tratando de mantener a la muchacha lo más a salvo posible de los ninja de Kiri cercanos, si ella caía el resto de las invocaciones retomaría su ofensiva.

Sakura estaba a punto de golpear a otro de los canes cuando varios fueron sujetados de las patas por un grupo de serpientes impidiendo que evitaran los golpes de ella o los ataques de la pareja de ninjas que la acompañaba.

—Tienes que ir al otro lado y comenzar a curar a los heridos —indicó Anko apareciendo junto a la médico ninja.

—Pero… —trató de replicar.

—No hay problema —interrumpió haciendo un gesto con la cabeza para que observara como su maestra bajaba al campo de batalla—. Tsunade-sama se encargará, pero hay demasiados heridos como para que te quedes aquí.

Un combate que había durado bastante y que nadie había interferido era el que se seguía manteniendo entre Kakashi y Kisame. El primero se veía notoriamente más cansado, la diferencia en cantidad de chakra era bastante notoria, pero por lo mismo el hijo de Sakumo se había mantenido evitando en medida de lo posible el utilizar algún jutsu que consumiera demasiado chakra.

El ex-ninja de Kiri peleaba bastante divertido, si bien es cierto le hubiera gustado más un enfrentamiento contra Guy, Kakashi era una buena segunda opción. A pesar de la aparente ventaja por la resistencia el jonin de Konoha seguía en pie y fuera de algunas heridas en el torso a causa de Samehada no había logrado acertar ningún jutsu en él. Kisame por su parte tenía varios cortes en el cuerpo y parte de la túnica un tanto desgarrada, Kakashi conseguía acertar golpes pequeños, pero certeros valiéndose de su agilidad. Para suerte del miembro de Akatsuki esos pequeños lapsos de tiempo que aprovechaba para lastimarlo no eran suficientemente extensos como para que pudiera recibir un raikiri.

La llegada de la Hokage al campo de batalla no pasó desapercibida para ambos, muchos de los ninjas de Kiri reaccionaron retrocediendo, conocedores de las historias de la fuerza de esa mujer. Pero el objetivo de la rubia eran los cuerpos con cabello anaranjado que al percibir su llegada tres de ellos comenzaron a avanzar directamente contra ella.

—Creo que es momento para que me vaya retrocediendo —anunció Kisame comenzando su retirada entre los ninjas de Kiri. Kakashi no trató de seguirlo, decidió dirigirse hacia donde la Hokage para apoyarla contra los cuerpos de Pein que estaban saliendo a hacerle frente.

Acompañada de cerca por Yamato la Hokage se detuvo en frente de Pein. El que estaba ubicado en el centro le recordaba a uno de los ninjas de Ame que Jiraiya tomó como alumno, otro distaba de parecer humano; tenía varios rostros alrededor de su cabeza y el tercero parecía normal en apariencia.

—Hace mucho que no nos veíamos Tsunade —dijo el cuerpo del centro, despejando cualquier duda sobre su identidad.

Sin dejar oportunidad a que alguien más hablara, el cuerpo con la cabeza rodeada de rostros se desprendió de su túnica y dejó ver un par de apéndices largos los cuales colocó rígidamente en frente de él mientras que una fuerza de atracción actuó sobre la Hokage, dirigiéndola directamente a las extensiones del cuerpo.

Yamato reaccionó de prisa y elevó una pared de madera, que aunque cedió ante la atracción sirvió de apoyo para que Tsunade se impulsara y elevara sobre los cuerpos. Instintivamente golpeó el suelo con su pierna al caer, creando un gran cráter que obligó a los tres cuerpos enemigos a separarse para evitar ser golpeados.

Kakashi se acercó desde un costado y trató de eliminar al cuerpo que había producido la onda de fuerza que atrajo a la Hokage. Sabía que iba a ser escuchado, su raikiri no se caracterizaba por ser una técnica para un asesinato silencioso, pero era efectivo, pero entre él y su objetivo se interpuso el tercer cuerpo y este simplemente recibió un golpe sin chakra desde la mano de Kakashi. Había absorbido el ataque de manera instantánea.

La Hokage no se quedó quieta esperando a ver que ocurría, en cuanto pudo se impulsó fuera del cráter que había producido y atacó al cuerpo que tenía más cerca de ella. Con las extremidades extras que poseía ese cuerpo trató de bloquear uno de los golpes de la rubia, perdiéndola en el proceso.

Yamato se dirigió como apoyo a Kakashi, había visto lo ocurrido por lo que ni siquiera trato de utilizar algún jutsu. Entre ambos estaban consiguiendo entablar una pelea pareja contra los otros dos cuerpos que no estaban utilizando ninjutsus fuera de sus habilidades que había mostrado para el momento.

El cuerpo principal de Pein vuelve a utilizar su técnica para repeler, afectando únicamente a Kakashi y Yamato ya que el otro cuerpo absorbió la energía al momento en que lo tocó. Luego de esto se dirige contra la Hokage mientras el otro cuerpo se aleja de ella, al parecer el Pein principal desea enfrentarse a la rubia personalmente.

Tsunade no había vuelto a tener otro combate desde que peleó con Orochimaru, pero por primera vez estaba sintiendo el verdadero peso de la edad que su cuerpo había alcanzado como sacrificio por su jutsu regenerativo. Aunque se veía joven y sus niveles de chakra estaban altos no podía evitar sentir el cansancio, necesitaba acabar con ese combate de prisa, antes de que no pudiera seguir manteniendo el ritmo y algún enemigo notara su estado real.

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El hogar de los Hyuuga se encontraba en casi absoluto silencio, lo único perceptible era la respiración entrecortada de Madara. El Uchiha estaba sentado en el suelo herido, y mirando directamente el cadáver de Hyuuga Hiashi que se encontraba en frente de él.

No tenía idea como había ocurrido, pero el líder del clan Hyuuga encontró alguna manera de impedir que utilizara sus habilidades para evitar ataques o transportarse a distancia. Logró ganar, pero tuvo que dejar de jugar al ninja superior y pasar a combatir casi de igual a igual contra Hiashi, para suerte de él, con parte de los tenketsus bloqueados el taijutsu de su oponente no era la mitad de mortal de lo que hubiera sido en otras condiciones.

Serio y con la mirada llena de odio se puso de pie, mirando una mancha roja en el suelo que había sido producida por su sangre durante su reciente combate. Retomando la compostura tomó un kunai portado por uno de los Hyuuga inconcientes y comenzó la parte final de su labor.

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Hana corrió sin detenerse, en un comienzo había estado avanzando sola, pero cuando pudo divisar el refugio frente a ella su nariz le advirtió que estaba siendo perseguida. Detrás de ella la seguían dos shinobi y por la expresión en sus rostros realmente querían alcanzarla antes de que llegara a refugiarse.

Dentro del refugio las cosas estaban tranquilas. Shizune se había encargado de colocar a los ninjas que estaban disponibles en diferentes lugares y los civiles estaban mucho más calmados, aunque preocupados, esperando noticias de que era lo que había sucedido.

Katt no estaba mejor que el resto de refugiados; estaba sumamente preocupada por Kakashi, las explosiones no cesaban y aunque estaba segura que aún no había transcurrido más de una hora desde que todo se inició, la paciencia no era una de sus virtudes. Además, la ausencia de Orion tampoco la tranquilizaba, desde un inicio no estuvo conforme con que lo enviaran con ella al refugio.

-¡Shizune-san! —exclamó el shinobi que estaba custodiando la entrada—. Se acerca una mujer y la están atacando.

—¿¡Qué!? —cuestionó la asistente de la Hokage—. ¿Cómo es que alguien sigue afuera? ¿Y qué están haciendo los de la muralla?

Katt se acercó para observar, no tenía la menor intención de quedarse dentro de una cueva mientras hubiera ninjas enemigos afuera que en cualquier momento podían simplemente decidir derrumbar la entrada y dejar que las rocas hagan el trabajo. No se demoró demasiado en reconocer quien estaba corriendo, la larga cola de cabello castaño de Hana la delataba, sin contar que se podía ver que era una kunoichi, estaba evitando los ataques como podía.

—Es Hana… —susurró la pelirroja, produciendo que Kurenai se adelantara y saliera del refugio y que algunos de los genins comenzaran a tensarse ante la idea de que el ataque ya había llegado hasta su ubicación.

Katt la imitó, pero a diferencia de la experta en genjutsus ella avanzó de prisa, eran únicamente dos enemigos. Sabía que si Kakashi estuviera cerca era muy probable que la hubiera detenido, pero en ese momento no estaba cerca y fuera del guardia de la puerta, Shizune y Kurenai no había ningún otro ninja de rango mayor a genin que pudiera llegar a tiempo.

Al estar cerca simplemente concentró su chakra y lanzó una bola de fuego que obligó a los atacantes a retroceder y separarse. Cada uno retomó el ataque, de cierta forma ignorándola y centrándose en la otra kunoichi. Al notar esto Katt lanzó otro jutsu en contra de un de los ninjas mientras corrió para interceptar al otro. No planeó entrar en combate cuerpo a cuerpo cuando salió, pero si subía el nivel de sus ataques había la posibilidad de que también dañaran a Hana.

Al momento en que el shinobi que no había sido detenido se acercó nuevamente a Hana, Kurenai apareció envuelta en una ráfaga de pétalos rosas y lo sujetó. Desde el refugio salió Konohamaru en frente de unos cinco genins que reaccionaron a salir sin necesidad de una orden, dirigiéndose directamente hasta donde estaba la Inuzuka para ayudarla a salir.

Uno de los jóvenes ninjas tomó al bebé y otros dos ayudaron a Hana a alejarse de la batalla mientras Konohamaru y el restante se mantuvieron en el centro, listos para contraatacar en caso alguna de las dos kunoichis que estaban peleando perdieran a su oponente y este tratara de seguir atacando.

Katt se enfrentó sin mayores problemas al shinobi de Kiri, a pesar de no estar en su mejor condición el nivel de ese hombre distaba bastante de ser de cuidado, o al menos luego de los combates que tuvo contra Kakashi su concepto de peligroso cambió bastante. Cerca de ella estaba Kurenai también terminando de enfrentarse a su enemigo y ordenando a los genins que recogieran a los canes de Hana que se acercaban lentamente por el camino, heridos, pero aún en capacidad de regresar con su dueña.

Shizune se acercó de inmediato a revisar a Tegakari que no cesaba de llorar, al asegurase de que estaba en buen estado de salud prosiguió de inmediato con Hana. La Inuzuka estaba ligeramente lastimada, aunque lo extraño era lo silenciosa que estaba y el hecho de que estuviera corriendo sola con su hijo en brazos.

—Esto está mal —susurró Katt acercándose a Kurenai— ¿Por qué recién ha venido y en este estado?

—Eran sólo dos, no parece que la muralla haya caído, incluso aún se escuchan las explosiones…

—Hana, ¿qué ocurrió? —cuestionó Shizune al momento en que terminó de revisarla y curar las heridas que tenía.

La muchacha no respondió. Aunque no lo mostraba tan abiertamente estaba aterrada, el olor impregnado en los dos hombres que la persiguieron era el de Kiba, debían de ser parte de los que ninjas que su hermano dijo que contendría mientras ella escapaba.

—Vienen más —avisó el shinobi de la puerta—. Shizune-san, parece un ataque más grande hay una pared de fuego elevándose.

Al escuchar eso Katt corrió hacía la puerta, aparte de ella la otra criatura que tenía esas costumbres con el fuego era su invocación. Y no se equivocó. Pudo ver a su zorro saltando entre los techos y esquivando ataques mientras prendía el camino sin ningún tipo de consideración por las construcciones. Pero notó que había algo mal en la escena, Orion era rápido y por algún motivo extraño estaba aprovechando eso para esquivar ataques más no para escapar.

La pelirroja decidió salir nuevamente, no tenía idea que ocurría con su invocación, pero no pensaba abandonarlo y quedarse mirando. Al acercarse, notó a Hinata y Hanabi que venían corriendo, siendo cubiertas por las llamas lanzadas desde la boca del gran zorro.

Al distinguir el cabello rojo de su dueña Orion se acercó a ella y lanzó una emisión de fuego aún mayor que no envolvió a todos los atacantes. Notando la intención del ataque Katt dejó fluir su chakra para que se mezclara con la llamarada de su zorro y luego lo controló, dirigiéndolo a los enemigos como una gran ola de tonalidad blanquecina que avanzó incinerando todo a su paso.

—Ese fuego estuvo caliente —comentó el zorro al ver el color de las llamas.

—Hinata —murmuró Kurenai al ver a su alumna llegar junto con su hermana menor.

Para esos momentos Shizune ya había puesto en alerta máxima el refugio, algo que no esperaba hacer viendo que los ataques parecían continuar activamente en la muralla.

—¡Orion! ¿Dónde te habías metido? —preguntó Katt cuando ya estaban a salvo en el refugio.

—Cenando —respondió tranquilamente.

—Shizune-san —intervino Hinata—. Alguien atacó al clan cuando recién comenzó el ataque —informó antes de que la médico ninja pudiera siquiera revisarla a ella o Hanabi. Las palabras salidas de la boca de Hinata causaron cierto efecto en la Inuzuka.

—¿Quién los atacó? —cuestionó la mujer, sumamente preocupada por la noticia y no pudiendo evitar que su vista se desviara hacía Hana por unos instantes.

—Solo un hombre, tenía el cabello negro largo y estaba vestido de negro.

En el momento en que escuchó la descripción del cabello del presunto atacante un escalofrío recorrió la espalda de la pelirroja. Pensar en Madara yendo a enfrentarse a los Hyuuga no era una idea descabellada, ese clan podía localizar el chakra invertido a grandes distancias y eso no debía ser del agrado del Uchiha.

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Desde la muralla la luz emitida por las llamas cercanas al refugio alertaron a los ninjas de Konoha de que algo estaba yendo mal en el interior. Pero a pesar de que el ataque estaba ocurriendo de manera extraña y sin intentos por ejercer mayor presión para ingresar a la villa, no podían simplemente retirarse.

—¡Sai! —llamó Ibiki dirigiéndose al muchacho que sobrevolaba la zona—. Dirígete al refugio de inmediato.

Shikamaru maldijo ligeramente, hace mucho que estaba seguro de que el ataque era una distracción, pero no podía simplemente enviar ninjas al interior y debilitar la muralla. Al menos no hasta ese momento, ahora tenía una idea de dónde es que podía estar ocurriendo algo, lamentablemente la localización no le agradaba en lo absoluto.

Madara salió de Konoha en medio del caos, un hombre que es casi como una mancha negra podía pasar oculto a los sentidos sin mayor inconveniente y sumado a que no podía ser percibido utilizó el poco chakra que aún le quedaba para acelerar su velocidad. La quinta logró divisar la figura oscura, no le era difícil había pasado cerca de ella para refugiarse detrás del cuerpo principal del líder de Akatsuki, Yamato trató de sujetar al extraño con una prisión de madera, pero la velocidad con la que el hombre evitó el ataque era sorprendentemente precisa.

Antes de que pudiera tratar de dar una orden vio como su oponente asintió ligeramente con la cabeza y de improvisto una fuerza invisible lanzó todos los cuerpos que se encontraban en frente de él, aliados o enemigos, fuertemente contra la muralla. Para el momento en que se puso de pie los ninjas de Kiri que quedaron de pie ya estaban escapando junto con Akatsuki.

—¡No los persigan! —gritó fuertemente la quinta Hokage al ver que algunos estaban avanzando con esa intención.

—Hokage-sama —intervino Ibiki acercándose a la quinta al igual que muchos shinobi que estaban en el campo de batalla— Según la información que he recibido parece ser que la casa de los Aburame sufrió algún tipo de ataque y están encerrados en una cúpula de plantas; tampoco hemos visto a ningún miembro del clan Hyuuga.

—Vayan dos grupos a cada casa —ordenó la mujer antes de posar la mirada en Kakashi—. ¿Qué tan grave estás?

—Puedo seguir peleando —aseguró tranquilamente, era notorio que estaba bastante cansado, pero sus heridas no eran demasiado graves.

—Dirige a los grupos que vayan a ir con los Aburame, posiblemente van a tener que quemar esas plantas para entrar. Lleva un escuadrón ANBU, no tenemos idea que pueda haber dentro —indicó, comenzando a caminar de regreso al interior de la villa.

—No muchos lo notaron —susurró Ibiki cuando Tsunade no tenía a ningún otro shinobi cerca—, pero cerca al refugio hubo un ataque, por la naturaleza de lo que se vio estoy seguro que debe de haber sido Katt la dueña del jutsu.

—¿Hace cuanto enviaron escuadrones hacia la zona?

—Dos minutos, en cuanto lo notamos.

—Vamos hacia allá, dudo que haya sucedido algo muy grave, todo se ve en orden desde aquí, pero eso quiere decir que los que lograron infiltrase llegaron hasta el refugio —añadió seriamente la Hokage—. Debiste decirme esto primero.

—Hatake estaba cerca y es más necesario que vaya a encargarse de alguna de las dos casas que simplemente ir al refugio, lo que sea que ocurrió ahí ya terminó —explicó observando en esa dirección—. Yo me quedaré aquí, hay muchos ninjas que necesito llevarme para interrogarlos —añadió, observado los cuerpos de algunos ninjas de Kiri que seguían con vida.

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La tensión aumentó notoriamente cuando los sonidos producidos por el combate de la muralla cesaron. Ahora no tenían otra cosa que hacer que esperar, sin saber si Konoha había vencido o Kiri estaba avanzando sin restricción alguna por la villa.

—¿Puedes ir a ver? —preguntó Kurenai dirigiéndose a Orion, la invocación estaba sentada cerca de la entrada junto a su dueña—. Si algo ocurre simplemente puedes des-invocarte.

—Lo sé —contestó poniéndose de pie—. Ya regreso —agregó, saliendo ágilmente por la puerta.

Los minutos transcurrieron de forma lenta, o al menos eso le pareció a Katt, quería salir e ir a investigar por su cuenta la razón del cese de los ataque y buscar a Kakashi. Ya más tranquilas en la zona donde se encontraban los civiles estaban descansando Hinata, Hanabi, Hana y Tegakari, ninguna de las tres hablaba mucho, simplemente estaban más concentradas en lo que pasaba por sus cabezas tratando de entender que era lo que había ocurrido.

—¡Tsunade-sama! —exclamó de improvisto Shizune al ver a la rubia acercarse junto con un grupo de ninjas. Nadie dentro del refugio lo notó, pero en lo alrededores ya habían algunos ninjas revisando que no hubieran enemigos ocultos en las cercanías.

La quinta sonrió al ver a su pupila acercarse a ella. Por el momento fue la única que abandonó el refugio y simplemente porque deseaba informarle con la mayor prontitud posible lo que había ocurrido. Los minutos pasaron con una extraña sensación de seguridad, al menos la villa ya no estaba bajo ataque y en rasgos generales muy pocas áreas tenían rastros de ataques.

Cerca de veinte minutos después de la llegada de Tsunade, Katt pudo ver acercarse a Anko, por lo que fue a buscar al pequeño Dango. Estaba segura de que la kunoichi no tendría problemas en entrar a buscarlo, pero por su mismo carácter quizás espantaría a los civiles que ya estaban suficientemente nerviosos.

—¡Danguito! —exclamó contenta su madre al verlo sano y salvo.

—Anko, ¿viste a Kakashi? —preguntó la pelirroja.

—Cuando llegué, pero en cuanto todo acabó vine de prisa —contestó un poco más seria.

—La Hokage está llamándote —informó un shinobi acercándose a la pelirroja.

Katt acudió al llamado instantáneamente, por algún motivo no le gustó que Tsunade la mandara llamar. No tenía idea dónde podía estar metido Kakashi y la expresión seria que mantenía en el rostro incluso al verla no le dio ningún tipo de confianza, estaba segura de que su esposo no estaba muerto, o al menos eso quería creer, pero el silencio con que la recibió Tsunade no la animaba en lo más mínimo.

—¿Sabes dónde viven los Aburame? —preguntó la Hokage.

—Sí —respondió bastante confundida, esperaba algo sobre Kakashi.

—Ve para allá, ya Konoha está a salvo, no parece que hayan quedado remanentes de Kiri dentro de la villa —indicó la rubia antes de posar la mirada atentamente en la kunoichi—. Kakashi está ahí, entero y sin nada de lo que no se recuperará en un par de días.

Al escucharla Katt respiró aliviada y sonrió —¿Pero para qué me necesitas ahí?

—Ve, creo que vas a ser de mucha ayuda —insistió sin explicar más antes de comenzar a avanzar hacía el refugio probablemente con la intención de hablar con Hana o las hermanas Hyuuga.

Katt corrió rápidamente por las calles de Konoha, muchos shinobi estaban dispersos por varias partes, revisando y cuidando las calles a pesar de las heridas que eran visibles en algunos. Pero la salud del resto en ese momento le importaba poco, sólo quería llegar a ver a Kakashi.

Al acercarse a su objetivo notó el domo verde sobre la casa de los Aburame y como un grupo de ninjas estaban tratando de destruirlo, pero este se regeneraba lentamente y ninguno de los presentes parecía tener mucho chakra como para acabar la labor. Sin necesidad de buscar demasiado localizó la cabellera plateada de su esposo y siguió corriendo en esa dirección.

—¡Kakashi! —Llamó ignorando por completo a un shinobi que estaba hablando con este.

Al escucharla Kakashi miró en dirección a la pelirroja, extrañado por verla ahí. Pero antes de poder pensar en alguna razón por la que ella estuviera en frente de él, la tenía abrazada contra su pecho. Por un breve momento el shinobi sonrió, hasta que el contacto contra sus heridas quitó la expresión de su rostro y de paso a su esposa que sintió lo que había provocado.

—Perdón —dijo en voz baja, recién notando la sangre que manchaba la ropa de él.

—Está bien, en un rato debe de llegar un médico ninja —contestó retomando la sonrisa en su rostro—. Katt, ¿qué haces aquí?

—Tsunade me dijo que viniera, pero no dijo para qué —contestó separándose un poco más de él y observando el domo.

—Sí, debe de haber sido por esto.

Para alguien que casi no había utilizado su chakra y con una afinidad tan elevada con el fuego, encargarse de quemar las plantas no era una tarea complicada. Durante el proceso el zorro de dos colas llegó a la escena y esperó junto a Kakashi a que la pelirroja terminara de abrir una brecha para que el equipo ANBU que estaba esperando entrara.

El camino abierto por Katt fue utilizado de inmediato. Kakashi dudó por unos instantes si entrar o no, pero al sentir que no había ningún tipo de combate en el interior ingresó, con la pelirroja y el zorro detrás de él.

La escena del interior tomó por sorpresa a quienes la vieron. En el suelo estaban esparcidos los cuerpos muertos de todo el clan Aburame con su piel teñida de un fuerte color morado y una solitaria e intacta túnica de Akatsuki a pocos metros de distancia del líder del clan.

Katt desvió la vista inmediatamente y observó a su zorro. Ya en el refugio la imagen de Madara moviéndose por Konoha y atacando Hyuugas se había formado, hasta el momento los tres clanes que estaba enterada habían sido atacados eran justamente los que podían detectar con mayor facilidad al shinobi y por la atención puesta por el zorro a la escena en la que se encontraban estaba segura que tenía una idea similar en mente.

—Dejemos que ellos se encarguen de esto —intervino Kakashi—. No creo que sea buena idea que estemos aquí hasta que aseguren el lugar.

—Kakashi-san —llamó un médico ninja—, no puede seguir caminando con esas heridas.

—Vamos —insistió el jonin antes de salir con su esposa, la invocación y el ninja médico que deseaba comenzar a curarlo.


Espero les haya gustado y que no deseen matarme por las bajas, miren que he sido buena y no fui gráfica con las muertes, de cualquier manera ya en el próximo habrá un recuento y "resumen" de cómo ocurrió todo en caso tengan alguna duda. Y no, no hay Naruto, sorry, pero el muchacho lo quiero fuerte, pero en un tiempo creíble, así que sigue entrenando (No hay Sakura gritando por Naruto por algo sencillo, la muchacha lo hizo cuando Pein voló Konoha, antes estaba encarando la situación como el resto) Ya cuando siga con los ataques y no tenga tantas cosas ocurriendo a la vez en diferentes sitios me centraré en narrar más las batallas (Sino fuera por los ataques a los clanes y que Katt estaba en el refugio hubiera podido tratar de ser mucho más específica con el combate en la muralla, lamentablemente no todos estaban ahí, pero no se preocupen, ya habrá momento para verlos pelear mejor, a fin de cuentas es el inicio de una guerra)

Lo que ocurrió con Madara y Hiashi lo tocaré luego, no lo narro para no arruinarlo cuando toque el tema de la investigación. Y continuo reafirmo mi idea de que yo no sirvo para escribir cosas muy emotivas o en todo caso no me salen provocadoras de llantos xD (Léase muertes y reencuentros xD)

Nuevamente, este es uno de esos capítulos en los que me gusta mucho más de lo usual escuchar sus opiniones. Así que dejen review (Ayuden a que llegue a los 1000 reviews xD ¡el dios zorro lo ordena!) y creo que este se ha vuelto oficialmente mi nuevo capítulo más extenso (en palabras)

¿¡Y qué demonios anda haciendo Kishimoto en su manga!? Si Pein decide volverse bueno… en fin, las cosas que con anterioridad le había visto como "errores" no se comparan en absoluto con esta ultima saga, Sasuke invocando a Manda sin chakra no es la mitad de WTF de lo que está ocurriendo ahora.