Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-1-

Parpadeé sorprendido e intenté incorporarme un poco. Me di cuenta de que justo encima de mí había una chica menuda que al parecer no se había ni inmutado con nuestra caída porque no dejaba de mirar hacia atrás.

-Perdona, pero me gustaría levantarme. –le dije enfadado a la vez que la fulminaba con la mirada.

Por lo visto mis palabras tuvieron efecto sobre ella, ya que se puso en pie con rapidez y me ayudó a levantarme del suelo. A continuación, –y para mi asombro –rodeó mi cuello con sus brazos y sin pensárselo dos veces me besó. Abrí los ojos desmesuradamente e intenté separarme de ella, pero sorprendentemente aquella chica tenía mucha fuerza. Sin distanciarse de mis labios, me cogió del cuello de la camisa y tiró de mí, obligándome a andar. Se apoyó en la pared más cercana sin separarse ni un milímetro de mí y colocó mis manos alrededor de su cuerpo. Me sentía muy violento en aquel momento e incluso tenía la sensación de que me había subido la fiebre porque me ardían las mejillas, pero al parecer estaba empeñada en no soltarme.

Al cabo de varios segundos que se me hicieron eternos, se separó de mí con brusquedad y se retiró de entre mis brazos. Observó con temor la calle que había delante de ella y después suspiró aliviada. La miré estupefacto, sin terminar de creer lo que me acababa de pasar. Estaba seguro de que mi cara en aquellos momentos era un poema, pero la situación la requería.

-Bueno, ya está. Menos mal… –murmuró mirándome con una sonrisa tranquila, como si no acabara de derribar y de besar a un desconocido en medio de la calle.

-Me parece que me debes una explicación. –le dije de repente. Era lo menos que merecía.

-Ah, sí, claro. ¿Qué quieres que te explique? –preguntó aproximándose a mi mochila que estaba tirada en el suelo. La recogió, se acercó a mí y me la entregó. La cogí de malas maneras, mirándola a ella con cara de pocos amigos.

-¿Cómo que qué quiero que me expliques? ¡Pues lo que acabas de hacer!

-Bueno…te he besado.

-Ya. –me estaba comenzando a hartar –Pero lo que yo quiero saber es: ¿por qué?

-Se puede decir que me has salvado. Considérate un héroe. –dijo palmeándome el hombro para después darse la vuelta y comenzar a caminar en dirección contraria a la mía. – ¡Ay! –gimió mirándose la rodilla y empezando a cojear.

Sentí lástima por ella y me acerqué, aunque aún estaba atónito.

-¿Qué te pasa?

-Me parece que me he hecho daño en la rodilla cuando nos hemos chocado.

-No, perdona, dilo bien: cuando tú te has chocado.

-Como sea. –musitó poniendo cara de dolor mientras se observaba la pierna.

-Si quieres puedes venir a mi casa para que te cure, no está lejos de aquí. –incluso a mí me sorprendió mi ataque de buena fe.

Me miró con los ojos entrecerrados.

-¿Cómo sé que no eres un psicópata violador?

-Bueno, digamos que has sido tú la que se ha lanzado a mis brazos. Yo aún estoy sorprendido, la verdad. –le expliqué rascándome la nuca contrariado.

Comenzó a reír, pero después se detuvo de golpe.

-No creo que sea buena idea que vaya a tu casa.

-Pues yo creo que sí, se te está hinchando la rodilla. Mi padre es médico, seguramente podrá recetarte algo y curarte.

-No quiero molestarte…más de lo que ya lo he hecho.

-Bueno, no me importará que me molestes un poco más. –le dije con una sonrisa.

Suspiró rindiéndose y asintió. Comenzó a dar saltitos en medio de la calle a la vez que yo empezaba a caminar a su lado.

-¿Quieres que te ayude? –le pregunté en un vano intento por ser caballeroso.

-No hace falta. ¿Vives muy lejos?

-No, en aquella casa de ahí. –le señalé.

Se detuvo en seco y miró la enorme residencia de dos pisos con los ojos como platos. Jamás había alardeado de mi casa, pero en realidad, era envidiable. Su color blanco transmitía tranquilidad, al igual que la zona en la que estaba situada.

-Eso no es una casa, eso es una mansión. –me dijo parpadeando seguidamente.

-Bueno, entonces es mi mansión. –le contesté con una sonrisa arrogante.

Continuó dando saltitos hasta que lleguemos a la puerta de mi casa. La abrí, y en aquel momento recordé que no habría nadie hasta dentro de un rato.

La chica entró y yo la seguí, dejando la mochila en el recibidor.

-Me parece que no hay nadie. –la informé, pero me pareció que no me estaba escuchando. Se había detenido observando con detenimiento el interior de la casa. En el piso de abajo se encontraba el salón, la cocina, dos cuartos de baño, el despacho de mi padre y una sala de estudio que también servía de biblioteca. En el piso de arriba estaba la habitación de mis padres, la habitación de Rosalie y la mía con sus respectivos cuartos de baño y aparte, dos habitaciones más para los invitados que también disponían de su cuarto de baño.

-Esta casa es…genial. –murmuró girándose para mirarme.

-No está mal, pero resulta aburrida cuando llevas viviendo en ella toda la vida. –le expliqué.

-¿Bromeas? ¡Es una pasada!

Me encogí de hombros, y me encaminé hasta el cuarto de baño. Ella me siguió, y entonces recordé algo.

-No me has dicho tu nombre. –le dije deteniéndome en seco.

-Me llamo Alice.

-¿Alice qué mas?

-Sólo Alice.

Fruncí el ceño pero no le di importancia.

-¿Y tú?

-Jasper Cullen.

Asintió y después miró al suelo. Me di la vuelta y empecé a buscar lo necesario para curar a alguien herido: antiséptico, vendas y unas tijeras.

-Siéntate aquí. –pedí señalándole un taburete. Me hizo caso y después me miró divertida. –Súbete el pantalón. –comenzó a hacer lo que le había pedido pero el pantalón vaquero se atascó en su pantorrilla y no le dio la gana de subir más.

-No sube. –me dijo peleándose con la prenda de ropa. –Y perdona que te diga, pero no me voy a quitar el pantalón delante de ti. –finalizó cruzándose de brazos.

-De acuerdo. Entonces, espérate aquí, te traeré algún pantalón corto de mi hermana. –le dije dirigiéndome a las escaleras sin dejar que replicara. Las subí deprisa y caminé a paso ligero hasta la habitación de Rosalie. Rebusqué en su armario hasta que encontré unos pantalones cortos que parecían hechos para hacer deporte, y los cogí. Bajé las escaleras y me encontré a Alice observando con detenimiento el cuarto de baño como si nunca hubiese estado en ninguno. –Toma. –le dije tendiéndole el pantalón.

–Gracias. –cerró la puerta y tuve que esperar un par de minutos hasta que volvió a abrirla. –Ya puede curarme, doctor. –bromeó sentándose de nuevo en el taburete.

Me agaché delante de ella y me di cuenta de que la rodilla se le había hinchado bastante y de que tenía una herida grande justo en el centro de la pierna, a pesar de que sus pantalones habían amortiguado el golpe. "Por eso en aquel momento tenían un bonito agujero adornándolos", pensé. Comencé a aplicarle el antiséptico sobre la herida y se removió incómoda.

-¡Ay! –se quejó.

-Si te escuece, es que se está curando. –le repetí lo mismo que me decía mi madre cuando me curaba alguna herida y no dejaba de quejarme.

-Sí, pues más le vale que se cure rápido. –volvió a quejarse frunciendo el ceño. Sonreí y le puse una venda alrededor de la rodilla.

-Ya está. –le dije cuando terminé.

-Gracias otra vez. Y… gracias por lo de antes. Por haberme ayudado. –me dijo agachando la cabeza avergonzada.

La miré con el ceño fruncido, aún no la entendía.

-¿Con qué te he ayudado? –le pregunté, pero mi pregunta se evaporó cuando escuchemos que la puerta de la casa se abría.

-¡Ya he llegado! –gritó Rosalie que venía del gimnasio como cada viernes. – ¿Hay alguien? –preguntó cuando nadie le respondió.

-Sí, hola Rose. –la saludé saliendo a su encuentro.

No me había dado cuenta de que Alice había venido detrás de mí, y observaba a mi hermana con una cara amigable. En cuanto Rosalie se percató de su presencia y de lo que Alice llevaba puesto, puso el grito en el cielo:

-¡¿Quién diablos es esa y por qué lleva mi pantalón?


¿Os ha gustado como se han conocido? Ha sido original, no me podeis decir que no ;P

Espero que os haya gustado el capi de hoy. Creo que mañana subire otro, porque seguramente pasado mañana no estare y el viernes tampoco, asi que tal vez mañana podais leer el siguiente capitulo =)

Muchas gracias a las personas que dejaron review en el prologo, y tambien a las que agregaron la historia a sus favoritos^^

¡Hasta pronto!

XOXO