Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-3-
Abrí los ojos sorprendido cuando escuché su respuesta, al igual que mis padres que se quedaron boquiabiertos.
-Vaya, cielo…lo sentimos mucho. –rompió mi madre el silencio.
-Bueno, yo no los conocí, así que supongo que no puedo echarles de menos.
-¿Y dónde vives? –no pude evitar preguntarle.
Pareció buscar una respuesta adecuada a mi pregunta.
-Pues… con unos amigos.
-¿Unos amigos? ¿No eres menor de edad? –le preguntó mi padre con una ceja levantada.
Alice asintió.
-Pero ellos no, y se puede decir que me "adoptaron" hace varios años. –le explicó interpretando las comillas con sus manos.
Mis padres asintieron no muy convencidos.
-Entonces tendremos que llamarles a ellos para que sepan dónde estás y para decirles que te acompañaremos a casa. –le dijo mi madre.
-Es que…están de viaje…no…no están aquí. –murmuró Alice insegura. –No importa, volveré a casa caminando.
-¿Cuánto tiempo van a estar de viaje? –le preguntó mi padre.
-Varias semanas…dos o tres. Pero no importa, no me importa estar sola –le contestó ella con un intento de sonrisa.
-¿Y por qué no te quedas aquí hasta que vuelvan? –preguntó mi madre con una sonrisa que demostraba lo feliz que la haría si aceptara su propuesta. Yo en cambio no pude evitar abrir la boca sorprendido. No es que me extrañaran esos ataques de buena fe de mi madre, pero no creía que le pidiera a Alice que se quedara con nosotros.
-No puedo hacer eso, no quiero molestar más. –se apresuró a contestar ella.
-No molestas, cielo. Nos gustaría mucho que te instalaras aquí por unos días, ¿verdad? –Le preguntó a mi padre, a lo que éste asintió -¿Verdad? –preguntó ésta vez mirándome a mí.
-Sí. Así por lo menos no estarás sola. –se me ocurrió decir.
Alice me miró pensativa y después desvió su mirada hacia mis padres.
-No hace falta que hagan esto, de veras. Puedo cuidarme sola.
La cara de mi madre pasó de una sonrisa de felicidad a una mueca de desánimo.
-Bueno, si no quieres quedarte con nosotros por unos días, acepta al menos quedarte a cenar. –le pidió en un último intento.
Alice sonrió con resignación.
-Está bien.
-De acuerdo, voy a comenzar a preparar la cena, así que todos fuera de la cocina. –nos ordenó. Le gustaba estar sola para que nadie la agobiara y para que pudiera hacerlo todo como a ella le gustaba.
Mi padre se encaminó hacia su estudio, y Alice y yo fuimos al salón y nos sentemos en el sofá.
-¿No tenéis asistenta? –me preguntó observando con asombro la casa.
-No. Bueno, hay una mujer que viene a limpiar cada dos días y que ayuda a mi madre.
Alice asintió y después se acomodó en el sofá.
-¿Me vas a explicar de qué huías?
-Tenía la esperanza de que olvidaras el tema. –me dijo con una risita.
-Pues ya ves que no.
-Escucha, no es que no me caigas bien ni nada de eso, pero no tengo ganas de hablar de mis problemas ahora, aunque sé que mereces una explicación por lo que ha pasado en la calle.
-¿Entonces?
-Entonces… ya te lo contaré.
Resoplé ceñudo, siempre decía lo mismo.
-Por cierto, me parece que a tu hermana no le he caído demasiado bien.
-Tranquila, no es por ti, es que es muy desconfiada.
-Ya lo he visto. Creía que iba a pegarme.
-Ya te he dicho antes que es inofensiva, aunque cuando grita… mejor tápate los oídos.
Alice comenzó a reír, y después formó en su rostro una mueca de dolor.
-¿Qué pasa?
-Me duele la rodilla. –me explicó acariciándose la rodilla por encima del vendaje.
-A lo mejor mi padre te ha apretado demasiado la venda.
-No, no es nada. Supongo que se estará curando. –me dijo con una sonrisita.
En ese momento Rosalie bajó las escaleras con el cabello mojado –seguramente acababa de ducharse –y le dedicó a Alice una mirada envenenada.
-Creía que ya te habías ido, aunque claro, todavía llevas mi pantalón. –le dijo enfadada.
-Rosalie, no empieces. Y deja ya de molestarla porque se va a quedar a cenar con nosotros.
Mi hermana resopló y salió del salón haciendo ruido con los pies.
-¿Qué edad tiene? –me preguntó Alice bajito por si acaso nos escuchaba.
-Diecisiete, como yo. Somos mellizos. Aunque ella es mayor que yo por tres minutos.
Alice me miró detenidamente.
-Me alegro de que no seas exactamente una versión de ella en chico. Quiero decir que es bueno que no os parezcáis en el carácter, sino me habrías tratado mal.
-Te aseguro que si te hubieras chocado con ella y la hubieras tirado al suelo, ahora mismo te faltaría una pierna porque te la habría arrancado.
-Sí, bueno, a ella no la habría besado. –me dijo con una risita.
Me sonrojé al recordar aquello y me alegré de que mi madre nos llamara para cenar en aquel momento, antes de que pudiera contestarle. Nos levantemos y fuimos hasta la cocina donde cenábamos los días de cada día. Nos sentemos en la mesa y Alice se sentó a mi lado. Rosalie la miró enfurecida porque siempre era ella la que se ponía a uno de mis costados –ya que mis padres estaban uno en cada punta de la mesa –así que le tocó sentarse sola, justo enfrente de mí.
Mi madre había preparado una ensalada y un poco de arroz.
-¿Has reconsiderado la idea de quedarte? –fue lo primero que le preguntó a Alice.
-Bueno…yo… -comenzó ella, pero se vio interrumpida por mi hermana:
-¿Es que no tiene casa o qué?
-Rosalie. –la avisó mi padre dedicándole una mirada de advertencia.
-No tiene padres, cielo. –le explicó mi madre.
-¿Y por eso tenemos que acogerla nosotros? –volvió a atacarla Rosalie.
-Ya vale. –la regañé yo. –Se quedará si quiere. –le dije mirando a Alice.
-Bueno…no quiero molestar. Pero tal vez no me vendría mal cambiar de aires por unos días. –terminó aceptando, y tuve la sensación de que lo hizo para disgustar a mi hermana, por lo que no pude evitar que una sonrisita apareciera en mi rostro.
Rosalie resopló fastidiada y comenzó a remover enfadada su comida.
-Muy bien, cielo. Ésta noche Rosalie te prestará un pijama y mañana iremos a recoger algo de ropa a tu casa, ¿de acuerdo? –comenzó a organizar mi madre, feliz de que Alice hubiese aceptado su oferta.
-No hace falta, yo puedo prestarle mi armario si a la señorita no le parece mal –volvió a molestar Rosalie con su sarcasmo.
-Cielo, para ya, no seas maleducada.
Mi hermana me fulminó con la mirada y me arreó una patada en la pantorrilla por debajo de la mesa. Se la devolví, y mantuvimos una pequeña pelea de patadas sin que nadie se enterara. Seguro que me quedaría la pierna llena de colorines de los moretones que me saldrían.
-¿Vas al instituto aquí? –le preguntó mi madre a Alice para entablar una conversación.
-No, nosotros acabamos de llegar de Biloxi y no me han matriculado porque sólo falta una semana para que terminen las clases, así que ya estoy de vacaciones. Me hicieron acabar el curso antes en Mississipi, así que en todo caso tendré que matricularme para el año que viene.
Mi madre asintió.
-Ellos acaban la semana que viene, y el viernes por la tarde se celebra el último partido de fútbol del curso. Jasper juega en el equipo y Rosalie es animadora, así que los iremos a ver. ¿Te apetecería acompañarnos?
-Me gustaría mucho. –le contestó Alice.
A mí no me gustaba mucho eso de que mis padres fueran a verme jugar, pero como era el último partido hasta el próximo curso, mi madre se había empeñado en ir a animarnos.
Rosalie se levantó de la mesa y salió de la cocina a paso ligero pero muy dignamente. No entendía por qué le había cogido tanto odio a Alice si ella no le había hecho o dicho nada malo, y eso que tenía todo el derecho del mundo a contestarle una buena sarta de insultos si quería.
Me levanté yo también comenzando a recoger la mesa.
-No hace falta hijo, ya recogeremos nosotros. Tú acompaña a Alice a una de las habitaciones de invitados.
Asentí y le indiqué a Alice que me siguiera. Subimos en silencio las escaleras y me siguió hasta que entremos en la habitación que estaba al lado de la mía, pero bastante alejada de la de Rosalie, por si acaso.
-Pues tú vas a dormir aquí. –le dije entrando en el cuarto. Era del mismo tamaño que los nuestros, pero no estaba muy decorado. Había un gran armario delante de la cama individual y en una de las paredes había una estantería con algún libro y con un peluche. La habitación tenía un balcón que conectaba con mi habitación y con la de Rosalie, y se veía todo el patio trasero.
-Vaya. –murmuró Alice sorprendida. –Nunca había tenido una habitación tan grande para mí sola.
-Puedes dormir con mi hermana, si lo prefieres. –bromeé.
-No quiero morir aún, gracias. –me contestó con una risita.
En ese momento mi madre entró en la habitación.
-Cielo, te traigo un pijama de Rosalie para que te lo pongas ésta noche. –le dijo dejándole la prenda de ropa sobre la cama. –A lo mejor te quedará un poco ancho, pero dormirás bien con él.
Alice asintió.
-Gracias.
-De nada, bonita. Que descanses. Jasper, no la molestes mucho. –me dijo mi madre antes de salir cerrando la puerta.
Observé la puerta cerrada con el ceño fruncido.
-Bueno, pues no te molesto más. –le dije a Alice antes de comenzar a reír. –Hasta mañana. –me despedí saliendo de la habitación. Caminé hasta mi cuarto, entré, me puse el pijama, me lavé los dientes y me tumbé en la cama después de apagar la luz. Aquel había sido un día extrañísimo. Habían pasado tantas cosas que me costaba recordarlas todas. Escuché un ruido fuera de mi habitación, pero no le di importancia hasta que me percaté de que se estaba abriendo la puerta.
-Hola. –me saludó Alice con vergüenza. –¿Puedo pasar un momento? –me preguntó desde fuera.
-Sí. ¿Qué pasa? –le pregunté inquieto, incorporándome en la cama hasta que me senté.
Entró en la habitación cerrando la puerta a sus espaldas.
-Querías que te explicara de qué huía. Puedo explicártelo ahora.
Jejejeje...
Se que dije que hoy no subiria capitulo, pero al final me voy mañana durante todo el dia y como el sabado estare liada y no podre actualizar, (esta vez es seguro) pues os dejo hoy el siguiente capitulo :D
Bueno, como podreis comprobar, en el proximo sabreis de que huia Alice.
Espero que os haya gustado y que me dejeis muchos reviews =)
¡Hasta el proximo!
XOXO
