Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


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Lo observé extrañado. No entendía qué le había pasado por la cabeza para querer explicarme en aquel momento de qué huía, pero en realidad quería saberlo.

Asentí con la cabeza y le indiqué con la mano que se acercara y se sentara en la cama si quería. Lo hizo, y comenzó a mover las manos nerviosamente.

Al ver que no se decidía a hablar, lo hice yo:

-No me corre prisa por saberlo. Quiero decir que si prefieres esperar a mañana…

-No, será mejor que lo haga ahora. –respiró hondo y comencé a ponerme nervioso, aquello parecía ser grave. –Bueno, como os he dicho antes, yo soy huérfana desde los ocho años. Mis padres murieron en un accidente de avión y tuve la suerte de no haber viajado con ellos aquella vez. El problema era que yo no tenía más familia y me llevaron a un centro de acogida. Allí conocí a un chico llamado James que era siete años mayor que yo. La cuestión es que nos hicimos amigos y…cuando él salió del centro porque ya había cumplido la mayoría de edad, se las apañó para sacarme a mí también. Siempre había estado prometiéndome que nos iríamos juntos, que todo se arreglaría y que podríamos ser felices. Cuando él se fue del centro pensé que jamás volvería a verle, pero un día se presentó y me llevó con él. Yo tenía catorce años por aquel entonces y digamos que lo vi como un héroe. Me sentí libre y estaba feliz porque estaba con él. Estaba encaprichada, por decirlo de alguna manera, y creí que realmente podríamos ser felices. Pero al año de estar viviendo juntos cambió. Se volvió…violento. Bebía, se drogaba e incluso a veces me obligaba a que lo hiciera yo también. Había veces en las que se iba y no regresaba hasta varios días después. Se enfadaba por cualquier cosa, y siempre terminaba pagándolo todo yo. Digamos que hoy me he hartado de esa vida y he huido. La cosa es que James estaba persiguiéndome cuando me he chocado contigo…y bueno, ya sabes el final. –terminó.

En algún momento del relato mi boca se había entreabierto sin que yo me diera cuenta, por lo que me apresuré a cerrarla.

-Pero…

-No puedes contárselo a nadie. Ni siquiera a tus padres. –se me adelantó.

-¿Por qué?

-Porque no. Yo te lo he confiado a ti porque me has ayudado, pero no quiero que se entere nadie más.

-Puedes denunciar a ese tal James. –le dije yo en un intento de hacerla entrar en razón.

-¡No! –alzó la voz. –No puedo. Si lo hago y lo detienen, a mí me meterán de nuevo en un orfanato y no quiero volver.

-Pero no puedes continuar viviendo con él, al final…te hará daño de verdad.

-Me largaré de aquí. No puedo hacer nada más.

-Bueno…podrías…quedarte a vivir con nosotros. –le dije sin pensar.

Me dedicó una sonrisa.

-¿Te gustaría que me quedara?

Me sonrojé desde la raíz del pelo hasta la punta de los dedos del pie –cosa extraña en mí –y agaché la cabeza.

-Pues…no sé. Supongo que sí.

La escuché reír flojito.

-No podría quedarme. James terminaría encontrándome y tal vez os pondría en peligro a ti y a tu familia. Pero gracias por la oferta.

Asentí levantando la cabeza.

-¿Y cuál es tu secreto? –me preguntó.

-No tengo ninguno.

-Alguno debes tener.

-Pues si tengo alguno, ahora no lo recuerdo. –le dije bostezando.

-Lo siento, tú tienes sueño y yo estoy aquí molestando. –me dijo levantándose de la cama.

-No me molestas. –aunque era cierto que estaba cansado y tenía sueño.

-Bueno, de todos modos me voy ya a dormir. Hasta mañana. –se despidió y después caminó hasta la puerta. Salió de mi habitación cerrándola a sus espaldas. Apagué la luz de nuevo y me tumbé, tapándome con la sábana hasta la cintura. Comencé a pensar en lo que acababa de contarme Alice. Debió de ser duro para ella vivir la muerte de sus padres, pasar tanto tiempo encerrada en un orfanato y sufrir los abusos de su…novio. Aunque aquello no me había quedado claro del todo. No había entendido si habían llegado a ser algo más que amigos, pero supuse que no era de mi incumbencia. De todas formas, había algo que no terminaba de encajarme. Dejé mis meditaciones aparte cuando comenzó a entrarme el sueño, y terminé durmiéndome al poco rato.

Me desperté en cuanto escuché el portazo que dio mi hermana. Tardé un poco en situarme y recordar todo lo que había ocurrido el día anterior con Alice, por lo que deduje que el portazo de Rosalie tenía algo que ver con nuestra nueva inquilina. Me levanté lentamente, agradeciendo que fuese sábado y me fui a duchar. Cuando terminé de vestirme bajé a la cocina y me encontré a Alice desayunando, y a mi madre, como siempre, cocinando.

-Buenos días. –me dijeron las dos en cuanto me vieron.

-Buenos días. –les contesté sentándome al lado de Alice. – ¿Qué tal está tu rodilla? –le pregunté.

-Oh, bien. Hoy no me duele mucho y no parece tan hinchada.

-Me alegro.

Mi madre me sirvió el desayuno y comencé a engullirlo con rapidez ganándome una mirada de advertencia proveniente de mi señora madre, por lo que ralenticé mi ritmo.

-Hoy iremos al centro comercial para comprarle algo de ropa a Alice. –me informó.

-¿No dijiste que iríamos a su casa para…? –empecé, pero Alice carraspeó y me pellizcó el brazo discretamente para que me callara, y entonces entendí que no quería que hablara de aquel tema.

-Me ha dicho que no tiene las llaves, así que tendremos que comprarle algo de ropa. –me explicó mi madre la mentira que seguramente Alice había inventado para no tener que ir a su casa.

Asentí lentamente frotándome el brazo pellizcado.

-¿Nos acompañarás? –me preguntó Alice.

-A mí es que no me gusta demasiado ir de compras.

-Pero sí que vendrá porque tengo que mirarle unas camisetas. –le contestó mi madre como si no estuviera delante.

-¿Y no puedes comprármelas sin que yo vaya? –me quejé, pero la mirada fulminante que ella me dedicó hizo que me entraran las ganas de ir de repente.

Terminé de desayunar, e iba a levantarme para salir al jardín con Alice cuando escuché la voz de mi madre:

-Cielo, te ha llamado María. Ha dicho que la llames en cuanto puedas.

Me detuve en seco y maldije en silencio. Me había olvidado de ella. Se suponía que la tenía que haber llamado la noche anterior para decirle si quedábamos o no aquella tarde.

-Es la novia de Jasper, ¿sabes? –le dijo mi hermana a Alice entrando en la cocina de repente. –No me digas que acabas de enterarte de que eres una cornuda.

-¡Rosalie! –gruñí. No me ayudaba mucho en aquel momento y no tenía ganas de escuchar sus estúpidos comentarios.

-Me parece muy bien que la novia de Jasper quiera pasar tiempo con él. –le contestó Alice.

-María no es mi novia, sólo es una pesada que no me deja en paz. –me quejé.

-¡Jasper! No hables así de ella. Sabes que siempre le has gustado mucho. –me riñó mi madre.

-Sí, se le cae la baba cada vez que te ve. –metió cizaña Rosalie mientras se comía una manzana.

-Bueno, ya vale. No pienso llamarla.

-¿Por qué? –me preguntó mi hermana.

-Pues porque tenemos que ir de compras, ¿no? –intenté escabullirme para no tener que hablar con María.

-Pero no tardaremos mucho. Así que ya podéis estar preparados porque nos iremos dentro de media hora. –nos exigió mi madre.

Salí de la cocina enfurruñado, seguido por Alice.

-Tal vez deberías llamar a esa amiga tuya, a María. –me dijo poniéndose a mi lado.

-No quiero ir al cine con ella. Hablo en serio cuando digo que es una pesada.

-Bueno, si no quieres ir al cine con ella, llámala y dile que vas al cine con otra persona.

-Me va a preguntar con quien. –conocía muy bien a María, y querría saberlo todo de la persona por la que en teoría iba a sustituirla.

-Pues dile que vas a ir conmigo.


¡Ya he vuelto! Y tal y como prometi, aqui os dejo un nuevo capitulo. Ya sabeis de que huia Alice, pero...¿sera verdad lo que ella dice? Acepto propuestas y suposiciones ;P

Tengo que deciros que, personalmente, el capitulo siguiente me gusta mucho, es bastante entretenido, aunque tendreis que esperar a mañana para leerlo =)

Espero que os haya gustado el capi de hoy, y que me dejeis muchos reviews.

¡Nos leemos pronto!

XOXO