Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-6-
Intenté fingir que no la había escuchado pero mi plan no funcionó. María no tardó nada en acercarse hasta donde estábamos Alice y yo. Al parecer había ido al cine acompañada por su grupito de amigas.
-Jazz, no me has llamado. –fue lo primero que me dijo cuando estuvo delante de mí. Algunas de sus acompañantes me miraron con reproche y otras con expectación, esperando que me pusiera de rodillas suplicándole a María que me perdonara. Eran todas ridículas.
-Lo sé. Es que ya había hecho planes, lo siento. –supuse que una disculpa no me vendría mal después de todo.
Al parecer María no se había percatado de que Alice se encontraba a mi lado, porque cuando dirigió su mirada hacia ella, frunció el ceño.
-¿Es tu prima? –me preguntó fingiendo que en realidad le importaba.
-No, es una amiga.
Las compañeras de María se pusieron a cuchichear entre ellas cuando escucharon mi última palabra. Me estaban entrando ganas de echarme a reír.
-Ah… –murmuró simplemente.
Nos invadió un extraño silencio.
-Soy Alice. –se presentó en un intento por ser educada con María.
-Me parece muy bien. –le contestó ella ausentemente, volviendo a fijar su vista en mí. – ¿Al final vendrás a mi fiesta? ¿La que celebraré el viernes?
-Sí. Alice también vendrá conmigo. –le solté. Merecía un escarmiento por haber tratado a Alice como si fuese invisible.
La boca de María se entreabrió ligeramente y sus amigas volvieron a farfullar tontamente.
-Muy bien, Jazz. Nos veremos el lunes. –se despidió dándose la vuelta mientras sus amigas la rodeaban para consolarla. Seguro que estaría muy triste por mi actitud.
-¿Por qué le has dicho que voy a ir contigo a su fiesta? –me preguntó Alice alarmada.
-Pues porque así será.
-Jasper… -comenzó, pero la interrumpí:
-Mira, no me ha gustado como te ha tratado, y merece más de un escarmiento por ser como es. –le contesté empezando a caminar hacia las taquillas.
-Sí, pero…yo no pinto nada en esa fiesta.
-Yo tampoco.
-Vamos, serán tus amigos los que estarán allí, no los míos.
-Pues si he de tener amigos como María, sinceramente, prefiero no tener.
Alice me observó ceñuda y se cruzó de brazos. Compremos las entradas y después tuvimos que hacer cola para comprar las palomitas.
-¿No sería más fácil que le dijeras que no sientes lo mismo que ella? –me preguntó Alice.
-Ya lo he hecho, y créeme, piensa que será capaz de cambiarme y que me convertiré en su novio para reírle siempre las gracias. –le contesté cruzándome de brazos.
-Entonces dile que te deje en paz.
-No me hace caso. Está convencida de que al final caeré en sus redes. Ya te conté que era muy pesada.
-¿Cuánto tiempo lleva detrás de ti? –me preguntó intentando ocultar una sonrisa. Empecé a pensar que aquel tema la estaba divirtiendo.
-Pues…unos dos o tres años.
-Caray, está loquita por ti. –al final comenzó a reírse de mi sufrimiento.
Puse los ojos en blanco. No necesitaba que en aquel momento también Alice se burlara de mí aparte de mi hermana.
-No me dirás que ella también es animadora. –dijo con los ojos brillantes a causa de la risa.
-Pues sí, ¿cómo lo sabes?
-Porque es lo típico. La chica animadora que se enamora del chico que juega al futbol. La chica animadora se entera de que otra animadora es la hermana del chico que juega al fútbol, e intenta acercarse a él a través de su hermana. ¿Fue así la historia? –me preguntó divertida.
-Pues no, pero tienes mucha imaginación, te felicito. –le dije con los ojos entrecerrados. –Mi hermana y María no se llevan muy bien que digamos. En realidad, se ignoran.
-Pues vaya aburrimiento de historia.
Fulminé a Alice con la mirada y después de comprar las palomitas subimos a la sala. Habíamos elegido una película de humor, pero en vez de reírme, me dormí.
-Jasper... –escuché a lo lejos. –Jasper... –volví a escuchar, ésta vez seguido de una sacudida. – ¡Jasper! –gritó alguien. Abrí los ojos de golpe y me encontré a Alice observándome desde el asiento de al lado, a punto de estallar en carcajadas.
-¿Qué? –pregunté, y en cuanto noté mi voz adormilada y me situé, pegué un bote en el asiento. – ¿Me he dormido?
Alice asintió y comenzó a reír.
-No puedo creer que me haya dormido. –me quejé saliendo del cine.
-Yo tampoco. –me apoyó Alice aún riéndose.
-La primera vez que te traigo al cine y me duermo, lo siento. –me disculpé tímidamente. Aquello no me había pasado nunca.
-No importa, me he divertido más contigo que con la película. –admitió Alice.
-¿He roncado? –le pregunté inseguro de querer oír la respuesta.
-No mucho.
Me detuve en seco, horrorizado.
-Es broma. –me aseguró Alice riendo de nuevo al ver mi cara de angustia. Por lo menos me alegraba saber que la estaba divirtiendo.
-Te lo compensaré con una cena. –le dije subiendo al coche.
-No pasa nada si prefieres ir a casa. Me ha parecido que estabas muy cansado.
-Bueno, déjalo ya. –le pedí empezando a reír yo también. –Iremos a cenar una pizza porque lo ordeno yo y se acabó. –bromeé.
-De acuerdo.
Por suerte mientras cenábamos no me dormí. Alice estuvo tirándome indirectas cada vez que encontraba una buena ocasión para hacerlo, mientras yo le daba manotazos y codazos suaves para que se callara. Al terminar de cenar, nos pasemos por una sala de juegos que había por allí cerca. Estuvimos asesinando zombies y encestando pelotas de baloncesto hasta que nos dolieron los brazos.
-¿Vamos a la playa? –me preguntó Alice una vez estuvimos en la calle.
-¿A la playa?
-Sí, a correr. Aunque si prefieres que vayamos a dormir…
-Vale, vamos a la playa. –la callé antes de que comenzara a reírse de mí otra vez.
Caminemos hasta el paseo marítimo y una vez allí bajemos hasta la arena. Alice empezó a correr hasta el agua, se quitó los zapatos torpemente y después avanzó hasta que la marea tocó sus pies. Aquello no estaba iluminado, por lo que la seguí antes de que nos despistásemos y acabásemos separándonos.
-¿Está fría? –le pregunté a unos cuantos pasos de la orilla
-Compruébalo tú. –me contestó dándole una patada al agua, haciendo que un chorro saliera disparado hacia mí. No me mojó mucho, pero sí lo suficiente como para comprobar que, efectivamente, estaba fría.
Alice se tapó la boca con las manos antes de comenzar a reír de nuevo como una desquiciada, y echó a correr por la orilla en cuanto me metí yo también en el agua con zapatos incluidos. Comencé a perseguirla, mojándola cada vez que podía. Mis padres iban a matarme en cuanto vieran mis pintas, pero en aquel momento sólo pensaba en vengarme de Alice. Después de varios minutos corriendo sin parar, se detuvo para respirar y coger aire, y aprovechando la ocasión, la cogí por la cintura sobresaltándola.
-Y ésta, es por no haber dejado de burlarte de mí en toda la noche. –le dije justo antes de soltarla dentro del agua, con tan mala suerte que se agarró a mi camiseta y me arrastró con ella.
Salí a la superficie tosiendo y escupiendo agua, esperando no haberme tragado ningún pez. Me alegré de que aquella noche no hiciese mucho frío porque estaba chorreando por todas partes. Me encontré a Alice a mi lado escurriéndose el cabello.
-Ya te vale. –me acusó con una sonrisa.
-Has empezado tú.
-Tus padres van a matarnos, ¿lo sabes? –me advirtió saliendo del agua, a la vez que expulsaba el agua sobrante de su ropa.
-Sí. Pero bueno, ha valido la pena.
Negó varias veces con la cabeza y después comenzó a caminar hasta fuera de la playa.
-¿Vamos a subir al coche así? –me preguntó enseñándome sus pantalones llenos de arena, y su cabello mojado.
-Me parece que no. Si fuera el mío, tal vez. Pero siendo el de mi padre… lo mejor es que no nos arriesguemos.
-¿Y qué propones?
-Que vayamos caminando. Mañana es domingo, él no va a trabajar, así que podemos venir a buscarlo después de desayunar. Además, no tiene por qué enterarse.
Alice me miró con el ceño fruncido, y después se encogió de hombros.
-Si aseguras que no vamos a meternos en un lío por esto, te creo.
-Anda, vamos. –la alenté empezando a caminar en dirección a mi casa.
Tardemos media hora en llegar, y nos encontremos a mis padres y a mi hermana en el sofá, al parecer discutiendo. Todos se quedaron en silencio cuando vieron nuestras pintas.
-¿Qué os ha pasado? –nos preguntó mi madre alarmada.
-Es obvio. Han estado retozando en la playa. –añadió mi hermana dedicándome una mirada envenenada que no dudé en devolverle.
-Cállate. –le ordené. –No nos ha pasado nada. Hemos tenido un contratiempo. –intenté escaparme por la vía fácil.
-Sólo estábamos jugando. –ayudó Alice.
-Sí, claro, jugando. –volvió a entrometerse Rosalie.
-No me dirás que os habéis metido en mi coche así: mojados y llenos de arena. –me pidió mi padre acercándose a mí.
-No. –fue lo único que pude decir. Mi padre salió de casa y en menos de dos minutos volvió a estar dentro.
-¿Dónde está el coche? –preguntó empezando a enfadarse.
-Delante de la pizzería donde hemos cenado. –opté por ser sincero.
-¿Habéis venido caminando? –preguntó mi madre.
-Sí. No queríamos ensuciar el coche. Papá, mañana por la mañana iremos a buscarlo sin falta.
-Claro que iréis. Y lo mejor es que ahora os deis una ducha y os vayáis a dormir. –nos pidió mirando también a Rosalie.
Alice y yo asentimos subiendo con prisa la escalera, antes de que empezara a enfadarse más de lo que ya estaba.
-Suerte que no se iban a enterar. –murmuró fulminándome con la mirada.
Siempre me olvidaba de que tarde o temprano los padres acaban enterándose de todo.
Que traviesos son ;P Cada dia me gustan mas, no puedo evitarlo n_n
Espero que os haya gustado el capitulo de hoy, a mi personalmente me gusta mucho mucho.
¡Nos leemos en el proximo!
XOXO
