Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-7-
Cuando acabemos de desayunar, Alice y yo salimos casi corriendo para buscar el coche de mi padre, aunque una vez fuera de casa, ralenticemos el paso. Aquel día hacía mucho calor, así que a los diez minutos de estar en la calle yo ya había empezado a sudar. Me alegré demasiado cuando vi el coche de mi padre aparcado enfrente de la pizzería, que a aquella hora aún estaba cerrada. Nada más subir, conecté el aire acondicionado y después arranqué tranquilamente.
-Bueno, ahora tu padre no se enfadará. –me dijo Alice.
-Tranquila, lo conozco y te aseguro que aunque no parezca mosqueado, lo está. Y lo estará hasta mañana por lo menos.
-Pues parece un hombre muy tranquilo, igual que tu madre.
-Si lo son, pero te aseguro que no querrás verlos enfadados de verdad.
-¿Contigo se enfadan mucho?
-A veces, pero no demasiado. Lo hacen más con mi hermana, que siempre desobedece sus normas.
Alice asintió y después no dijo nada más en lo poco que nos quedaba de trayecto. Al llegar a casa me encontré con mi futuro cuñado repantigado en el sofá.
-Hola, Jazz. –me saludó tranquilamente, como si estuviese en su casa.
-¿Qué estás haciendo aquí? –fue lo primero que le dije.
-Ya veo que te alegras de verme. He venido a ver a tu hermana, porque si no lo recuerdas, estamos saliendo. –me contestó levantándose y acercándose a nosotros. –Vaya, así que es cierto lo que dice Rose. Te has echado novia y no me has dicho nada. –se lamentó teatralmente.
-A ver, ¿cómo os lo tengo que explicar? –empecé a cansarme. –Alice y yo no somos novios. –alcé la voz.
-Así que te llamas, Alice. –comenzó mi amigo ignorándome. –Yo soy Emmett, el cuñado de tu novio. Por lo que significa que seremos parientes también. – dijo tendiéndole la mano. Alice la estrechó insegura.
-Es que… nosotros no estamos saliendo. –le dijo una vez más.
-¿A no?
-Sólo estoy aquí temporalmente.
-Bueno, entonces tenemos que salir los cuatro juntos alguna vez… -empezó a emocionarse Emmett, pero mi hermana bajó las escaleras en aquel momento, cortándole el rollo:
-Ni lo sueñes. Yo con ella no salgo. –sentenció tan arrogante como los últimos días. –Y ahora, ¿podemos irnos? –le preguntó a su novio impacientemente.
-Vamos.
Emmett se despidió de Alice y de mí, y acto seguido, tanto él como mi hermana salieron de casa.
-Supongo que voy a tener que empezar a disculparme por el modo en que te trata mi hermana. –murmuré.
-No me importa, me han tratado peor, te lo aseguro. –me excusó con una sonrisa.
Pasemos el resto del día sentados en el sofá, comiendo patatas y chucherías mientras veíamos películas.
Al día siguiente tuve que levantarme temprano porque me tocaba ir al instituto. Alice no se había levantado y mi madre me ordenó que no la despertara porque ya que ella no tenía que ir a clase, la dejaría dormir un rato más. La envidié, pero me convencí pensando que me quedaba menos de una semana para ser libre durante algunos meses.
Entonces recordé que aquel día, aparte de tener entrenamiento por la tarde, podía pasar algunos minutos a solas con mi hermana.
No me lo pensé demasiado cuando subí al coche y me senté a su lado:
-¿Qué te pasa con Alice?
-A mí, nada. –me contestó observándose el cabello en el retrovisor.
-Vamos, la odias. ¿Qué te ha hecho? No me dirás que es porque le presté tus pantalones.
-En parte sí, pero no es por eso. Es que no está siendo sincera. Esconde algo.
Recordé la historia que me había explicado acerca de su amigo James, pero aunque quisiera contárselo a mi hermana, no podía. Era cosa de Alice, no mía, así que no tenía ningún derecho a decírselo a nadie.
-No seas desconfiada. Es una buena chica, y seguro que si llegaras a conocerla te caería bien.
-¿Y a ti por qué te importa tanto si la odio o no?
-Bueno, no creo que a ella le guste que estés todo el día despreciándola. Además, no quiero que te enfades conmigo.
-Es que desde que ha aparecido estás siempre con ella. –se quejó cruzándose de brazos.
-No me digas que estás celosa. –aquello me hizo sonreír y todo.
-No. Pero te aseguro que está tramando algo y te está utilizando a ti para conseguirlo.
-Claro que no, somos amigos y ya está.
-¿Sólo amigos? –me preguntó, y yo estuve a punto de darme un golpe contra el volante de lo harto que estaba de aquella preguntita.
-Sí.
-¿Significa eso que no te gusta?
Tardé algo más de lo normal en contestar.
-No sé. Sólo somos amigos, Rosalie. –insistí.
-¿Te gusta más que María?
-Sí, claro. Es obvio. –comencé a reírme ante su pregunta.
-¿Entonces te gusta de verdad?
-¿Qué pasaría si te dijera que sí?
-Odio que hagas eso, que intentes escapar de una de mis preguntas con otra pregunta. –resopló fastidiada cuando me reí de su cara. –Contéstame.
Dejé de reírme cuando usó ese tono enfadado que ponía la piel de gallina a cualquiera.
-No sé, Rose. La conozco desde hace sólo tres días. –le contesté cansado de aquel tema. –Ahora te toca responder a mi pregunta.
Meditó su respuesta.
-Pues…si te gustara Alice, lo sentiría mucho porque creo que no es la chica adecuada para ti. Ten cuidado con ella, Jazz, porque presiento que te va a hacer daño.
La observé con el ceño fruncido e incluso me entró un escalofrío por sus palabras. Mi hermana se estaba volviendo loca. Se notaba que no conocía a Alice.
Aquel día en el instituto fue tan aburrido como los demás porque lo único que hicimos fue estudiar para los exámenes que tendríamos en los tres próximos días. Me pasé las horas pensando en lo que me había dicho Rosalie en el coche. ¿Por qué debería desconfiar de Alice? Ella no me había dado ningún motivo para hacerlo, e incluso me había explicado uno de sus secretos. Aunque también podría haberme mentido. No obstante aquello no lo creía posible. Se me hacía raro creer que Alice mentía. Mis turbios pensamientos desaparecieron cuando sonó el timbre que indicaba que ya podíamos salir. Me dirigí a paso lento hasta los vestuarios, recordando que aquel día María no me había hablado. Tal vez había decidido buscarse a otro para molestarlo, así que sonreí feliz y tranquilo. El entrenamiento fue exactamente igual a todos los que hacíamos, así que cuando acabé de ducharme y de vestirme, salí del instituto para dirigirme a casa. Alguien me dio un golpecito en el hombro, e iba a comenzar a maldecir pensando que era María, cuando Alice se colocó delante de mí, cerrándome el paso.
-Hola. –me saludó tan alegre como siempre.
-¿Qué haces tú aquí? –pregunté sorprendido.
-¿Siempre preguntas lo mismo a modo de saludo? –cuestionó con una risita, y entonces recordé que le había preguntado lo mismo a Emmett el día anterior.
-Ya ves que sí. Pero en serio, ¿qué haces aquí?
-Bueno, he ido al supermercado con tu madre y hemos pasado por aquí delante hace cinco minutos. Entonces me ha explicado que es aquí donde estudias, y como faltaba poco rato para que salieras, le he dicho que te acompañaría caminando.
-Ah… pues gracias por esperarme. Hace años que nadie viene a buscarme. –le dije con una sonrisa.
Comenzó a caminar y yo la seguí. Estuvimos charlando durante todo el camino hasta que se detuvo en seco con la cara desencajada por los nervios y el miedo.
-¿Qué pasa? –le pregunté alarmado.
-N-nada, ven, va-vamos a entrar aquí. –tartamudeó estirándome de la manga de la camiseta.
Entremos en una librería bastante vieja en la que había muy pocas personas. Alice casi corrió hasta el final del establecimiento y fingió leer los títulos de los libros que tenía delante, aunque sólo hacía que mirar hacia fuera de la tienda. Fui hasta su lado preocupado.
-¿Qué te pasa? –le pregunté de nuevo.
-Nada, que quería entrar aquí. –supe que mentía porque le temblaban las manos.
-Alice, no nací ayer. ¿Por qué estás tan asustada?
-No es nada, de veras. Sólo quedémonos aquí dentro durante un rato, ¿vale? –casi me suplicó, por lo que no pude hacer más que asentir. Di varias vueltas a la tienda hasta que se me encendió la bombilla que tenía por cabeza, y me acerqué con rapidez hasta ella, que no se había movido del lugar en el que estaba antes.
-Has visto a James, ¿verdad?
Me miró con los ojos abiertos de par en par cuando pronuncié aquel nombre. Estuvo buscando alguna mentira para decirme, pero como no encontró ninguna razonable, se limitó a asentir.
-Alice, tienes que denunciarle.
-¡No! –gritó, ganándose una mirada de advertencia del dependiente que fue ignorada.
-¿Por qué no?
-Porque no. Es peligroso, sabría que he sido yo.
-Pero yo te protegería.
-No quiero que lo hagas, ¿de acuerdo? –me enfrentó.
Resoplé enfadado.
-No puedes vivir siempre asustada. Tarde o temprano te encontrará, Alice.
-Lo sé. Por eso me iré de aquí lo antes posible. Sólo necesito algo de dinero.
-Escúchame, quiero que lo denuncies. Mañana te acompañaré a comisaría y…
-¡Que no! –me interrumpió gritando de nuevo. –No voy a hacerlo, ¿vale?
-¿Pero por qué no? –le pregunté desesperado.
-Porque… -se quedó callada durante unos segundos. –Porque él es importante para mí.
-¿Qué? –fue mi turno para alzar la voz.
-No voy a hacerlo porque en realidad él es lo único que hay en mi vida.
La cabeza me estaba dando vueltas. No podía hablar en serio.
-¿Y qué pasa conmigo? ¿No somos amigos?
-Sí…pero…tú sólo eres un muchacho, Jasper. Tú no sabes nada sobre la vida que he tenido que vivir. Tú siempre has tenido todo lo que has querido. James me entiende. Y ahora, vámonos. –me dijo agachando la cabeza y pasando por mi lado para salir de la tienda.
Sus palabras dolieron más de lo que jamás había imaginado, y me limité a darme la vuelta como un robot para continuar nuestro camino hacia casa.
u_u Han cambiado mucho las cosas de un capitulo a otro, como podeis ver. A partir de ahora, la cosa empieza a ponerse buena *muahahahahha...* xD
Espero que os haya gustado el capi de hoy.
¡Hasta el proximo!
XOXO
