Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-9-
En realidad, aquello más que una casa parecía una jungla. Había varias personas tiradas en el suelo con un vaso en la mano, e incluso algunos delincuentes se habían metido en la piscina de María para manosearse. Empecé a caminar a paso lento hacia dentro de la casa. Un montón de luces de colores iluminaban el salón, e intenté encontrar a algún conocido, pero era imposible entre toda aquella gente que bailaba, se paseaba o simplemente observaba por allí dentro. Alice no se separó de mí en ningún momento, por lo que no tuve que estar preocupándome de ella. Me alegré de que no fuera como Rosalie en sus primeras semanas de noviazgo con Emmett. Cada vez que íbamos a una fiesta, me pasaba la mitad del tiempo buscándola para asegurarme de que estaba bien.
Evité subir al piso de arriba porque sabía que allí estarían todas las parejitas metiéndose mano, así que decidí quedarme en el salón escuchando música.
-¿Esto es una fiesta? –me preguntó, o más bien me gritó Alice al oído, aunque me costó escucharla por el volumen de la música.
-Eso me han dicho. –le respondí de igual forma.
-¿Podemos salir un momento?
Asentí porque no quería quedarme afónico, así que cogí dos vasos llenos de algo que no tenía muy buena pinta y la seguí al jardín. Mis oídos agradecieron que los hubiera alejado de los altavoces, aunque en el patio se escuchaba gente gritando y todavía se podía escuchar el ruido ensordecedor de la música. Tuvimos que sortear a un par de borrachos que no sabían por donde caminaban, y al final nos detuvimos en medio del patio.
-Pues vaya con las fiestecitas que montan los niños ricos, ¿no? –preguntó Alice cogiendo uno de los vasos que llevaba en las manos.
-Sí. Pero he estado en mejores, y suponía que la de María iba a ser buena.
-Por cierto, ¿dónde estará la anfitriona? –bromeó.
-Espero que esté arriba, enrollándose con algún tío. Si así es, sentiré lástima por él durante toda la vida.
-¿Estás seguro de que no querrías ser tú ese tío con el que tal vez se esté enrollando? –me preguntó Alice entrecerrando los ojos.
-Segurísimo. Aquí estoy muy bien.
Alice asintió y dio un sorbo de su vaso. No tardó ni medio segundo en escupir el contenido.
-¡Qué asco! –se quejó limpiándose la boca con el dorso de la mano.
-¿Qué es? –pregunté aguantándome la risa.
-Ni idea, pero para mí que es veneno. Es asqueroso.
Observé con el ceño fruncido aquel líquido que había dentro de mi vaso y me atreví a dar un sorbito. Yo no fui tan exagerado como ella, pero en mi cara se formó una mueca de repulsión.
-¿Qué? ¿Te ha gustado?
-Que va. Es una mezcla de algo muy fuerte.
-Seguro que le han puesto barro. –murmuró Alice arrugando la nariz, probablemente al recordar el sabor.
Cogí mi vaso y el de Alice y los arrojé bien lejos. Ella me observó ceñuda ante mi extraña actitud pero no dijo nada.
-¿Quieres que volvamos dentro? –le pregunté.
-Vamos.
Nada más entrar en la casa, alguien se colgó de mi cuello sobresaltándome.
-¡Jazz! ¡Has venido! –gritó María, y pude darme cuenta de que no iba muy serena. Su aliento olía a alcohol, y casi no se tenía en pie. -¡Anda! ¡Si ha traído a esa nueva amiga suya! –exclamó de nuevo acercándose a Alice, pero la tomé del brazo antes de que llegara hasta ella. Ya había visto a María borracha alguna otra vez, y sabía que era capaz de golpear a cualquiera o de hacer alguna idiotez.
-Bonita fiesta. –le dijo Alice para intentar tranquilizarla.
-Claro, ¿qué esperabas? ¿Creías que iba a ser un asco y que podrías humillarme delante de Jazz? –volvió a gritar.
-María, tranquilízate un poco. –le pedí yo, buscando a su ejército de perritos falderos, que para nuestra mala suerte, aquella noche no la acompañaban.
-Pero si estoy tranquila. –me contestó riéndose sin motivo, abrazándome de nuevo. – ¿Me acompañas a mi habitación? –me preguntó "inocentemente" al oído. –Me parece que he olvidado algo.
-No, mejor que no. No puedo dejar sola a Alice. –yo ya sabía que en realidad no había olvidado nada, la conocía bastante bien como para estar al tanto de sus intenciones. Seguramente querría violarme.
-Puedo presentarle a alguno de mis amigos para que se entretenga, si quieres. –me contestó María. –¿O es que prefieres entretenerla tú?
-Mira, déjalo ya. –le exigí separándola de mí. Cuando estaba sobria ya era insoportable, pero estando borracha era intolerable.
-Vamos, Jazz. Tengo ganas de divertirme un rato. –empezó a reír de nuevo, rodeándome otra vez con sus brazos.
-Pues diviértete con otro que no sea yo. –le dije tomándola de las muñecas para alejarla de mí. Me separé de ella y cogí a Alice de la mano, llevándola hasta la mesa donde estaban las bebidas.
-¿Estás seguro de haberla abandonado allí?
-Está en su casa, no le pasará nada.
Alguien me golpeó con bastante fuerza en el hombro y me di la vuelta enfadado para devolver el golpe, pero me encontré con Emmett y con mi hermana.
-Pensábamos que ya no vendríais. –nos dijo él a modo de saludo.
-Sí, al final sí. –contesté frotándome el hombro castigado.
-Ya hemos visto que has tenido que quitarte a María de encima. –me pinchó con una risita.
-Para variar… Por cierto, mi hermana tiene que estar en casa a las tres. Órdenes de nuestra madre. –le informé.
-¿Y tú qué? –preguntó ella frunciendo el ceño.
-Yo también, pero estoy seguro de que Emmett no nos va a llevar con su coche. Por eso hemos venido en el mío.
-De acuerdo, pues hasta luego. –se despidió mi amigo.
-¿A dónde vais? –pregunté yo como un idiota.
-Al piso de arriba. –me contestó mi hermana guiñándome un ojo. Me estremecí al pensar en lo que iban a hacer en el piso de arriba, y escuché la risa de Alice a mi lado.
-Qué inocente eres. –continuó riéndose.
-Pues ya ves que sí. Desde que está con Emmett, mi hermana se ha convertido en una pervertida. –le expliqué.
-Tendrás que aguantarte.
En aquel momento pusieron una canción que, para mi sorpresa, me gustaba, y al final me decidí:
-¿Te apetece bailar? –le pregunté a Alice.
-¡Claro! –contestó ella gritando, tomándome de la mano y casi arrastrándome hacia donde se encontraban bailando los demás.
Yo había pensado en bailar separados, como hacían todos, cada uno respetando el espacio vital del otro, pero Alice colocó sus manos en mis hombros y comenzó a moverse al ritmo de aquella canción. Yo no sabía bailar muy bien, pero me defendí como pude tomándola cada poco tiempo de las manos y haciéndola girar con gracia. Nos reímos mucho, y aunque muchos idiotas no dejaron de mirar nuestra peculiar forma de bailar, no dejemos de hacerlo. Agradecí que las siguientes canciones fueran menos animadas que las anteriores porque ya me estaba empezando a faltar el aire, e iba a detenerme para descansar cuando Alice me rodeó el cuello con sus brazos y se pegó a mí para continuar bailando. Apoyó su mejilla en mi hombro y siguió moviéndose, ésta vez con más lentitud. Estuve varios segundos pensando en lo que debía hacer, así que al final me decidí y coloqué mis manos en su cintura. Su pesada respiración me hacía cosquillas en el cuello y me había puesto nervioso, pero no quería moverme demasiado porque no quería que se separara de mí. Al cabo de varios minutos me percaté de que la música era animada nuevamente y que nosotros continuábamos con nuestro ritmo pausado, pero hice caso omiso a los gritos y al ruido de los demás, y volví a concentrarme. Alice levantó ligeramente su cabeza y me observó durante unos pocos segundos para después volverse a apoyar en mi hombro.
-¿Estás cansada? –le pregunté sin la necesidad de gritar por lo cerca que estábamos.
-Un poco.
-¿Quieres que vayamos fuera otra vez? –pregunté de nuevo y asintió.
Se separó de mí pero me cogió de la mano y entrelazó nuestros dedos. Comenzó a caminar delante de mí hacia la salida, y en el trayecto, vi a María fulminándonos con la mirada. Al parecer nos había estado viendo bailar y también estaba viendo nuestras manos enlazadas. A la mañana siguiente no se acordaría de nada, supuse. Y aunque lo hiciera, me importaba poco.
Una vez fuera, Alice se detuvo a escasos pasos de mi coche y me observó.
-¿Quieres que nos vayamos ya a casa?
-No. Pero tengo un poco de frío. –me explicó frotándose los brazos con fuerza.
Abrí la puerta trasera del coche para que entrara y dejara de tener frío aunque fuese por un rato. Me pidió que me sentara a su lado, dándole unas cuantas palmaditas al asiento. Le hice caso y entré con ella aunque yo no tenía frío.
-Al final no ha estado tan mal, ¿no crees? –me preguntó ladeando la cabeza para mirarme.
-Ha estado bien. Aunque sigo pensando que ha habido fiestas mejores.
-Claro, seguro que las fiestas que tú calificas como "mejores" son las que has acabado liándote con alguna chica. ¿Me equivoco?
-Pues sí te equivocas, lista. –la pinché. –En otras, la música era mejor y las bebidas también. –recordé formando una mueca de asco.
-Eso no te lo voy a negar porque no es muy difícil de conseguir. –coincidió riéndose, y después estuvo varios minutos callada. – ¿Alguna vez te has liado con María? –me preguntó bajito.
-Una vez. Pero hace mucho tiempo de eso.
-¿Cuánto hace?
-Dos años, creo. Fue en una fiesta en la que bebí más de la cuenta y acabemos en el sofá. Me parece que fue ese día en el que empezó a perseguirme. Pero nunca ha pasado nada más entre ella y yo. –quise asegurarle y no entendí el por qué.
Asintió pero no dijo nada. Suspiró y volvió a apoyar su cabeza en mi hombro. Después se separó y me miró fijamente.
-Espero que lo que voy a hacer no arruine nuestra amistad. –me dijo, y antes de que pudiera preguntarle a qué se refería, puso sus manos en mis mejillas y me besó. Me quedé atónito, pero reaccioné rápido y le correspondí al beso. Enredó sus manos en mi pelo y yo rodeé su cintura con mis brazos. Claro que tampoco podíamos movernos mucho allí dentro, pero agradecí el espacio reducido, así teníamos una excusa para juntarnos más. Acaricié su espalda y bajé hasta sus caderas, después coloqué una mano en su muslo, esperando que la apartara de un manotazo, pero no lo hizo, por lo que me atreví a acariciarlo suavemente. Ella se separó de mis labios y me besó la mejilla, la mandíbula y finalmente el cuello. Decidí hacer lo mismo y me entretuve mordisqueando uno de sus hombros. Volvió a buscar mis labios con los suyos casi con desesperación, y tuve que apoyarme en el asiento para que no cayésemos al suelo. Después de varios minutos que se me pasaron volando, se me ocurrió abrir los ojos y me di cuenta de que eran las tres menos veinte de la madrugada. Me separé de ella sin ganas de hacerlo y le indiqué la hora que era.
-Tu madre nos va a matar. –murmuró saliendo del coche para sentarse en el asiento del copiloto.
-Estará durmiendo, espero. –le dije arrancando con rapidez y con algo de torpeza.
Durante el trayecto no dijimos nada, pero me entretuve observando como Alice se peinaba e intentaba arreglar su imagen después de lo que había sucedido.
En realidad, no pensé demasiado en lo que ocurriría al día siguiente, por lo que una sonrisita se plantó en mis labios y ahí estuvo durante el resto de la noche.
Jijijiji son un par de pillines ;P ¡Me encanta este capitulo! No puedo evitarlo, pero me encanto escribirlo y siendo poco modesta, me gusto mucho el resultado.
Asi que espero que vosotros opineis lo mismo :D
Hablando de fiestas...esta noche yo voy a una... ¡A ver si encuentro a mi Jazz personal! :P
¡Nos leemos en el proximo capitulo!
XOXO
