Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-13-

Mi madre había estado pensando en hacer una barbacoa en el jardín el miércoles por la noche porque quería despedirse de nosotros. A mí me parecía una ridiculez tremenda ya que sólo iban a estar cinco días fuera de casa, pero era mejor que no la contradijera. Nos obligó a acompañarla al supermercado porque quería comprar carne y otras cosas para la súper cena que había preparado, así que el martes estuve distraído.

Me pasé la noche dando vueltas al tema de Alice. ¿En realidad me había enamorado de ella tan rápido? Aquello no era propio de mí, ya que normalmente solía cansarme pronto de las chicas que mostraban algo de interés por mí, pero ella había sido la excepción. Tal vez mi hermana tuviera razón y lo mejor para mí fuera olvidarla, pero había algo que me impedía hacerlo. Además, había empezado a tener un problema con aquello. Cada vez que me quedaba solo con Alice en alguna habitación aunque sólo fuesen cinco minutos, me entraban unas ganas horribles de decirle lo que sentía. Era capaz de notar las palabras subiendo por mi garganta, y debía hacer un gran esfuerzo para que no salieran. Llegué a pensar incluso que ella sentía lo mismo por mí, y que como no sabía que la correspondía, había decidido cortar lo que fuera que tuviésemos antes de que se viera más implicada sentimentalmente. Había decidido hablarle sobre lo que me estaba pasando, aunque había momentos en los que me entraba el bajón y me insultaba mentalmente por ser tan idiota.

Con Rosalie había hablado muy poco desde el lunes, pero me parecía que la antipatía que sentía hacia Alice la hacía querer alejarla de mí. Por eso no le había pedido perdón por como la había tratado, aunque en el fondo me dolía que estuviera enfadada.

El miércoles por la tarde estuve en mi habitación leyendo un libro sobre gladiadores. Tenía la puerta que daba al balcón entreabierta para que pasara algo de aire ya que la temperatura había subido bastante. Me encontraba totalmente enfrascado leyendo cuando escuché una voz proveniente de fuera. Me levanté dejando el libro en la cama, e iba a quejarme cuando vi que la que hablaba era Alice. Estaba sentada en la esquina más alejada de mi balcón y parecía como si quisiese esconderse de algo. Me di cuenta de que estaba hablando por un teléfono móvil, y me percaté de que jamás me había fijado en que tuviese uno. Intenté escuchar algo de la conversación pero no podía hacerlo sin que me descubriera, así que me quedé observándola. Parecía nerviosa y triste, y por un momento me entraron ganas de acercarme a ella y abrazarla. Después me golpeé mentalmente por ser tan imbécil, y cuando colgó, se levantó y entró en su habitación por la puerta que conectaba con el balcón. Volví a sentarme en la cama e intenté continuar con mi libro, pero fue inútil. Quería saber con quién estaba hablando, y porqué parecía asustada, pero después supuse que si no me lo contaba ella era porque no quería que lo supiera, y había decidido no meterme en sus asuntos.

A las ocho de la tarde mi madre nos llamó desde el jardín diciéndonos que ya podíamos bajar porque ya estaba todo preparado. Mi hermana y ella se habían esmerado en preparar la mesa y las ensaladas, y mi padre se encargaría de encender la parrilla y de preparar la barbacoa. A mí siempre me dejaban fuera de esas cosas porque era un completo desastre. La primera vez que quise hacer una barbacoa estuvimos a punto de salir ardiendo.

Una vez estuve abajo, me senté en una silla y mi hermana se colocó a mi lado.

-¿Con quién hablaba Alice? –me preguntó.

-No lo sé. –me extrañó que ella también la hubiese escuchado y no le hubiese montado ningún numerito.

-¿No se supone que es huérfana?

-Tal vez la haya llamado alguna amiga. –no sabía por qué, pero aquello no me lo creía ni yo.

Rosalie asintió lentamente y después se levantó para ponerse junto a nuestra madre. Alice salió al jardín en aquel momento y ocupó la silla en la que antes se había sentado mi hermana. Me dedicó una sonrisa que pareció más una mueca y después se recargó contra la silla.

-¿Estás bien? –le pregunté, porque estaba algo pálida y parecía ausente.

-Claro. ¿Por qué no debería estarlo?

-No sé. Tal vez es por la llamada que has recibido. –las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas, y me arrepentí en el momento en que las solté.

Alice giró su cabeza en mi dirección de golpe, y me miró nerviosa.

-¿Me has estado escuchando a escondidas? –casi me gritó.

-No. No he escuchado nada. Sólo he visto que hablabas con alguien.

Me observó con desconfianza y después desvió su mirada.

-¿Puedo preguntar con quién estabas hablando?

-Con una amiga. –su voz tembló un poco y eso me hizo pensar que mentía.

-Pensaba que…bueno, que no tenías a nadie aparte de… –no estaba yendo por buen camino.

-Mira, –me interrumpió empezando a enfadarse. –si no quieres creerme no me creas, pero haz el favor de no meterte en mis asuntos.

Sus palabras me dolieron más de lo que deberían haberme dolido.

-Como quieras. –murmuré dando por terminada la conversación.

Mis padres y mi hermana se sentaron en aquel momento en sus sillas y empecemos a comer. La carne había quedado deliciosa, y me comí por lo menos cuatro o cinco trozos, mientras que mi hermana sólo se comió uno y porque la obligó nuestra madre. Estuve toda la cena pensando en que no quería que Alice se enfadara, y decidí pedirle perdón después, cuando pudiésemos quedarnos un rato a solas. En realidad, ella tenía razón. A veces me metía mucho en sus asuntos, pero lo hacía porque me importaba y porque me preocupaba por ella.

Comimos helado de postre, y después estuvimos hablando hasta tarde. Mis padres se despidieron de nosotros aquella noche, porque se irían el jueves temprano y no nos iban a despertar para despedirse. Mi madre nos dejó un recital de besos a todos antes de subir a su habitación, pidiéndonos mil veces que tuviésemos cuidado, que no nos metiésemos en líos y ordenándonos que si teníamos algún problema, los llamásemos fuera la hora que fuera. Mi hermana decidió irse a ver la televisión un rato y entonces entendí que aquel era mi momento. Alice estaba a punto de entrar en la casa cuando la cogí del brazo y la arrastré de nuevo hacia el jardín.

-¿Qué estás haciendo? –se quejó.

-Lo siento. Es que quería hablar contigo. ¿Te importa? Sólo serán diez minutos.

Asintió y comenzó a caminar sin rumbo por el jardín. Comencé a andar a su lado y repasé mentalmente todo lo que había planeado decirte.

-Mira…yo quería pedirte perdón. Últimamente estoy algo enfadado y no suelo tomarme muy bien las cosas.

-¿Y por qué estás algo enfadado?

-Pues… por la conversación que tuvimos hace dos días. –decidí ser sincero con ella desde un principio.

-Me prometiste que no te enfadarías. –murmuró agachando la cabeza.

-Lo sé. Pero no puedo evitarlo. Como tampoco puedo evitar meterme en tus asuntos, y eso que sé que no te gusta que lo haga. –esperé para ver si decía algo, pero al ver que no estaba por la labor de contestarme, proseguí. –No quiero que estemos enfadados porque… bueno porque tú me importas mucho.

-Jasper… -empezó jugueteando con sus manos, pero la interrumpí.

-Deja que termine de hablar porque siento que si no lo hago, explotaré. –y tenía razón. Estaba empezando a querer soltar todo lo que debía decirle, y me decidí a hacerlo por fin: – Recuerdo que la primera noche que pasaste aquí, después de contarme tu secreto, me preguntaste cuál era el mío. Te contesté que no tenía ninguno, pero ahora sí que lo tengo y me gustaría contártelo.

Me observó con temor, y por un momento pensé que tal vez ya sabía lo que iba a decirle.

-¿Cuál es tu secreto? –me preguntó de nuevo lentamente, y con la voz entrecortada.

-Estoy enamorado de ti.

Había pensado que cuando dijera esas cuatro palabras su rostro se iluminaría, que tal vez gritaría de felicidad y que se echaría a mis brazos encantada, pero al contrario de todos mis pensamientos, se quedó quieta, observándome con tristeza y sin abrir la boca. Aquel silencio me mató.

-Creo que…éste sería un buen momento para que dijeras algo. –intenté sonreír pero los nervios no me dejaron.

-Yo…no sé que decirte.

-Bueno, puedes decirme que también estás enamorada de mí o puedes decirme que no lo estás.

Me observó palideciendo más a cada segundo que pasaba.

-Es que…te diga lo que te diga te haré daño. –murmuró agachando la cabeza.

No entendí sus palabras, y me asusté cuando me di cuenta de que estaba llorando.

-¿Alice? –intenté acercarme a ella pero se apartó echándose hacia atrás.

-Déjame, por favor. Déjame antes de que sea más tarde. –me dijo justo antes de darse la vuelta y salir corriendo hacia la casa.

La observé atónito y eché a correr tras ella una vez reaccioné. Mi hermana nos observó sorprendida, pero la ignoré por completo y me dirigí hacia la habitación de Alice. Tal y como me temía, había cerrado la puerta con pestillo. Entonces corrí hacia mi habitación y salí por el balcón, pero su puerta también estaba cerrada y tenía la persiana bajada, por lo que no podía entrar en su habitación. Maldije varias veces en voz baja y volví a la puerta que había en el pasillo. Toqué varias veces suavemente pero no me contestó.

-Sé que estás ahí. –le dije, pero nadie me respondió. –Alice, creo que ahora más que nunca tenemos que hablar. Escucha, no hace falta que me des ninguna respuesta ahora, es más, no hace falta que me la des nunca si no te apetece. Olvídate de lo que te he dicho en el jardín si quieres, pero ábreme la puerta, por favor. –empecé a desesperarme y me tiré por lo menos quince minutos delante de su puerta, suplicándole que me abriera, pero fue en vano. Al final me di por vencido y caminé hasta mi habitación. Cerré la puerta de un portazo y me tumbé en la cama. Debí de quedarme dormido al momento, porque cuando abrí un poco los ojos ya era de día. Me costó bastante recordar lo que había ocurrido la noche anterior, pero en cuanto lo hice, me entraron ganas de empezar a gritar y de golpear todo lo que se me pusiera delante. Me levanté de la cama, e iba a entrar en mi cuarto de baño cuando un papel doblado delante de mi puerta me detuvo. Caminé lentamente hasta él, me agaché y lo cogí. Lo desdoblé con algo de miedo, y al ver que aquella letra pertenecía a Alice, me senté en la cama para leerlo:

Siento muchísimo todo lo que ha pasado ésta noche, pero te aseguro que lo que voy a hacer es lo mejor para ti. Hace dos días te dije que me importabas y no te mentí, por eso tengo que irme. Tampoco miento cuando te digo que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, pero no te merezco y lo último que quiero es hacerte daño. No te pido que me perdones, pero sí que me entiendas aunque no sepas la verdad. Lo que sí quiero pedirte es que no me busques, porque me ocuparé personalmente de que no me encuentres. Olvídate de mí, olvida que alguna vez existí, y encuentra una chica que te merezca.

Te estaré eternamente agradecida por todas éstas semanas que hemos pasado juntos, porque han sido las mejores de mi vida. También dale las gracias a tus padres por acogerme tan bien como lo han hecho, y también a tu hermana, que sé que ha querido lo mejor para ti desde que yo llegué a tu casa.

Nunca me arrepentiré de haberte conocido, por eso jamás te olvidaré.

Alice.

Arrugué y rompí aquella nota y eché a correr hacia su habitación. Su cama estaba hecha, y en el armario aún había algo de su ropa. Salí de aquel cuarto y corrí escaleras abajo. La busqué en cada rincón y en cada hueco de la casa pero no estaba. Se había ido.


Ya veis que las cosas han empeorado MUCHO en muy poco tiempo u_u Pobrecito de mi Jazz ='(

El proximo capitulo esta explicado desde el punto de vista de Alice, porque creo que es importante conocer sus pensamientos y su punto de vista de los hechos. Y tambien descubrireis bastantes cositas que creo que muchas de vosotras ya intuis ;P

Espero que os haya gustado el capi de hoy =)

¡Nos leemos en el siguiente!

XOXO