Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-14-
Corrí como una desesperada cuando fui capaz de salir de la casa. No miré atrás ni una sola vez, y me prohibí llorar por aquello. Las lágrimas no me harían sentir mejor.
Pensé en deambular por las calles durante unas horas, pero el mal rato que pasaría en cuanto llegara al piso no desaparecería aunque retrasara mi llegada. Cuando salí del barrio en el que había pasado las últimas semanas, dejé de correr y caminé por aquellas calles que conocía tan bien aunque estuvieran oscuras. Me topé con un par de borrachos que tenían ganas de diversión y que me gritaron unas cuantas obscenidades en cuanto me cambié de acera para no tener que tratar con ellos.
Cuando estuve delante del edificio que tantas desgracias me había traído, respiré hondo y abrí la puerta que chirrió en cuanto la toqué. Subí las viejas escaleras a paso lento y me detuve delante de la puerta número doce. Busqué la llave que había en mis pantalones y la introduje en la ranura. La puerta crujió y cedió. Entré en el piso y no me extrañó verlo tan destrozado. Había centenares de latas de cerveza tiradas por el suelo, e incluso algunas no estaban vacías, por lo que le contenido se había derramado por el suelo, ensuciándolo. Aparte de las latas, también había colillas, periódicos y trozos de botellas de vidrio. No me hubiera extrañado que por allí se paseara alguna que otra rata. Caminé entre toda aquella basura y me di cuenta de que la televisión estaba encendida, pero no había nadie viéndola. El sofá rojo estaba hecho un asco: había comida, estaba lleno de agujeros e incluso había una cucaracha correteando sobre él. Las ventanas estaban cerradas a pesar del calor que hacía, y eso provocaba que en el piso se concentrara el olor de tabaco, suciedad y alcohol.
Escuché pasos en el cuarto de baño y me eché hacia atrás asustada. James apareció por la puerta vistiendo sólo unos desgastados pantalones vaqueros. Llevaba una botella de algo que no supe reconocer en una mano y un cigarrillo en la otra. En cuanto me vio, sonrió cínicamente y se acercó a mí. Apestaba a alcohol y a tabaco, por lo que retrocedí aguantando la respiración.
-Vaya, pensaba que tardarías más en volver, nena. –dijo con una risa amarga. No le contesté porque temía irme de la lengua y ganarme alguna que otra bofetada. – ¿Te has divertido en la mega mansión de tus amiguitos pijos? –preguntó, y me di cuenta de lo enfadado que estaba.
-¿Cómo sabes…? –empecé, atónita porque supiera dónde había estado.
-¿Pensabas que no sabía dónde estabas? Creía que eras más lista, guapa. Tengo contactos, por si no lo recuerdas. –dio un trago a la botella sin quitarme un ojo de encima. –No te creas que no me entraron ganas de ir a buscarte, pero lo pensé mejor y al final decidí darte tiempo. Sabía que tarde o temprano volverías. Te vi con aquel niñato rubio, –me estremecí en cuanto nombró a Jasper. –y he de decirte que no me gustó nada como te miraba. Supe que os habíais hecho amigos porque me informaron, y pensé que si después de unos días te amenazaba, volverías conmigo temiendo que le hiciera daño a tu nuevo amiguito o a su perfecta familia de ricos.
-Pero me prometiste que no les harías daño. –recordé la conversación que tuve con James la noche anterior y temblé. Había sido capaz de explicarme paso por paso lo que les haría a los Cullen si no me atrevía a volver, y obviamente, no me quedó otra opción que obedecerle.
James empezó a reír sin gracia, y después clavó sus ojos verdes en mí.
-Y no les voy a hacer nada, nena. Tú has cumplido con tu parte del trato y yo cumpliré con la mía.
Respiré tranquila durante un momento, aunque sabía que no podía confiar en él.
-Bueno, ¿qué me has traído? –Preguntó apoyándose en la mesa de madera que había detrás de él.
-Yo…
-No me dirás que has sido tan mala como para no traerme nada, ¿verdad?
Negué con la cabeza y me puse a buscar en los bolsillos de mis pantalones. Saqué casi todo lo que llevaba y se lo mostré.
-¿Qué demonios es esto? –me preguntó alzando la pluma del señor Cullen.
-Es una pluma, para escribir.
-¿Me has traído un maldito bolígrafo? –gruñó fulminándome con la mirada.
-Es de plata, y es muy cara porque es una reliquia familiar. –le expliqué antes de que se enfadara más. Me observó iracundo y dejó la pluma a un lado.
-¿Cuánto dinero pudiste robar? –preguntó acariciando casi con devoción aquel gran fajo de billetes que le entregué.
-Unos…novecientos dólares. –no me sentía nada bien hablando de un dinero que no era mío, pero necesitaba continuar robando si quería segur viviendo. Aunque pensé que si debía continuar con vida para vivir de aquel modo, seguramente la muerte sería más apacible.
-¿Y ya está?
-Sí.
-¿Te has tirado dos semanas viviendo del cuento en aquella mansión para traerme una mísera pluma y un fajo de billetes?
-Sí. –contesté temerosa.
-¿Tú te crees que soy imbécil? –preguntó furioso, pegándole un puñetazo a la mesa que crujió ante el golpe.
Empecé a temblar y caminé hacia atrás intentando alejarme de él.
-Vamos a tener que solucionar eso, nena. –se calmó un poco al ver que me había aterrorizado, pero fui capaz de ver como le temblaban las manos. –Mañana deberemos volver a esa mansión para poder llevarnos algunas cosillas más. –me explicó sonriendo como si me estuviera contando un cuento de príncipes y princesas.
-No, yo no pienso volver. –le contesté con una seguridad que no sentía.
-¿Vas a desobedecerme?
-No es eso, pero no puedo volver. Me he ido porque estaba segura de que jamás volvería a tener contacto con aquellas personas, y me niego a ir a su casa para robarles en sus narices.
-Pero si ya lo has estado haciendo, preciosa. Todos estos días han tenido a una ladrona en su casa y no se han dado cuenta. –comentó riéndose. –Y mañana será más fácil porque lo haremos cuando estén durmiendo. No te van a ver, nena. No si no quieres.
Aquello era una locura. Yo no podía volver, si Jasper me veía se iba a volver loco y me odiaría para siempre, aunque de todos modos, me odiaría en cuanto leyera la nota que le había dejado antes de marcharme.
-Vamos, vas a venir conmigo tanto si quieres como si no. Así, si me acompañas, podrás asegurarte de que no le meto una bala entre ceja y ceja a tu noviecito. –se burló provocándome.
-No hables de él. No le llegas ni a la suela de los zapatos. –le solté enfadada, y me di cuenta de que había hablado de más.
Los ojos de James llamearon. Acortó la distancia que nos separaba en dos zancadas y me estampó contra la pared más cercana, apresando mi cuello con una de sus fuertes manos.
-¿Qué has dicho? ¿Qué no le llego ni a la suela de los zapatos a ese imbécil? Pues déjame que te diga algo, –gritó apretando el agarre de su mano, dejándome sin aire durante unos segundos. –te aseguro que no dudaré ni un solo segundo en atravesarle el cráneo con una bala, ¿me escuchas? Así que más te vale controlar tu lengua y empezar a tratarme con algo más de respeto si no quieres que le haga daño a ese amiguito tuyo que tanto te importa. –me soltó con brusquedad, pero no se alejó de mí.
-No le hagas nada, por favor. –le supliqué respirando agitadamente mientras intentaba masajearme el cuello para que disminuyera el dolor de su agarre.
-Maldita sea, ¿qué narices te han dado en esa casa? ¿Qué te han hecho para que te importe tanto esa estúpida familia?
-Tal vez me han tratado con un poco de cariño. –murmuré esperando que no me oyera, pero me equivoqué, y me giró la cara de un bofetón tan fuerte que sonó como un trueno en mi cabeza. Después me agarró con fuerza de los brazos y me sacudió violentamente.
-¡Eres una maldita desagradecida! ¡Te saqué del orfanato, te llevé conmigo, compartí mi comida contigo, te di un lugar dónde vivir y encima te di trabajo! ¿Y tú me lo pagas así? –me soltó bruscamente haciendo que me chocara de espaldas contra la pared y que resbalara por ella hasta quedar sentada en el suelo. Me quejé débilmente, pero opté por cerrar la boca antes de que volviera a golpearme. James se agachó delante de mí y yo intenté protegerme en un acto reflejo.
-De ahora en adelante vas a hacer lo que yo te diga tanto si te gusta como si no, ¿me has entendido? –gruñó.
Asentí lentamente.
-Muy bien. Ahora lárgate y aléjate de mi vista. –me ordenó.
Me levanté con dificultad y me tambaleé hasta la que había sido mi habitación. Me senté en la pequeña cama y me entraron ganas de llorar cuando recordé que era demasiado incómoda. Me había acostumbrado demasiado rápido a las comodidades que tenía en casa de los Cullen. Dejé de pensar en ellos y busqué una toalla y algo de ropa limpia. Salí de la habitación intentando no hacer ruido, pero al parecer James estaba tan borracho que se había quedado dormido en el sofá con la televisión encendida.
Me metí en el cuarto de baño y me quité la camiseta. Me observé en el espejo y me asusté de lo que vi. Estaba pálida y en mi mejilla se había formado una mancha roja que al día siguiente sería morada. La acaricié con la punta de los dedos y me estremecí. En mi cuello ya se empezaba a notar la marca que los dedos de James me habían dejado. Se me escapó un sollozo. Recordé que las marcas de James no se parecían en absoluto a las de Jasper. Acaricié mis labios con mis dedos y fui capaz de sentirlos hinchados a causa de sus besos. Observé de nuevo mi cuello y recordé el cardenal que Jasper me había hecho la noche de la fiesta. Las señales que él había dejado en mi cuerpo jamás me habían dolido, en cambio, las de James eran una pesadilla diaria que moría por olvidar.
Decidí dejar de pensar y terminé de desvestirme. Los pantalones cayeron al suelo y escuché un ruidito agudo proveniente de algún bolsillo. Busqué hasta que lo encontré y me detuve a observarlo. En mis manos había un precioso anillo de oro blanco. Lo acaricié con suavidad y después volví a guardarlo antes de empezar a derramar algunas lágrimas. Tal vez aquello sería mi billete hacia la libertad.
Bueno aqui teneis la version de Alice. Si yo fuera vosotras no me enfadaria con ella, porque digamos que ella tampoco lo pasa demasiado bien con James =/ Aunque a mi tampoco me gusta que haga sufrir a Jazz!
Espero que os haya gustado el capitulo de hoy y que me dejeis muchos reviews=)
¡Nos leemos en el siguiente!
XOXO
