Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-16-

No podía hacer aquello. Me había vuelto loca, ¿por qué había obedecido a James? Aún estaba a tiempo de salir corriendo. No. ¿A quién intentaba engañar? Nos encontrábamos justo delante de la puerta de los Cullen. Había sido una imbécil al decirle a James que tanto el señor como la señora Cullen se encontraban de viaje y que no volverían hasta la próxima semana. Por eso, él había decidido dar el "gran golpe" aquella misma noche.

Estaba temblando, pero no sabía si era por el miedo o por los nervios. Supuse que era una mezcla de todo.

-Bueno, sabes el número para desactivar la alarma, ¿no? –me preguntó James antes de ponerse el pasamontañas negro a juego con toda su ropa y que sólo dejaba al descubierto sus ojos. Ridículamente, yo iba vestida igual que él.

Podía decirle que no, aunque seguramente encontraría otro modo de entrar en la casa, así que asentí. Por lo que me habían explicado los Cullen, una vez se entraba en la casa sólo disponían de diez segundos para desactivar la alarma, así que debía actuar con rapidez. Respiré hondo, y le indiqué a James que podía abrir la puerta. Se las apañó para abrirla sin hacer ruido, como siempre solía hacer, y yo me colé en la casa de puntillas. Me puse delante de la santa alarma y tecleé los números para desactivarla. Me alegré mucho cuando no sonó, pero también me entristecí al pensar en lo que estaba a punto de hacer.

-Muy bien, nena. –me felicitó James en voz baja. – ¿Qué parte quieres? –había llegado el momento de repartirnos las partes de la casa en las que trabajaríamos.

-Me quedo con el piso de arriba. –me estaba volviendo loca. Iba a arriesgarme a entrar en la habitación de Jasper, pero necesitaba salir de aquella casa sabiendo que estaba bien. Si James lo veía, no sabía lo que sería capaz de hacerle.

-De acuerdo, protege a tu noviecito. –se burló, y yo maldije interiormente su habilidad para conocer las razones por las que hacía las cosas. –En veinte minutos tenemos que estar fuera, veinticinco como mucho. Coge todo lo que puedas y que sea de valor. No te entretengas. Y ahora, ponte a trabajar. –me ordenó dándose la vuelta para comenzar a desvalijar la casa.

A paso ligero subí las escaleras. Primero entré en la habitación de los señores Cullen porque sabía que ahí nadie podría verme. Busqué y encontré varias joyas que seguramente valdrían lo suyo. Las metí todas en mi mochila y después de buscar durante unos minutos más, salí de la habitación dejándola tal y como la encontré, sólo que algo más vacía. Evité entrar en la habitación que me había pertenecido en aquellas dos últimas semanas porque sabía que allí no había nada valioso.

Respiré hondo cuando estuve delante de la puerta de Jasper. Me temblaban incluso las rodillas, y en aquel momento supe que acababa de hacer una estupidez. Yo no tenía por qué estar allí, pero la pena era que lo único que sabía hacer en la vida era robar. Me entraron unas ganas inmensas de llorar, pero me armé de valor y abrí la puerta lentamente, esperando que no hiciera ruido. Cuando estuve dentro, la cerré silenciosamente a mis espaldas, y sin detenerme a mirar a la persona que se encontraba en la cama, me puse a buscar cualquier cosa que me interesara. Rebusqué entre los cajones y en el armario, pero al parecer Jasper no tenía ninguna hucha ni nada parecido, así que me decidí a buscar su cartera. Sabía que allí había bastante dinero, y eso me serviría para alejarme de aquella vida que tanto odiaba, al menos. Empecé a alterarme cuando no la encontré, y por culpa de los nervios se me cayeron unas llaves al suelo, haciendo poco ruido, pero ruido al fin y al cabo. Me quedé estática cuando vi que la cama se movía, y le supliqué al cielo que Jasper no se despertara justamente en aquel momento. Al parecer Dios no quiso ayudarme, porque la cabeza de Jasper se movió en mi dirección y me observó directamente con los ojos entrecerrados.

-¿Quién demonios eres tú? –murmuró con la voz algo pastosa. No le contesté, porque si lo hacía estaría perdida, aunque ya lo estaba de todos modos. No veía la forma de salir de aquella situación. En el instante en el que quisiera darme la vuelta, abrir la puerta de balcón e intentar escapar por allí, él ya se habría arrojado sobre mí, así que no hice nada. Ni siquiera me moví, deseando que Jasper pensara que todo aquello formaba parte de un sueño, cerrara los ojos y volviera a dormirse. Con demasiada rapidez para una persona recién despertada, se levantó y caminó sin miedo hacia mí. Seguramente le resultaba incluso cómico que el ladrón que estaba intentando robarle fuese más bajito y bastante más endeble que él. – ¿Quién puñetas eres y qué haces aquí? –volvió a preguntarme alzando la voz. Comencé a temblar descontroladamente. Se acercó a mí cerrándome el paso y quise morirme en aquel momento. Él no podía verme la cara, pero sabía que no tardaría en descubrir mi identidad. Y no me equivoqué. – ¿Alice?

En cuanto dijo mi nombre, reaccioné, y le di un empujón tan fuerte que incluso me sorprendió a mí misma. Cuando se tambaleó hacia atrás, corrí hacia la puerta pero él fue más rápido y logró cogerme por el brazo antes de que llegara. Me sacudí con violencia para soltarme de su agarre, pero no se lo pensó dos veces cuando me acercó a él y me quitó el pasamontañas para asegurarse de que sus sospechas eran acertadas.

-¿Qué demonios…? –empezó sorprendido, dejando caer el pasamontañas al suelo.

-¿Ya estás contento? Ya sabes la verdad sobre mí, ahora deja que me largue. –dije lo primero que se me pasó por la cabeza.

-Y una mierda. –me soltó enfadado, agarrando mi brazo con más fuerza.

-Me haces daño. –me quejé, pero él en vez de soltarme, estiró de mi brazo pegándome a su cuerpo.

-No te estoy haciendo ni la mitad del daño que me has hecho tú a mí, maldita mentirosa. –escupió con ira, mirándome a los ojos. Nunca lo había visto tan enfadado y me dio miedo.

Tragué saliva, y con la mano que me quedaba libre intenté pegarle un puñetazo como último recurso, pero él lo esquivó por los pelos.

-Ahora ya sé a qué verdad te referías en la nota. –empezó a hablar apresando mi otra mano para que no pudiera volver a atentar contra él. – ¡Me has mentido siempre! ¡Confié en ti, te dimos una casa, te tratemos bien e incluso me peleé mil veces con mi hermana por tu culpa!

-¡Yo jamás te pedí que me acogieras en tu casa! –me revolví contra él porque estaba harta de ser siempre la mala de la película. James siempre me echaba las culpas de todo, y ahora sólo me faltaba que Jasper también lo hiciera.

-Si hubiera sabido que todo esto acabaría así, te aseguro que ni siquiera te habría ayudado. Te odio, Alice. Te odio con toda mi alma. –gruñó enfadado, fulminándome con la mirada.

Mis ojos se llenaron de lágrimas ante sus últimas palabras, por lo que giré la cabeza para no humillarme más, y en aquel momento James entró por el balcón sin el pasamontañas, para ponerle la guinda al pastel.

-Vaya, ¿interrumpo algo? –preguntó tan cínicamente como siempre, observándonos divertido.

-No puedo creerlo. –murmuró Jasper, más para él que para nosotros, pero pude escucharlo perfectamente gracias a lo cerca que estábamos.

Me solté de los brazos de Jasper, que no impidió que me alejara, y me puse delante de James.

-Vámonos. –le pedí mirando al suelo.

-¿Cómo que vámonos? Aún no hemos acabado, nena, y además, me parece que tu noviecito quiere una explicación.

-No. He dicho que nos vamos. –sabía que me ganaría una buena paliza por parte de James por tratarlo de aquella forma, pero en aquel momento sólo quería irme de allí para no volver jamás.

-Aquí las órdenes las doy yo, ¿vale? Así que te callas. –ordenó mirándome duramente. –Veamos, ¿por dónde quieres que empiece? –le preguntó a Jasper con alegría porque sabía que iba a disfrutar humillándome delante de él.

-Vete a la mierda. –le contestó sin mirarle. –Lárgate de aquí y llévate a tu amiguita antes de que llame a la policía.

James comenzó a reírse como un desquiciado, y sin que pudiera darme cuenta de nada, me encontré con su brazo alrededor de mi cuello y con su pistola clavada en mi sien.

-De acuerdo, niñato, ya hemos jugado bastante. Ahora harás lo que te diga si no quieres que le vuele los sesos a tu querida Alice. –le ordenó apretando su agarre alrededor de mi cuello, dejándome sin respiración. Pataleé y me removí asustada, pero lo único que conseguí fue que me clavara más la pistola.

Jasper lo observó durante unos segundos, y creí que iba a decirle que hiciera lo que quisiera porque yo no le importaba nada, pero después agachó la mirada.

-¿Qué quieres que haga? –le preguntó.

-Bueno, me alegro de que empecemos a entendernos. Dame todo lo que tengas de valor.

-No tengo nada. –aseguró Jasper limpiándose el sudor de las manos en los pantalones de su pijama.

-¿De veras? –preguntó James quitándole el seguro al arma, agarrándome con más fuerza y haciéndome jadear por la falta de aire.

-Sólo tengo dinero, pero no sé cuánto.

-Con eso nos apañaremos, ¿verdad, nena? –se atrevió a preguntarme como si no me tuviera bien agarrada y apuntada con la maldita pistola.

Jasper se agachó y buscó sus pantalones por el suelo para buscar su cartera. Cuando la encontró, se levantó y se la tendió a James.

-Cógela, Alice. –me exigió.

-No. –me negué. El acto de buena fe me había llegado algo tarde, pero me alegré de que allí estuviera. –No le des nada, Jasper. –le dije casi son voz por el poco aire que me quedaba en los pulmones.

-¡Cállate! –me ordenó James. – ¡Coge la maldita cartera!

-No.

-Entonces, me las arreglaré contigo después. –me dijo al oído, pero no tuve miedo. De todos modos, después de todo aquello me daba igual seguir con vida o no.

James resopló, se dio la vuelta sin soltarme y le ordenó a Jasper que pusiera la cartera dentro de la mochila que llevaba. Cuando lo hizo, volvió a darse la vuelta.

-¿Qué más tienes?

-Ya te he dicho que sólo tengo dinero. Yo no tengo joyas ni nada por el estilo. Ahora, suéltala y largaos. –le pidió Jasper, y me alegré de que no pareciera asustado.

-Aquí el que da órdenes soy yo, ¡maldita sea! –gruñó James.

Entonces, todo lo que pasó a continuación fue como un borrón. Escuché ruidos de muchos pasos en el pasillo y en el balcón, y en menos de tres segundos la habitación estuvo llena de policías. Sin pensárselo dos veces, Jasper saltó contra James y logró apartarme de sus brazos justo antes de que apretara el gatillo. Los policías paralizaron y detuvieron a James, y Jasper cayó sobre mí con cara de dolor.

-¡No! –grité cuando entendí lo que acababa de pasar. Me levanté como pude y puse a Jasper boca arriba en el suelo. Rosalie llegó a mi lado con un teléfono en la mano, y entendí que había sido ella la que había llamado a la policía y la que seguramente estaba a punto de llamar a una ambulancia.

Mis manos se llenaron de la sangre de Jasper y empecé a llorar desesperada, haciendo presión en la herida que tenía en el pecho. No escuchaba nada ni a nadie, sólo mis sollozos descontrolados que surgían sin cesar por mi garganta. Unos fuertes brazos me tomaron de las muñecas y me obligaron a levantarme del suelo. Me revolví angustiada porque quería asegurarme de que Jasper se iba a poner bien, pero la persona que iba detrás de mí no me soltó en ningún momento hasta que me sacó fuera de la casa y me obligó a entrar en un coche. No fui consciente de nada más hasta que me hicieron salir del coche, y pude darme cuenta de que estaba en comisaría. En aquel momento me dio igual, y estaba segura de que todo me daría igual hasta que me aseguraran que Jasper continuaba con vida.


=( Pobrecito de mi Jasper...sniff...sniff... Que penita me da...

Pero, ¿os ha gustado el capi? A mi sinceramente me gusta mucho porque en este capitulo pasa de todo xD (pero no me gusta que hayan disparado a Jasper, obviamente)

Ya queda poquito para el final, y como veis las cosas no van muy bien... Pero tendreis que esperar para saber el desenlace ;P

¡Nos leemos en el siguiente!

XOXO