Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-17-

Comencé a sentirme consciente pero tenía la sensación de que todo mi cuerpo estaba dormido. Mi cerebro empezaba a funcionar lentamente, pero mi organismo era inservible. Abrí los ojos con una lentitud exagerada, pero sentí que me pesaban excesivamente y no pude mantenerlos abiertos durante mucho tiempo. Escuché ruidos a mi alrededor, pero los sentí como si estuviese sumergido en el agua de una piscina. Intenté mover los brazos pero no pude, por lo que empecé a desesperarme. Volví a abrir los ojos, ésta vez obligándome a mantenerlos abiertos, y fui capaz de reconocer a mi madre delante de mí.

-Como me alegro de que estés bien, mi vida. –me dijo con los ojos llenos de lágrimas, aunque me costó horrores escucharla. – ¿Te encuentras bien?

Quise decirle que no, pero me percaté de que había un tubo dentro de mi boca. Intenté quitármelo con las manos y me di cuenta de que mis brazos estaban conectados a una gran cantidad de máquinas. Estaba en un hospital, y lo peor de todo era que no recordaba el por qué.

-Tranquilo, cielo. Todo está bien. –intentó tranquilizarme mi madre cuando vio que me estaba desesperando.

En aquel momento entró una enfermera en la habitación. Se puso a hablar con mi madre pero no le presté atención a la conversación porque estaba más ocupado intentando entender qué hacía allí. La enfermera se acercó a mí con una sonrisa.

-Me alegra que te hayas despertado, has dormido durante mucho tiempo. Ahora, cuidado, voy a sacarte la sonda. –me advirtió mientras me quitaba el maldito tubo que estuvo a punto de dejarme sin respiración. –Será mejor que bebas algo de agua. Ahora vendré y te revisaré la herida. –se despidió y salió de la habitación.

Mi madre me acercó un vaso con agua y me ayudó a bebérmelo.

-¿Qué me ha pasado? –le pregunté con la voz ronca después de haber estado… no sabía cuántos días sin haberla usado.

-¿No recuerdas nada?

Negué varias veces con la cabeza.

-Después te lo explicaremos, cielo. –me prometió mi madre cuando vio que la enfermera volvía a entrar. La mujer examinó varias de las máquinas a las que estaba conectado y después se colocó a mi lado. Me apartó la sábana y sentí un frío tremendo. Me di cuenta de que sólo llevaba una fina bata, y cuando la enfermera la apartó para observar mi pecho, me sonrojé violentamente haciendo que mi madre se riera.

-Bueno, parece que está cicatrizando muy bien. –nos comentó toqueteando mi herida. Me hizo daño y me quejé apartándome un poco. – ¿Tienes hambre? –me preguntó volviendo a tapar la lesión con una gasa nueva.

-No.

-De acuerdo, entonces hasta luego. –volvió a salir de la habitación, y en cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, volvió a abrirse para que mi hermana entrara como un rayo. Casi se arrojó sobre mí para abrazarme y llenarme de besos.

-¡Rosalie! –la advirtió mi madre al ver su efusividad.

-¡Jazz! ¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo? ¿Tienes hambre? ¿Tienes frío?

-Para, para. –le pedí que se callara porque me estaba poniendo nervioso.

-¿Estás bien? –volvió a preguntarme alejándose un poco de mí, sentándose en un sillón que había al lado de mi cama.

-No puedo saltar ni nada de eso, pero bueno, no me puedo quejar.

-Nos diste un susto tremendo.

-¿Pero qué narices pasó?

-Habla bien, Jasper. –me pidió mi madre sentándose en la esquina de la cama.

-¿No lo recuerdas? Te dispararon. –me explicó mi hermana ganándose una mirada fulminante por parte de mi madre.

En cuanto escuché las palabras de Rosalie, un puñado de imágenes me vino a la mente. Recordé a Alice y a James. Recordé una pistola, mi cartera y muchos policías en mi habitación, y después nada más.

-Recuerdo algo, pero no demasiado. –murmuré.

-La policía querrá hacerte preguntas en cuanto se enteren de que estás despierto, pero no hace falta que declares si no quieres. –me explicó mi madre.

Asentí lentamente. Entonces mi padre apareció por la puerta, vestido con su bata de trabajo.

-¿Cómo estás, campeón? –se acercó y me dio una palmadita suave en el hombro antes de abrazarme.

-Bien. –volví a repetir.

-Le estábamos explicando lo que le pasó. Pero será mejor que lo hagas tú, que eres el que entiende de medicina. –le pidió mi madre.

-Recibiste un disparo en el pulmón.

Tragué saliva ruidosamente. De repente me había puesto nervioso.

-La bala era pequeña y se quedó dentro de tu pulmón derecho, así que gracias a tu hermana, que llamó corriendo a la ambulancia, te trajeron aquí y te la sustrajeron. Fue algo complicado, según me han contado, pero al final todo salió bien. Te limpiaron y después tuvieron que hacerte una transfusión de sangre porque perdiste mucha. Rosalie se ofreció a donar su sangre porque, gracias a Dios, tenéis el mismo grupo sanguíneo.

Observé a mi hermana y le dediqué una sonrisa de agradecimiento.

-¿Cuánto tiempo he estado inconsciente? –pregunté desviando mi mirada hacia mi padre de nuevo.

-Seis días. Y tendrás que permanecer aquí unos cuantos más en observación por si acaso.

Fruncí el ceño.

-Nosotros volvimos el día después de que te dispararan.

-¿Pero no tenías que asistir a la convención aquella?

-Sí, pero sabiendo que teníamos a nuestro hijo en el hospital a causa de un disparo, no íbamos a quedarnos en Nueva York. –me explicó mi madre abrazándome.

Asentí lentamente. Aún tenía muchas preguntas.

-¿Detuvieron a James? –pregunté sin poder contenerme.

-¿James? ¿Es el hombre que te disparó? –cuestionó mi padre.

Asentí.

-Lo detuvieron por varios atracos anteriores, por intentar robar en nuestra casa y por intento de asesinato. Al parecer estará en la cárcel durante unos cuantos años.

-¿Y Alice?

Todos los presentes me observaron en silencio, y supe que querían ocultarme algo.

-¿Ella está bien?

-Sí, eso nos han dicho.

-¿Y dónde está?

-En un correccional de menores. –contestó finalmente mi padre. –Al parecer confesó que tanto ella como James habían intentado robar en casa, y le dijo a la policía que en el tiempo que estuvo viviendo con nosotros se había llevado algunas cosas de valor. Les contó que había cometido más robos con anterioridad, y después les explicó todo lo que ocurrió en tu habitación. Los agentes quieren que declares para ver si su versión concuerda con la tuya. Pero por el momento, no van a dejarla salir.

Lo observé en silencio sin saber qué decir.

-Ya sabía yo que escondía algo. –murmuró Rosalie. – Pero jamás pensé que sería algo tan gordo como que era una ladrona.

-Rosalie. –la riñó mi madre.

-Al parecer Alice le dijo a los policías que el disparo de James iba hacia ella, pero que la apartaste y lo recibiste tú. –continuó mi padre.

Entonces recordé aquel momento con claridad. Recordé la adrenalina que sentí cuando salté sobre James y el dolor punzante en mi pecho.

-Sí, es cierto. Yo la salvé. –murmuré más para mí que para ellos.

-Tendrías que haberte quedado quieto. –se molestó mi hermana.

-Rosalie, basta ya. –se cansó mi padre. –Por mucho que Alice no se haya portado bien, no merecía morir, y en parte todo está bien porque tu hermano está vivo.

Me empezó a doler la cabeza y puse mala cara.

-¿Te encuentras bien, cielo? –me preguntó mi madre.

-Estoy cansado.

-Entonces, nosotros nos vamos. –mi padre le dio un golpecito en el hombro a Rosalie y la obligó a salir diciéndole que después de que descansara podría volver a entrar, y mi madre se quedó conmigo.

-¿Quieres que hablemos de lo que ha pasado?

-Creo que no. Aunque lo hagamos, nada cambiará.

-Es cierto, pero tal vez logres sentirte mejor.

-Lo dudo.

Mi madre volvió a sentarse a mi lado.

-Cielo, sé que Alice era importante para ti, y estoy segura de que te decepcionó mucho saber la verdad, pero seguro que tenía un buen motivo para hacer lo que hizo.

-¿Me estás diciendo que no debo estar enfadado con ella?

-No, no te estoy diciendo eso. Sólo te digo que hay muchas personas que no han tenido suerte en la vida y que han tenido que hacer cosas malas para sobrevivir, y me temo que eso es lo que le ha ocurrido a Alice.

Asentí lentamente.

-Me gustaría hablar con ella. –las palabras surgieron sin permiso de mi boca. –Quiero que me explique toda la verdad.

-Bueno, cielo, no sé si será buena idea, pero por el momento no podrás escaparte de aquí hasta dentro de unos días, así que ya hablaremos de eso cuando estés en casa.

Volví a asentir y apoyé la cabeza en la almohada. Cerré los ojos y con una rapidez descomunal, me dormí.


Bueno, bueno, bueno... En vez de ir todo a mejor va a peor...y solo queda un capitulo y el epilogo =(

Pero teneis que saber que cuando termine de escribir esta historia, empece a escribir la secuela, y ya llevo varios capitulos, asi que aun no se acaba! ;P

Espero que os haya gustado el capitulo y que me dejeis muchos reviews.

Mañana ya empiezo las clases de nuevo, asi que no se si podre subir diariamente, aunque lo intentare.

¡Hasta el proximo!

XOXO