Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-18-
Mientras estaba en el hospital, unos agentes vinieron para hacerme algunas preguntas sobre lo que ocurrió. Les conté todo lo que recordaba, cada imagen que me venía a la cabeza y la conversación que mantuve con James. También les nombré los objetos que habían desaparecido en casa, y me explicaron que sólo habían recuperado la pluma y el dinero que se había llevado Alice, aparte de las joyas que habían intentado robar la noche que me dispararon.
Tres días después me dieron el alta y me aconsejaron que en casa no intentara moverme mucho. Debía empezar a caminar poco a poco, sin intentar excederme porque la herida en mi pecho aún podría abrirse, así que me pasé unos cuantos días más tumbado en el sofá, viendo la tele o leyendo, mientras mi madre y mi hermana me mimaban. El lunes siguiente decidí hacer una llamada al reformatorio en el que se encontraba Alice porque –después de mucho pensarlo –, había decidido hacerle una visita. Por supuesto, no le había contado nada a Rosalie porque me impediría por todos los medios ir a verla, pero sentía que tenía que hacerlo. La persona que me cogió el teléfono me explicó que las visitas se hacían los miércoles de diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde, así que decidí ir a verla aquella misma semana. Mi madre me acompañó con el coche, y me dijo que iría a dar una vuelta, así que me pidió que la llamara cuando acabara la visita, y ella vendría a buscarme. Aún no estaba segura de dejarme solo porque temía que podía pasarme algo grave. Se había vuelto muy sobre protectora desde que me dispararon, más de lo que ya era.
En cuanto bajé del coche y mi madre se hubo marchado, observé con detenimiento aquel lugar. Era igual a una cárcel. Estaba rodeado por unas vallas metálicas coronadas por alambres de espinos. Supuse que en la parte trasera había algún patio, ya que se escuchaba jaleo, como si de un colegio se tratase. En la puerta había dos guardias bastante fornidos que me intimidaron, así que opté por llamar al timbre cuanto antes. Después de explicarle al interlocutor que había llamado hacía dos días, me abrió la puerta. Pude ver que el lugar estaba lleno de cámaras de vigilancia, al parecer no querían correr ningún riesgo de ningún tipo. Me atendió una mujer regordeta de unos cuarenta y muchos años, y me preguntó a quién buscaba.
-A Alice. –contesté automáticamente.
-¿Alice qué mas?
-No lo sé. –le dije sinceramente. Ella nunca me había dicho su apellido.
-Aquí hay bastantes chicas llamadas así.
-Entró aquí hace poco, hará dos semanas.
-¡Ah!, entonces ya sé a quién te refieres. Acompáñame. –me pidió amablemente.
Aquel lugar me daba escalofríos, era peor que un internado. Además de que estaba lleno de delincuentes.
Me llevó hasta una sala en la que había muchas mesas, supuse que era el lugar en el que se hacían las visitas. Me sorprendió cuando me registraron para asegurarse de que no iba a ayudarla a escapar, y eso hizo que me pusiera nervioso. La seguridad de allí era máxima.
-De acuerdo, ¿cómo me dijiste que te llamabas? –me preguntó la mujer de mala memoria en cuanto estuvimos dentro de la sala.
-Jasper Cullen.
-Muy bien, voy a ocuparme de que la avisen. Espera aquí.
Estuve esperando de pie porque no sabía si sentarme o no. Me puse nervioso al ver que pasaban los minutos y que nadie aparecía por allí. Tal vez se habían olvidado de que yo estaba en el centro. Además, no me había preparado nada para decirle a Alice, así que esperaba no quedarme en blanco en cuanto la tuviera delante de mí.
Al cabo de varios minutos más, la mujer que me había acompañado entró seguida por Alice que no levantó la cabeza en todo el trayecto. Estaba algo más delgada que antes y parecía enferma. La ropa que llevaba le quedaba algo ancha y estaba algo descosida y desteñida. Seguramente no lo estaba pasando bien allí dentro, y aunque no quise que me ocurriera, me sentí mal porque no quería que ella fuese infeliz.
-Bueno, pues aquí está. Cuando terminéis de hablar, avisadme, yo estaré por aquí. –nos pidió, y supuse que estaría vigilándonos desde algún lugar escondido. Aquel pensamiento me provocó un estremecimiento. Aquel sitio era horrible.
Asentí, y en cuanto la mujer se dio la vuelta, me percaté de que había otro guardia que antes no estaba en la puerta. Se pasaría el rato vigilándonos. Me giré hacia Alice y me di cuenta de que ya no estaba delante de mí. Se encontraba sentada en una de las mesas, observándose las manos con gran interés. Caminé con lentitud hacia ella y me senté en la silla de enfrente. Respiré hondo y me dispuse a hablar.
-¿Cómo estás? –me atreví a preguntarle, pero ignoró mi pregunta.
-¿Qué estás haciendo aquí? –parecía mosqueada, pero en realidad, el que debía estar molesto era yo.
-Pues creo que merezco una explicación después de todo lo que ha ocurrido, ¿no te parece?
Asintió lentamente.
-¿Me mentiste todo el tiempo?
-No. –aseguró levantando la cabeza por primera vez. Pude ver las grandes ojeras que adornaban sus ojos y lo pálida que estaba.
-¿Lo tuviste planeado desde el principio? ¿Lo que ocurrió en la calle el día que nos conocimos…?
-No, estaba huyendo de James de verdad. Lo que te conté aquella noche era cierto, y lo único que hice fue no decirte lo que James y yo habíamos estado haciendo desde hacía años. –me explicó.
-¿Por qué volviste con él? Podrías haberme contado la verdad, y tal vez podría haberte ayudado.
Suspiró con resignación y volvió a observarse las manos.
-Tú no me podías ayudar. Nadie podía hacerlo, en realidad. ¿Recuerdas que recibí una llamada la noche de la barbacoa?
Asentí en silencio.
-Me llamó James. Me amenazó diciéndome que iría a buscarme a tu casa si no volvía, y yo no quise poneros en peligro.
-Pero podrías habérmelo dicho, habríamos llamado a la policía y…
-No, no. Él me tenía vigilada, no sé de qué manera, pero sabía dónde y con quién estaba. Sabía todos los lugares a los que habíamos ido, y yo estaba segura de que si me quedaba más tiempo con vosotros, acabaríais pagándolo por mi culpa.
Estaba empezando a aclararme varias cosas, pero aún tenía algunas preguntas más.
-¿Por qué robaste cosas de mi casa? Quiero decir, tú no querías tener nada que ver con James, y aún así nos robaste.
-Necesitaba dinero para irme lejos, quería desaparecer y lo único que se me da bien es robar. –admitió avergonzada. –Pero te aseguro que me sentía fatal cada vez que cogía alguna cosa que no era mía, además de que cuanto más tiempo pasaba en vuestra casa, más me costaba pensar en marcharme. Por Dios, vosotros habéis sido las únicas personas que me habéis tratado bien y yo…me he portado fatal. Lo siento muchísimo. –se disculpó a punto de echarse a llorar.
Tragué saliva lentamente. Ella ya había hecho lo que tenía que hacer, y en realidad, yo también.
-Al fin y al cabo, tu hermana siempre tuvo razón. Y en parte me alegraba de que me odiara, porque eso era lo que merecía por vuestra parte.
-Bueno, dejemos el tema, por lo menos ya está todo arreglado.
-No, aún no. Crees que te estuve mintiendo siempre, pero no fue así. Tal y como te dije en la nota, no te mentí cuando te dije que me importabas.
Me puse nervioso y ésta vez el que agachó la cabeza fui yo.
-Sé que eso ya no tiene salida, pero quiero que lo sepas. Siempre te he considerado un amigo, mi mejor amigo. Y también quiero que sepas que nunca he querido hacerte daño.
Asentí en silencio.
-Pero bueno, ahora todo se ha solucionado, y yo estoy donde debo estar.
-No deberías estar aquí. –la contradije.
-Claro que sí. Me he pasado tres años robando voluntariamente.
-Pero tú no intentaste matarme.
-Pero yo estaba allí, y me han acusado de lo mismo que a James.
-¿Y qué pasaría si yo les explicara que tú no tuviste nada que ver con el disparo?
-No pasaría nada. Me voy a quedar aquí un año, por lo menos. –aceptó tristemente.
-Joder. –me quejé enfadado.
-No importa. Me vendrá bien estar aquí durante un tiempo. Mi conciencia estará tranquila cuando salga. Me hacen estudiar, nos dan la opción de hacer trabajos manuales, me obligan a limpiar mi habitación e incluso nos enseñan a cocinar, además de llevar a cabo otras tareas para ver si corregimos nuestra actitud.
Volví a asentir aunque aquello me parecía una injusticia.
-Por cierto, ¿cómo está tu pulmón?
-Bien. Va mejorando. Aún me duele un poco, pero no es nada, es soportable.
-Siento muchísimo que recibieras tú el disparo. –se disculpó observándome con angustia.
-Fui yo el que se puso delante.
-Si no lo hubieses hecho yo ahora…bueno, no estaría aquí. Así que gracias.
-No las merezco. Me refiero a que no te he ayudado demasiado, de todos modos has acabado aquí encerrada.
-Sí, pero prefiero estar aquí antes que estar muerta.
Me estremecí al pensar en eso, y obligué a mi mente a olvidarse de aquella imagen.
-Jamás hubiese dejado que te hiciera daño. –le confesé.
-Pensé que te daría igual. He de admitir que después de lo que me dijiste en tu habitación aquella noche, tuve ganas de que James apretara el gatillo y acabara con todo de una vez. Jamás he querido que me odies. –murmuró limpiándose una lágrima delatora, a la vez que sorbía por la nariz.
-No te odio. No podría hacerlo aunque quisiera. Puedo estar enfadado contigo, pero nunca llegaría a odiarte, Alice.
Sonrió levemente y asintió un poco más alegre.
-Tengo que darte algo. –me dijo metiéndose la mano en el bolsillo derecho de su pantalón. Sacó algo pequeño y brillante y me lo tendió. Era el anillo de mi madre. –Dile que lo siento mucho.
Asentí y me guardé la joya en el bolsillo de mi camisa.
-Creo que…ya es hora de que me vaya. –le dije levantándome de la silla.
-¡Espera! –me pidió levantándose ella también. Se acercó a mí y me observó. –Me gustaría que me prometieras algo, y que después escuches una última cosa que necesito decirte. Sé que no tienes por qué hacerlo, pero no estaré tranquila hasta que te lo diga.
Asentí, indicándole que iba a escucharla.
-Quiero que…me prometas que no vas a volver. –me pidió sin mirarme.
-¿Qué no vuelva?
Asintió.
-¿Por qué? –le pregunté confuso y decepcionado.
-Porque será mejor así. Prométemelo, por favor.
-Está bien… –accedí no muy convencido. – ¿Qué es lo que me tienes que decir?
-Bueno, supongo que tengo que darte una respuesta.
Me quedé en silencio porque no entendía a qué respuesta se refería.
-Sé que ya no tiene sentido, pero no es justo que no te la dé después de todo lo que has hecho por mí.
Asentí, esperando a que hablara.
-Yo también estoy enamorada de ti. –dijo, y antes de que pudiera contestarle, se acercó al guardia y éste le abrió la puerta. Antes de salir se dio la vuelta y me dedicó una sonrisa que no supe descifrar. Varios minutos después de que la puerta se cerrara, aún me encontraba allí parado como un idiota.
La vida era injusta, de eso era lo único de lo que estaba seguro.
No veas si es injusta u_u Pobrecito de mi Jasper =(
Bueno, ya hemos llegado al final de esta historia ¡Aunque aun falta el epilogo!
Espero que os haya gustado el capitulo de hoy y que me dejeis muchos reviews =)
¡Hasta el proximo!
XOXO
