¡Buenas a todos! :) aquí vengo con el 6º capitulo! (un poco tarde porque era para mañana, pero ayer no tuve tiempo :C)
MouriKudo de nuevo muchas gracias por tus review ¡MUCHAS GRACIAS!, me alegra saber que alguien me lee y le gusta como va evolucionando la historia. Este cap es un poco Romanticón jajaja
La frase que da nombre al titulo, es una frase que siempre dice mi mejor amigo y que yo no puedo evitar pensar que es algo que solo diría alguien como Shinichi ;)
Vincit Omnia Veritas
El dolor como tal, es una palabra difícil de definir. Cualquiera que lo hubiese experimentado en sus propias carnes podría medianamente explicarlo y aun así... ninguno estaría en lo correcto. Pero ella sí lo sabía, era tal vez de las pocas personas que con verdadera certeza podría definirlo sin temer equivocarse, pues no había un solo centímetro de su piel que no estuviese en llamas, ¿Se podía consumir una persona sin tocar el fuego?
No necesitaba recordar quien era, ni que hacía allí, ni tampoco porque su cuerpo estaba siendo incendiado de esa forma, pues todos sus recuerdos seguían perteneciéndole y sinceramente... no lo comprendía.
¿Porqué no se moría?...Tal vez ya lo estaba y no lo sabía... pero entonces.. ¿Porqué no cesaba el dolor?
Al menos tenía claro que no era dueña de su cuerpo, había perdido la capacidad de mover las extremidades y su vista parecía haberla abandonado, era como si se hundiese en un profundo océano ardiente que la consumía y tiraba de ella hacia las profundidades.
Quería morirse... desaparecer de la faz de la tierra, extinguirse... pero después de lo que a ella le parecieron horas... estaba empezando a asimilar poco a poco que sus deseos no serían correspondidos.
—"Que alguien acabe con esto... que alguien pare este dolor"
Tardó en darse cuenta de que percibía numerosas lágrimas cayendo por la superficie ardiente de su piel e intentó abrir los ojos sin demasiado éxito.
—Q-Qu...
Intentaba al mismo tiempo hablar para pedir ayuda, estaba dispuesta a permitir que esos misteriosos hombres de negro la matasen con tal de que ese dolor desapareciese, al fin y al cabo, esa podía ser perfectamente la finalidad del veneno... que las victimas suplicasen por su muerte.
Pero no necesitó intentarlo más... parecía que por fin algo o alguien le había concedido su más preciado deseo y tras sentir que su corazón explotaba en mil pedazos y que su piel al fin se había consumido... todo se quedó a oscuras.
Los primeros rayos de sol del nuevo día atravesaban las ventanas de una habitación que hasta ese momento había estado en penumbra. Se trataba de un gran dormitorio que tiempo atrás había sido decorado con clase, pero que ahora lucía abandonado y deshabitado.
En aquella gran y tal vez confortable cama, se hallaba un niño de unos siete años aproximadamente el cual ojeaba un pequeño álbum de fotos sumido en sus pensamientos. Pasaba las paginas lentamente mientras las lágrimas resbalaban inevitablemente por sus mejillas, hacía horas que había dejado atrás la comisaría de policía.
Sabía perfectamente que se estaba sometiendo a una tortura implacable ojeando aquellos recuerdos, pero al menos así sentía a la chica cerca. Cogió el preciado álbum entre sus manos y se lo acercó a la cara para depositar un dulce beso en la fotografía de la joven karateka.
—Ran...
Del dolor pasaba a la furia y de la furia a la impotencia, y así una y otra vez en una espiral de emociones que nada tenían que ver con lo que muchos creían. Se trataba de amor, del amor infinito que cada poro de su piel profesaba hacia Ran Mouri... y lo sentía... de verdad que lo sentía por todo lo malo que le había y seguía haciéndole pasar.
—Si pudiese... tan solo pudiese pedir algo, me habría cambiado por ella —Se decía con la cabeza baja.
Sus manos temblaban tanto que el álbum se le resbaló y fue botando hasta el suelo.
—¡Rayos!
Se levantó para cogerlo del suelo donde se había abierto por la última pagina y lentamente leyó la frase que allí había escrita.
—Vincit... omnia... veritas... —Leyó recordando la voz de Ran.
"—Esa frase parece haber sido dicha por ti, Shinichi —Decía la joven castaña mirando la inscripción. —¡Vincit omnia veritas!"
—La verdad lo conquista todo... —Susurró formando media sonrisa —Si supieras que tu eres mi mayor verdad...
Cerró el álbum apesadumbrado y lo guardó en el cajón donde lo tenía guardado. Volvió a acostarse sobre la cama y cogió su móvil para llamar de nuevo a Haibara.
—¿Haibara tienes lo que te pedí? —Dijo sin saludar.
—Oh... Hola Edogawa, sí, yo y el profesor hemos conseguido entrar en todos los sistemas de cámaras de seguridad de los negocios de la zona. Cuando quieras puedes venir.
—Ahora mismo voy —Dijo colgando.
No tenía que correr mucho para llegar, pues la casa del profesor estaba al lado.
—Ya estoy aquí —Dijo cerrando de un portazo.
—¿Te quieres calmar de una vez?, la puerta no tiene la culpa —Le reprochó la castaña sentada en el sofá con un portátil.
—Sí...Sí... ¿Puedo mirar?
Haibara le cedió el portátil y al instante su rostro se volvió serio y concentrado, debía fijarse más que nunca para que no se le escapase ningún detalle y poder ver algo que a esos hombres se les pasase por alto.
Pero la horas pasaban... y él no lograba encontrar nada extraño en el recorrido del coche...
—La pista se pierde a partir de ahí... así que tampoco sabemos a donde se dirigían —Le aclaró Ai.
—Creo que solo intentaban despistar...
—Yo también lo creo Kudo —Admitió ella.
—De todas formas se lo enviaré a Jodie si no te importa, tal vez pueda resultar útil.
Ella asintió sin más mientras él se lo enviaba intentando no desfallecer.
—Me estaba preguntando... —Empezó Ai.
—¿Qué? —Le preguntó.
—Me estaba preguntando porque no me pediste el antídoto temporal de cilantro.
Él la miró sonriendo.
—No voy a negarte que no lo haya pensado... pero todavía no es el momento.
—¿Y cuando es el momento? —Preguntó mirándole con curiosidad.
—Cuando ya no queden más opciones... cuando todas las esperanzas estén perdidas... me tomaré esa píldora y... dejaré que me encuentren.
Silencio... estaba sumida en un interminable silencio... excepto por cierto repiqueteo que sentía a lo lejos... ¿Tal vez lluvia?
Abrió los ojos lentamente y se encontró con el laboratorio en el que había decidido quitarse la vida horas antes. Intentó levantarse pero se resbaló al instante con su misma ropa.
—Pero... ¡¿Qué?!
Su vestido le quedaba al menos tres tallas más grande que antes y sus manos y piernas eran mucho más pequeñas.
—Un momento... ¿Mis manos? —Dijo sorprendida al ver que ya no estaba encadenada aquella barandilla.
Era libre... ¿Qué más daba el motivo?, no necesitaba explicaciones, no de momento... tan solo necesitaba huir de allí lo antes posible.
Buscó por toda la estancia algo picudo hasta encontrar un alambre y lo usó para quitar la esposa de la barandilla... necesitaba que pensasen que se había soltado.
—Ahora solo necesito algo cortante...
Cogió un pedazo de cristal roto del suelo y se cortó el dorso del brazo para luego manchar el suelo y la pared con su propia sangre lo máximo posible. Necesitaba que pensasen que estaba herida para llevar a cabo su plan.
Abrió la ventana como pudo al no disponer de su propio cuerpo y se coló por ella cayendo encima de unas hierbas, ese laboratorio estaba en medio de una especie de bosque. Miró a ambos lados, uno de ellos la llevaba a una carretera y el otro se adentraba hacia la profundidades. Tenía que dejar el rastro de su sangre por el camino contrario para que siguiesen una pista falsa.
La pérdida de sangre la estaba debilitando a cada paso que daba, pero lo ignoraba tajantemente.
—Tengo que hacerlo... D-Debo v-volver...
El recuerdo de su detective se instaló en su memoria para darse fuerzas a si misma y continuar con su tarea.
Un poco más adelante encontró una especie de acantilado, el sitio perfecto. Si todo salía bien ellos tenían que pensar que se había caído por él. Restregó el brazo por el borde hasta donde su pequeño tamaño le permitió.
—Y-Ya está...
Miró el agua cayendo velozmente e intentó calmarse. Ya estaba a salvo... solo tenía que dar la vuelta y llegar a aquella carretera...
Se giró al instante y corrió con las pocas fuerzas que le quedaban tapando el brazo herido hasta alcanzar el camino deseado.
Se tendió en el frío suelo de alquitrán e intentó recuperarse de la caminata respirando acompasadamente.
—S-Solo un esfuerzo... m-más...
Intentó levantarse pero su cuerpo volvía a no responderle... el sueño se estaba apoderando de ella... y con un fuerte bostezo, se quedo profundamente dormida sobre el suelo.
No acostumbraban pasar muchos coches por aquella carretera secundaria alejada de la ciudad, pero casualmente, ese día un Ford Focus ST negro pasaba por allí con prisa.
—Ya llegamos tarde de nuevo... —Decía aquel hombre.
—¡Ha sido culpa de tu hermana! —Le reprochaba su joven mujer.
—¡Pues claro que...! —Pero se calló al instante, pues había un pequeño bulto en la carretera.
—Hana mira eso...
—¡Para el coche Ryu!
Paró el coche a escasa distancia de donde la pequeña Ran se encontraba y fueron a prisa hacia ella.
—¡Ryu... es una niña pequeña!
Su marido la cogió al instante en brazos.
—¡Está herida, tenemos que ir al hospital corriendo!
La joven pareja corrió hacia el coche apresurada y se dirigieron a la glorieta más próxima para dar la vuelta e ir hasta el hospital.
—Parece que está soñando... Pobrecita —Se lamentaba la mujer llamada Hana mientras le acariciaba la frente.
Tardaron aproximadamente quince minutos en llegar al Hospital de Beika. Estaba todo lleno de policías y el joven matrimonio se acercó al primero que encontraron para pedir ayuda.
—Buenas noches, disculpe, hemos encontrado a una niña en la carretera y esta herida.
El policía la miró y asintió rápidamente.
—¡Inspector! —Llamó.
Un señor gordo y con bigote, más viejo que el otro policía, llegó corriendo.
—¿Que pasa Takagi? —Preguntó.
—¡Estos señores taen a una niña, tenemos que dejarles pasar!
El inspector los acompañó al interior del hospital y rápidamente se llevaron a la niña para examinarla.
—¿Porqué hay tantos policías? —Preguntó Ryu.
—Verán... Han secuestrado la hija de un detective... tenemos patrullas en el hospital por si aparece herida...
—¿Podría... ser la niña? —Preguntó su mujer.
—No... ella tiene diecisiete años —Respondió el inspector abatido. —Si saben algo más no duden en ponerse en contacto con nosotros.
—Por supuesto inspector... Megure —Dijo Ryu leyendo su placa.
El matrimonio observó al inspector alejarse mientras la tristeza de aquellas personas se filtraba también en sus corazones.
Bueno haré unas pequeñas aclaraciones, decidí llamarla Hana porque significa Flor en español y mi nombre también significa flor entonces siempre me ha gustado su versión japonesa ^^
Espero que hayáis disfrutado con el capitulo y... os daré una pequeña pista... tal vez Ran... no solo se haya encogido :P.
