Disclaimer: Los personajes aquí presentados son propiedad de Nikelodeon y Craig Bartlett. Excepto claro, los creados por mí, para narrar la historia.
Espero que disfruten.
"Mi querida némesis"
Capitulo 5: Miradas en zarco y esmeralda.
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El aire se sentía pesado, la luz del sol estaba por ocultarse detrás de las montañas cercanas, faltaba poco pero el calor aún sofocaba, la ropa se pegaba al cuerpo y el sudor caía a mares por la frente, el colmo eran los mosquitos zumbando alrededor, ese lugar definitivamente no parecía para nada un paraíso, sino más bien un infierno, y sin embargo, Brainy estaba de pie sintiendo en la piel los últimos rayos de sol que aún quemaban, mirando pensativo el lugar por donde Helga, esa niña que había llenado sus sueños e ilusiones durante casi los diez años que tenía de vida, se había ido corriendo, meditaba si no había sido demasiado tonto al darle aquel consejo que solo conseguiría alejarla más de él y tal vez para siempre.
—Creo… — escucho una voz conocida tras él— que lo que hiciste por Helga fue muy tierno — le dijo Lila a Brainy, arrancando un poco del pasto cercano a donde estaba sentada, luego volteo mirando el lugar por donde su compañera rubia había desaparecido hacía pocos minutos.
Brainy se quedó mirándola con asombro, se sabía sorprendido y no encontraba en realidad que decir.
— No te preocupes, no voy a contarle a nadie —le dijo ella levantándose, sacudiendo su pantalón, en tanto lo miraba serena aunque con un brillo de interés.
Brainy se sonrojo un poco, y tomó asiento en una enorme piedra.
— Ella es muy fuerte… —dejó salir un suave jadeo— pero a veces necesita un pequeño empujón para hacer las cosas.
— ¿Tú la quieres, cierto? — preguntó ella con una sonrisa en el rostro acercándose más a él.
La cara de Brainy se tornó aún más roja que antes y solo atinó a desviar la mirada.
— ¡Aww, que romántico! Tú la ayudas a conseguir su amor aunque eso representa para ti quedarte sin ella, eres tan dulce Brainy – explayó ella juntando sus manos y mirándole ilusionada.
—Ahh, yo… – intentó hablar pero se sentía más apenado —. ¿Por cierto, qué haces aquí? — preguntó evidentemente cambiando el tema, carraspeando.
— Me perdí — respondió ella sencillamente, colocando sus manos detrás de la espalda.
— Pero tú venias con la señorita Olga ¿cierto? Ahh... debe estar preocupada por ti — replicó él saltando hacia donde se encontraba Lila, tomándola de la mano.
— ¿A dónde vamos? — preguntó ella sonriente, caminando obediente al ritmo del muchacho.
— Hacia el campamento... — respondió agitado y caminando apresurado.
— Ese camino no servirá Brainy…
— ¿Qué? – cuestionó él, notando en ese momento que la tenía tomada de la mano, así que la soltó discretamente.
— Todos salimos hacia el norte esta mañana, pero yo me quede atrás, y por eso me perdí, el campamento no está más en ese lugar, todos están buscando como locos a Arnold, Helga y Gerald. Creo que para nosotros lo mejor será seguir el camino que uso Helga — dijo ella señalando el lugar —, y más vale que sea rápido, porque pronto va a anochecer.
Brainy la miró, lucía muy segura de sí misma, suspiró resignado a sabiendas de que la chica tenía razón.
— Si, creo que será lo mejor… — suspirando profundamente—, así puedo cuidar un poco más de ella - dijo él sin meditar.
Lila solo sonrió.
Comenzaron a caminar en la misma dirección que Helga, en tanto Lila se aferraba al brazo derecho de Brainy, trataban de caminar a paso rápido entre la maleza, pero con cuidado, había una ladera por donde debían bajar con mucha precaución o caerían hasta un claro lleno de vegetación. Lila no pudo evitar dar un paso en falso y esto los precipitó hacia abajo. Brainy no lo pensó ni un segundo, protegió instintivamente a Lila, abrazándola, cayendo con su propio peso y el de ella hasta el fondo de la maleza, con lo que sus lentes salieron volando y quedaron tirados en medio del pastizal.
— ¡Ohh! ¿Brainy estas bien? — pregunto asustada la pelirroja, a sabiendas de que él la había ayudado para que no se lastimara.
— ¡Auch! — dijo él con una mueca en la cara y colocando la mano izquierda en su espalda.
— ¡Dime que no tienes roto nada! — exclamó ella nerviosa.
— Ouh, espero que no... — replicó él levantándose pesadamente — ¿Dónde están... ahh... mis lentes? — preguntó tratando de enfocar.
Lila buscó con la mirada y los vio algunos metros más lejos.
— Espera voy por ellos — fue corriendo a traerlos — Toma, aquí están — dijo ella exponiéndolos frente a él.
Brainy levantó la vista para tratar de distinguirlos, Lila miro por primera vez el tono azul agua de sus ojos, jamás se había percatado de que tenían un color tan bonito.
Cuando él se colocó los lentes la vio parada frente a él con el rostro lleno de preocupación, mirándole con esos ojos verdes profundo, el viento le revolvía los cabellos libres de sus trenzas, la luz del atardecer la bañaba tenuemente haciéndola luminosa en el ocaso como si la visión de un ángel se tratara, él nunca había notado en realidad lo bonita que ella era.
— Sabes Brainy… nunca había notado que tus ojos son verdaderamente tan azules, son muy bonitos — dijo ella sonrojada y con expresión tierna.
Brainy la miro y también se sonrojó.
— Ni yo que tú… Gracias Lila... ahh… — suspiró él bajando la mirada apenado.
— No Brainy… quien está por siempre agradecida soy yo contigo, por protegerme — dijo la pelirroja colocando un suave beso en la mejilla del chico de lentes.
Sorprendido el jovencito se sonrojó y colocó la palma de su mano en dicha mejilla, ella solo sonrío y comenzó a caminar hacia el poniente a donde su rubia amiga se había dirigido.
Lila volteo a verlo.
— ¿Estas bien? — dijo inocentemente.
— Vamos... debemos alcanzarlos — dijo el muchacho tomando la mano de su compañera.
— Si — respondió ella corriendo a la par que el chico de graciosa respiración.
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Lila abre los ojos mientras en su boca se dibuja una enorme sonrisa.
— Ese fue un buen sueño — dice para sí misma suspirando.
— Se nota, estabas haciendo caras chistosas todo el tiempo — dice Helga sentada junto a ella en la cama.
— ¡Helga, qué dices! — brinca y replica la pelirroja cubriéndose la cara con la manta.
— ¡Ja ja ja! — ríe la rubia estruendosamente, levantándose y yendo a mirarse al espejo —. ¿Y por cierto… de quien son esos ojos tan azules de los que hablabas dormida?
— ¿QUÉ? – exclama la pelirroja quitándose las cobijas de encima – yo… yo no dije eso!
— ¡Oh si, tú, tú lo dijiste! ¿De quién hablabas Lila? — pregunta Helga —. Digo, sé que no era Alan porque él los tiene cafés.
— ¡No, claro que no era ese bobo! — replica ofendida aunque algo sonrojada.
— ¿Y entonces quién? — repite Helga curiosa.
La pelirroja se levanta y se asoma por la ventana.
— Es un secreto… un secreto de mi corazón — dice volteando a verla misteriosa, mientras juega con la memoria en forma de manzana que trae colgando de su cuello.
— Tarada — le dice bromista Helga sin evitar mirar aquel objeto que tanta intriga le ha causado últimamente.
— ¿Vas a ir por Arnold al aeropuerto? — cuestiona la chica de ojos verdes, preparando sus cosas para meterse a la ducha.
— Así es, ¿vienes conmigo?
— No puedo, tengo que llegar temprano a casa de mi padre, para iniciar el viaje, para ir con los parientes de su mujer.
— Ya te dije que si no quieres ir, puedes quedarte en mi casa, Olga necesita la ayuda y la verdad a mí no me molestaría tenerte cerca.
— Seria genial… pero no sé qué diga mi papá, mejor no prometo nada, aunque en serio preferiría quedarme en Hillwood que ir con esa gente, mira que Lisa es muy linda conmigo pero no soporto a su familia.
— Pues convence a tu padre y te vas para la casa, porque yo ya no regreso a la universidad.
— Esta bien, haz changuitos — dice antes de salir en dirección al baño.
— ¡Ok! — dice Helga riendo con el comentario de su amiga.
— Por cierto… por si no puedo quedarme… me saludas a Arnold… y a Brian — expresa Lila asomándose por la puerta.
— Humm, ¿Brian eh? Está bien…
— ¿Que insinúas? Yo solo…
— No, si no digo nada, aunque, es lindo que le mandes saludos a alguien a quien solo conoces por mail. ¿No?
— Lo conozco desde antes… es solo que no lo recordaba — dice sonrojada, enojada y alejándose.
Helga esta asombrada por la facilidad con que últimamente cambia Lila de estado de ánimo cuando le menciona a Brian.
— De verdad no sé porque te molestas — dice casi para sí misma.
— ¡No estoy molesta! — escucha una lejana exclamación.
Esto solo le provoca a la rubia una sonrisa, y continua arreglándose para ir por su novio al aeropuerto, no sin dejar de notar aquel objeto que Lila dejo sobre su mesa de noche.
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Diciembre siempre es un mes bastante frío en Hillwood, y este no es la excepción, ya que Helga tiene que usar sus mallas gruesas con botas de invierno, aun así ha tenido el empeño de usar una minifalda color vino que combina magníficamente con su blusa rosa fuerte y su chamarra negra, con el pelo recogido en una coleta, luce bellísima para recibir a su novio.
Impaciente mira a los pasajeros que se comienzan a dispersar por la sala de espera para reunirse con sus familias o seres queridos. De pronto como si hubiera visto un tesoro, observa con adoración los cabellos rubios y alborotados de Arnold, quien la saluda con anhelo y se lanza hacia ella para abrazarla.
— ¡Helga! — exclama el rubio al mismo tiempo que rodea fuertemente con sus brazos el delgado talle de su novia.
– Mi vida, mi cielo, no sabes cuánto te extrañe – expresa Helga mientras lo cubre de besos en la cara.
– Tal vez menos de lo que yo te extrañado – dice el joven buscando la boca de su amada y dándole un beso tierno y apasionado.
– Ahhh, que genial es sentirte cerca – dice ella acurrucándose entre los brazos de Arnold.
Él la besa en la sien, sintiendo la suave respiración de su novia cerca del cuello.
– Tus padres tuvieron que ir a un congreso en las afueras de Hilwood y tus abuelos fueron con ellos, pero regresan mañana, – dice ella recargada en la mesa donde comparten una malteada.
– Genial, y entonces porque estamos aún aquí, deberíamos ir a donde estuviéramos solos – dice él coqueto, tomándola de la mano.
Ella sonríe maliciosa.
– Eso me encantaría Arnoldo, pero le prometí a Brian esperarlo hasta que llegara su avión. Sus padres tampoco están en la ciudad y…
– Ahh, ya entiendo – dice soltándola y recargándose en su asiento.
Helga lo mira confusa por esa reacción.
– ¿Que te pasa? – dice ella mirándolo cual si fuera un perrito.
– No nada… – replica bajando la vista.
– ¿No estarás celoso de él de nuevo?
– No… no, es que, bueno tal vez, algunas veces quisiera que tu atención fuera solo mía – dice apenado– sobre todo después de no habernos visto por tantos meses.
– Lo siento, debí preguntarte primero – dice la rubia un poco aturdida.
– No… no está bien, sé que él es tu mejor amigo, supongo que tendríamos que esperarlo de una manera u otra, o harías todo lo posible para que te obedeciera – dice el rubio tomando nuevamente la mano de la chica.
Helga ríe de lado.
– Tú lo sabes Melenas – dice bromista.
Un rato más tarde, la llegada del avión de Brian es anunciado por una voz femenina, así que se apresuran para ir a buscarlo.
Tan pronto como Helga divisa el rostro de su mejor amigo, grita emocionada, corre hacia él y lo taclea tomándolo por sorpresa, logrando que ambos caigan al piso.
– ¡Cielos Helga, Brian, están bien! – exclama Arnold al ver la estrepitosa caída.
– ¡Auch! ¡Eso dolió Helga! –replica el chico de cabello cobrizo, frotando su espalda, mientras Helga aun esta sobre de él.
– ¡Tarado, es que no sabes cómo te he extrañado! – replica ella mientras Arnold la ayuda a levantarse.
– ¿Y por eso casi me rompes la espalda? – rezonga el muchacho parándose del piso, en tanto le da la mano a Arnold.
– Después de esto, créeme que me alegra que Helga no me extrañara tanto, a mí no me recibió igual – replica el rubio aliviado mientras Helga lo mira feo.
– Es que ella está acostumbrada a maltratarme – dice el muchacho sonriendo tras sacudir su ropa.
– Te ves más pálido que de costumbre Brian, y tienes ojeras – dice la rubia tomándolo por los cachetes.
– ¡Déjame! – reniega Brian, fingiendo darle golpecitos en las manos.
– De seguro te has estado mal pasando – dice Helga colgándose de los brazos de ambos jóvenes.
– Lo normal… – dice tranquilo el muchacho de lentes, en tanto avanza al caminar.
– Humm. ¿Helga? – dice Arnold tratando de llamar su atención.
– ¿Qué?
– ¿Porque vamos al estacionamiento, no deberíamos pedir un taxi? – expresa asustado temiendo la respuesta.
– No tontito, Olga me presto su auto para venir por ustedes – explica ella contenta.
– Temía que dijeras eso – expresa tragando saliva.
– Oye, he mejorado bastante al conducir, he traído de arriba a abajo a Olga, Gerald y Lila, y ninguno se ha quejado.
– Será porque se quedan petrificados, aún recuerdo el pobre sedan que quedó destrozado – indica Brian.
– Criminal, eso no fue mi culpa, fue por culpa de ese estúpido perro, mejor lo hubiera atropellado.
– Me alegra que no lo hayas hecho, pero ese día ibas enojada y muy rápido, y el accidente fue consecuencia de eso, solo le doy gracias a dios que no te paso nada – dice Arnold recordando ese susto.
– Bueno, bueno, ya no hablemos de eso, y súbanse al auto, prometo no correr.
Ambos muchachos se miran con una mueca de profunda preocupación, antes de subir al automóvil.
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– ¡Ya llegue! – grita Helga entrando como remolino a su casa.
– Ahh, hermanita bebé, que bueno que llegaste – dice Olga asomando su cara fuera de la cocina.
– Hola Olga – saluda Arnold con la mano alzada.
– ¡Oh Arnie, que bueno verte! – dice la rubia yendo a abrazarlo.
– ¡Nada mas no lo asfixies Olga! – pide Helga viendo la fuerza con que su hermana abraza al joven.
– Oh… lo siento Arnie, es que me dio mucho gusto verte… tú sabes es un mal hábito.
– ¡Hola! – escuchan una voz detrás de Olga.
Cuando todos enfocan su vista en la dueña de aquella voz notan que se trata de Lila.
– ¿Lila? ¿Te dejaron quedar? – dice Helga sonriente.
– Je, al parecer si – contesta feliz la jovencita de pelo rojo.
– ¡Lila! – exclama Arnold al salir de su estupefacción acercándose para darle un cálido abrazo –. ¡Cielos, hacía años que no te veía!
– Sí que bueno verte Arnie… – responde Lila mirándolo con afecto.
– Creo que estas son las ultimas que quedaban – dice Brian cargando un par de bolsas de víveres, que le cubren el rostro.
– Gracias Brian, ponlas en la cocina por favor – dice Olga dirigiendo al chico hacia el lugar adecuado.
– Deja eso ya Brian y ven a saludar – replica Helga jaloneándolo hasta ponerlo frente a la pelirroja.
Lila y Brian chocan miradas por primera vez en mucho tiempo, el joven la mira con atención, tratando de embonar aquel bonito rostro con el de la niña que alguna vez conoció.
– Ho… hola Brian – dice Lila tomando un mechón de su cabello para jugar con él y desviando la vista al piso.
Una suave sonrisa se dibuja en el rostro del muchacho.
– Hola Lila… – dice extendiendo su mano derecha –. Desde ayer que no nos vemos – comenta bromista, pues platicaron largamente la noche anterior por chat.
La joven de cabello rojo sube la mirada y le sonríe estrechando la mano.
– Has crecido mucho Brian, eres bastante más alto de lo que imaginaba … – dice Lila.
– Y tú eres más pecosa de lo que recordaba – expresa con confianza el muchacho. Lila hace una mueca de disgusto – pero te ves muy bonita.
Helga mira la escena con agrado, en tanto Arnold trata de entender la situación. Su novia lo nota y le susurra algo al oído, con lo que él parece entender.
– Esto es genial, solo falta el pelos de espagueti, ¿que por cierto ya debería de estar aquí? – dice Helga mirando el reloj.
El sonido del timbre los alerta.
– Justo a tiempo – dice Helga abriendo la puerta.
– ¡Hola! – exclama Gerald alzando su mano derecha.
– ¡Viejo! – dice Arnold contento de ver a su mejor amigo, estrechando la mano de este haciendo su particular saludo y después dándose un cálido abrazo.
Helga nota entonces que alguien acompaña a su amigo y le sonríe.
– ¿Hey, Alan que haces aquí? – pregunta ella indicándole con la mano que pase.
– Hola, bueno es que me dieron unas buenas noticias y Gerald pensó que era buena idea, venir y contárselas.
– Esta bien, mira te presento a mi novio, Arnold – le dice, abrazando de lado al recién nombrado.
– ¿Arnold? – expresa el muchacho extendiendo la mano y al mismo tiempo notando que la cara y el nombre de aquel muchacho le recuerdan a alguien.
– Ese es mi nombre… – dice también tratando de ubicarlo en su mente. – Y tú eres Alan… ¡Alan Redmond!
– Si, entonces tú si eres Arnold Shortman el amigo de mi padre… que sorpresa volver a vernos después de tanto tiempo – indica el alto muchacho estrechando la mano de Arnold con gusto.
– Bueno ya dejen eso, luego se besan y se abrazan ¿Cuáles son las buenas noticias? – replica la rubia irónica e impaciente.
– Pues es una sorpresa para Lila – explica Alan orgulloso.
– ¿Para mí? – dice la pelirroja apareciendo detrás de Arnold.
– ¡Ayayay! ¿Qué haces aquí, no se supone que te ibas con tu padre de viaje? – rezonga el castaño un tanto asustado al ver a Lila ahí.
La chica lo mira con aburrimiento, y con los brazos cruzados haciendo una mueca de "que te importa" que solo reconocieron Helga y Gerald.
– Ejem… – dice él componiéndose – ¿pues adivina que pecosa? – ella solo alza una ceja –. ¡Nos dieron el primer premio por tu foto! ¡Seremos famosos!
– ¿Qué? ¿En serio? – grita ella emocionada.
– ¡Si, si! – dice él mientras ambos se abrazan.
Brian que ha mirado toda la escena, los observa con el ceño fruncido, y se retira hacia adentro de la cocina. Helga que nota la expresión de su amigo se escurre hacia el mismo lugar mientras se escuchan los gritos y las felicitaciones de Olga.
– ¿No piensas felicitar a Lila? Ella modeló para esas fotos, son importantes para ella y para Alán.
– No me importa. Te dije que me había olvidado… – dice él con una mueca de disgusto en su rostro.
Helga lo mira con ternura y le pone una mano en el hombro.
– Vamos Brian… han pasado seis años ¿qué esperabas?
– Nada…
– Además tengo que contarte algunas cosas, la verdad no creo que ella te haya olvidado, de hecho creo que está enamorada de ti…
– ¿Que te hace pensar eso? ¿El abrazo que le acaba de dar a ese tipo?
– No… otras cosas pero te las cuento al rato ¿si? – dice ella tomando la mano de su amigo– Ve a…
– Helga… – escuchan una voz detrás de ellos.
Miran a Lila con una rara expresión en el rostro.
– Hum, Alan nos invita a todos a comer, vamos – indica ella dando la media vuelta.
– Lila… – oye la voz de Brian.
– Dime – con una sonrisa fingida.
– Felicidades…
Ella se sonroja y baja la mirada.
– Gracias – dice suavemente antes de salir hacia la puerta.
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– ¿Así que Brian y Lila tenían algo? dice Arnold mientras carga a uno de los bebes de Olga.
– Pues la verdad no estoy muy segura, Brian solo me ha contado su versión de la historia, y Lila jamás lo ha mencionado, pero de que ella siente algo también estoy segura, revisé su memoria USB, esa que siempre trae como collar. ¿Y qué crees que encontré?
– Pues no debería de interesarme, pero dime.
– Solo dos fotos, recuerdas esa que nos tomó Eduardo en San Lorenzo, y otra donde Brian y yo le sonreímos a la cámara.
– ¿Oye y no será que está enamorada de ti? – le dice el rubio con sorna.
– Ja ja ja, que gracioso camarón con pelos… – le responde molesta y tocando su barbilla mientras camina a través del cuarto– he visto una parte de Lila que no conoces, he notado todo el cambio en sus actitudes, su modo de ser, convivo con ella a diario, casi todo el día, te puedo decir que desde hace tres meses esa chica es casi casi mi mejor amiga… cuando habla de Brian muestra una sonrisa autentica, diferente a la que siempre ha utilizado como mascara, ese tipo de sonrisas que solo tienes cuando hablas de la persona que amas.
– Entiendo... ¿pero y entonces que pasa entre ella y Alan? hoy los vi muy unidos mientras comíamos, no me dirás que ellos no se gustan.
– Mhh, no te niego que hay algo entre ellos... pero siento que es más una amistad como la mía con Gerald.
– Eso preocupa...
– Oye, no digas eso...
– Aun me queda una cicatriz de esa "amistad" Helga.
– ¿No quieres pelear o sí?
– Sabes que no... Pero algunas veces me preocupa que estés sola en la universidad con él.
– Arnold, ni estábamos hablando de eso, ni tienes de que preocuparte, Gerald y yo somos solo grandes amigos, casi hermanos, igual que con Brian ¿pensé que ya habíamos superado esas inquietudes?
– Supongo que en cierta forma... pero lo que no puedo superar es estar tan lejos de ti – dice abrazándola.
Ella lo abraza también.
– Tonto ¿como si la distancia alguna vez nos hubiera separado en realidad?
- Realmente espero que nunca lo haga.
Un beso sella aquella discusión por el momento.
Continuara…
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Hay dios, no sé ni cuantos años han pasado desde que actualicé esta historia, espero que aun haya quien la lea, disculpen la tardanza, ya no le falta mucho, pretendo terminarla muy pronto.
Ciao.
LoveLove
(¸.•´ (¸.•`Rei Hikaru Chiba`•.¸) `•.¸)
