¡Buenas a todos! Ya estoy aquí con el capitulo 13! Este es uno de mis favoritos y casi el que más me gusta xD Tiene mucha narración y poco dialogo (Como debería ser siempre, pero yo me dejo llevar demasiado por el estilo Gosho xD).
Guest: Lo siento no está acabado jajajaja es más creo que tendrá aproximadamente 35 capítulos...( aaaaaaproximadamente xD conociéndome nunca se sabe! ) Gracias por comentar :) Besos! espero que te guste ^^.
El Turno De Shinichi
Se habían quedado dormidos dejándose llevar por el vaivén de la luz solar que se filtraba por la ventana. No sabían a ciencia cierta cuanto tiempo llevaban dormidos, o como habían llegado a ese punto, pero a Ran no le importaba mucho ese dato. Había sido la primera en despertase y también la primera en cerciorarse de que todo seguía bien. Se encontraba con su persona especial en un hotel de lujo, nada podía salir mal, aparentemente.
Su amigo tampoco tardó en despertar, pero este, a diferencia de ella, si se encontraba asustado.
—Sigo aquí, no me he ido —Le explicó, calmándolo inmediatamente.
Él se incorporó como pudo y observó el magnifico atardecer que le regalaba el ventanal. No quedaba mucho para que se hiciera de noche y en el fondo de su corazón sabía que tampoco le quedaba mucho más tiempo para posponer su relato. De todas formas, ella no había vuelto a insistir y eso en parte le preocupaba, ¿Tal vez ya no quería saberlo?
Pero la pequeña Mei solo se había olvidado momentáneamente de ese detalle, pues su mente estaba ocupada por el secreto de sus visiones, se preguntaba si hacía bien ocultándoselo.
—Deberíamos ir a cenar —Soltó el detective, rompiendo aquel mágico silencio en el que estaban envueltos.
Ninguno de los dos tenía ganas de deshacer aquella atmósfera que los protegía de seguir adelante, de enfrentarse a aquello que ambos temían: El destino de su relación.
¿Seguirían siendo amigos o tal vez algo más después de aquello?, ninguno de los dos lo tenía claro aun sabiendo lo que sentían por el otro. Al fin y al cabo, estaba en manos de Shinichi deshacer esta encrucijada que él solo había montado.
Se limitó a asentir pues el moreno tenía razón, no se había parado a pensar en el hambre que tenía y debía alimentarse para afrontar cualquier resolución por muy dura que fuese. La volvió a coger de la mano, eso era una buena señal y ella lo agradecía enormemente. Sabía que solo Shinichi podía hacerla sentir como en casa con un leve gesto y él en el fondo de su ser también lo sabía.
El restaurante confirmaba sus sospechas del precio del Hotel. Los manteles de un rojo borgoña combinaban con las cortinas, otorgándole una sensación de lujo digna del lugar. Shinichi se sentía un tanto incómodo, estaba acostumbrado a lugares así por que sus padres lo llevaban de niño, pero ese rojo tan inusual le recordaba a la sangre.
—¿A ti también te resulta incómodo? —Le preguntó Ran, notando en el detective su misma sensación.
Él aludido asintió, pero se encargó rápidamente de despreocuparla, nada podía ser peor ya, o eso creía él.
Eligieron una mesa alejada, cerca de la ventana para poder contemplar la noche de Minato. Se encargó de retirarle la silla a Ran con educación y esta se lo agradeció, pues ni en situaciones así olvidaba los buenos modales y esa era una de las mejores virtudes de Shinichi. Uno de los muchos camareros no dudó en acercarseles con la carta y eligieron sin detenerse mucho en pensarlo, Tonkatsu y dos refrescos de cola.
—No tardará su cena —Retiró las cartas e hizo una reverencia.
De nuevo, tanta ostentación y lujo incomodaron a los de Beika, les resultaba un tanto siniestro.
¿Había llegado el momento de Shinichi?, para Ran sí, no había apartado la vista de él ni un segundo tras haberse sentado, quería que empezase sin tener que decirle nada y era lo menos que él podía hacer por ella. Recordó todos y cada uno de los momentos que había vivido con Conan, se había bañado con él, lo había abrazado innumerables veces, y lo más importante... Le había dicho lo que sentía por Shinichi nada más conocerlo, con la gran ignorancia de tenerlo al lado. Quería pensar que se le había olvidado, realmente lo deseaba, pero la mirada nerviosa que él ojiazul le devolvía le respondía que no.
Por otra parte, ella tampoco era tonta, se creía que por engañarla mil y una veces con escusas y patrañas se lo iba a tragar del todo, evidentemente no era así, muy en el fondo de su subconsciente sabía que eran la misma persona aunque se negase a creerlo. La prueba de las huellas dactilares en el amuleto de los de Osaka había sido para ella tal vez la prueba definitiva, pero ya no recordaba mucho de aquellos tiempos en los que era ella misma.
Esperó entonces pacientemente el turno de su acompañante, pero la mente del detective adolescente iba a mil por hora, llena de contradicciones basadas en miedos hasta ahora desconocidos. Él la amaba, esa era su afirmación universal la cual contrarrestaba todo lo negativo que pudiese pasar, y sabía que ella lo correspondía y lo había esperado todo ese tiempo, ¿Cuál era entonces el dilema?
—"Su rechazo..." —Pensó intentando tragarse esas palabras tan duras.
Ella sabía su peor secreto, ese que se había guardado tan celosamente por el puro instinto de protección que tenía hacía ella y no había tenido tiempo a contárselo todo antes de que se enterase por si misma. Era un completo mentiroso, y podía leer en los ojos de la niña todos y cada uno de los reproches que había estado guardando esos días junto a los Aizawa. Pero a pesar de todo el daño que le había causado y de todos los problemas en los que ahora ella también estaba envuelta... Seguía ahí, acompañándolo, brindándole esa pequeña burbuja de felicidad, ese sentimiento que para él resultaba tan ajeno. Así que debía intentarlo... Tenía que hacerlo... Se lo debía.
Abrió la boca eligiendo las palabras adecuadas mientras captaba su atención, balbuceó un par de palabras intangibles y respiró hondo. Los nervios le ganaban.
—Bueno Ran, sé que te debo mucho... —Volvió a intentarlo, logrando componer poco a poco el comienzo de su discurso. —Y que hayas esperado incluso ahora, estando de nuevo juntos, te lo agradeceré eternamente.
Ella asintió impaciente, al fin iba a escuchar todo lo que aquel detective maniático de los misterios tenía que decirle. Miró rápidamente el restaurante, pues quería guardarlo en su memoria ya fuese para bien o para mal, y en la entrada de este mismo, se encontró con la última persona que esperaba.
—¡Shinichi, es Ryu! —Susurró apremiándole, cortando así sus palabras.
El joven se giró y vio allí, al fondo en la entrada, al hombre que había sido el padre de Ran durante unos días.
—¿Qué hacemos? —Preguntó girándose, pero en la silla ya no había nadie, la pequeña se había esfumado.
No tenía tiempo de explicárselo a Shinichi, el plan se había trazado solo en su mente, como aquel día en el laboratorio. Recorrió el restaurante escondiéndose entre las mesas aprovechando su pequeña estatura, gracias a eso no tardó en salir de allí evitando el encuentro. Sabía lo que tenía que buscar y donde podía encontrarlo, solo necesitaba a una inocente empleada del hotel.
—¡Disculpe, señorita! —Llamó a la primera que se encontró, en un pasillo vacío de la primera planta.
Le pidió que la ayudase a buscar un alfiler que se le había caído, y en cuanto se agachó, tomó sus llaves del bolsillo.
Ya estaba cerca de conseguirlo, le quedaba realmente poco, corría con todas sus fuerzas hasta el probador de los empleados. A esa velocidad no tardó en alcanzarlo y cerró con un leve portazo para no levantar sospechas... Había llegado el momento de volver.
Se la tomó sin pensarlo, pues una fuerza desconocida de miedo y peligro le indicaba que eso era lo mejor que podía hacer. Ignoró como pudo el dolor, muy parecido al que había sentido cuando tomó el veneno, y aguantó sin gritar lo máximo que pudo.
—Y-Ya casi está... —Se decía a si misma jadeando, intentando darse fuerzas.
Reconoció enseguida el momento clímax y soltó un grito ahogado mientras mordía uno de los delantales para amortiguarlo. Respiró acompasadamente, observando su antiguo cuerpo e intentando recuperar las fuerzas.
Tras un par de minutos se vistió con uno de los uniformes de la limpieza y se miró en el espejo dándose cuenta de que necesitaba una gorra o algo para tapar su cara y pelo tan reconocibles. Sintiéndose una ladrona, buscó entre las ropas de las empleadas hasta dar con lo que quería.
—Espero que pueda perdonarme —Refiriéndose a la dueña de aquella gorra rosa palo que no le sentaba nada mal.
Se asomó por la puerta para asegurarse de que no había nadie, y salió corriendo en busca de su detective.
—"Seguro que está de los nervios" —Pensó mientras volvía al restaurante.
De los nervios era quedarse corto, el muchacho había buscado a Mei con la mirada en cada rincón del restaurante, y al no dar con ella, fue tal la angustia que sintió, que se quedó totalmente paralizado.
—"Otra vez no... No puedo soportarlo otra vez" —Si Ran lo había vuelto a abandonar de verdad, no se veía capaz de soportarlo.
Tal vez solo se había escondido y volvería cuando se fuese Ryu, tenía que mantener la calma y pensar racionalmente, pero cuando se trataba de Ran eso era casi imposible.
Estaba tan concentrado en sus pensamientos, que tardó en darse cuenta de que una limpiadora del hotel se había sentado en el sitio de Mei.
—Disculpe —Le dijo nervioso al verla. —Ese sitio está ocupado.
—Lo sé... —Respondió con aquella voz que conocía mejor que ninguna otra.
Fue como un bálsamo que curó todas sus penas en un mili-segundo, ella había vuelto a su lado, y no como una niña, si no como Ran. No le costó adivinar su plan.
—Nos iremos ahora sin levantar sospechas —Le dijo justo al mismo tiempo que ella asentía frenéticamente.
Le cogió la mano por inercia y salieron despacio del restaurante, actuando lo más normal posible. Respiraron aliviados en cuanto transpasaron la salida, pero poco duró ese alivio pues al final del largo pasillo, se encontraban dos hombres de negro que ambos reconocieron a pesar de no saber quienes eran.
Shinichi se giró hacia el lado opuesto rápidamente y tiró de Ran hacia la salida de emergencia, sabía que ella había sentido también su procedencia pues una aura oscura y maligna rodeaba siempre a los hombres de negro allá a donde fuesen, y servía para distinguirlos de los demás seres humanos.
Bajaron despacio por aquellas escaleras de metal, con mucho cuidado de no caerse, pues era bastante peligroso al estar a tanta altura del suelo.
—Ten mucho cuidado, ¿Vale? —Le había dicho Shinichi dándole un corto abrazo.
Pero los nervios eran demasiado difíciles de controlar ante esa situación, y los pies le temblaban tanto que no tardó en resbalar y caerse.
La adiestrada mano de Shinichi la sujetó justo a tiempo y la sujetó con toda la fuerza de la que era capaz, pero no podía aguantar mucho más tiempo.
—Suéltame Shinichi, vete, ellos nos pueden descubrir, sálvate al menos tú —Le rogó.
Si había algo que odiaba Ran en este mundo era ser una carga, un estorbo, y menos para esa persona que amaba incondicionalmente, pero siempre acababa una y otra vez poniéndolo en peligro, haciendo que arriesgase su vida por salvarla.
—Como vuelvas a decir una tontería así te juro que te suelto —Le respondió enfadado, a pesar de que no la soltaría por nada del mundo.
—Shinichi... Yo... —Balbuceó.
—No Ran, Escúchame tú, ¿No es evidente el porqué? —La calló. —¿Tan difícil es de entender que estoy total y absolutamente enamorado de ti?, por que lo estoy, y lo llevo estando desde que tengo memoria.
Si a Shinichi Kudo le hubiesen dicho que el día que se declarase por fin iba a ser así, no se lo creería en absoluto. Se había imaginado siempre algo romántico, algo muy bien preparado, con las palabras adecuadas... Pero como todo en la vida... Nunca sale como lo planeamos.
Tiró haciendo una fuerza sobrehumana de Ran para lograr subirla hasta su escalón y la abrazó temiéndose lo peor, pues la chica no le respondía.
—¿Ran?
La apartó un poco de su pecho para mirarla a la cara y comprobar, para su enorme decepción, que la chica se había desmayado.
—No sé si alegrarme o entristecerme... —Susurró sonriendo amargamente.
De todas formas, tenía todavía muchas oportunidades para decírselo, toda una vida junto a ella, pues pensaba acabar con esa organización costase lo que le costase.
Observó su dulce cara, cuando dormía estaba demasiado preciosa.
—Ya queda poco, Ran...
Siguió bajando mientras la sujetaba fuertemente, no le quedaba ya mucho para alcanzar la puerta hacia la salida cuando su corazón le empezó a quemar por dentro, recordándole la realidad.
Un besito! :)
