¡Buenas a todos! Lamentablemente he tardado un poco más de lo que quería, pero al menos aquí lo traigo, este es para mi un capitulo especial que estaba planeado desde el inicio del fic ( con decirlos que guarda relación con los capítulos 3/4), a lo largo de todo el fic, a parte de las tramas principales, hay pequeñas cosillas he ido dejando por ahí sueltas, y bueno tal vez mucha gente habrá olvidado alguna y a lo mejor no entendéis de lo que hace Shinichi en este capitulo xDDD pero es uno de esos en los que "arreglo" algo anterior. También esta una de mis escenas favoritas *inserto corazón* otro punto de vista de una historieta del capitulo 3 (belladona) "curiosamente" este se llama cilantro... (ajá lo tenía planeado desde el principio muahahaha) estoy loca.
Karen: Pues aquí tienes la continuación, la partida de Shinichi hacia Minato jajaja, la verdad es que me encanta sumergirme en los sentimientos de este chico, es genial, espero que disfrutes del capitulo y que te haya salido muy bien el examen!
Kid-4869: Si, es encantador *inserto corazón*, de momento lo que sucedió con Ryu y Gin se queda en el aire... esas cosas... ya me conocéis, las voy soltando poquito a poco cuando menos uno se lo espera jajaja, muchas gracias!
Cilantro
Estaba siendo una noche casi tan larga como el propio día, pues no había logrado conciliar el sueño ni por un segundo. Miró hacia la derecha, donde una frágil niña dormía inocentemente ajena a sus preocupaciones. Sonrió inconscientemente, algo que siempre le sucedía al tenerla cerca, después de todo, lo más importante para él estaba a su lado y sacaría fuerzas de donde fuese por protegerla.
Apartó la vista de aquel pequeño ángel por un instante, para poder observar el escritorio de su habitación, donde reposaba cierta carta que había escrito cuando ella no estaba. Había elaborado aquel plan casi inconscientemente, pero de alguna forma tenía que recuperar aquello que en un pasado había sido su otro secreto en la agencia de detectives.
Decidió cerrar los ojos una vez más y concentrarse en el vaivén de las hojas del árbol que se mecía por el viento en el jardín de la mansión. Él y Ran habían jugado con él muchas veces cuando eran niños, y a pesar de todos aquellos años, habían vuelto a ser aquellos mismos niños que daban vueltas a su alrededor. Pero habían cambiado muchas cosas, tantas y tantas que ya no llevaba la cuenta y aun así había algo que no lo había hecho; Su amor por ella seguía totalmente intacto a lo largo de los años, y no había nada más poderoso que eso para él.
Recordó a duras penas el día que el destino hizo girar su vida, aquella fatídica cita en Tropical Land y el último pensamiento que inundó su mente antes de desmayarse por el golpe. Sus cristalinos ojos de inocencia lo habían sido todo en aquellos duros momentos.
El pequeño brazo de su acompañante se enroscó en su pecho, atrayéndolo hacia ella y desconcentrando al detective casi por completo. La miró entre asustado y vergonzoso, pero rápidamente se dio cuenta de que seguía dormida, podía respirar tranquilo... o casi tranquilo, pues tener a Ran tan cerca le provocaba un cosquilleo constante en el estomago que ni el paso de los años había conseguido aliviar.
—"Descansa... Ran" —Pensó feliz por poder vivir aquel momento a su lado, mientras con su propio brazo la abrazaba y atraía más hacia él.
La cercanía de la pequeña funcionó de remedio a su insomnio, y poco a poco cerró los ojos concentrándose en un mundo ideal donde nada ni nadie podía dañarlos ni separar aquel abrazo mágico.
Disfrutó de aquellas cuatro horas que le quedaban antes de tener que partir de la mejor manera posible, pero el momento llegó, y aquel detective encogido abrió los ojos un minuto antes de que el despertador sonase, apagándolo para no despertarla. Se vistió con la ropa que había dejado encima de la cama la noche anterior, una camiseta negra y unos pantalones del mismo color que le quedaban excesivamente grandes.
—"Solo de momento..." —Se recordó a si mismo, pues en pocos minutos volvería a su propio cuerpo gracias a cierta pastilla.
Bajó despacio las escaleras, no sin antes lanzar una última mirada a su chica, la cual dormía plácidamente bien arropada. Lamentaba en lo más profundo de su corazón hacerle eso, dejarla de nuevo, ¿Pero que remedio le quedaba?, no se perdonaría bajo ningún concepto ponerla de nuevo en peligro, a pesar de las múltiples protestas de ella, y sabiendo que seguía enfadada... debía partir.
Eran ni más ni menos que las seis de la mañana, y el salón se encontraba parcialmente desierto, pues solo Heiji lo acompañaría. El de Osaka lo esperaba sentado en el sofá, perdido en un punto inexacto.
—Ya estoy aquí —Le susurró nada más verlo.
—¿Te la tomarás fuera? —le preguntó, pues no querían despertar a nadie bajo ninguna circunstancia.
El pequeño asintió y cogió la mochila donde había guardado todo lo que necesitaba para el viaje, había llegado la hora de partir hacia la aventura.
—Buscaremos un callejón, como la otra vez —Le explicó Shinichi mientras cerraba la puerta con sumo cuidado.
—Esta bien, creo que hay uno por aquí —Buscó con la mirada por los alrededores.
—Descuida, sé a cual ir, hay uno cerca del Poirot —Dijo echándose a andar en esa dirección.
—P-Pero Kudo... Eso queda bastante lejos de la estación de tren... —Heiji no comprendía del todo los planes de su amigo. —¿No será mejor buscar en dirección a la estación?
—No, antes iremos a la agencia de detectives Mouri y entraremos por una ventana.
—¿Qué? —No podía haberle escuchado correctamente.
—Lo que oyes, hay algo que debo recuperar —Insistió mientras sacaba del bolsillo la carta que había escrito. —Y algo que debo dejar allí, después de todo se lo prometí al tio la última vez que lo vi
Había pasado bastante tiempo desde aquel día, aquel en el que le prometió traer a Ran sana y salva, pero nunca faltaría a su palabra y había llegado el momento de informarlo. Heiji, por su parte, aceptó el repentino cambio de planes pues empezaba ya a estar acostumbrado.
No tardaron en llegar al lugar que Shinichi recordaba y se apresuró a coger la pastilla que Haibara le había cedido a regañadientes la noche anterior, antes de irse a dormir. Intentó no pensar en el dolor y se tragó el fármaco al instante, apoyándose en la pared y aguantando los primeros ardores. Veces anteriores había logrado captar levemente como sus huesos crecían, pero esta vez podía sentirlo casi por completo, podía notar la cantidad de energía... La fuerza con la que crecían... El fuego que recorría cada parte de su ser.
—¡Ah! —Gritó finalmente mordiéndose la muñeca, amortiguando en la medida de lo posible el ruido.
—¿Estás ya, Kudo? —El moreno había entrado a buscarlo preocupado.
—Si, si... —El Shinichi Kudo de diecisiete años lo miraba desde el suelo, intentando recoger la mochila. —Solo estoy un poco cansado.
Había sido la transformación más agotadora de todas las que había tenido y su amigo se lo notó en la cara.
—En el tren podrás descansar —Le aseguró.
—Lo sé, pero antes he de entrar en la agencia —Insistió —Sígueme, tengo un plan.
Tenía una llave de la agencia, como antiguo inquilino de esta, pero no tenía pensado entrar por allí. Esta vez, se dirigieron a la parte de atrás del edificio, concretamente hasta un árbol pegado a los ventanales.
—¿Porqué no entras con la llave? —Heiji cada vez comprendía menos. —¡Déjate ya de estupideces!
—¡Sh calla! —El detective tenía un plan mucho mejor. —Prefiero hacerlo como en los viejos tiempos.
Sonrió sin poder evitarlo justo en el momento que alzó la vista para ver aquel gran ventanal que conocía tan bien, la ventana de la habitación de Ran.
—¿Sabes Hattori? —Preguntó retoricamente. —Cuando los padres de Ran se separaron, yo acudía a su ventana todos los sábados para invitarla a helado.
—Ah... —Comentó ante aquel hecho parcialmente irrelevante, pues no acababa de comprender aquello del todo.
—Durante la semana lo llevaba mas o menos bien por que nos tenía a todos en la escuela, pero el fin de semana... —Continuó. —Eran los peores días, pues al no tener distracción lo pasaba realmente mal.
—¿Intentabas distraerla, cierto?
—Si... Ran creía que me hacía el favor a mí, y así se sentía mejor —Dijo sin apartar la vista de aquella ventana, sentía como si ella fuese a aparecer en ella en cualquier momento. —Pero yo... Lo hacía por ella.
Heiji miraba a su amigo entre sorprendido y triste, tan solo con ver la expresión de Shinichi, el de Osaka comprendía a la perfección como se sentía, gracias a él había comprendido algo muy importante, y necesitaba decírselo.
—Oye Kudo... Después necesito contarte algo.
—Está bien, pero debemos apresurarnos.
De un salto ágil, subió al árbol y trepó por él hasta la rama más alta.
—Se va a romper Kudo, que ya no tienes cuerpo para esas cosas... —Comentó Heiji intentando no reírse ante tal escena.
—¿Me estás llamando viejo? —Preguntó el otro enfurruñado mientras se balanceaba en la rama que pronto cedería a su peso.
Abrió la ventana rápidamente y entró sin más dilación, intentando hacer el mínimo ruido.
—¿Cómo sabías que estaba abierta?
—Ran siempre la dejaba abierta y Mouri no ha tocado ninguna de las cosas de su cuarto —Le explicó desde la ventana. —Ahora mismo vengo.
De puntillas, abrió la puerta de su habitación, y fue despacito hasta el salón, donde tenía pensado depositar la carta que había escrito para Kogoro. Le parecía mentira estar allí otra vez, en esa casa donde había vivido durante tanto tiempo y había compartido tantos recuerdos. Una inmensa nostalgia estaba apoderándose de él.
Una vez la dejó donde pretendía, se dirigió a la habitación que compartía con Kogoro.
—"Despacio... Despacio" —Pensaba al mismo tiempo que se fijaba en los dos individuos que ocupaban la cama. —"¿Esa no es su esposa?"
Sonrió sin poder evitarlo, ¿Al final habían vuelto juntos?, no podía negar que en el fondo se alegraba por él. Abrió el cajón que tan bien conocía y extrajo aquella famosa bolsa azul semi-transparente.
—"Esto se viene conmigo" —Pensó contento al haberlo recuperado por fin.
Cerró el cajón y salió de la habitación sin hacer apenas ruido, debía apresurarse si no quería perder el tren.
—¡Oye Kudo, date prisa! —Heiji le gritaba desde la calle justo cuando llegaba a la habitación de Ran.
—¡ya voy, cállate!
Se sujetó de nuevo a la rama movediza, y cerró la ventana dejándola justo como estaba antes. Finalizó la misión de un salto.
—Bien ya podemos partir —Dijo sonriendo triunfal, mientras sujetaba la bolsa en alto.
—¡Cuidado! —Exclamó el de Osaka al ver como la rama se rompía del todo y se caía en la cabeza de su amigo, tirándolo al suelo.
—¡Ah! —Se quejó el susodicho intentando apartársela.
—¡Nos vas a meter en un lío! —Heiji tiró del brazo de Shinichi y se fueron corriendo de allí antes de que cualquier vecino se despertase a ver que pasaba.
Corrieron sin detenerse hasta la estación mientras discutían él uno con el otro. El tren estaba apunto de partir y consiguieron entrar en el último momento.
—Pues de niño clavaba el salto... —Seguía quejándose Shinichi al mismo tiempo que buscaban su vagón.
—Habrás engordado —El moreno seguía pinchando.
Una vez lo encontraron y colocaron sus pertenencias en su lugar, se sentaron en los cómodos asientos y respiraron tranquilos un tiempo, pues tenían cuatro horas para descansar.
—¿y bien? —Preguntó Shinichi cinco minutos después mientras miraba el paisaje.
—¿Y bien qué?
—¿Que tenías que contarme? —Insistió el de ojos azules mirándolo por primera vez con curiosidad.
Heiji se sonrojó al instante recordando el nudo que permanecía en su pecho, ese que necesitaba soltar... Pero algo se lo impedía, no sabía como empezar... ¿Qué pensaría de él?
—¿Quieres empezar ya? —Shinichi le ponía prisa. —¿Qué ha pasado con Kazuha a ver?
—¡¿Cómo lo sabes?! —Exclamó entre aterrado y sorprendido.
—No me hagas reír, Hattori —Dijo con aire pícaro. —Sé como la miras.
—No se de que me hablas... —Pero ya era tarde para recapacitar.
—¿¡Pero quieres soltarlo ya¡?
—¡Estoy enamorado de Kazuha! —Gritó sucumbiendo a la presión. —¡Pero creo que ella lo esta de otro!
Al fin, había logrado soltar aquel peso enorme que vivía y dormía con él, aquello que tanto le aterraba. Seguía asustado y los miedos no habían desaparecido, pero al menos podía respirar un poco tranquilo...
