¡Hola chicoos! aquí estoy con el capitulo 24, siento tardar tanto xDD pero entre mil cosas que debo hacer y lo que tarda en convencerme que está listo para salir a la luz, se me va mucho el tiempo últimamente. En fin, espero no tardar mucho con el 25! :)

Karen: ¡Querida karen! Todavía no se han cruzado! pero queda poco! he dejado el capitulo en un punto interesante que me vais a matar todos pero bueno xD ya estoy acostumbrada jajajaja pues hay muchas paginas donde van al dia, es mas yo ya me he visto los 783 que hay en español subtitulado xD Bueno a su fin... creo que todavía queda bastante no te preocupes jajaaja! Espero que te guste y gracias por comentar ^^!

erenseva: ¡Alguien nuevo! veo que vas en el capitulo uno, así que seguramente no leerás esto hasta dentro de mucho (?) xDDD pero para cuando lo veas, ¡Muchas gracias por el review! espero que te guste lo suficiente para seguir leyendo y llegar hasta aquí :)!


A la desesperada

Aquellos dos detectives adolescentes viajaban a un lugar conocido y al mismo tiempo desconocido, en busca de algo que solucionaría la vida de uno de ellos en gran medida, y aun así, era otra la discusión que los tenía parcialmente cabreados.

—¡Kudo como vuelvas a decir esa estupidez me voy del tren en marcha! —Gritaba el más moreno de los dos, totalmente cabreado.

El otro se limitaba a mirarlo medio aburrido, pues era una de sus típicas escenitas y estaba cansado de discutirlo.

—Mira, que tu no lo quieras admitir, no significa que Toyama no esté enamorada de ti —Le repitió entonces, bostezando.

Heji lo miró con una expresión que iba desde la rabia al desconcierto más grande que uno se pueda imaginar, su amigo no era consciente de su enorme preocupación, el tenía muy claro que Ran sentía lo mismo por él, no se trataba de la misma situación.

—¿Quieres dejar de darle vueltas? —Le preguntó Shinichi al ver la expresión de su amigo.

—Estaba hablando con un pijo de pelo castaño claro —Le respondió ignorando su pregunta, pensando de nuevo en el chico que se vio con Kazuha.

—Y lo de pijo lo dices objetivamente, ¿No? —Dijo irónico el detective, empezaba a divertirse con todo aquello.

—¡Calla ya! —Exclamó cabreado el moreno, provocando todavía más risa en su amigo.

Decidió ignorar a Shinichi, y pensar seriamente en si tal vez se estaba equivocando al creer que Kazuha lo engañaba con otro, pero sabía que no podía exigirle nada, pues tan solo eran amigos. Eso atormentaba una y otra vez al moreno de forma automática.

—Llevamos tanto tiempo discutiendo que ya casi vamos a llegar —Shinichi llamaba su atención agitando la mano. —Espero que te des cuenta de que tu actitud con ella no es la más acertada.

Dicho esto, abrió su mochila y cogió la bolsa azul, quería comprobar que todo seguía en su sitio, no podía permitir que aquellos objetos que en su momento tenía planeado regalar se perdiesen.

—¿Qué es lo que guardas ahí? —Le preguntó entonces Heiji, intentando así olvidar sus propios problemas. —Ya deben ser importantes para que casi perdamos el tren por ellos.

Dudó unos instantes, meditando si debía decírselo o no, pero después de la confesión que el detective del oeste le había hecho, no podía negarse.

—Son unos regalos para Ran —Le explicó medio avergonzado, sacando los tres de la bolsa. —Tenía pensado usarlos para cuando debiese contarle toda la verdad...

Le mostró los dos famosos estuches, donde reposaban los dos llaveros de detective y el bonito collar de pedrería rosa. Sabía que ya no los necesitaba, pues su tan perfecto plan había fallado por que el destino así lo había querido, pero eso no quitaba que fuese a regalárselos.

—"El día que recuperes las memorias de aquel día" —Pensó recordándolo con una leve sonrisa. —"Ese día te lo regalaré, con la esperanza de que desees a partir de ese momento, ser algo más que una amiga para mi".

Estaba tan concentrado, que Heiji tuvo que golpearlo para poder recuperar la atención del detective.

—¡Que haces animal! —Exclamó frotándose el cuello, lugar donde aquella rama le había caído horas antes.

—¡Pues que ya estamos llegando, faltan dos minutos! —Le respondió entre gracioso y picaro. —Pero claro, cuando piensas en Ran el tiempo se te va volando ¿Eh, Kudo?

El otro detective le lanzó una mirada asesina, sabía que su amigo no era el más indicado para hablar después de la conversación que habían mantenido durante todo el trayecto, pero estaba feliz de verle un poco más animado.

Recogieron sus cosas dispuestos a salir directos de la estación, no tenían tiempo que perder, ambos esperaban encontrar la belladona ese mismo día y poder aprovechar el poco tiempo que le quedaba a Shinichi de antídoto en atrapar a aquellos hombres de negro.

Una vez consiguieron abrirse camino entre la gran multitud de transeúntes que entraban y salían de la gran estación de Minato, caminaron por las calles que tanto conocían de su ultima visita.

—Bien, el bar estaba cerca de aquí... —Iba diciendo Heiji mientras doblaban la esquina de aquella calle. —Y la niña que viste estaba en el bar, ¿No?

—No, nos cruzamos con la niña yendo hacia el hotel —Le recordó. —Ya te lo dije, ¡Céntrate!

Los detectives continuaban su trayecto mientras discutían como de costumbre, para no perder la práctica, hasta encontrarse delante del Bar Aizawa.

—Con cuidado... —Shinichi se ponía una de las gorras de Heiji al mismo tiempo que le indicaba que se girase la suya, habían entrado en terreno peligroso. —Nadie debe reconocernos.

Pasaron muy cerca de la entrada del bar, y vislumbraron en el interior a la extraña y obsesiva camarera que había intentado ligar con Shinichi tiempo atrás.

—Rápido —Shinichi ponía prisa a Heiji, el cual se había quedado mirando el cartel de las comidas con hambre. —¡Deja eso!

El moreno accedió a regañadientes, intentando olvidar la hambre que tenía y el delicioso olor procedente del bar. Caminaron todo el recorrido hacia el hotel, y buscaron alguna especie de jardín o campo donde pudiese haber encontrado la niña aquella planta, pero no encontraban nada por el estilo.

—Algo se nos está escapando... —Decía Shinichi cabreado, mirando con insistencia a todas partes.

—Ya es la tercera vez que recorremos este camino, Kudo —Se quejaba el otro cabreado. —Podíamos parar y comer algo.

—¿Qué dices? —Le reprendió el detective, no podían perder el tiempo en esas tonterías.

—¡La gente nos está mirando! No paramos de recorrer el mismo camino una y otra vez —Le avisó señalando a los transeuntes. —Si no quieres que sospechen de nosotros lo mejor es que nos sentemos a comer algo...

Observó a los transeuntes, los cuales les lanzaban miradas disimuladas mientras seguían su camino y no le quedó más remedio que aceptar a regañadientes.

—Está bien —Cedió. —¿Dónde quieres comer?

El detective del Oeste le señaló el restaurante más cercano, deseoso de comerse cuatro o cinco platos por lo menos, era lo único en lo que podía pensar en aquel momento.

—Anda que no lo tenías tu claro ni nada... —Le recriminaba el otro detective acompañandolo al interior.

Continuaron con sus pequeñas peleas hasta entrar en el interior, siendo observados por una adolescente y una niña que solo salieron de su escondite una vez se aseguraron que no las podían ver.

—¡Que calor! —Exclamó Kazuha sacando una botella de agua fría de su mochila. —No podía aguantar mucho más ahí...

Llevaban diez minutos escondidas detrás de un gran árbol en frente de ellos, totalmente abrazadas para que no se viese ni un poco de sus ropas, y la calor abrasante les impedía casi respirar.

Ran, intentando recuperar la respiración a su lado, le pidió la botella con verdadera urgencia.

—Parece que no encuentran la planta —Dijo Kazuha concentrada. —Está claro que no está por aquí, la niña debía traerla desde otro lugar... ¿No crees?

Pero Ran se limitó a mirar el restaurante por donde habían desaparecido los dos detectives con expresión de tristeza. Ella sabía, o al menos intuía donde podía estar la belladona, después de la noticia que había conocido a manos de Kazuha, conocía un campo apartado que no podía ser simplemente casualidad...

—Kazuha creo saber donde está la belladona —Le aseguró a su amiga seriamente. —No se si estoy en lo cierto, pero después de saber lo de Ryu... Todo ha cobrado sentido para mi.

—¿C-Cómo? —Preguntó insegura. —¿Sabes donde está?

Le indicó que la acompañase, y deshicieron lo andado anteriormente hasta llegar a las proximidades del bar Aizawa, por donde Ran entró decidida en una pequeña callejuela.

—¿Estás segura de que este es el camino? —A Kazuha le asustaba aquella calle tan siniestra y apartada.

Pero no necesitó respuesta, pues enseguida vio a lo lejos un enorme campo alrededor de una casa en ruinas. Corrieron hacia él nada mas verlo y el delicioso aroma que olieron al pisar la hierba, les hizo sentir mejor que nunca.

—¡Este sitio es precioso! —Exclamó Kazuha acostándose en la hierba y sintiendo como le acariciaba la cara, el color de la hierba combinaba casi a la perfección con sus ojos verdes. —Me quedaría aquí siempre.

La niña imitó la acción de su amiga, y respiró aquel aroma tan suave y calmado.

—El día que llegamos a la que sería mi nueva casa, Ryu se fue en aquel mismo instante, y vino aquí —Le explicó a Kazuha. —Yo le seguí, nunca entendí por que le seguí, fue un simple impulso, pero tal vez ahora empiece a entenderlo.

—¿Entonces la organización sabe que la belladona es un componente de la APTX4869? —Preguntó la de la coleta levantándose un poco, para poder mirarla bien. —Pero... en ese caso deben saber que Shinichi y tu os habéis encogido...

Ran negó con la cabeza, si de algo estaba segura era de que la organización no tenía ni idea de que ahora eran niños pequeños.

—Debe ser otro el motivo, tal vez sabían que Ai la usaba para sus experimentos, y hayan decidido continuar usándola —Aventuró la niña intentando buscarle sentido.

—¿Todo esto es belladona? —Preguntó Kazuha arrancando la pequeña planta con aquella forma tan característica.

—Si, puedo apostar a que lo es —Respondió arrancando un par más. —¿Cuantas debemos llevar?

—¿Cien? —Kazuha arrancó dos más mientras cogía una bolsa para guardarlas.

—¡¿Cien?! Ni que fueses Shinichi con los antídotos —Dijo Ran empezando a reírse. —Haibara me lo contó el otro día, ese chico no tiene remedio.

Cogieron unas quince en total, repartiéndose por todo el campo para que no resultase sospechoso. En cuanto acabaron, Ran miró una vez más aquella casa abandonada, deseaba con todas sus fuerzas entrar allí, examinarla de alguna forma, pues tenía un enorme palpito, pero el apremio de Kazuha por salir de allí le impidió continuar.

—¡Vamos Ran! —La cogió de la mano y salieron de allí por aquella callejuela. —¡Nos pueden pillar!

Abandonaron el camino y se incorporaron a la calle donde se encontraba el bar Aizawa, todo parecía a salvo y no habían tardado ni veinte minutos, así que los chicos debían seguir en el restaurante.

—¡Perfecto! —Kazuha respiraba aliviada. —Si te digo la verdad, creía que nos pillarían, tenía una mala sensación...

—Todo ha salido bien —Afirmó la pequeña. —Parece que al final no hacía falta ni el antídoto...

Se dirigían despacio hacia el restaurante, pensando en si ocultarse de nuevo de ellos o decírselo directamente, a pesar de que sabían cuanto se cabrearían. Fue entonces cuando, el sexto sentido de Ran volvió a alarmarla, provocando que se girase y viese en la lejanía, la persona que menos deseaba ver.

Allí plantado, pegado a la pared para dejar a la gente pasar, se encontraba aquel hombre con la mirada fija en ella, aquel que tan bien conocía y había ocupado sus pensamientos desde hacía horas.

—Ryu... —Susurró aterrada, sin poder apartar la vista de sus ojos serios y calmados.