El pequeño y joven Islandia yacía en una aldea vikinga, en la que su hermano Nor era el jefe. No era un lugar lujoso sino todo lo contrario, se tenía lo justo y poco más para vivir. Era otoño casi empezando el invierno y la nieve ya hacía acto de presencia. Un grupo de daneses se encontraba de paso. Se dirigían hacia Suecia ya que querían comenzar una guerra con ese país, y como no, Dinamarca iba con ellos.
Noruega aunque no estaba muy contento con la visita, les ofreció techo, pan y cerveza. En la cena multitudinaria que hicieron como recibimiento, los visitantes resultaron ser ruidosos, cantarines y alegres. Los vikingos noruegos no eran tan afables como los daneses y eso les empujó a sentirse incómodos con su presencia.
- Y díganos jefe Noru, ¿nos vais a traer unas cuantas norueguitas que nos alegren la noche? – Dijo un animado danés barbudo y pelirrojo.
- No creo que ellas se muestren tan dispuestas a complaceros puesto que la mayoría ya están casadas y a mis vírgenes les dais miedo.
- Pues decidles a vuestras muchachas que no nos teman ¡que solo somos monstruos del amor! – Vociferó el pelirrojo.
El grupo de daneses rieron mientras que las mujeres noruegas que estaban allí hicieron un gesto de rechazo.
Aquella actitud de los extranjeros enojó al rubio noruego, el cual se tuvo que mantener impasible. Pero Dinamarca conocía muy bien a Nor y sabía que sus hombres se habían pasado de la raya así que trató de salir del tema.
- ¿Qué tal mis guerreros si brindamos por nuestro maravilloso huésped? – Propuso -. ¡Levantemos nuestras jarras de cerveza y brindemos por Noruega!
- ¡Por Noruega! – Chillaron todos.
Al pequeño islandés le era imposible dormir con el gran alboroto que estaban formando y salió a quejarse.
- Islandia ¿Qué haces despierto? – Dijo Noru mientras se agachaba para estar a la altura del niño.
- Es que no puedo dormir. Hacen mucho ruido – se quejaba el albino.
- Vete, que pronto se irán todos a dormir ¿de acuerdo?
- Siii, ya me voy.
Ice se fue, entre tanto su hermano daba por terminada la fiesta. Dos horas más tarde Is se volvió a despertar. Dos daneses estaban charlando y el islandés sentía sus voces. Él se acercó curioso ya que deseaba saber de la conversación.
- ¿Te diste cuenta de aquella noruega rubia que nos sirvió cerveza?
- Sí, estaba de muy buen ver. Se me hincharon las partes nada más verla.
- Pues ahora Erik se ha ido a pasar un ratito divertido con ella.
- ¡Madre mía! Siempre se las coge todas.
- Vaya si es verdad. ¿Y que te parece el jefe vikingo? Es un imberbe y sin embargo ya es jefe. ¿Te has dado cuenta de su mirada inexpresiva? Pareciese que el frío le hubiese congelado los sesos y el corazón.
- Eso mismo creo. Y no solo él. Según he oído un rey noruego pensaba que mostrar emociones son signo de debilidad con los que el enemigo se puede aprovechar y que era tal el extremo de su frialdad que no hizo ni una sola mueca tras la muerte de su hermano y hermana.
- ¡Qué dices! ¿¡Cómo se puede ser tan frío! Una cosa es guardarse y otra es ser un insensible.
- Dímelo a mí. Si se muriese la norueguita rubia sin haber probado antes a un macho de verdad, lloraría mucho ¡hahaha!
En aquel instante Islandia quedó horrorizado. Hasta ahora pensaba que no mostrar ninguna emoción era algo natural que todo el mundo hacia.
Se dio cuenta de que su hermano nunca le había dado ninguna caricia, ningún gesto de ánimo, ni un dicho te quiero…quizás Noruega realmente no lo quisiese.
Aquella noche Is se acostó más solo y triste que nunca.
