hooola a todos! He vuelto a tardar un poco demás, pero es que mi tiempo pende de un hilo ultimamente, parece casi inexistente. PERO SE QUE ME PERDONEREIS (?) POR QUE TRAIGO... EL CAPITULO SEÑORES! EL GRAN CAPITULO MÁS ESPERADO ! (?) ese es otro de los motivos de mi tardanza, me ha costado mucho decidirme con esto, pero espero haber estado a la altura de algo que he retardado tanto.
pokefan loli-chan: Cuanto tiempo! me alegra que te siga gustando ^^ ! Siento haberlo dejado así, disculpame xD!
Karen: ¡querida karen! te va a encantar este capitulo! madre mia xDD sigo sin creer que al fin me haya rendido a escribirlo, pero algún día tenía que tocar. Discúlpame por haberlo dejado así, lo de la lupa... xDDD tenía que hacerlo o me arrepentiría toda la vida xD Espero que la persona sea la que te esperabas! jajaja, muchas gracias por comentar siempre ^^! a tu pregunta del final.. déjame decirte que lo sabrás en este cap xD
KR: Queeerida alice *corazon* tu y la lupa acabais conmigo (?) espero/deseo que te guste este capitulo xDDD creo que es un momento muy esperado (?) aunque no haya lemon como a ti te gusta xDDDDDD
erenseva: La verdad es que no hay beso de Heiji y Kazuha jajajaja, peero creo que hay algo mejor... (?) dejare que lo descubras por ti misma huhuhuhu, muchas gracias por comentar ^^!
WhiteLady20: La gran lupa xDDD ¡SHINBEAREEE! XDDD (dios mio que mal estamos de la cabeza xDDD) disfruta de este cap, se que te encantará . ! ya sabes quien hay detrás de la puerta xDDD.
MichBelen: Irre-Sama, eso es que sabes quieeeeeeen soyyy! dios mio me suenas muchísimo, eres del foro ... pero tienes otro nick no? por que este no lo reconozco . ! Me alaga mucho tu comentario, muchísimas gracias por tomarte la molestia de leer mi fic y hacer un comentario tan largo! Se que tal vez el primer capitulo no dice mucho de la historia que se esconde detrás xD pero en algun momento llegaremos a ese punto de nuevo. El beso de Heiji y Kazuha deberá esperar lamentablemente... pero creo que no tardará (?) Muchas gracias por tus palabras ^^!
Con tantos reviews me sonrojáis .
Rescatando recuerdos
Estaba parada en el umbral de la puerta, mirándolos con su típica expresión seria e impasible. Llevaba ya un rato escuchando la conversación de los dos jóvenes, pues no quería interrumpir aquella bonita estampa. Por suerte, Ran se había fijado en ella justo a tiempo.
La frase de la niña había llamado también la atención del detective, el cual la miraba ahora con la misma expresión de sorpresa.
—Siento interrumpir... —Habló por primera vez la visitante. —Otra vez.
La castaña entró cerrando la puerta como si nada, a pesar de que sus dos acompañantes no salían de su asombro.
—Y no volváis a dejar la puerta abierta —Les recriminó seriamente. —Parece que no sois conscientes de vuestra situación.
Se sentó en la cama al lado del detective, el cual se apresuró a cubrirse bien con la única prenda que llevaba encima.
—No se que clase de jueguecito pervertido tenías en mente, Kudo —Continuó hablándoles como si nada pasase. —Pero en mi presencia te ruego que te guardes la lupa.
La broma de la científica provocó sonoras risotadas en Ran, pero el detective, rojo de ira, no tuvo más remedio que replicarle.
—¡Haibara! —Exclamó como de costumbre. —Tu...
Ambos se miraron con una mezcla de odio y rabia, mientras Ran seguía riéndose sin poder parar.
—¿Qué haces aquí? —Le preguntó malhumorado, consciente que tal vez había estado escuchando más de la cuenta.
Haibara dudó un instante si continuar, hasta que finalmente se levantó poco a poco y se acercó a Ran, la cual todavía seguía sosteniendo el pomo de la puerta del baño.
—Lo siento... —Fue lo único que pudo decir entonces, al verse reflejada en los ojos de la karateca. —Estoy aquí por ti, por lo que me dijiste.
Al principio, Ran no comprendió a que podía referirse, pero lentamente recordó las palabras que habían compartido antes de irse de Beika.
—Entonces... —Empezó mientras exhibía una gran sonrisa. —¿Estás dispuesta a ser valiente?
—Me temo que si... —Le respondió sonriendo también, pero con pesar. —He sido muy egoísta todo este tiempo, en mi mente solo cabía seguridad y discreción y es por eso que...
Giró la cabeza en dirección a Shinichi seguía un poco enfadado y confuso.
—Te mentí, Kudo —Le soltó sin miramientos. —Reconocí a Ryu en cuanto vi su foto en Internet al buscar información...
El detective sintió como si le tirasen un cubo de agua helada encima. Si había alguien en quien confiase ciegamente, esa era Haibara, su amiga y compañera en esa terrible aventura que les había tocado vivir, y pensar que le había mentido en algo así, le hacía hervir la sangre de forma automática, pero por otra parte, también se dio cuenta de que la extrema negación de ir a Minato de la pequeña, había cobrado sentido.
—¿Por eso estabas siempre diciéndome que no nos podíamos fiar, cierto? —Le preguntó furioso. —¡¿Por eso no querías que viniese a rescatarla?!
—Shinichi tranquilízate —Le ordenó Ran al darse cuenta de lo que estaba por venir. —Ella solo quería protegeros...
—Protegernos si... ¿y tú que? —Continuaba impasible, dejándose llevar por el gran sentimiento de traición. —A ti mientras que te maten.
—Mejor que me maten a mi que que nos maten a todos —Resolvió sin dejar de mirarlo a los ojos.
La frase de la pequeña fue como un disparo directo a su corazón. ¿Acaso no entendía que para él no existía vida sin ella a su lado? Si se muriese él iba después.
—No sabes lo que estás diciendo... —Fue lo único que logró decir mientras se levantaba y abandonaba la habitación con paso ligero.
Una vez cerró la puerta, la estancia se quedó en completo silencio, uno muy incomodo para las dos niñas que se habían quedado solas.
—Bueno... es lo que me esperaba —Le confesó la científica minutos después suspirando.
—No te preocupes, se le pasará —Ran intentaba darle ánimos, conocía bien el temperamento del detective.
Haibara asintió a duras penas y desvió la mirada hacia las bolsas donde reposaban las famosas plantas del antídoto. Abrió una de ellas y observó muy atentamente el contenido.
—Son exactamente iguales... —Aseguró sonriendo por primera vez. — Estoy deseando ponerme manos a la obra.
—Si, debemos irnos cuanto antes y...
—No es necesario, lo he traído todo —Interrumpió mientras cogía las dos bolsas. —Yo y el profesor ocuparemos la suite principal, un camión traerá todas las pertenencias de mi laboratorio.
Ran la miró con una mezcla de sorpresa y desconcierto, no comprendía lo que pretendía la pequeña científica.
—Beika ya no es seguro —Le explicó bastante apesadumbrada. —Esta mañana he visto a vodka.
El miedo de Haibara al pronunciar el nombre en clave del miembro de las gafas penetró también en Ran, ella tampoco soportaba oír hablar de ellos, y mucho menos verlos.
—No sé que hacía ahí, pero creo... que te estaba buscando —Dijo con la voz asustada. —No debemos volver allí... No hasta que todo esto se acabe.
Ran asintió paralizada, necesitaba gritar para soltar todo el miedo y angustia que llevaba dentro, pero su principal preocupación no era su propia seguridad, si no la de sus padres. La científica pareció leérselo en la cara, por que se apresuró a desmentirlo.
—Antes de irnos avisé al FBI, tus padres están a salvo —Añadió rápidamente. —Tendría que habértelo dicho en primer lugar.
La sensación de gratitud invadió su cuerpo al completo, y corrió a abrazarla sin siquiera pararse a pensarlo.
—Muchísimas gracias, Ai —Le dijo intentando no llorar, pero era una tarea imposible. —No sabes cuanto significa esto para mi.
La susodicha se limitó a asentir intentando no sucumbir a la incomodidad, pues a pesar de todo, no acababa de acostumbrarse a las demostraciones de afecto.
—Será mejor que me ponga manos a la obra —Comentó una vez se separaron. —Cuando a tu detective se le pase el cabreo, debemos reunirnos para hablar, nuestra suite es la 109, os esperamos allí.
Salió por la puerta como hizo minutos antes el detective y dejó a Ran completamente sola en la habitación. Lo primero que echó en falta fue a Kazuha, se preguntaba si le habría ido bien con Heiji, pero conociéndolos, seguramente seguirían discutiendo.
—No tienen remedio... —Comentó a la nada mientras se acostaba en la gran cama que compartiría con su amiga.
Fue entonces cuando reparó en la pequeña pastilla que sostenía en su mano derecha, aquella que tenía pensado tomarse para poder decirle a Shinichi lo que sentía de verdad hacia él.
—¿Y ahora que hago? —Se preguntó sin saber que hacer por una vez.
Era muy consciente de que Shinichi estaba muy cabreado con Haibara, pero sabía que en el fondo, también lo estaba con ella por haberle respondido así. Ella sabía que no tenía otra opción, pero estaba segura de que el detective no querría hablar con ella.
Se sentó en la cama y giró la pequeña píldora en la palma de su mano, considerando todas las opciones posibles mientras lanzaba un largo suspiro. Si guardaba la pastilla y hacía como si esa idea no hubiese cruzado su mente, estaría volviendo a perder una oportunidad, otra de tantas que había tenido y había perdido.
—No estoy dispuesta a dejar pasar otra —Dijo finalmente levantándose.
Se dirigió al baño con paso firme, por una vez le daba igual la respuesta de Shinichi, le daba igual que él no sintiese lo mismo por ella, tan solo deseaba liberar esa pesada carga que llevaba aguantando tanto tiempo que ni recordaba el momento exacto.
Quería al detective más que a nadie en el mundo, y no concebía un mundo donde no pudiese estar a su lado, no le importaba no estar en su corazón, se conformaba con estar junto a el, con cuidarlo por y para siempre. Esa idea junto con muchas otras fueron el motor que la llevaron a tomar el antídoto en cuanto cerró la puerta del baño.
Una calor abrasadora muy conocida por la muchacha inundó todo ser, nublandole casi completamente la vista. Empezó a jadear justo al mismo tiempo que se sujetaba al lavabo con toda su fuerza, debía aguantar esos minutos de dolor.
—Y-Ya queda poco... —Dijo respirando rápidamente, intentando concentrarse en el final de aquel suplicio.
El ardor aumentaba, sentía como sus huesos crecían de forma bestial, como si se desgarrase por dentro mientras caía al suelo profiriendo un ultimo grito de dolor.
Tardó varios minutos en poder recuperar la consciencia del todo, la transformación la ha había dejado totalmente exhausta, pero cuando por fin se encontró con las fuerzas suficientes para levantarse, una sensación ya conocida, la embargó por completo, transportando su mente a un tiempo atrás.
"—Como vuelvas a decir una tontería así te juro que te suelto —Le respondió enfadado, a pesar de que no la soltaría por nada del mundo.
—Shinichi... Yo... —Balbuceó.
—No Ran, Escúchame tú, ¿No es evidente el porqué? —La calló. —¿Tan difícil es de entender que estoy total y absolutamente enamorado de ti?, por que lo estoy, y lo llevo estando desde que tengo memoria."
Volvió en sí casi tan mareada como estaba nada más transformarse. No podía creerse del todo lo que acababa de vislumbrar, ¿Era real?, ¿Era ese el recuerdo tan preciado? Tal vez esa era la clave de por que no lo lograba recordar.
—Tenía que volver a mi cuerpo real... —Le dijo a la Ran de dieciséis años del espejo, la cual le devolvía una bonita sonrisa cansada.
No tenía tiempo que perder, debía vestirse de inmediato con la ropa que había traído en la mochila para aquella ocasión. No era la ropa deseada para algo así, pero no le quedaba más remedio, así que se enfundó aquellos vaqueros cortos y la camiseta a rayas rojas, y salió casi corriendo de la habitación.
Se preguntó entonces donde podía estar el detective, pues no tenía ni la más remota idea, pero conociéndolo, seguramente habría buscado un lugar solitario donde poder pensar a solas. Se montó en el ascensor y apretó el botón de la planta baja con los nervios a flor de piel, le daba la sensación de que iba muy lentamente, y de que los minutos y segundos pasaban demasiado rápido.
En cuanto pudo bajarse, paseó la vista por las instalaciones del lujoso hotel no muy segura de por donde continuar. Aquel hotel tenía de todo, desde restaurante hasta un spa, pero su subconsciente le indicó que debía mirar en la piscina.
Le temblaban tanto las piernas cuando entró en la zona de la piscina, que tuvo que sujetarse un momento en la pared, los nervios estaban jugándole una mala pasada, sabía que el momento decisivo que toda su vida había esperado estaba a punto de suceder, y ni su mente ni su cuerpo estaba preparada para enfrentarse al detective.
No tardó en verlo a lo lejos, sentado de espaldas en el borde de la piscina, la karateca se imaginó al instante que estaba mojando los pies mientras ordenaba sus pensamientos sobre lo sucedido en la habitación. La invadió una ternura indescriptible al verlo tan solo y desprotegido, ahora que sabía las palabras exactas del detective aquel día... No podía esperar más.
Se descalzó y empezó a andar hacia el chico temerosa pero decidida, no estaba muy segura de como hacerlo, pero cuando se vio casi pegada a él, no dudó en arrodillarse y abrazarlo por la espalda, sintiendo como inmediatamente se alertaba.
—Soy yo —Pronunció con la voz quebrada, haciendo al detective relajarse inmediatamente.
Se dejó abrazar por la karateca, pero su corazón empezó a latir con más fuerza que nunca, hecho que a Ran no le pasó desapercibido, haciéndola sonreír tímidamente.
Ninguno de los dos sabía que decir, Shinichi estaba incluso más nervioso que ella, pues lo ultimo que se esperaba era verla otra vez con su verdadero cuerpo. Siendo Conan le resultaba verdaderamente fácil decir y mostrar sus sentimientos, pero como Shinichi, le costaba de forma sobrehumana actuar ante la muchacha.
—¿Sigues enfadado? —Le preguntó en la oreja, sin deshacer el abrazo.
—¿Debería no estarlo? —Le respondió con otra pregunta, mirando la luna reflejada en el agua.
Fue entonces cuando Ran reparó en la belleza de aquel lugar, el techo era totalmente de cristal, podía verse la luna y las estrellas como si estuviesen a su lado, reflejadas en la tibia agua donde Shinichi mojaba los pies.
—No estoy enfadado —Le dijo entonces, haciéndola volver a la realidad. —Este lugar me recuerda al lago que visitamos hace tiempo con el profesor Agasa.
Ella también lo recordaba a la perfección, aquella curiosa acampada a finales de agosto cuando tenían trece años, habían disfrutado de unas vistas tan dignas como las que podían observar ahora.
—Si, yo también lo recuerdo —Le respondió haciéndole cosquillas en la nuca.
Un pequeño escalofrío recorrió el cuerpo del detective mientras sentía el cosquilleo.
—Ojalá recordases todo con esa misma claridad —Susurró con pesar, sabiendo que ella lo escucharía.
—Tal vez recuerdo más cosas de las que crees —Replicó componiendo una sonrisa, una que sabía lo que estaba por venir.
Al mismo tiempo, el cuerpo del muchacho se tensaba indudablemente, no muy seguro de entender las palabras de su chica. Se giró como pudo para no deshacer el abrazo, y miró los nerviosos ojos de la chica que amaba.
—¿A que te refieres...? —Preguntó con un escaso hilo de voz.
¿Ella recordaba lo sucedido aquel día? Intentaba descifrar en su mirada violácea una respuesta, algo que le indicase si su deducción era correcta, algo que le dijese que lo correspondía.
—Me refiero a una cosa muy simple... —Ran podía notar el indudable temblor de su voz.
Seguían mirándose sin romper el contacto que los unía, ambos esperando a una única respuesta que calmase sus corazones para siempre, ya fuese bueno o malo. Ran respiró hondo, necesitaba coger fuerzas para el ultimo asalto.
—Me refiero a que estoy enamorada de ti, Shinichi Kudo —Soltó clavando la vista en los ojos azules del chico. —Y lo he estado siempre.
Shinichi no tenía muy claro si había oído bien, o si había sido su propia imaginación jugándole una mala pasada, pero cuando sintió el roce de los labios de la karateca, sintió que se encontraba en su paraíso particular.
Con total inexperiencia, agarró la firme cintura de la castaña para atraerlo hacia él, mientras cerraba los ojos para fundirse en el que sería su primer beso, él primero de ambos. Un momento de un valor incalculable, unas sensaciones totalmente indescriptibles.
Pero un único y verdadero sentimiento.
