¡Hola a todos y a todas! Sé y soy consciente de que llevo mucho tiempo sin subir, pero como ya algunos saben, me he estado dando un pequeño tiempo de descanso debido a x cosas que me han pasado y bueno, todos los escritores necesitamos a veces un poco de calma. No ha sido por no tener inspiración (es lo que me pregunta todo el mundo xD) no tiene nada que ver, sobretodo por que este fic lo tengo ya prácticamente escrito :). Pero bueno, vamos con el cap 31! Este cap se lo dedico a mi esposeta abbie, que tendrá que irse pronto a dormir por culpa de las clases, que vuelven a empesarrrrr, -maldita escuela- xD.

Angel-Laura Hahahahah tranquila hoy lo aclaro todito todo (?) gracias por comentar!

Alice-Kuro-Rabbit Bueno si no te gusta mi estilo (?) es lo que hay supongo, yo no veo el lío por ninguna parte y nadie más se ha quejado así que bueno xD lo tendré en cuenta! Muchas gracias ^^.

Karen Pues entonces te va a encantar el de hoy creo hahahaha No te preocupes, yo he tardado siglos en actualizar xD culpa mia :C pero a veces no queda más remedio supongo ^^ -muchas gracias por comentar-

erenseva De Shinichi se puede esperar cualquier cosa... a veces sale bien... a veces mal ahahaha he decidido ser buena! :) Muchas gracias por el comentario!


La alianza

Escuchaba sonidos de fondo, pero no reconocía del todo las voces de la gente que tenía a su alrededor, se limitaba a intentar parpadear con muy poco éxito y a moverse con el mismo resultado anterior. Sentía cierto dolor de cabeza que le hacía palpitar la sien con fuerza, y una especie de escozor en la pierna derecha como si se hubiese caído.

Ran intentaba con todas sus fuerzas despertarse de esa especie de limbo extraño en el que se encontraba sin muy poco éxito y eso la frustraba, la cabeza estaba apunto de explotarle en cualquier momento, ¿Cuánto más podría soportar?

—¿Ran? —Esa voz que reconocería en cualquier parte del mundo le hablaba, y el deseo de abrir los ojos la inundó con más fuerza si cabe. —Despierta, por favor.

Con un esfuerzo infinito extiende el brazo e intenta tocarlo, que más quisiera ella que poder hacerlo, pero le cuesta horrores recuperar del todo la consciencia. Él, en cambio, toma la mano de la karateka con gesto de preocupación, y la acaricia a la espera de ver de nuevo sus bonitos ojos violáceos.

—Ran, por favor... —Susurra en su oído, provocándole un leve escalofrío.

Ella murmura algo incomprensible y se aferra más a su brazo si cabe, mientras poco a poco, logra abrir uno de sus grandes ojos claros. Parpadea un par de veces e intenta distinguir el rostro del detective, pero le cuesta un poco reconocerlo.

—¿Estás bien? —Le pregunta Shinichi intentando ayudarla a incorporarse. —Te has dado un buen golpe contra el suelo.

Suelta un pequeño grito de dolor y se lleva la mano instantáneamente hacia la rodilla, donde tiene un buen golpe tapado por unas vendas que seguramente el detective le ha cubierto torpemente.

—Estoy bien... creo —Susurra recostándose en la cama en la que se encuentra, rápidamente se da cuenta de que no es su habitación.

Echa un vistazo a la estancia y reconoce a Ryu y a Haibara un tanto apartados, hablando entre ellos con expresión muy seria. Al instante recuerda todo lo que ha pasado antes de desmayarse en la entrada del hotel, y los nervios empiezan a hacer acto de presencia. Busca un reloj con la mirada y deja escapar un grito ahogado al ver que son casi las seis de la tarde, ¿Cuanto tiempo llevaba dormida?

—Shinichi, ¿Estás enfadado? —Suelta la primera pregunta que necesita hacer, y el detective cambia su expresión a una más seria.

—No lo estoy, ya no —Le explica lanzando un suspiro. —Pero cuando te vi en la entrada del hotel apunto de desmayarte puedes apostar a que lo estaba.

Sus ojos azules brillaban con la seriedad de su frase, y Ran no puede evitar sentirse totalmente culpable.

—No tienes de que preocuparte, Ryu me lo ha explicado todo —Continua explicándose, notando el alivio de su chica instantáneo. —Como vuelvas a escaparte sin avisarme me da algo Ran.

Ya había sufrido su perdida una vez, no sería capaz de soportarlo una vez más y eso lo tenía muy claro. La mira a los ojos y no puede evitar sentir el amor que siente al verla, su expresión seria se relaja en ese mismo momento.

—Lo siento mucho Shinichi, yo tuve una visión y... —Se calla al darse cuenta de que ha metido la pata, no debería haberlo contado.

—¿Has vuelto a tener otra visión? No me gusta nada eso...

Haibara se acerca nada más escucharla hablar de la visiones con gesto preocupado, al parecer ella también esperaba que eso se le hubiese pasado.

—Tal vez pueda hacerte otros análisis... —Comenta tomándole el pulso a la karateka.

—No, nada de análisis, no tenemos tiempo para eso —La voz de Ryu se escucha por primera vez. —Necesitamos acabar de trazar el plan cuanto antes.

Se acerca a los demás y su expresión parece alarmada. Tiene prisa y mira hacia todas partes sin fiarse mucho del lugar. Su mirada se cruza con la de Ran y la culpa por todo lo sucedido lo inunda una vez más.

—¿Porqué no te tomas tu una pastilla del veneno? —Shinichi se gira hacia él cabreado. —A ver que efectos tiene en ti, seguro que así no te importa que hagamos análisis.

—Shinichi estoy perfectamente, Ryu tiene razón —Ran se apresura a contestar y lo toma de nuevo del brazo para tranquilizarlo. —Solo quiero que acabemos de una vez por todas con esto.

En ese momento no puede evitar preguntarse que habrá hecho Ryu con el cadáver, pero algo le dice en su seria expresión que hay cosas que es mejor no saber, así que opta por otra pregunta.

—¿Dónde están Heiji y Kazuha? —No puede evitar preocuparse por sus amigos. —Lo ultimo que se es que Kazuha se quedó durmiendo en la habitación.

—Sigue durmiendo, no se ha enterado de nada, Heiji está con ella, vigilándola —Esta vez es Haibara la que le responde.

La pequeña ha dado un cambio muy drástico desde que se conocen y eso salta a la vista, ahora es más decidida, sin miedo a lo que está por venir. Ran no puede evitar sonreír al verla tan predispuesta.

—Puedes continuar con el interrogatorio, Kudo —Ryu llama su atención mientras se sienta en un pequeño sillón cerca del ventanal. —El tiempo es oro.

Se nota de lejos que el detective desea interrogar a Ryu con verdaderas ganas, está claro que no se fía de él y necesita saberlo absolutamente todo hasta cerciorarse de que no los traicionará, pero al mismo tiempo no quiere separarse de Ran, desea cuidarla y acompañarla durante el poco tiempo que les queda hasta el encuentro final con la organización.

—Escucha Ran, ve a tu habitación y descansa, después iré a acompañarte, ¿De acuerdo?

Ella asiente y sonríe complacida por los cuidados del detective, ¿Quién le diría que puede ser cariñoso incluso como Shinichi? Eso realmente no se lo esperaba. Se levanta cuidadosamente y se despide de ellos con la mano. Una vez cierra la puerta, respira con alivio y se encamina hacia su propia habitación, pero unos gritos en el interior de ella la hacen apresurarse a abrirla asustada.

—¡¿Qué está pasando aquí?! —Chilla dando un portazo inevitable.

Al lado de la cama, los de Osaka cesan los gritos y la miran asustados. Al parecer no han reparado en el gran ruido que estaban haciendo, como de costumbre.

—¿Ya estabais discutiendo otra vez?

Ran no puede evitar sentirse frustrada al encontrarse otra vez con la misma escena de siempre, quiere mucho a sus amigos, y sabe por lo que está pasando Kazuha debido a la incompetencia de Heiji para mostrar sus sentimientos, ¿Hasta cuando iban a estar así?

—E-Esto no es lo que parece... —Se apresura a decir Kazuha mientras corre a cerrar la puerta para que nadie los escuche.

—¿Y de que se trata esta vez? —Pregunta la castaña cruzándose de brazos.

Ambos se miran y un leve sonrojo aparece en sus caras, desarmando a Ran completamente. Los dos intentan contestar, pero sus palabras se mezclan con las del otro.

—De uno en uno, por favor —Ran intenta poner orden sin mucho éxito, pero empieza a parecerle divertida la situación.

—Estábamos discutiendo a donde ir a cenar esta noche —Le confiesa finalmente Kazuha. —Heiji me ha invitado.

El moreno se pone tan rojo que no sabe donde esconderse para que las chicas dejen de mirarlo. Ran no cabe en si de felicidad y la de Osaka está casi tan roja como él. Finalmente asiente con la cabeza.

—Bueno, da igual, decide tu —Dice mientras casi corre hacia la puerta de la habitación. —Vendré a buscarte a las ocho.

Se va tan rápido que Kazuha no tiene ni tiempo a reaccionar, pero no importa, por que Ran se abalanza sobre ella con una felicidad casi tan grande como la suya.

—No me preguntes como, por que no lo sé —Le explica sonriendo. —Lo único que recuerdo es que me desperté y estaba a mi lado, y entonces me lo pidió.

Se vuelven a abrazar y saltan de alegría como locas. Por un momento olvidan todo lo que está por venir y piensan en la felicidad que las embarga, ahora mismo no importa el futuro incierto que les espera.

—¿Crees que hoy todo se arreglará? —Le pregunta a su amiga sin poder contenerse. —No sé ni que ponerme.

—No te preocupes por eso, para Heiji siempre estarás guapa —Responde guiñándole un ojo.

Kazuha se abalanza sobre el armario para finalmente elegir un conjunto azulado muy bonito de falda y top, combinándolo con unas sandalias con piedrecitas del mismo color. Ran, por su parte, decide soltarle el pelo y dejarlo caer en cascada por sus hombros blanquecinos y finos. Ella no está muy segura de que le quede bien, está demasiado acostumbrada a su melena atada, pero Ran no está dispuesta a ceder.

—Mírate, te queda precioso —Le indica señalándole el espejo.

Se queda unos instantes mirándose pasmada, no se acaba de reconocer, y menos todavía los pequeño rizos artificiales que le ha hecho Ran en las puntas. No sabe como agradecerle todo lo que está haciendo por ella.

—Tu has hecho mucho más por mi —Le recuerda, adivinando sus pensamientos.

Se sonríen y la karateca decide no contarle nada de lo que ha pasado mientras ella dormía. Hoy es su día, el primero de felicidad de muchos que seguramente compartirá con Heiji, una felicidad que seguramente ella no tendrá por mucho tiempo.

Mientras esperan la llegada del moreno, ambas se dedican a recordar viejos tiempos donde todas las preocupaciones eran aprobar exámenes, mucho antes de que todo se volviese negro y oscuro. Los nervios de Kazuha empiezan a hacer acto de presencia conforme la hora avanza, y Ran intenta por todos los medios tranquilizarla.

—¿Me crees si te digo que todo saldrá bien? —Dice tomando sus manos con firmeza.

Sus ojos verdes resplandecen más que nunca, como dos esmeraldas perfectas. Asiente nerviosa y se abrazan una ultima vez, justo al mismo tiempo que alguien llama a la puerta.

—¡Ya está aquí! —Exclama nerviosa, apretándole la mano. —¡Abre tu por favor!

—Está bien, pero cálmate Kazuha.

Ran se dirige a la puerta, y la abre sin perder el tiempo, pero al otro lado no se encuentra solo con Heiji, si no también con un Shinichi cansado que parece disfrutar de las pintas que lleva su amigo.

—Cállate Kudo —Se le escucha decir en ese mismo instante, pero al ver a Ran el que se calla es él. —¿Está Kazuha?

Parece tan nervioso como la chica, y busca ansioso con la mirada a Kazuha. Cuando finalmente la encuentra, sus ojos se abren de una forma especial, sorprendidos, pero también perdidos en el brillo que desprende la chica en este mismo momento. Extiende la mano para tomar la suya y la invita a salir de la habitación.

—Estás muy guapa Kazuha —Le dice con un leve temblor en la voz.

—M-Muchas gracias...

Se sujeta con fuerza a su brazo y se pierden por el pasillo muy juntos, pero sobretodo, contentos. Shinichi y Ran sonríen felices al ver esto, y sus miradas se cruzan inevitablemente.

—Tu también estás muy guapa... —Dice tomándola de la cintura y dándole un pequeño beso en la mejilla.

—Si solo llevo la ropa de dormir —Le recuerda abrazándose a su cuello, realmente necesitaba un poco de mimos del detective en momentos como este.

—Pues precisamente por eso.

Se ríen fuertemente pero no se separan. Shinichi la coge en brazos y cierra la puerta con cuidado, poco a poco se dirige a la cama y la deja sobre ella mientras se coloca a su lado muy despacio.

—Deberías descansar... —Le susurra al oído y ella se estremece sin poder evitarlo.

—¿Cómo quieres que duerma si me hablas así? —Replica fingiendo enfado. —Además ya he dormido demasiado, ¿Has visto la hora que es?

Él asiente sonriendo y la abraza de nuevo, incapaz de poder separarse de ella. Momentos como este quedarán por siempre en su memoria, y los tendrá siempre presentes en momentos difíciles, ahora mismo es lo más preciado que tiene para sobrevivir.

Poco a poco se acercan lentamente y se funden en un beso plagado de sentimientos que ninguno de los dos sabe como expresar con palabras. Se quieren, se aman, y eso, ni siquiera una organización de negro podrá quitárselo.