¡Holaa a todos! Creo que esta vez no he tardado tanto! Así es, traigo capitulet (?) xD jjajajaja es un capituloo muuuuuy esperado creo yo xD Pero ha merecido la pena la espera (?) Quiero dedicarselo a dos personets! 1) a Ran-Luna por que sé que le encanta esta historia y yo adoro cuando me lanza mil preguntas y así de alguna forma espero que me perdone por tardar ! y en segundo lugar a Abbie por que esta muhe etah mu mah de la cabesa. Nah xD realmente es por que Una ilusion inocente no sería lo mismo sin ella pidiendome 2 finales alternativos xDDDDDDDDDDD!

Me ha quedado un poco corto... pero es por que estuve quitandole algunas cosas, cosas que seguramente KR me matará por quitar xD peeeeero... lo prefiero así!

momoangelitoku: Aqui esta! :) Gracias por comentar.

Karen: Jajajaja holi karen ~ ! Creo que este capitulo te va a gustar muuuuuuuuuuuucho... xD espero no equivocarme, he quitado algunas cosas pero creo que te gustará igualmente, muchas gracias ^^ me esfuerzo en intentar transmitir bien los sentimientos!

klata: Bueno a ti ya te respondí aquel día jajaja Gracias por comentar!

Angel-Laura: Aqui tenemos tambien HeiKazu y ShinRan xD estoy que tiro la casa por la ventana xD La orgui esta a la vuelta de la esquina... ¡Gracias por comentar!


Día para recordar

La chica de la coleta y el moreno caminaban en silencio por las frías calles de Minato, ninguno decía nada, ni se dirigían la palabra. Estaban muy nerviosos y no era para menos, su relación podía cambiar para siempre a partir de esta cena, ya fuese para mejor o para peor, el Heji y la Kazuha de antes nunca volverían.

—Al final he decidido que deberíamos ir a un italiano que hay por aquí cerca... —Dice al final el de la gorra, sin atreverse a mirarla a la cara.

—Me parece bien... —Kazuha responde con apenas un hilo de voz.

La joven no sabía donde meterse, quería que la tierra la tragase y no la soltase más, ¿Porqué se sentía así? ¿Acaso no era eso lo que ella quería? Deseaba resolver el misterio del corazón del moreno cuanto antes, pero le dolía mucho pensar que sus sentimientos no eran correspondidos.

Entraron en el restaurante igual de callados que antes. Era precioso, más incluso de lo que Heiji se esperaba, por todas partes había lamparas muy elegantes que proyectaban una tenue luz, dándole a la estancia una atmósfera intima y más romántica. En cada mesa había unas perfectas velas de color rojo que combinaban con los manteles, iluminando solo el rincón intimo de cada pareja.

—Este lugar es... hermoso —Dijo Kazuha totalmente asombrada. —¿Tienes dinero para pagar esto?

—No te preocupes —La tranquilizó. —He traído todos mis ahorros a Minato, por si había alguna urgencia.

—Pero esto no es ninguna urgencia...

Heiji la hizo callar al instante, no quería empezar a discutir, y un camarero los guió hasta una mesa bastante alejada, pegada a un bonito ventanal desde el que se veía un paisaje nocturno precioso. Kazuha estaba maravillada, no tenía palabras para expresar lo bien tratada que se sentía, ¿Desde cuando el moreno era tan atento? Sin apenas darse cuenta Heiji había dado un cambio enorme.

Los dos pidieron pasta y decidieron esperar pacientes la llegada de los platos, pero el moreno tenía un discurso preparado que la chica no se esperaba.

—Kazuha yo... lo primero que quería hacer era disculparme por todo lo que te he hecho pasar estos días —Empieza. —Pero necesito que sepas por que lo hice, tan solo quería protegerte.

—Lo sé Heiji, pero tienes que comprender que yo ya estoy mayorcita para que me estés defendiendo así —No quiere ser dura pero tiene que plantarle cara. — Y menos para que sospeches de mí... eso me ha dolido más que nada.

El de Osaka baja la vista a hacia su plato, claramente triste por las palabras de la morena, pero tiene toda la razón, sabe que se ha comportado como un idiota y seguramente acaba de perder a la única mujer que ama.

No tarda en llegar la cena y los dos se dedican a devorar la pasta sin dirigirse la palabra, ambos son demasiado orgullosos para dar el primer paso, para buscar la solución a sus problemas.

—Kazuha yo... —Susurra arrepentido. —No sé que hacer para que me perdones...

—¡¿Acaso no es sencillo Heiji?! —Exclama, y una pequeña lagrima de frustración recorre su mejilla. —¡¿Tan difícil es de entender lo que siento?!

Él abre mucho los ojos, y sus mejillas se vuelven un tanto rojizas, ¿Qué quiere decirle con eso? Está más perdido que nunca... ¿Acaso ella...?

Sus ojos verdes cristalinos brillan muchísimo, ya no aparta la mirada, lo mira con toda la fuerza de voluntad de la que dispone con el ceño fruncido. El moreno, por su parte, no aguanta más y toma su mano, logrando así despistarla.

—Mira... después de lo que voy a decirte tal vez no quieras volver a hablarme nunca, y lo entenderé, puede que nuestra amistad se rompa para siempre —Le advierte, y empiezan a temblarle las manos de forma automática. —Pero todo lo que he hecho, todo... absolutamente todo, ha sido movido por el amor que siento por ti Kazuha, te quiero.

Los ojos de ambos chocan una milésima de segundo, sus corazones laten con una fuerza tan grande que pueden sentirse incluso como las pulsaciones de un reloj. Y entonces... todo se queda en silencio.


Estaban abrazados, muy abrazados, más de lo que habían estado nunca, pero les encantaba, no se separarían por nada del mundo. Shinichi jugaba con el cabello de Ran totalmente concentrado, y ella se dedicaba a escuchar los fuertes latidos del corazón del chico por tenerla tan cerca, le encantaba, le hacia sentir querida.

—¿Cuántos momentos como estos nos quedan, Shinichi? —No puede evitar preguntar.

—Muchos, toda una vida de momentos juntos —Responde firmemente, un tanto serio, no quiere que su chica se ponga en lo peor. —No nos pasará nada Ran, te lo prometo.

O al menos eso intentaría, protegerla con todo lo que hiciese falta, pero una sensación muy extraña recorría su cuerpo desde hacía varios días, una sensación que le decía que no perdiese a Ran de vista... que algo muy malo le iba a pasar.

Cerró los ojos fuertemente, incapaz de pensar en nada más, y hundió la cabeza en la flamante cabellera de su novia. Pagaría lo que fuese por poder estar siempre abrazado a ella. Permanecieron así unos instantes más, escuchando tan solo el tic-tac del reloj, cuando ella finalmente se apartó.

—Shinichi, mírame a los ojos —Le pidió.

Él obedeció al instante, y ella se perdió en ese mar azul que tanto adoraba, era consciente de que su mirada la hechizaba, pero se lo había pedido por una razón en concreto.

—Te quiero, te quiero mucho de verdad —Susurró sin apartar la mirada, estaba deseando decírselo así, mirándolo sinceramente a los ojos.

—¿Más que a nadie en este mundo? —Preguntó, y una leve sonrisa apareció en su rostro, llena de ternura.

Ella también sonrió al reconocer la frase que Shinichi estaba citando, aquella que le dijo como Conan en Tropical Land y que ninguno de los dos olvidaría jamás, todos esos recuerdos permanecerían por siempre en sus corazones.

Sin previo aviso, el detective se inclinó y besó su dulces labios como llevaba deseando hacer hace tiempo, y ella simplemente se abrazó a su cuello, feliz por ello, feliz por tenerle a él a su lado y de esta forma concreta. Shinichi sonrió al verla contenta, y empezó a besar también su nariz y mejilla, haciendo que esta vez se riese.

Continuó con su pequeño caminito de besos, quería besar cada rincón de su piel y demostrarle cuanto amaba todo su ser, y redimirse por todo el daño que le había hecho a la karateca.

Ella no tardó en reconocer lo que quería, y con un poco de vergüenza, se quitó la camiseta y deslizó los pantalones hacia el suelo, quedándose en ropa interior ante él. Los ojos azules del detective se agrandaron, nerviosos, ante esa visión tan hermosa, no tardó en acercarse de nuevo para continuar besándola, desde el cuello hasta el ombligo, recorriendo todas sus piernas, llegando incluso a los pies, y arrancándole muchas sonrisas y pequeñas risas nerviosas.

Cuando terminó volvió hacia el punto de partida, sus labios, y los besó de nuevo pero con más ganas, más apasionado, más seguro de lo que estaba haciendo. Ran no lo apartaba, sinceramente no quería hacerlo, deseaba estar con Shinichi de todas las formas posibles, quererle como nunca de mil y una formas.

Esta vez fue ella la que dio el siguiente paso, le quitó la camiseta e intentó deshacerse de sus pantalones de una forma sutil. Él se dejó y una vez terminó la colocó encima suya, dejando que su cabellera cayese sobre él y le hiciese cosquillas sobre los hombros, produciendole una sensación satisfactoria.

Empezaron a acariciarse, a sonreírse de una forma muy intima, a besarse con un cariño infinito. Shinichi con cada caricia intentaba explicarle a Ran cuanto sentía haberle hecho tanto daño, y Ran con cada beso deseaba que Shinichi sintiese el amor tan profundo que procesaba hacia él.

La poca ropa que quedaba iba diciendo, y el amor de ambos jóvenes quedaba demostrado de forma infinita, en aquella bonita habitación de aquel hotel apartado, bajo la luna llena de la bonita ciudad de Minato. En un bonito día para recordar.