hola chicos! He decidido dividir el capitulo de hoy en dos partes pues es bastante larguito y lamentablemente no tengo tiempo de terminarlo hooy, pero como prometí algo de ShinRan a cierta personita, y aquí lo hay, aunque sea algo tristón xD pues... ¡Tenía que cumplir! Mañana subiré la siguiente parte de este capitulo, disculpad que no pueda estar entero xDDDDDD
Ran_Luna Precisamente eres tu a quien le dije que lo pondría asi que tendrás que conformarte con 2,124 palabras que no están nada mal xD y mañana tienes otra ! Ya si ya se que me odias xD lo tengo asumido, pero al menos intento compensarlo de vez en cuando xD (aunque este cap acabe maaaaal xDDDDDDD en la siguiente parte acaba peor la cosa xD) En este cap el pobre Heiji si que tiene problemas xDD
1) Tieeeeeeenes ShinRan xD
2)Por una vez creo que te voy a contestar sin rodeos fijate tu xD Hana está sana y salva. #Confirmed.
3) Ninguno convencerá a ninguno. CHAN CHAN CHAAN! XD
4) Pues dificilmente creo yo. xDDDDDDDDDDDDD
5)Ser es más larga... Solo que esta dividido xDDDDD
Karen: Pues en el de hooy me vais a querer matar si o si xD Los hombres de negro son muy listos xD es lo que Aoyama no hace mas que dejar claro toooooodo el tiempo xD Si por favor regalame tu tiempo lo necesitoooooo xD Gracias por comentar!
RanKudoi : Heiji estaba tan nervioso que no sabía que hacer, y como es todo sentimiento, pues actúa sin pensar xD (me encanta Heiji pero a veces es un insensible xD) No se yo nooo se yo que pasaaaaará... xDDDD la cosa cada vez se pone más difícil/interesante xD Gracias por comentar :)!
Desenlace #1
Aquel joven de Osaka estaba en completo estado de shock. En otras circunstancias, habría sabido instantáneamente que hacer, como lograr escapar de aquella encerrona en la que se encontraba, pero esta vez le era imposible, pues cuando tenía a Kazuha cerca, el miedo se apoderaba de todo su ser impidiéndole pensar racionalmente, ni en sus peores pesadillas se podía imaginar a su chica en peligro mortal.
A su lado, en aquella cama de hospital, yacía el cuerpo de una camarera que en sus últimos instantes de vida había tenido el pequeño detalle de contarles lo ocurrido, otorgándoles así una oportunidad de escapar, una oportunidad que el detective era incapaz de aprovechar, simplemente su mente no le respondía.
—¿Heiji... que hacemos? —Kazuha lo apremiaba, sabía que no les quedaría mucho más tiempo.
A él le hubiese gustado realmente encontrar una respuesta a aquella pregunta, ¿Pero que hacer cuando te has quedado completamente sin ideas?
—Tenemos que escondernos lo mejor que podamos... —Fue lo único que logró decir. —Esta habitación es demasiado evidente, debemos buscar otro lugar...
Pero en ese mismo instante las luces que iluminaban la gran habitación blanca se apagaron. Kazuha chilló con verdadero pánico y se abrazó a Heiji como nunca antes, ya no tenían escapatoria, era ahora o nunca.
—¡Escóndete debajo de la cama! —Gritó Heiji empujándola hacia el lugar. —¡¿No me has oído?!
Ella obedeció por una vez sin rechistar, tapándose la cabeza con los brazos y cerrando los ojos con fuerza para no llorar, si le pasase algo al chico... ¿Qué sería de ella?
El moreno corrió hacia la ventana e intento abrirla en vano, como era de esperar, estaba todo completamente cerrado, incluida la puerta de la habitación.
—¡Mierda! —Exclamó desesperado, empezando a dar puñetazos a la puerta.
Justo en ese mismo instante, una especie de humo blanco empezó a colarse por la puerta, un humo que Heiji reconoció al instante como un gas tóxico.
—¡Kazuha, no respires! —Le suplicó mientras corría hacia ella y se colocaba justo a su lado, debajo de aquella cama.
La chica intentó hacerle caso, pero como todo ser humano, no aguantó mucho rato sin la necesidad de inhalar aire. Al cabo de unos pocos segundos, ambos cayeron inconscientes sobre el frío suelo.
La puerta de la habitación se abrió en ese mismo momento, al igual que la ventana, dejando paso a varios hombres con mascaras para protegerse del gas. Eran hombres vestidos completamente de negro, de aquel color que solía caracterizar a los peores seres humanos que se podía conocer.
—Los tenemos jefe... —Decía uno de ellos a través de una especie de transmisor. —El detective y su amiguita están ya apresados.
—Perfecto, traedlos cuanto antes... que empiece el juego.
La voz que respondió era tan increíblemente fría que incluso a aquel hombre que estaba en su mismo bando atemorizaba, era la voz de un criminal como pocos, del peor enemigo que te pudieses echar en cara.
Ryu había robado un todoterreno para poder desplazarse hasta el laboratorio abandonado, ninguno de los tres jóvenes que lo acompañaban estaban de acuerdo con aquello, pero no les quedó más remedio que aceptarlo, se trataba de una emergencia y tenían que ser lo más discretos posible.
Los nervios más visibles eran sin duda los de Ran, la karateca estaba al borde del llanto cada vez que pensaba en Kazuha o heiji, miles de preguntas inundaban su inocente mente: ¿Qué les estarían haciendo? ¿Estarán heridos? Y la más importante... ¿Seguirán con vida? Una pequeña lagrima de todas esas que se esforzaba por contener resbaló por su mejilla, captando la atención del preocupado detective.
—Ran... —Susurró apenado, tomando su mano con fuerza. —Sabes que no permitiremos que les pase nada.
Ella tan solo lo miró a los ojos, era incapaz de hablar pues ya nada la consolaba, su sexto sentido le decía que algo malo pasaría en ese laboratorio, y todos sus instintos indicaban que sus amigos de Osaka estaban al borde del peligro. Otra lagrima traviesa cayó sin poder ser frenada, pero esta vez Shinichi la paró con un tierno beso en su mejilla.
—No llores, te lo pido por favor, me rompes el alma.
Y a ella le rompía el alma verlo tan preocupado, el ojiazul estaba muy raro y Ran lo había notado ¿Tal vez el también era consciente de que algo trágico pasaría? Quien sabe. Se abrazaron conteniendo la tristeza y el dolor, a estas alturas ninguno de los dos sabía ya a que se podía deber, si al secuestro de sus amigos o a la verdad que sentían en sus corazones.
—Ran, necesito que me prometas una cosa —Dijo cuando se separaron. —Tienes que prometérmelo.
La muchacha lo miró desconcertada, conociendo a Shinichi solo podía tratarse de su ya conocida sobreprotección, y no estaba muy segura de querer aceptarla, por no decir nada.
—Si te pido que corras y te vayas sin mirar atrás... ¿Lo harás? —Continuó, al ver que ella no parecía dispuesta a responder. —Por favor... por favor Ran...
Se acercó a ella hasta quedar a escasos milímetros de su cara y se perdió unos instantes en aquellos ojos tan bonitos, poco le importaba ya la presencia de Ryu o Haibara, quería disfrutar de aquellos últimos instantes al máximo.
—Yo no puedo hacer eso Shinichi... no puedo dejar que os pase...
Pero no pudo continuar la frase, pues la cortó con un dulce beso muy parecido al primero que se dieron aquel día en la piscina, cuando se dijeron todo lo que sentían, cuando fue feliz por primera vez en mucho tiempo.
—Solo prometemelo, no te estoy pidiendo más —Insistió. —Nosotros nos podemos arreglar bien, recuerda que Akai y Jodie estarán ahí.
Ran asintió finalmente, no muy segura de querer hacerlo, pero leía en la cara del detective una expresión que delataba sus pensamientos. Estaba segura de que él también sentía lo que estaba por venir.
No tardaron en llegar al lugar acordado, a escasos metros de donde se encontraba el laboratorio abandonado que debían atacar. Salieron del coche automáticamente y se colocaron bien sus gorras y demás utensilios de ocultismo para no ser reconocidos. A su vez, Ryu les entregó armas.
—No estoy muy a favor de usar armas... —Reconoció Shinichi. —La utilizaré con el único propósito de defenderme.
—Utilízala con el propósito que quieras, pero no te dejes vencer —Replicó la científica, pues ella en cambio estaba bastante más familiarizada con ellas debido a su pasado.
Había llegado el momento de partir, tenían el camino señalado, debían adentrarse en el bosque por las zonas donde mejor se podían camuflar, y en cuanto llegasen a cierto punto señalado en el mapa desde el que tendrían buena visibilidad, disparar un dardo tranquilizante a los vigilantes de la salida de emergencia por la cual lograrían entrar.
—Shinichi... —Ran intentó llamar la atención del detective antes de adentrarse en las profundidades del bosque que ella conocía bastante bien.
Necesitaba decirle algo muy importante, algo que seguramente el detective ya sabia, pero necesitaba de alguna forma despedirse de él.
—Quiero que sepas que te amo, que te quiero más que a nadie y que siempre ha sido así, recuerdalo siempre Shinichi —En el mismo instante en el que lo dijo sintió como su corazón se partía.
Shinichi sabía perfectamente que en otras circunstancias se habría sonrojado, se habría muerto de placer allí mismo, pero no podía, no al leer en la cara de su chica el dolor que trataba de ocultar. Ella se estaba despidiendo de él, Ran sabía que tal vez esos eran sus últimos momentos juntos.
—No hables así tonta, hablas como si te fuese a pasar algo y sabes que yo no lo permitiré.
Se dieron un corto beso, el ultimo antes de emprender aquella aventura final... ¿El ultimo para siempre?
Ryu los llamó y les explicó hacia donde debían dirigirse, todos empezaron a caminar en fila india hasta llegar a una zona con arboles más bajos, lugar donde tuvieron que empezar a gatear. Sabían que les quedaba poco para llegar al punto que habían calculado, así que Shinichi preparó su reloj anestesiaste.
—Cuando yo te diga Kudo —Le advirtió Ryu.
Caminaron tan solo un poco más, y entonces alcanzaron a ver la salida de emergencia, pero allí... no había nadie.
—¡No puede ser, lo saben! Saben que estamos aquí... —Por primera vez Ryu se encontraba nervioso.
Todos lo miraron en busca de que hacer a continuación, se notaba demasiado que les estaban invitando a desafiarlos dándole la posibilidad de entrar.
—Entraremos —Resolvió Shinichi, ya que Ryu parecía incapaz de decidir nada.
Con aquella valentía que solía caracterizarlo, salió de los arbustos y camino con paso firme hacia la puerta.
—¿Estás loco o que te pasa? —Ryu lo había seguido e intentaba detenerlo en vano. —No caeremos en su trampa.
Las chicas, en cambio, estaban de acuerdo con Shinichi y se posicionaron a su favor, así que no le quedó mas remedio que aceptar a regañadientes.
—Escucha Ron o como sea que te llames, nadie te obliga a acompañarnos, vete con tu asquerosa organización, pero nosotros salvaremos a nuestros amigos —Le espetó Shinichi, prohibiéndole el paso.
—Por encima de Ron soy Ryu, y no consiento que me hables así, yo no he tenido nunca otra opción.
Era evidente la clara rivalidad que había entre estos dos hombres, pero no era ni el momento ni el lugar para discutir así, tenían que confiar ciegamente en el otro, si no lo hacían... todo podría salir mal. Ran sujetó la pesada puerta de emergencia para dejarlos pasar y entraron sin rechistar, había llegado el momento de pasar a la segunda fase del plan cuando un claro y sonoro disparo resonó por todo el recinto, poniendo la piel de gallina a los cinco muchachos.
Cuando el moreno abrió los ojos no recordaba donde estaba ni que había estado haciendo, ni siquiera recordaba casi ni quien era, solo sentía un profundo dolor de cabeza que le oprimía todos los músculos, le costaba demasiado respirar.
Abrió un poco aquellos ojos verdes tan característicos y pestañeó para poder enfocar bien. Se encontraba en una habitación muy oscura, bañada tan solo por la luz de un par de lamparas anticuadas en cada punta del recinto. Con un poco de esfuerzo, consiguió ponerse en pie, y fue entonces cuando reparó en la chica que tenía justo en frente.
—¡Kazuha! —Gritó desesperado, arrodillándose a su lado y zarandeándola insistentemente. —¡Kazuha despierta!
Tras un par de minutos, la joven de la coleta empezó a abrir los ojos lentamente, al parecer el efecto de aquel gas estaba empezando a desaparecer. La abrazó con fuerza, a pesar de que sabía que estaba bien, no podía evitar hacer lo que su corazón le pedía a gritos.
—H-Heiji... ¿Dónde estamos? —Preguntó la chica mientras correspondía el abrazo poco a poco.
El detective del oeste no respondió, en su lugar, se levantó y empezó a inspeccionar aquella extraña sala, pero a simple vista, no había ni un solo objeto, ni siquiera una puerta o ventana, estaban en un lugar total y absolutamente cerrado.
—Ojalá lo supiese... —Respondió finalmente.
Se acercó a la pared que tenía más cerca y empezó a empujar y a palpar en busca de alguna palanca o botón oculto que los ayudase a huir, ahora todos sus sentidos le pedían a gritos que actuase, al parecer, el también sentía que algo malo estaba a punto de suceder.
Sin darse cuenta, una abertura apareció entonces a sus espaldas, llenando la sala de una luz exterior que cegó a la joven y que obligó al detective a girarse inmediatamente, pero antes de que pudiese hacer nada, advirtió la pistola que lo estaba apuntando, ahora si que estaba perdido.
—¿Qué se supone que buscabas, una salida? No me hagas reír detective —Dijo aquella voz fría y calculadora que no podía ser de otro más que de Gin. —Pensaba que eras más listo, ¿De verdad pensabas que iba a permitir que os escapaseis como si nada?
La rabia inundó el interior del moreno, deseaba ir hacia el y darle su merecido, vengar todas las maldades que le habían hecho a sus dos amigos y a quien sabe cuanta gente más... pero no podía defenderse.
—Ahora os quedareis aquí, hasta que vuestros amiguitos intenten rescataros y entonces...
No necesitó decir más, tan solo agitó la pistola que tanto le gustaba en el aire y sonrió con verdadera maldad, para Gin todo aquello era como un buen juego, de esos que le encantaban.
—¡No lo permitiré! —Chilló Kazuha, ella estaba más que horrorizada por las palabras de aquel asesino. —¡No permitiré que los toques!
—¿Y que vas a hacerme tu, maldita impertinente?
Si había algo que Gin no soportaba era que le alzasen la voz de esa manera, ¿Cuándo comprendería la gente que él era superior? ¿Qué sus vidas estaban en sus manos? No le quedaba más remedio que darle una bonita lección a aquella cría, al fin y al cabo todavía tenía al detective para usar de rehén, así que la apuntó con la pistola directamente al corazón y disparó.
