Hola chicos! Traigo el.. antepenultimocapituloooooooo! (todojunto) xD Si lo sé xD queda muy poco xD peeeeeeeeeeero tiene que ser D: ! La verdad es que en la version anterior este capitulo era más... cruel, pero estoy de buen humor y ... por una vez voy a ser buena, cambiar las cosas a mejor :)

Ran-luna: Veenga mujer que ya ha pasado lo peooor xD que voy a ser buena gente por una vez en mi vida (?) esperemos que la ultima. OKNO XD espero y deseo que te guste este capitulo por que si no... xDDDDDDDD pero creo que te dará mas pena Shinichi en este xD

1) Si claro, en la proxima batalla que escriba pondre a Ran y a Shin besandose en una esquina xD no temas.

2) Querrás decir Ano Kata o Akai, Vermouth no lucha, solo ha llamado al jefe.

3) Puede ser.

4) AQUI TIENES SHINRAN.

erenseva: No te preocupes :) lo importante es comentar cuando se pueda. ¿Laaaaa mejor? Ojalá... xD pero dista mucho de serlo jajajaja Creo que Haibara debería al menos ser así en la serie, esta es la Haibara que "me gusta" digamos, por que no soy muy fan de este personaje xD Gracias por comentar :)

Karen: aqui la tienes! jajaja ya queda super poco :c ! Este capitulo te encantará por que pongo a Shin como a ti te gusta creo jaajajaj! Muchas gracias por comentar siempre ^^!

RanKudoi: boda de parejas JAAJAJAJAJA xD no tenía pensado una boda (es muy tipico hacer bodas (?) ) pero tengo previsto "algo así" ya se verá xD y en cuanto a lo demás... dejare que lo descubras por ti misma :) Gracias por comentar!^^.


El principio del fin

Por cada paso que daba el latido de su corazón se profundizaba frenéticamente en una espiral de nervios y profunda preocupación. Veía al medico con claridad, justo delante de la sala de operaciones, el lugar que él denominaba como su propio infierno, el lugar que podía dárselo o arrebatárselo todo en un segundo ¿Podría vivir con aquello el resto de su vida si Ran no salía de allí con vida? Francamente, no podía pensar en ello sin que su estomago se revolviese violentamente, otorgándole unas ganas tremendas de vomitar.

Se tuvo que controlar con todas sus fuerzas cuando detuvo su paso y se cruzó con la mirada tosca del doctor. Se saludaron con educación, una educación que Shinichi no sabía de donde le salía, pero aun así aguardó pacientemente, apretándose los puños y mordiéndose los labios con evidente desesperación.

—La operación a transcurrido con normalidad, hemos extraído la bala con rapidez y la paciente se encuentra estable —Habló tan rápido que fue difícil entender todas las palabras, pero lo hizo igualmente.

Y precisamente por eso denotó que había algo más, el detective era demasiado intuitivo para notar que había otra cosa que se había callado, a la espera de evaluar su reacción para cerciorarse de que el chico no se pondría de los nervios.

—Está dormida, casi como si estuviese en coma —Explicó, ahora, con una voz más pausada. —Si en las próximas veinticuatro horas no despierta la habremos perdido... para siempre.

Su mente captó las palabras con sumo cuidado, repitiéndolas una y otra vez en su mente para tratar de aceptarlas de alguna forma posible, de alguna manera que no lo hiciese enloquecer allí mismo, pero sencillamente no la había.

—Eso no pasará —Le aseguró al doctor dándole un pequeño empujón para entrar dentro de la sala, le importaba muy poco si tenía permiso o no. —Ella despertará, no va a dejarme.

Su total convencimiento asustó al medico, y la pena, lo embargó como nunca antes lo había hecho sentir ningún paciente. Cuanto dolor había en la mirada de aquel detective adolescente, cuanto miedo podía leer...

—Ha sido trasladada a una habitación, la 210 —Le dijo en apenas un susurro, pero intentando sonar tan profesional como de costumbre.

Se alejó a grandes zancadas sin añadir nada más, tampoco lo veía necesario, y no se detuvo hasta alcanzar la susodicha habitación. En cuanto cruzó el umbral toda su seguridad se derrumbó en el instante mismo de observar la blanca habitación. No sabía si se hallaba en un estado de bipolaridad preocupante, o si eran demasiadas emociones para un solo cuerpo humano, pero no le quedó más remedio que confesarse consigo mismo, admitir que deseaba huir de allí y correr con toda la fuerza que albergaba en su interior, correr hacia un lugar donde Ran estuviese sana y salva, y todo se quedase en un espantoso sueño de su imaginación.

Pero ni la más fuerte imaginación estaba preparada para aquello, para ver en que se había convertido la mujer que uno ama. Estaba tendida sobre el blanco colchón, bien arropada con las sabanas que la cubrían hasta el pecho, ocultando así las vendas que debían recubrirla de arriba abajo. En el fondo agradeció no verlo, ocultar esa parte de la evidencia le ayudaba a soportar el dolor que apretaba sin descanso su pecho, dejandole a cada instante sin respiración.

Después estaba su cara, que a pesar de todo por lo que había pasado, a él seguía pareciendole la de un verdadero ángel indeteriorado por las heridas. Estaba tan blanca, parecía tan débil desde esa perspectiva. Un hondo escalofrío recorrió su espalda de arriba abajo y por una vez, sus pensamientos se interrumpieron. Se acercó a la cama aprovechando esos segundos de lucidez y tomó su mano derecha inconscientemente. Estaba fría, fría como el hielo de un iceberg en medio de la Antártida.

Se apresuró a calentársela entre las suyas propias, estirándole los dedos con delicadeza para no hacerle daño. Se mantuvo concentrado en ese ejercicio durante segundos, quizá incluso minutos, pues ya no era capaz de medir el tiempo como solía hacerlo, desde que Ran estaba pendiendo de un hilo, todo en el había desaparecido. Sus cualidades, sus defectos, su forma de ser, lo habían abandonado dejando un hueco visible en su interior que por más que lo intentase no lograba rellenar. Se acercó al otro extremo de la cama y tomó la otra mano cuando consideró que la izquierda estaba lo suficientemente caliente. Sabía que seguramente sería una estupidez, pero no quería que ella sintiese ningún tipo de malestar como el frío, por muy pequeño que fuese, o incluso si tuviese la certeza de que ella ni siquiera siente el frío de sus manos, lo haría igual, por que Shinichi no quería que Ran volviese a sufrir ningún tipo de daño nunca más, aunque tuviese que morir en el intento, como casi hace ella por protegerles.

Entonces la realidad impactó en su mente de forma más que audible. Tenía veinticuatro horas, veinticuatro agonizantes horas que sufriría minuto a minuto con la única esperanza de que ella despertase. Estaba siendo demasiado egoísta al no preocuparse por sus amigos, al no acudir y luchar ¿Quién sabe si tal vez... ya estaban muertos? Nunca se lo perdonaría, pero también tenía claro que no podía traicionarse a si mismo, aquel señor llamado Gosho tenía razón, debía asumir aunque no le gustase que su lugar era este, al lado de Ran, por siempre.

—Tienes que despertar —Dijo entonces, con una voz tan clara que empujaba el miedo lejos de él. —Tienes que despertar y tienes que hacerlo ahora.

Lo veía claro, lo visualizaba con verdadero deseo. Su enloquecida mente creía que si lo deseaba con demasiada fuerza sucedería, ella despertaría y todo aquel dolor desparecería tan rápido como había llegado, y ya nunca más volvería a pensar en ello, ni pasar por esto, por que ambos sobrevivirían. La esperanza es lo ultimo que se pierde.

—Te prometo que no me enfadaré, no lo haré Ran, tienes mi palabra.

Continuó hablándole sin dudar siquiera de que ella lo escuchase. Estaban tan compenetrados que él sabía a ciencia cierta que la karateca era consciente de cada uno de sus diálogos, cada cual más doloroso que el anterior.

—No juegues así conmigo, despierta.

¿Qué era exactamente lo que estaba esperando? ¿Un milagro medico? Parecía que su parte racional intentaba entrar a empujones en su mente para explicarle que era verdaderamente difícil que eso sucediese. Ella no podía curarse milagrosamente, no iba a abrir los ojos solo por que el fuese demasiado egoísta para perderla.

—¡No! —Chilló desesperado.

Sin darse cuenta su muro se había derribado, toda su seguridad desmoronada por bajar la guardia tan solo un segundo. Empezó a respirar con demasiada dificultad, y entonces, sucedió. Tan solo una, pero más que visible, lagrima atravesó su cara, rozando su mejilla con verdadero dolor. Cuando llegó a la barbilla, resbaló con cuidado hasta caer encima de la mano de su dormida chica.

Un ligero espasmo en los dedos de ella al sentir la cálida gota hizo al chico creer que se estaba volviendo oficialmente loco, pero en ese mismo momento, de nuevo, volvió a mover los dedos con debilidad.

—¿R-Ran..?

Levantó la cabeza como si de un resorte se tratase y la miró a los ojos aguantando la respiración. Ella no había abierto los ojos, pero su mas que evidente expresión de dolor confirmó al detective sus nuevas esperanzas: Ella había despertado.

—¡Ran! —Exclamó ahora, con evidente sorpresa.

Su corazón seguía latiendo con toda la fuerza anterior, pero esta vez era muy distinto, ahora sentía esperanza, alegría, incluso... una extraña especie de felicidad. Debía avisar a los médicos cuanto antes, necesitaba que la atendiesen cuanto antes, pero no pudo resistirse a darle un pequeño beso en los labios. Sabía que ella lo sentiría.

—Todo estará bien Ran —Le prometió, y lo hacía totalmente en serio. —Todo el peligro ha pasado, descansa.

Ella tan solo emitió un débil sonido que el detective interpretó como una afirmación. Sin más, salió despedido a la recepción, exigiendo que el doctor acudiese de inmediato a comprobar como se encontraba.

—E-Esto es... un verdadero milagro —Afirmó el doctor demasiado sorprendido para disimularlo, utilizando las palabras que el mismo Shinichi había pensado momentos antes. —Parece que todo progresa adecuadamente.

Eso era todo lo que necesitaba oír, la garantía de que ella estaba bien y que seguramente estaría más que a salvo a partir de ahora. Fue precisamente eso lo que le dio fuerzas para tomar aquella decisión. Había llegado el momento de terminar la maldita historia de una vez por todas.


Aquella maldita rubia no le quitaba los ojos de encima y eso lo ponía demasiado nervioso ¿Cuanto tiempo llevaban esperando? Demasiado para su gusto, parecían horas. Vermouth había hecho que sus asquerosos agentes apresaran a la chica científica y al detective de Osaka lejos de su alcance. Si lograba vencer, serían liberados, pero si por lo contrario perdía la vida en aquel combate, ellos también la perderían. Conclusión: No perdería.

—¿Estás nervioso? —Preguntó con aquella vocecilla suya, intentado sonar sexy, pero sin conseguirlo para él.

—Más quisieras tu.

Akai estaba más tranquilo de lo que había estado nunca, iba a vencer, iba a acabar con sus propias manos con el jefe de aquella organización que había arruinado su vida y la de muchos otros como él. Colocó su pistola en una buena posición para cogerla en cuanto las cosas se torcieran.

—No interferiré, lo prometo —Admitió levantando la mano como si eso le diese credibilidad.

—Por supuesto que no interferirás, ¿Eres demasiado valiosa para él, cierto?

Ella solo sonrió sin responder, por supuesto, no le daría demasiada información. Estaba segura de que moriría, o al menos eso era lo más probable, y sentía verdadera pena, pues muy en su interior, deseaba que alguien les parase los pies, que la liberasen al fin de aquella carga que no podía soportar más, fuese al precio que fuese.

Unos pasos provenientes del interior del bosque interrumpieron los pensamientos tanto de Akai como de la propia Vermouth, pero ella no se asustó, simplemente se apartó un poco mientras una media sonrisa aparecía en su rostro. Debía dejar paso a su jefe a toda costa, a aquel extraño jefe que a pesar de todo, era su hermano.

Caminaba despacio, decidido, desprendiendo poder en cada zancada. El frío caló los huesos del miembro más diestro del FBI y no pudo evitar estremecerse ante tal escalofrío. Aquella persona era malvada, tan malvada que lo desprendía con una intensidad demasiado potente. Si algo tenía claro Akai era que aquel hombre era demasiado poco humano.

Entonces le vio, apareciendo ágil y silencioso como un puma acechando a su presa. Reunió valor y alzó la mirada para poder mirarle directamente a los ojos, preparado para ver tal vez algo demasiado doloroso, pero fue incluso peor.

—T-Tu... —Susurró abriendo demasiado los parpados.

Ante él hizo acto de presencia el inspector Yamamura, o su versión mas oscura y siniestra. Miraba sin ver, sin expresión, como si realmente fuese un robot sin emociones, ni siquiera rabia o odio, absolutamente nada. Akai no pudo evitar preguntarse donde quedaban sus tonterías, sus meteduras de pata... ¿Realmente aquel hombre podía ser el torpe y perezoso inspector del distrito de Gunma?

—El parecido es... admirable —Probó suerte.

Aquel extraño e insensible hombre solo rió, sin fuerza ni encanto, ni ningún tipo de sensación. Estaba tan... muerto.

—Lo es —Habló con una voz informal y seca. —Pero todo en mi es admirable, perfecto, sin fisuras.

No parecía orgulloso, aunque diese muestras de serlo. Simplemente no parecía nada de nada. La presencia de ese extraño ser hacía que los pelos se le pusiesen de punta.

—Fueron muchas horas de quirofano, y una perdida de dinero considerable convertirme en el clon de ese estúpido inspector —Confesó entre débiles risas. —Pero ha valido la pena, sin duda, ahora nadie podrá saber nunca quien soy realmente... todo el esfuerzo que tu y tus amiguitos habéis hecho no ha servido de nada.

—Servirá en cuanto acabe contigo —Contestó con evidente rabia en la voz, preparando su pistola.

Pero aquel doble del inspector ni siquiera se dignó a mirarle. Estaba visiblemente aburrido con aquel espectáculo, hacía demasiados años que no sentía el miedo en su cuerpo, ni el miedo ni ninguna sensación. Había entrenado duro durante tanto tiempo que ya ni lo recordaba, pero había merecido la pena. Apartar todas las emociones humanas le había convertido en el líder que era, incapaz de sentir ni amor ni odio, nada conseguía cegarlo, todos sus planes eran... infalibles. O al menos, eso creía.

Levantó su arma al mismo tiempo que Akai levantaba la suya, dispuesto a vencer o morir en aquel ultimo asalto. Poco le importaba lo letal que pudiese ser en aquellos momentos. Todo sucedió como en las películas, a cámara lenta, o al menos esa fue la sensación de Shuuichi cuando esquivó por los pelos la experta bala de su contrincante, sabía que había fallado a posta. Era evidente que quería... jugar.

Pero ese juego fue la peor y ultima idea que Ano Kata pudo tener, a pesar de todo su entrenamiento, no contó en absoluto con que una bala plateada cruzase el aire desde un punto que no correspondía, y se clavase en su sien de forma limpia y impecable.

Cayó al suelo sorprendido, sintiendo por primera y ultima vez en su vida la derrota. Deseaba saber quien había sido su destructor, pero la vida le fue arrebatada demasiado pronto para ello cuando cerró para siempre los ojos.