Hola a todos! Sigo viva xD y si! AL FIN os traigo el finaaaaaaaaaaaaaaal ! tenía pensado hacerlo más largo, pero dado que mi tiempo es demasiado escaso, y quería daros ya un final a esta historia, he expresado todo lo que quería para el final de la historia sin explayarme mucho xD Espero que os guste mucho, y me gustaría daros las gracias a todos y a todas los que habéis estado desde el principio hasta el final, y también a los que han estado en algún punto de la historia :)! MUCHAS GRACIAS! de verdad.
Este capitulo se lo dedico sobretodo a Ran_Luna, por que se que ha sido mi mayor fan xDDD y se lo merece, tanto spam que me ha hecho siempre merecía esto ! xD
pero también quiero dedicárselo a Abbie, a Lau, a Marte, a Karen y a RanKudoi! por que siempre habéis estado ahí también :)
(siento si hoy no estoy muy inspirada pero es que llevo una temporadita enferma y ... no hay fuerzas chicas D: )
El capitulo está dividido en dos escenas, una transcurre unos meses después de lo sucedido, y la otra 2 años después :)!
Una ilusión inocente
Acababa de ordenar los últimos cajones que anunciaban oficialmente la nueva mudanza. Eso a Ran le producía una alegría inmensa, y al mismo tiempo un gran alivio, pues al fin podría descansar y relajarse en el sofá. Habían sido unos días bastante intensos entre camiones de mudanza y cajas, cajas por todas partes que no parecían acabarse nunca, pero estaba feliz a pesar de todo, por que ese inmenso esfuerzo valía la pena. Había llegado el día de empezar a vivir para siempre con el chico de su vida.
Este suceso le producía un montón de emociones distintas y contradictorias, pues no podía evitar sentir que, aunque todo iba a las mil maravillas, todo se podía estropear fácilmente ¿Serían compatibles conviviendo? ¿Se querrían para siempre? Ella al menos tenía clara su respuesta a la última pregunta. Querría a Shinichi para siempre sin importar el momento ni el lugar ¿pero... y él?
Caminó despacio hasta el salón donde sabía que el detective la estaba esperando y se permitió olvidarse por un rato de sus dudas. La vida debía hacerlos felices ahora, todo el mundo sabía cuanto se merecían ser felices y Ran quería pensar en positivo. Solo en positivo.
Se acercó a él por detrás, intentando que Shinichi no se diese cuenta de su presencia, pero no tardó en comprender que podría haber hecho todo el ruido del mundo, pues su detective no se habría inmutado. En cuanto vio lo que estaba haciendo no pudo evitar enfadarse un poco un poco, y las dudas volvieron a florecer.
—¿Ya estás otra vez con eso? —Le preguntó poniendo mala cara a su prometido.
Fue solo la necesidad de oír su voz lo que despertó al detective de su profunda lectura. Miró el manga y a su chica un par de veces sin comprender, y finalmente le sonrió.
—Ran, tienes que entender que esto es sencillamente genial —Le dice con simpleza, volviendo a enfrascarse en la lectura.
El enfado se profundizó en la cara de la joven Karateca en cuanto escuchó su despreocupada frase, las cosas no iban a quedarse así. Sin apenas esfuerzo, retiró el manga de sus manos y lo cerró automáticamente.
—Acabo de desembalar la última caja, la mudanza está terminada —Le informó sin perder el cabreo. —Y tú en lo único que piensas es en tu estúpido manga, maldito el día en el que a ese señor se le ocurrió la idea...
Shinichi detuvo la desenfrenada charla de su prometida dándole un pequeño beso en la mejilla, pero ella ya conocía todos sus trucos, esta vez no caería en sus trampas ¿Porqué tenía siempre que causar ese efecto en ella?
—No quiero besos —Protestó, aunque fuese una gran mentira. —Todos estos días has estado fuera de casa, trabajando con ese señor Aoyama en ese manga, tu propio manga, como si ya no fueses suficientemente famoso...
—Ran, ¿Podrías hacer el favor de dejarme hablar? —Le rogó el detective, el cual todavía seguía sonriendo sin inmutarse. —Es cierto que estos días he descuidado la mudanza, pero tenía un gran motivo…
Retiró el manga de entre sus manos y lo abrió por una página en concreto, una página que se sabía de memoria. Ran se quedó mirándola, y poco a poco, su gran enfado fue desapareciendo, siendo substituido por su hermosa sonrisa.
—No puede ser...
Ante ella veía representado a la perfección el día en el que se dieron su primer beso. Aquel día en la piscina del hotel que jamás olvidaría. Estaba todo perfectamente escenificado, su ropa, la de Shinichi, el lugar… Incluso las sensaciones, todas revivieron en su interior, como si volviese a ser aquella joven asustada por su primer amor.
—Quería supervisar esto, quería que fuese perfecto —Le susurró al oído, y esta vez, Ran no dudó en abrazarlo con todas sus fuerzas.
La satisfacción del detective por aquello era inmensa. Todavía recordaba el día en el que aquel misterioso señor Aoyama lo llamó inesperadamente a la mansión Kudo y le explicó su plan. Quería dibujar su historia, quería que todos sintiesen lo que él sintió al escucharlo todo en aquel hospital. Habían trabajado codo con codo todo aquel tiempo para crear el manga titulado: "Detective Conan" y estaba siendo un total éxito de ventas. Por fin la suerte y la felicidad sonreían a Shinichi.
—Hoy ni siquiera tenía pensado pasarme por la agencia de detectives—La informó sin perder la sonrisa. —Hoy solo estamos tu y yo, es un buen día de celebración.
—¿Lo dices por la mudanza o por el manga? —Preguntó la karateca apartándose un poco del chico, quería leer en su cara la respuesta.
Pero realmente Shinichi no necesitaba ninguno de esos motivos para celebrar algo con Ran, para él todos los días a su lado eran ya un gran motivo de celebración. La abrazó más fuerte e intentó imaginarse su nueva vida.
—Te quiero Ran, ahora y siempre —Le susurró al oído, dejándose llevar por esa nueva sensación tan poco conocida para él llamada felicidad.
Los reflejos del sol la estaban dejando cada vez más ciega, pero le importaba muy poco, prefería disfrutar al máximo de la sensación del calor viajando por cada poro de su piel sin detenerse. Cerró los ojos como intento de solución de su problema de visión y se acostó sobre la suave hierba que tenía a sus espaldas. Sus cabellos empezaron a ondear gracias a la leve brisa que corría, haciéndole cosquillas coquetamente sobre la piel de los hombros descubiertos. Quería quedarse allí para siempre.
—¿Ran? —La voz más perfecta del mundo trató de llamar su atención, y a pesar de que tan solo por él se hubiese levantado, sabía que no había motivo de preocupación.
—¿Hm si? —Preguntó la susodicha sonriendo.
Shinichi tomó su mano despacio para no asustarla y se acostó a su lado con delicadeza, en una posición donde podía estar cerca de ella y al mismo tiempo observar lo que para él resultaba la más bella vista. Poco a poco tomó uno de los revoltosos mechones de su cabello y lo acarició sin dejar de sonreír.
—¿Tienes pensado quedarte dormida aquí? —Preguntó tras observarla un par de minutos más en silencio. —Te recuerdo que estás acostada sobre un montón de belladona.
Ran abrió los ojos y miró la característica planta. Los recuerdos de lo vivido dos años atrás regresaron a su mente como el primer día, no le resultó difícil sentirse de nuevo como aquella niña asustada y asombrada, justo en aquel momento en él que ella y Kazuha arrancaron unas cuantas de este mismo jardín.
—Es… Bonita —Susurró acariciando las hojas de la planta con fascinación, con el tiempo le había llegado a coger cariño.
—A mí no me lo parece —Discrepó su marido sin perder la sonrisa.
Para él todos los recuerdos referentes a la belladona tan solo lograban producirle dolor de cabeza y cansancio, pero aun así no pudo evitar traer a Ran al curioso lugar que les otorgó la solución a todos sus problemas. Aquella especie de casa abandonada a sus espaldas también le trajo el recuerdo de Ryu a su memoria ¿Qué habrá sido de él? La pista se perdía un año atrás, cuando él y su esposa se mudaron de Minato dejando atrás su vida anterior, nunca le dijeron a nadie su destino, pero tanto Ran como Shinichi sabían que habían encontrado al fin la paz que tanto se merecían.
—Tienes que aprender a olvidar Shinichi —Le dijo Ran, pillándolo un poco por sorpresa. —Olvidar los sentimientos malos y quedarte con lo bueno de todo aquello.
La karateca levantó la mano derecha y señaló su precioso anillo de casada. Para ella eso el símbolo del muto compromiso e infinito amor que había entre ellos, y lo guardaba como su más preciado tesoro.
—Sin todo ese anterior sufrimiento esto tal vez ni existiría.
Él se acercó y la besó con intensidad, pues al fin y al cabo tenía toda la razón. Cada vez que recordaba su boda, a ella vestida con un precioso vestido blanco, todo el odio que pudiese sentir hacia la belladona o su pasado desaparecía.
—Es por eso que no me arrepiento, por que sé que nada habría sido posible si tu no le hubieses contado la historia a aquel señor en el hospital, ni tampoco sin el amor incondicional que nos demostró Kazuha, ni siquiera sin el pequeño Conan y sus celos infundados o la desconfianza de Heiji, pero lo más importante para mi, fue sin duda la solución que Ai nos dio.
—Has hecho un buen resumen —Dijo Shinichi bastante asombrado. —¿Pero que hay de tu lugar en la historia?
La susodicha levantó la vista y miró hacia el frente, quedándose por unos segundos admirada ante las hermosas vistas que producía el sol al despedirse por fin del día. Los tonos rojizos y ocres le dieron la respuesta sin siquiera tener que pensarla.
—Yo solo quería felicidad para todos, que nadie más sufriese, me dejé llevar por una simple ilusión inocente.
