Capítulo 2

- Imposible - dije en un pequeño susurro mientras me acercaba mis dos hermanos mayores, Andrew y Daniel. Los dos estaban iguales a como los recordaba, con sus pieles oliváceas, sus rubios cabellos y ojos de un extraño color café. Eran tan iguales y a la vez tan distintos, recordé cuando una vez se habían hecho pasar el uno por el otro y nadie se había dado cuenta.

- ¿Toni? - Drew me miraba preocupado por mi silencio ¡Rayos!, ¿Por cuanto había estado perdida en mis pensamientos?, salí un poco del trace y me lancé hacía ellos para abrazarlos.

- ¡Hermanos! - les grité en sus orejas, Daniel me abrazó mientras reía por mi reacción, luego Drew me tomó en sus fuertes brazos, mientras daba vueltas en círculos conmigo.

- ¿Cómo estás monstruo? - me preguntó el más pequeño de los gemelos, Daniel.

- Con sueño, pero feliz de verlos - les sonreí - Y... ¿Como están?, ¿Donde estuvieron?, ¿Cuando llegaron? - solté todas las preguntas, una tras otra, sin darles tiempo de contestar, fue en ese momento en que note que Aro ya no estaba con nosotros.

- Estamos bien Toni - rodé mis ojos, odiaba ese apodo que me tenían - No tienes que preocupare con nosotros - siguió luego de soltar una carcajada por mi cara - Estuvimos recorriendo el mundo, reconociendo territorio, tu entiendes - terminó Dan.

- Ah! Y llegamos hace dos horas, pero claro, dormir es más importante para ti que ver a tus hermanos - continuó Andrew, haciendo un puchero.

- ¿Reconociendo territorio? - dije sin prestar atención a ninguno después de lo que repetí, los gemelos se miraron de forma cómplice, pero no dijeron ni la más mínima palabra - ¿Qué es lo que pasa? - les exigí, pensando en que si obtenía un "Nada monstruo" o un " Eres muy pequeña para estas cosas" o que se yo, sería feliz.

- Sabes que somos parte de la guardia, Anto - me dijo suavemente Drew luego de que Dan suspirara, acarició mi mejilla con mucho cuidado y su frío contacto me hizo estremecer.

- Y tú también lo serás, y una muy buena - continuó mi otro hermano - Aunque claro, primero tienes que completar el entrenamiento y luego trasformarte - no pude controlar la mueca que apareció en mi cara, no podía creer que mis propios hermanos, a los que les había dicho tantas veces antes de que se trasformaran de que yo nunca, y digo, nunca sería una asesina, no me quería convertir en algo parecido a Félix, Demetri o Jane.

- Yo no seré así, jamás - les juré.

- Querida, sabes que fuiste concebida única y exclusivamente para este propósito, es tú destino -

- No, no lo es si yo no lo deseo o anhelo, Daniel - les gruñí.

- ¡Para de hablar así!, ya no eres una niña Antoniette - me grito Drew - Serás de la guardia tarde o temprano, quieras o no - La ira se apoderó de mi cuerpo, me di media vuelta tratando de no contestarles y me dirigí camino hacia los establos.

- Buena suerte obligándome - les refunfuñe, Daniel me alcanzó fácilmente y sujeto mi cintura con su fuerte brazo de hierro - Suéltame - grite mientras tomaba un encendedor que llevaba en mi abrigo y lo ponía cerca de su brazo.

- ¿Por qué no quieres ser como los demás? - dijo antes de soltarme, yo solo me limité a correr... en el camino noté las lágrimas empapar mis mejillas. Al llegar a mi destino, caminé y abrí sin ninguna vacilación el último establo, donde me encontré, cara a cara, con un caballo fuerte, negro y con un aura que inspiraba temor.