Adaptándose

Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender.

José Ortega y Gasset (1883-1955) Filósofo y ensayista español.

-Ni piense señorita que me saldrá de esta casa... ¡Ja! -Me volvió a regañar Charlie mientras señalaba mi cuarto.

-Pero papá... -Remilgué-. Ya te expliqué lo que sucedió, yo no bebí solo... -Traté de defenderme.

-Isabella Swan, yo sabía que no debías de ir a esa fiesta y punto -Me calló-, Ahora lo solo veré tu castigo... De momento, a no ser que sea para ir a la escuela no cruzarás esa puerta -Señaló molesto.

Bien, Charlie excedía su papel protector pero no había nada que hacer... aunque la perspectiva de estar sola en mi casa era igual a tranquilidad... Sonreí internamente.

-¿Cuánto tiempo? -Pregunté esta vez resignada.

Me miró ceñudo y apaciguó su rostro.

-Bella, tú sabes que mi actitud es sí porque... -JA, yo sabía que ni aún así Charlie se expresaría-... Por que soy tu padre y es mi deber -Dijo un poco más hosco.

Torcí el gesto.

-¿Cuánto tiempo? -Repetí y me crucé de brazos.

Pareció pensarlo, puesto que Charlie no tenía nada de experiencia en eso de castigarme. Miró hacia atrás mío y un foco se le prendió.

-¿Cuándo dijo Alice que era eso de las estrellas? -Cuestiono dubitativo.

-En dos semanas, es la lluvia de estrellas... Todo Forks irá al observa.... -¡Ahora entendía!-, ¡Charlie! Por favor no, sabes que es la única salida a la que deseo ir... ¡Por favor! -Hice un puchero que le costó ignorar pero no flaqueó.

-Pues, después de ese día se levanta tu castigo -Declaró ufano de sí mismo.

Resoplé mientras pataleada y me iba a rastras a mi habitación.

-¡Recuerda que la sentencia empieza desde hoy! -Me gritó por detrás.

Bufé al cerrar la puerta.

¡No era justo! Esa era la única salida que había esperado, me dirigí a mi calendario donde había señala la fecha. Lo miré con melancolía antes de voltear hacia cualquier otra parte.

Me empecé a quitar los zapatos, luego me quité los ganchitos del cabello y me cambié a mi pijama. Estaba enfadada como para salir de mi cuarto.

Ya una vez acostada, revisé el reloj de mi celular: «3:45am». Me hundí en mi colcha y decidí, mantener mi mente en blanco. Si la lluvia de estrellas viene cada par de años... Tal vez no sería gran cosa el no ir.

Me resigne sobre mi colcha, nada salía como yo lo planeaba y eso me enfurecía de sobre manera pero viéndolo bien todo el tiempo me la pasaba enojada así que... ¡Bah!


Sabía que no debía de esperar nada más y eso fue justo lo que pasó. El domingo Charlie se desparramó en el sillón todo el día, haciéndola de vigilante para que no "escapara". No tenía a donde, quería contarle a Alice pero cuando el teléfono sonó por ahí de las cuatro de la tarde...

-Se incluye el teléfono señorita, nada de llamadas telefónicas -Sentenció con autosuficiencia.

En verdad lo disfrutaba...

Subí a rastras a mi habitación, tal como la noche anterior. En vez de volver a dormir, tomé los libros de la escuela y me dispuse a repasar cada materia; no hubo problema con ninguna a excepción de Trigonometría.

Suspiré y tomé la hoja que Ang me había dado como ayuda en la clase anterior.

Ayuda extra:

*Aplicar el teorema de Pitagoras o en todo caso estudiar ampliamente Trigonometría Seno...

*Si los catetos fueran los cables de luz, es lógico que se conocería su medida... ha solo faltar la de la hipotenusa...

*Leer lección 23, y aplicar conocimiento básico sobre diagramas...

¡Grandioso! -Pensé sarcástica.

Agradecía a mares que Ángela se haya tomado la molestia de explicarme pero... es que ni a ella le entendía... Seguí leyendo.

...Mensis si no entiende nada, ven a buscarme... lo hacemos juntas...

¡Otra grandiosa idea! Si no fuera por Charlie... ¡Arg! Me levanté de la cama molesta y salía de mi habitación a zancadas, me detuve a media escalera.

-Charlie ¿Me dejarías ver a Ángela? -Grité en dirección a la sala

-No -Contesto hosco.

-Es por tarea... -Sondeé.

-Sí Bellita lo que tu digas... ¿Soy oficial sabes? -Bromeó.

Bufe molesta.

-Ya sabes... después de dos semanas y un día, irás a Plutón si quieres.

Rodeé los ojos, ¿Qué le pasaba a Charlie?

-Bien -Me encogí de hombros y volví a mi cuarto.

Este trabajo valía la mitad de mi calificación. No había nada más que hacer, no podía llamar y por más que esforzara a mi cerebrito, siempre me revolvía en las formulas... No era lógico, ¡Podía resolverlo pero no comprobarlo!

Tomé mi lápiz con aplomo, intentando una actitud positiva. Leí por enésima vez y logre captar una idea... Si la hipotenusa se podía conocer gracias a el valor de los catetos (ambos) y aquí solo me daban un valor... ¡Ja!, no se podía ósea que era una pregunta retórica.

Celebre mi primer triunfo pero casi me doy de espaldas cuando me di cuenta que ¡todas eran iguales! Eso era imposible, quiero decir que todos los problemas tengan un resultado incalculable era nada probable.

Torcí un poco la madera del lápiz por el coraje, y volví a empezar. Esto no se me daba ni a empujones....


El lunes fue un día normal, por suerte el profesor de trigonometría no llegó y no le vi su odiosa cara... Por mala suerte tuve que entregar mi trabajo ya que había dejado a Ángela como encargada de recoger cada uno.

Con el mentón recargado sobre el pupitre me la pase toda esa hora.

-¿Lindo fin de semana? -Me preguntó Ángela con una sonrisa.

Bufé.

-El mejor -Contesté sarcástica -¿Y tú?

Ang se había quedado confusa con mi respuesta anterior pero de inmediato dibujo una sonrisa en su rostro.

-Me la pase todo el tiempo con Beny -Confesó sonrojada.

Me contagió su alegría.

-¡Que lindo! -No era ni mentira, ni sarcasmo, era ternura.

-Él lo es...

Me emprendí en una charla con Ángela, quien fue la única capaz de soportarme hasta la hora de receso.

Entre cada clase no había quien no preguntara por mi particular manera de regalar besos, pero Ang los mandaba al diablo y me sonreía de apoyo.

Tampoco me preguntó algo de lo que yo no quisiera hablar, a diferencia de Alice y Mad que morían por someterme a un interrogatorio.

Sí, Ángela era buena amiga... pero una amiga con novio que exigió sus derechos en receso.

-Nos vemos luego -Se disculpó con una sonrisa.

Asentí.

-Hasta luego, tortolos -Traté de reír pero no convencí del todo.

Ahora que lo pensaba... No había visto a Noah. Di un vistazo a la cafetería pero no lo encontré. Pude divisar a Jasper que cruzaba la entrada con una cara malhumorada y casí corrí hacia él. Esto me era familiar...

-Jasper, ¿y Noah? -Quise saber en cuanto pude llamar su atención.

Me miró con alivió.

-Se quedó en el taller -Negó con la cabeza para si mismo-, anda muy mal Bella, deberías ir...

No lo pensé ni dos veces antes de desaperecer por la puerta de la cafetería.


-Hey, toc toc, Picasso ¿Se puede? -Bromeé mientras entraba en el taller de artes.

Encontré a Noah sentado en un taburete alto para poder pintar bien el lienzo que se sostenía a su delante. Aunque no parecía pintarlo si no tallar el carboncillo en él.

Camine en silencio hasta estar atrás de él, y mire su dibujo. Todo estaba en negro y lo único comprensible era la figura de una dama que parecía hacerse más difusa conforme la luz le llegaba. Cabe notar que la luz era el lienzo blanco dándole un aspecto terrorífico.

-Noah -Pronuncié lentamente pero él no parecía querer soltar el carboncillo y dejar de tallar con tanta fuerza. .

Me acerqué más hacia él y lo abracé por detrás mientras descansaba mi cabeza en su hombro y lo apretaba levemente.

-Ella va a morir -Habló pausado y sereno pero podía reconocer el tono histeria impreso.

Lo apreté más y le di un beso en el hombro.

-No, ella estará bien -Traté de darle ánimo-, solo hay que tener paciencia.

Suspiró y de una vez soltó el carboncillo, tomó mis manos y las acarició.

-Eso espero pero... tengo miedo -Admitió avergonzado.

Le sonreí levemente.

-No eres el único pero debes de ser fuerte y esperar lo mejor, tu mamá estará bien pero lo importante no es el final, si no ahora, el momento en el que tienes que apoyar a tus hermanitos...

Torció el gesto.

-Ellos son los que más mal la están pasando -Comentó triste.

-Pero no es tu culpa, Noah.

Se mordió el labio inferior y giró hacia otro lado.

Tomé su barbilla y lo hice girar hacia mí para que me mirara a los ojos.

-¿Quieres estar con ellos? -Pregunté.

-Sí -Respondió franco.

-¡Da! Baboso vete -Le di un pequeño coscorrón.

-¿Pero y tú? -Interrogó indeciso-. Serán dos meses...

-¿Qué importo yo? -Le regañé-, estaré bien -Aseguré.

-Bella, últimamente has...

Le callé con mi dedo.

-Vas a irte a Washington mañana mismo y no objetarás más -Le ordene-, si se te ocurre un solo pretexto más te golpeare el trasero tan fuerte que te preocuparas más por ti que por tu mamá... ¿Capicci? -Hice una pésima interpretación Italiana.

Pero funcionó y logré sonsacarle un risita.

-Te amo -Susurró bajito en mi oído.

Me tensé de inmediato, jamás habíamos dicho algo parecido. No me gustaba la «potencia» de esa palabra.

-Esto... Espero que te vaya bien -Hablé precipitadamente.

Torció el gesto pero no dijo nada y me besó la coronilla.


Cuando le dije Noah que no se preocupara por mí había sido honesto, después de todo, ¿Qué era lo peor que me podía pasar? Ese día me la pase enteramente con él.

Al día siguiente estuve con el consuelo de Alice y Jasper. En realidad desde que Noah tuvo el problema de su mamá, me había acostumbrado a sus partidas pero había algo diferente y no sabía exactamente qué.

-¿¡CÓMO!? -Chilló Alice.

-Como escuchas, Charlie me castigó dos semanas y no podré ir la playa -Fingí dolor-. Lo siento.

Ni Mad creyó mi actuación, pero para bien o mal, no importaba. Él único hecho que me salvaba y que celebra con estrellitas era que no iría a una salida llena de parejitas.

Lamentaba haberlo dicho justo cuando Alice sonreía radiante a sus planes, dando saltitos a lado de su auto y dejándose caer en él cada vez que suspiraba.

Pero yo, que me encontraba recargada de brazos cruzados sobre un poste del estacionamiento no podía contener más las ganas de gritar que no estaría en esas actividades... Esas como paseos por la playa, nadar juntos, una fogata a la luz de la luna... Cosas en las que solo me abochornaría.

-Eso no, no que no -Negó Alice reprobatoria-, Charlie me escuchará.

Reí por la actitud que tomaba, ya me gustaría verla peleando con Charlie.

-Es más -Insistió-, vamos a hablar con él ahora mismo -Apuntó su fino dedo al carro.

-"Al Alice-móvil -Anunció Emmett desde la esquina como eso de "al Bati-móvil".

Reí un poco más, por alguna razón me la estaba pasando bien esos días. Razón=Edward se había ido a no sé dónde y yo andaba puramente feliz.

Me subí en el asiento copiloto y Alice a mi lado en lo que yo me abrochaba el cinturón ella se despedía de Jasper.

-Nos vemos luego -Se despidió de todos.

Emmett, Rosalie, Mad y Jasper no agitaron la mano hasta que salimos del estacionamiento.

-Bells... -Habló Alice tranquila y empezó a bajar la velocidad.

La miré extrañada, eso no podía significar nada bueno.

-¿sí?

-Es que me he dado cuenta... Bueno en realidad desde que te conozco has tenido ese humor -Al decir ese, frunció el gesto y tuvo un tono amargo-... El punto es que, no quiero obligarte a ir, siendo honesta yo quiero que vayas, me caes muy bien Bella.

»Y aunque a veces no estamos de acuerdo -Entrecerré los ojos y ella los rodó-, bien aunque nunca estamos de acuerdo. Tú lo haces más divertido, eres la parte cuerda o moderada que frena a mi Alice loca y compulsiva, eres mi amiga Bells, por favor ¿Quieres ir?

Miro al frente para que no viera el puchero que ya tenía formado, reí.

-No seas tontita, Alice -Le regañé-, siendo honesta también, no quiero ir -Su cara se entristeció pero siguió viendo al frente-, pero.... -Hice suspenso- iré.

Soltó el volante para dar dos aplausos y luego lo volvió a tomar rápidamente.

Me recargué en mi asiento, en cierta forma esto bien podía ser un truco de Alice pero no importaba, me había hecho sentir mejor. Ella siguió manejando, había aún un punto de tranquilidad en mí.

Porque si Charlie no había dejado ni ir a estudiar con Ángela que posibilidad había de que a Alice le diera un "Sí..."


-Emmm... Ésta bien, pero tienen que cumplir con su trato -Espetó Charlie.

¿¡QUÉ!?

Mi rostro se desfiguraba por la sorpresa, Alice daba saltitos de alegría y Charlie acaba de comprender sus palabras.

¿Cómo lo logró Alice? Sencillo, después de mucho «por favor», cosas como «Bella no tuvo la culpa», o «fue el bruto de Emmett», Charlie accedió con una única condición: Qué se alargará mi castigo una semana más a cambio de los días en la Push.

-Creeré que Bella no tomó pero aún así sigue castigada por haberme engañado... -Charlie le puso un rostro severo a Alice- Tú también me dijiste que no habría alcohol...

-Eso dije, pues yo organicé la fiesta pero al parecer algunos que se metieron sin permiso llevaron algo -No quería saber si Alice mentía, pero le creía-.

Charlie hizo esa mirada típica de policía y Alice ni se inmutó.

-Bien, niñas les creeré pero Bella sigue castigada...

-Pero papá -Ya se había vuelto una costumbre remilgarle así.

-¿O acaso no quieres ir a la push? -Me miró crítico.

Fruncí el gesto.

-Está bien -Acepté a mala gana.

Lo siguiente que pasó fue todo girando al viaje de la playa, era muy esperado. Varias veces le pregunté a Alice si el clima era el adecuado pero ella solo dijo que nada le impediría ir.

Deje que todos se entusiasmaran, creo que hasta yo misma sentía cierta emoción. Pero la ausencia de Noah afectaba un poco, más cuando Edward volvió.

-Espero que te diviertas -Me deseaba Noah al otro lado de la línea.

-Yo también, pero dime ¿Cómo va tu mamá?

-Bien, creo... en unos días la someterán a una quimioterapia... -Su vos se cortó.

-Noah, con ánimo, todo saldrá bien

-Eso espero

-Eso será

-Gracias Bella, justo ahora mis hermanos me necesitan ¿Te habló en la noche?

-No lo creo, Charlie me tiene castigada, yo mañana te mando un mensaje desde el Cel de Alice ¿Sí?

-Está bien, cuídate

-Hasta pronto...

Colgué y terminé de salir de la escuela, crucé el estacionamiento y saqué las llaves de mi monovolumen de mi pantalón.

-¡Bella! ¡Ven! -Gritó Alice por detrás.

Me giré y ella corría a una velocidad súper sónica hacia mí.

-¿qué es lo que se quema? -Pregunté con una sonrisa, mi humor seguía intacto.

Se le escapó una risita cuando llegó a mi lado y después de tomar aire habló.

-Mejor dicho quienes se queman -Bromeó, no entendí-, Edward ya regresó -Anunció con júbilo y bueno está en la cafetería y todos están allí, Mad no se despega de él y vaya que provocan fuego -Río.

-Ah -Abrí mi boca y luego la cerré-, se me había olvidado entregarte tu teléfono, toma -Se lo entregué en sus manos y seguí mi camino.

-Espera -me pidió Alice pero yo seguía caminando-, pero ¿No quieres ir a saludarlo? -me preguntó confusa.

-Alice, jamás me he llevado bien con tu hermano -Apunté-, cuál sería la diferencia...

-Pues, para regañarlo...

Me volteé hacia Alice, ¿qué sabía ella?

-¿Por qué?

-Porque te ha dejado dos semanas con Edbell, y bueno sé que no te importa mucho pero ¡Tienes unas ojeras! Que...

Reí al comentario de Alice.

-Eso no importa -Exclamé tranquila.

-Entonces, ¿No irás?

-Nop -Contesté seca y por fin llegué mi chatarra-, cuídate, hasta mañana.

Alice me cerró la puerta y tomé marcha hacia mi casa.

No era gran cosa el que yo no saludará a Edward, en realidad, no sabía ni por qué se había ido ¿Cuál era el caso? Aún así algo se revolvía en mi estomago, algo que no comprendía aún.

Doblé y entre a la solitaria calle de mi casa, no sería un milagro si me topara con un lobo entre tantos arboles, reí a mi comentario mental. Segunda razón por la cual no saludar a Edward = No quería arruinar mi excelente humor.

Estacioné delante de mi casa y baje de la camioneta, al entrar a mi casa prendí cada una de las luces y subía a mi habitación. Acomodé mi mochila, me quité los zapatos y volví a bajar para preparar la cena.

Saqué el paquete de lasaña que tenía por las pasta y empecé a freír la carne en lo que engrasaba el molde.

«Toc, Toc»

Me sorprendió cuando escuché la puerta, Charlie no llegaría tan temprano y todos estaban enterados de que no podía recibir visitas.

Me limpié las manos y salí recibir a quien fuera. Abrí la puerta y me tomó de sorpresa dos esmeraldas expectantes, pertenecientes a un bello rostro que me miraba elocuente y algo ¿asustado?

Edward....

-¿Qué haces aquí? -Pregunté confusa.

Fiel a su costumbre, se río de mí mientras se preparaba para contestar.