Iganorar lo que siento o dejar que duela

Así debéis hacer vosotros: manteneos locos, pero comportaos como personas normales. Corred el riesgo de ser diferentes, pero aprended a hacerlo sin llamar la atención.

Paulo Coelho (1947-?) Escritor brasileño.


Los días siguientes fueron algo diferentes a los anteriores, Edward desarrollaba tiempo con tiempo un cierto agrado en molestarme y eso me enfurecía. Trataba de ignorarlo pero eso se me complicaba más que incluso cuando sentía el nudo en mi estómago al verlo con Mad.

Ya era viernes, Alice me había dado un respiro con las maletas para el pequeño viaje y disfrutaba de unos segundos de tranquilidad.

Cerré la puerta de mi habitación para volverme a mi cama y contemplar el gran yacimiento de ropa, que Alice pretendía meter en mi "mini-maleta"-según ella-. Di gracias porque fuera por "algunas cosas" a su casa y me dejara un momento a solas antes de irnos.

Solo sería una hora según Jasper. Yo solo había ido unas cuantas veces a la Push, pero nunca con Alice ni Jasper, siempre iba con mis amigos «de antes»: Mike, Jessica, Ángela, entre otros; pero jamás había ido con Alice.

No creí que fuera diferente pero según Alice, nosotros no iríamos a la playa común: First Beach; iríamos a una pequeña entrada de agua que se situaba entre casas vecinas a la orilla del mar.

Alice me dijo que era hermoso y esperaba con todas mis ansias que lo fuera, quería olvidar un poco mis emociones y concentrarme solo en un paisaje; aunque también esperaba con todas mis fuerzas, que ese paisaje no estuviera lleno de arrumacos por parte de mis compañeros de viaje... ¡Y vamos de nuevo!

Mi mente, de nuevo, se había desviado a una sola imagen: Edward y Mad. Estos últimos días desde el regreso de Edward mi mente siempre divaga de una u otra forma hacía ellos, pero para no hacerme tonta, siempre me la paso pensado en él.

¡Eso estaba mal! ¿Qué me importaba saber la razón de su existencia? ¿Por qué me preocupaba tanto por saber que pensaba? ¿Cuál era la imperiosa necesidad de verle? ¿Dónde esteba el odio que antes le dirigía? Pero lo más importante, ¡¿Cuándo iba a dejar de pensar en Edward?!

Tomé el primer libro que encontré a la vista, necesitaba pensar en algo más, algo que no tuviera cabellos cobrizos y rebeldes, algo que no le gustara distraerme con el poder de sus ojos y que su boca no se retorciera de una manera irresistible cada vez que me dejaba sin aire.

De poco a poco me fui metiendo en la lectura, era un clásico romántico, y de la nada cerré el libro con fuerza. Hoja por hoja que pasaba, era lo mismo, cada sentimiento escrito, cada movimiento, cada reacción... ¡Era yo!

Lo que antes criticaba como tontería, como comportamiento aniñado, como bajos escrúpulos, como hormonas aceleradas; era yo. Volví a toma el libro y lo deje guardado debajo de mi almohada para después dejarme caer pesadamente sobre mi cama.

Rodé en una sola vuelta y tomé aire, este viaje me resultaría muy difícil, con pésame a admitirlo: a mí me gustaba Edward Cullen, pero peor aún: a mí me gustaba el novio de mi mejor amiga.

Esto todavía no preocupaba en el gran sentido, no lo hacía porque lo que nacía hoy podía morir hoy. Edward tenía a Madisson y era obvio que jamás la cambiaría por mí, no debía de hacerlo, era ilógico. Pero menos ético era que yo empezara a compararme con Mad.

Sí, el viaje sería muy, muy, muy difícil. Ahora que podía aceptar -con ciertas dudas- que me gustaba Edward. Sería difícil verlo con Mad pero sería lo mejor. Era una cucaracha por haber dejado que mi estúpido cerebro tomara cierto «interés» por Edward, y me iba a sentir como una cuando los viera juntos.

«TOC, TOC»

-¿Se puede? -Escuché la vos de Alice-, Ya volví.

Me acomodé rápidamente.

-Claro, pasa -Le medio grité y paso con dos maletas más en mano.

-Alice... -Suspiré y deje que hiciera todo con mi ropa.


Me metí dentro de la Jeep de Emmett, con suerte había logrado irme con Rosalie y Emmett. En otro carro iban Jasper, Alice, Edward y Mad. Sí, sabía que estaba cumpliendo con mi dosis necesario de «Entiende que Edward es para Mad» pero eso podría aplicarse después.

Después cuando... ¡Los iba a ver todos esto cuatro días juntos! ¿Cuándo no era después?

Resoplé intranquila.

-¿Pasa algo? -La voz de Rosalie me sobresaltó y separé bruscamente mi mejilla del frío parabrisas.

-Nada -Me encogí de hombro y continué mirando hacia mi derecha aunque de reojo pude ver como Rosalie rodaba los ojos y Emmett le daba un cariñoso apretón en lo que le sonreía animoso.

Sonreí, la pareja que iba adelante mío no me perjudicaba en nada. No creaba ni un solo nudo nauseativo, o desquiciadas ganas de salir huyendo.

Presté más atención a la solitaria noche que extendía por Forks, lo común hubiera sido ir a la playa desde la mañana; pero según Alice, también tendríamos que aprovechar la noche. De la nada me di cuenta que la noche parecía demasiado solitaria, no había ni una sola estrella en el cielo.

-¿Emm? -Pregunté rompiendo el silencio.

-¿Qué pasó enana? -Se giró un poco hacia mí y luego volvió a prestar toda atención al volante.

-Es que, no hay estrellas -Comenté como boba, casi pareció un quejido.

Rosalie río bajito y arrugué el ceño, pero fue Emmett quien rompió a reír en carcajadas. Estuve tentada a pegarle un "solo un tanto fuerte".

-¿Y desde cuándo es de importancia vital que no haya estrellas, Bells? -Se burló aunque podía percatar un poco de curiosidad, no estaba enloqueciendo.

Fruncí el gesto y me recorrí hacia el centro, me recargué hacia adelante para quedar justo en medio de los dos.

-Desde siempre, es solo que si va a haber lluvia de estrellas me es demasiado raro que el cielo este tan despejado... -Comenté sin interés alguno.

Emmett se lo pensó un tiempo y después de largos minutos solo atinó a preguntar.

-¿LLUVIA DE ESTRELLAS? ¿Cómo? ¿LAS ESTRELLAS CAERAN? -Preguntó alarmado.

Reí un poco y Rosalie le di un golpe pequeño.

-No tonto -Le reprendió-, Ya sabes, es lo que le prometiste un informe al profesor de Ciencias, para no reprobar -Le recordó.

-Oh, ya recuerdo -Entendió Emmett y captó de que hablábamos.

-Lo que pasa Bella es que -Comenzó a explicarme Rosalie, me giré hacia ella, tampoco era que hubiera desarrollado un completo desagrado-, Según escuché habrá una pequeña tormenta este fin de semana, por eso el cielo se mantiene más nublado de lo normal.

-¿Tormenta? Entonces por qué estamos yendo a la playa... -Interrogué, no había lógica.

Si odiaba el frío, la humedad intensiva dentro de Forks; no me imaginaba que sería estar justo en tierras más húmedas.

-Alice no se lo quería perder, a eso se refería con "nada arruinara este viaje" -Me recordó Rosalie de lo más tranquila.

No, este sería el peor fin de semana de toda mi vida -si mis dramáticas hormonas no me corregían-; sí, eso sería.

El corto viaje continuó hasta que pude reconocer tras las luces del carro, un mar que se extendía en el horizonte. No sabía que Rosalie y Jasper vivieran tan cerca de la playa. Emmett tomó una camino que no parecía pavimentado y se rodeaba de algunos árboles, me recordaba un poco a la entrada para la casa de los Cullen.

El camino se convirtió en una senda hasta que se abrió en algo parecido a un montón casitas, todas aproximadamente a medio kilometro de la playa. Pero Emmett siguió hasta llegar casi al final y entonces divisé la casa los Hale.

-Guau -Se escapó de mí una exclamación, era una casa muy bonita.

Al estilo moderno pero con adorno de un tiempo anterior. Era una mezcla perfecta, paredes de vidrio pero lozas de cemento con acabados de arquitectura colonial. Los colores llevaban una base exótica como amarillos y morados con rojo pero todo visto a una manera muy original.

-¿Te gusta? -Preguntó Rosalie con una sonrisa..

-Sí -Asentí mientras seguía examinando cada detalles de pies a cabeza.

-Es el proyecto de vida de mi papá -Comentó con cierta nostalgia-.

-¿De vida? -Cuestioné sin entender.

-Él ya murió -Me aclaró Emmett mientras trataba de darle una sonrisa a Rosalie.

Me sentí mal y solo correspondí a decir "lo siento" antes de bajar incómoda de la camioneta. Tomé un poco del frío aire que hacía que mis frágiles pulmones ardieran.

Por suerte había logrado convencer a Alice de traer puesto un pans y un grueso suéter. A los poco minutos escuché otro carro y vi el Volvo de Edward estacionarse a un lado del Jeep.

Lo que hizo sentirme como una tonta era la estúpida mueca levantada que tenía en mi cara al verle la cara: tenía una estúpida sonrisa por Edward.

Me quedé quieta en mi lugar hasta que Alice y Jasper bajaron del asiento trasero.

-¿Te gusta? -Me repitió la pregunta Alice señalando la casa.

Lo chistoso fue cuando volteé hacia la casa lo primero que vi fue la figura de Edward.

-Sí -Contesté honesta-, Por mucho que lo niegue, me atrapa -Me confesé en ambos sentidos.

Alice me miró raro pero pasó por delante con Jasper y en pocos segundos ya habrían la puerta.

Fue reconfortante volver a sentir algo de calor, afuera se sentía un congelador, y ahora dentro de la casa (que parecía tener cierta calefacción) irradiaba cierto calorcito magnético. Confié en eso e imité a los demás al quitarse los guantes y la chamarra gruesa.

Al poco rato Emmett y Jasper junto con Edward nos bajaron nuestras maletas.

-Buenas noches, chicos -Escuchamos una voz femenina desde arriba, nos giramos y una señora muy guapa bajaba por ellas.

La señora tendría la misma edad que Renée pero se veía mucho mayor. Era la copia de Rosalie, rubia, alta, cuerpo escultural, y muy hermosa.

-Buenas noches -Atiné a saludar junto a los demás.

-Bien niñas -Nos habló a nosotras-, Ustedes se quedaran en el ala derecha a las escaleras, estarán cerca de Rose para cualquier cosa, así que sin pena -Nos pidió con confianza y una amable sonrisa.

-Mientras que ustedes jóvenes -Les habló más seria-, se quedaran en el ala izquierda a las escaleras, estarán cerca de Jasper para cualquier cosa y oh, ¿Ya saben que habrá una tormenta?

-Ya -Contestamos todos.

Alice me miró culpable, ella sabía que yo odiaba las tormentas pero me sonrío disculpándose cuando vio que yo ya lo sabía.

Rodeé los ojos, ya no estaba enojada. Pareció aliviada y seguimos escuchando a la mamá de Rosalie.

-...El punto es que si hay algún apagón, solo es necesario esperar un tiempo, aproximadamente diez minutos, ya que los fusibles están hechos para ser renovados y cualquier apagón no durará más de diez minutos -Nos explicó.

Todos asentíamos.

-Bueno chicos, que tengan buenas noches, ¿Qué harán hoy? -Quiso saber solicita.

-De hecho hoy queríamos subir -Le explicó Rosalie.

-¿Necesitan algo?

-Nada por ahora, gracias -Se despidió y volvió a subir.

-Guau Rosalie, nunca me dijiste que tu mama fuera tan guapa -Me quitó las palabras de la boca Mad.

Rosalie le sonrío y Alice le dijo algo así como "La suerte que tendrá Emmett", pero casi no les presté atención.

Miraba a Jasper quien detenidamente buscaba algo hacia arriba.

-¡BU! -Le aparecí por detrás, casi no se asustó pero tampoco me volteó a ver-. Y dime, ¿Qué es eso de subir? -No podía reprimir mi curiosidad.

Dejo a un lado lo que le llamaba tanto la atención y me respondió.

-Hay un.... Es el piso más alto de toda la casa, el punto es que ahí se puede ver el cielo claramente... -Me explicó.

Arrugué el entrecejo.

-¿Están locos? -Cuestioné un poco irritada-, ¿Cómo piensan dormir al aire libre con tanto frío? -De solo imaginarlo mi piel se hacía añicos.

A Jasper le dio gracia mi aseveración y solo río bajito.

-Tranquila Bella, hay techo y calefacción, digo que se ve el cielo porque mi papá dejó ese pedazo de techo con vidrios... cosa que hacer que parezca que no hubiera techo pero si hay -Me tranquilizó.

Decidí confiar en él, a los pocos minutos llegó Alice a tomar su brazo y hacerle compañía. Aún no me quería ir, ya que, tal como veía las cosas ya cada uno iba tomando el brazo de su parejita. Eso incomodaba.

-...Y, ¿Cómo se llama tu mamá? -Para preguntas estúpidas estaba yo, pero necesitaba distraer mi mente de temas cruciales.

Jasper me miró de igual manera que Emmett lo hizo, cuando le pregunté por el cielo pero me respondió como si nada.

-Viviana, al igual que mi abuela -Me informó.

Asentí en lo que buscaba otro tema.

-Hey, ya vamos a subir -No dijo Rosalie al pie de las escaleras.

Jasper tomó a Alice de la mano y siguieron a a Emmett y a Rosalie. Iba detrás de ellos cuando me sorprendió sentir una mano tomando la mía y jalándome a su lado. Era Edward.

Lo volteé a ver confundida y él me sonrío cálido. Fue indescriptible lo que esa sonrisa causó en mí, pero ignore a los nervios y traté de responder con la mejor sonrisa.

-Que mal que no vino Noah -Escuché la voz de Mad, solo fue necesario que Edward se moviera un poco para que Mad iba a su lado, abrazándolo.

De inmediato me sentí mal, ¿Cómo podía hacerle esto a Madisson? Ella era mi mejor amiga. ¿Y con qué moneda le pagaba yo? Oh claro, enamorándome de su novio. ¡Un momento!

Enamorándome...

¡No! Eso todavía no, Edward me gustaba -y ya me sentía como una vil cucaracha al decirlo-. Enamorarme no, por o menos de él no. No podía.

Porque cuando alguien te gusta puede ser pasajera, como una piedrita que se te mete en el zapato y cuando cambias de zapato: ¡Asusto arreglado!

Per enamorarse era...

Pensar todo el tiempo el él, dormir para soñar con él, darle unos«Buenos días» a él antes que a nadie; y no porque él este a tú lado si no porque es el primero en el que piensas al despertar... ¡No! Eso no podía... Eso era como tener una llaga en el talón, se podía ignorar pero el dolor ahí estaba, para hacerte muy difícil el olvidar... ¡No, no estaba enamorada!

Solté la mano de Edward con la excusa de que me quería adelantar y tomé lugar a lado de Alice, lo lamentaba por Alice y Jasper pero ahora andaría muy pegada a ellos.

Después de subir varios escalones, en los que no estuve del todo pendiente. Caminamos por un corredor, la casa cada vez me gustaba más, todo concordaba a la perfección aunque los diseños utilizados fueran en contraste.

Miraba mis pasos en la alfombra salmón del pasillo que según llevaba a "arriba". Me daba risa lo que Jasper contaba sus experiencias con "arriba",

-¡Rayos Jasper! Pudiste haber elegido un nombre más original para el cuarto, ¿Cómo qué "arriba? -Se burló Emmett.

Jasper lo volteó a ver con una sonrisa en cara.

-En realidad, Rosalie escogió el nombre -Le respondió disfrutando de la cara de Rose.

Volteé a ver como esta lo miraba algo enojada y Emmett sabía que había metido la pata.

-Por eso te digo que no es original si no "¡Súper original" -Le cambió Emmett pero pude escuchar el "AUHHHH" del "pequeño golpe" que de seguro le acomodó Rosalie.

-Nos gusta dormir aquí desde niños, creo que cuando estábamos chicos esa era nuestra habitación -Comentó Rosalie-, Ahora hace mucho que no vamos.

Me era lindo imaginarme a los dos hermanitos Hale durmiendo a la luz de la noche. Me daba ternura.

Aunque me emocioné de sobre manera cuando vi por fin, la puerta del dichoso «Arriba». Jasper fue el primero el abrir y entró junto con Alice, luego fui por detrás.

Y vaya que valía la pena ver la habitación, las paredes eran de un bonito azul que brillaba en la oscuridad, los cojincitos cafés se extendía por la sala, en realidad no había mucho detalle pero era hermoso.

Entonces vi hacia arriba y era impresionante como se veía de claro el cielo, me lo imaginé con estrellas -que no habían- y entendí que ese lugar tenía algo. Me giré hacia donde estaban los demás.

"RRRRRIIIIIIINNGGGG" -Sonó un teléfono que me sacó de mi ensoñación, me giré para ver de donde era. Madisson.

-¿Alo? .. Sí, ya llegué .. estoy bien ... Espera -Entonces salió del cuarto.

-Bueno, habíamos acomodado las colchonetas, para que pudiéramos dormir aquí -Nos dijo Rose-, Ya que es tarde, mejor mañana empecemos con los planes de Alice -Le sonrío y Alice lo aceptó bajo la "persuasión de Jasper".

Alice acomodó su colchoneta a lado de Jasper, y Rosalie a lado de Emmett. Sí, esto era como me lo esperaba, ¿Qué rayos hacía yo aquí? Esto era claramente un viaje romántico y yo sobraba.

-¿Quieres dormir a lado mío? -Ofreció esa voz aterciopelada por detrás.

Me giré con cierto rubor en las mejillas y tratando con mis ganas. Era evidente mi respuesta, ¿pero cómo se le ocurría?

-Estoy seguro que Mad, no tiene problema... Estaré entre las dos -Aclaró con una sonrisa.

Aún seguía muda, él todavía no entendía cuánta razón tenía. Él estaba entre las dos.